Relatos de viajes, excursiones y más.

MARRUECOS

Hacía años que no íbamos a Marruecos y la anulación de otro viaje previsto nos acabó de animar a repetir la experiencia.

De buena mañana salimos de Graus. Salir de casa siempre se agradece sin los problemas añadidos de combinación de transportes o bien de ir al aeropuerto con el propio vehículo.

El autobús se dirigió a Huesca a recoger el resto de pasajeros y de allí  a Zaragoza para tomar el AVE en dirección a Sevilla.

00. Zaragoza

El trayecto en AVE como siempre rápido y cómodo.

01. AVE a Sevilla

Llegada a la estación de Santa Justa en Sevilla. A comer algo rápido y a tomar otro autocar.

04. Sevilla. Estación de Santa Justa

Desde Sevilla a Algeciras y a La Línea de la Concepción, donde estaba el hotel.

10. La Línea de la Concepción. Hotel

El peñón de Gibraltar lo teníamos justo enfrente del hotel y como, tras estar todo el día sentados, nos apetecía un paseo hacía allí nos dirigimos.

12. Peñón de Gibraltar

El cruce fronterizo, que da paso a una situación en los tiempos actuales que sólo puede calificarse de anacrónica y ridícula, provoca pena y risa a la vez.

14. Frontera con Gibraltar

No nos apetecía para nada coger otro autobús para ir a la ciudad y nos dimos pronto la vuelta.

17. Gibraltar

Proseguimos el paseo por La Línea. Cruzamos el monumento a los trabajadores españoles en el Peñón.

19. La Línea de la Concepción. Monumento a los trabajadores españoles en Gibraltar

Y llegamos al centro donde paramos a tomar algo.

23. La Línea de la Concepción

Regresando al hotel contemplamos un búnker de los pocos que se conservan de los casi quinientos que se construyeron a principios de la Segunda Guerra Mundial.

24. La Línea de la Concepción. Búnker

Repuestas las fuerzas, otro día con mucho autocar. Tras desayunar, hacia Tarifa.

Un buen rato en el puerto. Bajar maletas, subir maletas, pasarlas por el escáner, …

32. Tarifa

Tiempo para admirar las fortificaciones costeras de la ciudad.

33. Tarifa

Y finalmente autocar y pasajeros al ferry.

36. Tarifa. Esperando el ferry

Partiendo, buenas vistas de Tarifa.

39. Ferry

40. Ferry

La costa española se iba alejando.

43. Ferry

La africana no la vimos hasta llegar pues el control de pasaportes no finalizó hasta que llegábamos a Tánger.

En Tánger otra vez largos trámites. Si esto ocurre en verano durante la llamada “Operación Paso del Estrecho”, no quiero imaginar el infierno que debe ser aquello.

44. Tánger. Puerto

Vimos una rápida panorámica de Tánger.

45

47. Tánger

Y hacia Larache por la costa.

51. Hacia Larache

Zonas no cultivadas y de cereal alternan por el camino, ocupadas por ejemplares sueltos de ganado vacuno.

52. Hacia Larache

Llegando a Larache se cruza el río Lucus o Loukkos, el más importante del Rif. Cerquita están las ruinas romanas de Lixus.

53. Hacia Larache

Larache recuerda mucho su pasado español. Tanto en instalaciones de origen militar

57. Larache

como en sus plazas.

58. Larache

Tras comer pescado, lo habitual en Larache, hacia Rabat.

En las cercanías de Kenitra, mares de plástico donde se cultivan todo tipo de frutas y hortalizas.

60. Hacia Rabat

El río Bou Regreg divide las ciudades de Salé y Rabat.

62. Hacia Rabat

Y al hotel. En el centro de la ciudad, lo que siempre se agradece.

64. Rabat. Hotel

Estábamos a unos pasos de la Gran Mezquita. Originaria de la Edad Media, fue completamente reconstruida en 1882 y muestra incluso modificaciones del siglo XX.

66. Rabat. Gran Mezquita

Completamos la salida con un paseo a lo largo de la iluminada y concurrida avenida de Mohamed V.

69. Rabat. Avda. Mohamed V

Todos dispuestos a seguir pasando unas buenas jornadas marroquíes.

71. Rabat. Avda. Mohamed V

El día siguiente empezamos, como es habitual en Rabat, con la visita a la torre Hassán y el mausoleo de Mohamed V.

El recinto donde se hallan está amurallado y en sus dos puertas montan guardia soldados a caballo.

115. Torre Hasan y Mausoleo de Mohamed V. Puerta oeste del recinto

En el interior lo primero que sorprende es el bosque de columnas que debían haber soportado la cubierta de una inmensa mezquita que nunca se finalizó.

83. Rabat. Torre Hasan y mezquita inacabada

Los almohades a finales del siglo XII intentaron hacer una mezquita que sería posiblemente la mayor del mundo. La muerte del califa almohade Yacub Al-Mansur en 1199 provocó la detención de las obras que ya no se reanudaron.

El alminar (la Torre Hassán), situada al final del conjunto de columnas y pilares tampoco se finalizó.

82. Rabat. Torre Hasan y mezquita inacabada.JPG

Había de ser aproximadamente el doble de alta. Con sus gemelas el alminar de la Kotubiya de Marrakech y la Giralda de Sevilla constituyen la máxima expresión del arte almohade.

85. Rabat. Torre Hasan y mezquita inacabada

La torre sufrió muchos daños en 1755 con el terremoto de Lisboa. Restaurada, muestra una magnífica decoración.

91. Rabat. Torre Hasan

Entre la columnata y la Torre está el monumento al Soldado Desconocido.

88. Rabat. Tumba del soldado desconocido

En el extremo opuesto a la torre de la explanada se sitúa el mausoleo de Mohamed V, diseñado por el arquitecto vietnamita Vo Toan.

110. Mausoleo de Mohamed V

Dos grandes escalinatas dan acceso al interior.

109. Mausoleo de Mohamed V

100. Mausoleo de Mohamed V

102. Mausoleo de Mohamed V

El centro del mausoleo lo ocupa la tumba de Mohamed V y al fondo en los extremos se hallan los sarcófagos de sus hijos Mulay Abdallah y Hassán II.

106. Mausoleo de Mohamed V

Luego, al Palacio Real. Aparcamos junto a la mezquita El Faeh, donde va el rey para la oración del viernes cuando está en Rabat.

120. Rabat. Palacio Real

El Palacio Real queda a escasa distancia. No es posible visitar su interior.

121. Rabat. Palacio Real

De Rabat a Casablanca. Ciudad cosmopolita, la mayor de Marruecos, con notables contrastes entre sus zonas ultramodernas

154. Casablanca

y suburbios de barracas.

123. Entrando a Casablanca

La visita ineludible en Casablanca es la enorme mezquita de Hassán II. Capaz de albergar veinte mil fieles en su interior y otros ochenta mil en la explanada exterior, contiene bibliotecas, salas de conferencias y un inmenso aparcamiento. Fue construida sobre el mar y no se escatimaron medios en su ejecución: la cubierta se desplaza automáticamente, es a prueba de terremotos, las puertas se abren y cierran eléctricamente, …

126. Casablanca. Mezquita de Hassán II

El alminar mide 172 metros y puede usarse como faro.

129. Casablanca. Mezquita de Hassán II

Todos los detalles decorativos fueron realizados con extremo gusto.

134. Casablanca. Mezquita de Hassán II

136. Casablanca. Mezquita de Hassán II

138. Casablanca. Mezquita de Hassán II

140. Casablanca. Mezquita de Hassán II

Es la única mezquita marroquí a cuyo interior pueden acceder los “infieles” (previo pago, evidentemente). Esta vez no entramos, pero no puedo evitar poner la fotografía de una visita anterior de la parte que más me impactó: los baños.

141. Casablanca. Mezquita. Baños

Luego una visita panorámica a la ciudad. Pasamos por sus lugares más populares como la plaza Mohamed VI.

144. Casablanca. Plaza Mohamed VI

O la plaza de las Naciones Unidas.

151. Casablanca. Plaza de las Naciones Unidas

A comer.

148. Casablanca

Y dejamos Casablanca para partir hacia Marrakech.

El paisaje bastante monótono. Terrenos áridos.

158. Hacia Marrakech

Salpicados aquí y allá por algún pueblecito.

161. Hacia Marrakech

Los rojos y ocres del terreno contrastando con el cielo muy azul.

166. Hacia Marrakech

Cerca están los grandes yacimientos de fosfatos marroquíes.

168. Hacia Marrakech

169. Hacia Marrakech

Ya en pleno atardecer entrábamos en Marrakech.

170. Entrando a Marrakech

Al hotel. El aspecto no era malo, pero las habitaciones que daban a la calle como si estuvieran en medio de ésta. Bocinas y escapes libres fueron el acompañamiento musical del “sueño” durante un par de noches.

171. Marrakech. Hotel

172. Marrakech. Hotel

La visita a Marrakech la iniciamos por la mañana con esa luz tan especial que tiene la ciudad sobre todo al amanecer y al atardecer.

Lo primero fue a los jardines de olivos y el estanque de La Menara,

175. Marrakech. La Menara

El estanque data del siglo XII y formaba parte del programa de regadíos de los almohades

176. Marrakech. La Menara

Todo el conjunto fue restaurado por la dinastía alauita. El pabellón adquirió su actual aspecto en el siglo XIX y, según la tradición popular, sirvió durante muchos años de refugio a los gerifaltes en sus correrías y escarceos más o menos pecaminosos.

177. Marrakech. La Menara

En Marrakech la Medina está rodeada por una muralla construida toda ella con arcilla de color rojizo que va cambiando al ritmo de la luz solar.

183. Marrakech. Murallas

Cruzada la muralla aparecen los jardines de La Kotubiya.

184. Marrakech. Jardines de la Kotubiya

Los jardines son una anticipo a la joya más conocida de Marrakech, el alminar de la mezquita de La Kotubiya, cuya silueta los domina desde el fondo.

186. Marrakech. Jardines de la Kotubiya

La mezquita no se puede visitar. Contenía un “mimbar” (púlpito) originario de Córdoba, obra almorávide, que fue restaurado en 1998 por especialistas del Museo Metropolitano de Nueva York (las visitas no, pero el dinero de los “infieles” es bien recibido) Hoy se exhibe en el palacio Badía.

188. Marrakech. Jardines de la Kotubiya

El alminar completa con la Torre Hassán de Rabat, que ya vimos, y la Giralda de Sevilla la tríada de los grandes torreones almohades destinados a llamar a la oración.

Las esferas de cobre que lo coronan, según la leyenda, eran originalmente de oro y donación de la esposa de Yacub al-Mansur para hacerse perdonar la ruptura del ayuno del Ramadán.

191. Marrakech. Jardines de la Kotubiya

Después fuimos al palacio de la Bahía. Éste fue construido por Ahmed Ben Moussa, gran visir, a finales del siglo XIX.

Sus jardines son muy extensos.

194. Marrakech. Palacio de la Bahía

219. Marrakech. Palacio de la Bahía

Las construcciones, sólo visitables en parte, son un inmenso conjunto de salas y habitaciones situadas laberínticamente alrededor de algunos patios, el más destacado de los cuales es el llamado Patio de Honor.

214. Marrakech. Palacio de la Bahía

El palacio sólo tiene una planta para favorecer la movilidad del visir de una obesidad mórbida. Sin embargo esa obesidad parece que no le impedía complacer a sus cuatro esposas y la multitud de concubinas a las que estaban destinadas las diversas habitaciones.

Taraceados e incrustaciones adornan las puertas.

 

209. Marrakech. Palacio de la Bahía

El yeso en celosías y mocárabes surge por doquier.

199. Marrakech. Palacio de la Bahía

Tal vez lo más sobresaliente sean los artesonados en los techos.

200. Marrakech. Palacio de la Bahía

203. Marrakech. Palacio de la Bahía

211. Marrakech. Palacio de la Bahía

220. Marrakech. Palacio de la Bahía

Del palacio hacia el zoco, siempre pasando bajo la vigilancia de La Kotubiya.

226. Marrakech. La Kotubiya

228. Marrakech. La Kotubiya

Antes de entrar en el zoco propiamente dicho ya van apareciendo las tiendas de abigarrado colorido.

230. Marrakech. Zoco

Los frutos secos, con primacía para los dátiles, por todas partes.

231. Marrakech. Zoco

La carga y descarga de mercancías un caos “organizado”.

232. Marrakech. Zoco

En el zoco lo primero visita a un herbolario.

235. Marrakech. Zoco. Herbolario

A la venta están infinidad de hierbas, pomadas, granulados y todo tipo de “curalotodo”. Y aún se puede aprovechar la visita para recibir un masaje cervical.

239. Marrakech. Zoco. Herbolario

A la salida se puede ver a mujeres procesando las semillas de argán, el producto de moda que ocupa el primer lugar entre los “milagrosos”.

240. Marrakech. Zoco

Tiendas de todos los tamaños con tejidos, bolsos, alimentación, lámparas, recuerdos y todo lo inimaginable

242. Marrakech. Zoco

compiten con humildes vendedores ambulantes de cualquier cosa. En este caso higos chumbos.

243. Marrakech. Zoco

Pastas y dulces, eso sí muy dulces y consistentes, son muy apreciados en Marruecos.

245. Marrakech. Zoco

Los turrones también están presentes.

248. Marrakech. Zoco

Los métodos de transporte en el interior del zoco son muy particulares.

251. Marrakech. Zoco

Hasta la entrada suele llegar el que probablemente es el animal doméstico más numeroso y popular de Marruecos.

253. Marrakech. Zoco

Pasamos por la plaza de Jema el-Fna, centro vital de la ciudad. Por la mañana no es más que un mercado al aire libre. Por la tarde es cuando cobra su auténtico espíritu.

255. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

256. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Al atardecer volvimos. A una hora en que la Kotubiya nos ofrecía otra perspectiva.

263. Marrakech. La Kotubiya

La plaza ya se iba llenando de gente.

266. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Los puestos de comida ofrecían sus productos, entre los que priman los caracoles, garantizando tres meses sin trastornos digestivos. Garantía que no se sabe bien si estimula el consumo o la huida.

270. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

No hace demasiados años estos puestos eran mucho más sencillos y la mayor parte cocinaban en el suelo. Se han estandarizado, probablemente porque las autoridades han puesto exigencias higiénicas, pero han perdido encanto.

271. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Son también muy abundantes los vendedores de zumos, naranja y granada preferentemente.

280. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Pero lo pintoresco son los encantadores de serpientes. Se supone que a las que cuelgan al cuello de los turistas se les ha extraído el veneno, pero no a las otras. La prueba es que casi cada año muere alguno de ellos mordido por alguna víbora o cobra.

281. Encantador serpientes

Los limpiabotas.

293. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Los aguadores.

300. Aguadores

Los dentistas.

287. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna.JPG

Los organizadores de juegos.

294a. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Músicos con sorprendentes instrumentos.

277. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Y luchadores, rapsodas, fotógrafos, domadores de monos, etc., que atraen a muchísimos turistas, pero también a familias de la ciudad que disfrutan de un espectáculo cambiante cada día.

Ya casi anochecido dejábamos la plaza y la Kotubiya.

307. Marrakech. La Kotubiya

Para ir a una cena-espectáculo en Chez Alí, enorme complejo situado a las afueras de Marrakech.

Bereberes a caballo y con espingardas montaban la guardia ante el complejo.

312. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

316. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Diversos grupos folklóricos de diferentes tribus amenizaban el recorrido.

317. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Todo en un entorno muy de cuento.

319. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Hasta llegar a un gran estadio donde tendría lugar el espectáculo y un gran palacete donde se serviría la cena.

321. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

La cena muy marroquí, pero acompañada de vino. Primero, sopa.

324. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

A continuación, “tajín” de cordero con ciruelas.

325. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Que por alguna oculta razón precedió -lo que no suele ser habitual- al “cuscús”.

329. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Y de postre “jourara”, hojaldre con leche y frutos secos. Debió estar bueno porque no quedó nada.

330. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Una cesta de frutas y pastas acompañaron el té.

Después al espectáculo. El plato fuerte son las correrías de los caballos mientras los jinetes disparan sus espingardas.

334. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

336. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

338. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

339. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

341. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Ruido, humo y pólvora a discreción.

345. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Tras alguna exhibición de equilibrios a caballo, una bailarina al son de músicas muy peliculeras intentaba entretener al público.

348. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Finalmente desfile de todos los figurantes.

353. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Los caballos también, naturalmente.

358. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

362. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Y a dormir. Entretenida velada a gusto de turistas.

Por la mañana mientras los niños iban a al escuela, nosotros hacia el Atlas.

368. Marrakech

Dejábamos los palmerales que rodean Marrakech.

370. Marrakech

Pasando por pueblecitos con su arquitectura de adobe y tapial.

372. Hacia el desierto

Y por mercados.

374. Hacia el desierto

También cruzábamos amplios ríos, que cuesta imaginar bajando impetuosos y desbordantes en época de lluvias.

382. Hacia el desierto

Rebaños de cabras y ovejas rebuscan todo aquello comestible que queda en el árido paisaje.

384. Hacia el desierto

Otras zonas son algo más verdes.

389. Hacia el desierto

Con pequeños pueblecitos al lado de los cursos de agua.

393. Hacia el desierto

395. Hacia el desierto

Los paisajes, desde luego, maravillosos.

398. Hacia el desierto

Con marcados contrastes en pocos kilómetros.

406. Hacia el desierto

El argán crece por esta zona.

Hicimos una pausa en una lugar en que elaboraban aceite de argán y miel.

411. Obtención de las semillas del fruto del argán para obtener después el aceite.

Largos oasis se extienden siguiendo el curso de los ríos

414. Hacia el desierto

Cruzamos el puerto de Tichka a 2260 metros sobre el nivel del mar, el más alto de Marruecos.

 417. Col de Tichka

En el descenso empezaban a aparecer Kasbahs, las fortalezas de adobe típicas de los pueblos bereberes del Atlas.

427. Hacia el desierto

Pese a la aparente aridez todos los pueblos cuentan con zonas de frutales, destacando las manzanas.

428. Hacia el desierto

Algún morabito aparecía en nuestro camino. Los morabitos son lugares donde habita algún personaje con fama de santo o bien protegen su tumba. Desde época preislámica en Marruecos estos personajes y lugares han sido objeto de veneración. Esto choca con la interpretación rigurosa del Islam que prohíbe todo culto no dirigido directamente a Dios y todo tipo de intermediación entre Dios y el hombre.

431. Hacia el desierto

A mediodía llegábamos a la Kasbah de Ait Ben Haddou, una de las más bien conservadas de Marruecos.

434. Kasbah de Ait Ben Haddou

444. Kasbah de Ait Ben Haddou

En cualquier lugar turístico hay esperando dromedarios para quien quiera darse un paseo.

448. Kasbah de Ait Ben Haddou

En un restaurante cercano a la kasbah comimos.

450. Kasbah de Ait Ben Haddou

Y de allí a Ouarzazate. Esta población es considerada la puerta del desierto, pero quizás es más famosa por sus estudios cinematográficos que han hecho conocerla como el Hollywood del desierto.

460. Ouarzazate

Aquí se rodaron fragmentos de “Lawrence de Arabia”, de “Astérix y Obélix: Misión Cleopatra”, de “La joya del Nilo”, de “Gladiator”, de “La Momia” o de “El Reino de los Cielos”.

462. Ouarzazate

Antes de ir al hotel nos acercamos a la kasbah de Taurirt a las afueras de la ciudad.

466. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Esta fortificación era el lugar de residencia del Pachá de Marrakech.

467. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Recorrer el interior permite ver lo cuidada que era la decoración en contraste a un exterior bastante sobrio

475. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Pinturas en los muros.

476. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Primorosos artesonados.

477. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Algunas sala abierta al patio prueba aún el pasado esplendor.

480. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Y desde las ventanas se ve la grandiosidad de la construcción.

485. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

¡Lo que se puede llegar a hacer únicamente con barro!

493. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Luego al hotel.

499. Ouarzazate. Hotel

 

Y un paseo por la ciudad. Moderna y sin demasiado atractivo.

Sin embargo, comercial como cualquier lugar marroquí. Esto no es un vertedero, sino una tienda en la que se puede encontrar todo tipo de mercancías usadas, muchas de ellas en el exterior.

501. Ouarzazate

Aún nos adentramos más hacia el desierto el día siguiente. Zonas esteparias

503. Hacia Tinerhir

alternaban con palmerales de las zonas con agua.

507. Hacia Tinerhir

Aquí y allá alguna kasbah.

508. Hacia Tinerhir

Oasis.

512. Hacia Tinerhir

Y eriales.

515. Hacia Tinerhir

Pueblos modernos.

517. Hacia Tinerhir

Y otros dentro de kasbahs fortificadas.

518. Hacia Tinerhir

Cruzamos el valle de las Rosas, donde el intenso cultivo de éstas alterna con otros vegetales. ¡Lástima que no estaban en período de floración!

522. Hacia Tinerhir. Rosales

523. Hacia Tinerhir. Rosales

524

Donde nos detuvimos el perfume de rosas impregnaba el ambiente.

525. Valle de las Rosas

Las rosas no son de gran tamaño, pero sí que es intenso su aroma.

529. Valle de las Rosas

Esperábamos sólo zonas desérticas, pero abundan los ríos.

531. Hacia Tinerhir

Los modos de vida tradicionales aparecen en cada rincón.

532. Hacia Tinerhir

533. Hacia Tinerhir

Y los oasis.

535. Hacia Tinerhir

Y poblaciones fortificadas.

538. Hacia Tinerhir

O kasbahs aisladas en un rincón de la población.

540. Hacia Tinerhir

Algunos pueblos son grandes.

543. Hacia Tinerhir

544. Hacia Tinerhir

En una de ellos nos despedía en la rotonda un monumento a la rosa.

546. Hacia Tinegir

En las más pequeñas sigue vigente el transporte tradicional.

548. Hacia Tinegir

Y los mercados que no falten.

550. Hacia Tinegir

Llama la atención la heterogeneidad del vestuario. Hay quienes visten al modo tradicional.

552. Hacia Tinegir

Conviviendo perfectamente con otros vestidos  a la europea.

557. Hacia Tinegir

Lavar la ropa en el río sigue siendo motivo de encuentro y de charla.

560. Hacia Tinegir

Finalmente llegamos a Tinergir, importante ciudad en un extenso oasis.

563. Tinegir

568. Tinegir

570. Tinegir

Dejamos Tinergir y siguiendo el río nos fuimos acercando a las gargantas del Toudgha.

578. Hacia las Gargantas del Toudgha

590. Hacia las Gargantas del Toudgha

El paisaje de las gargantas es espectacular. Con los turistas, vendedores de todo tipo y alquiladores de burros para paseo (¡pobres bichos!) hay también multitud de escaladores.

591. Gargantas del Toudgha

594. Gargantas del Toudgha

615. Gargantas del Toudgha

Con tiempo ha de valer la pena adentrarse más en la garganta y alejarse del bullicio turístico.

610. Gargantas del Toudgha

602. Gargantas del Toudgha

603. Gargantas del Toudgha

Los asnos esperan clientes para pasear.

609. Gargantas del Toudgha

Alguno incluso mal aparcado.

618. Gargantas del Toudgha

619. Regresando de las Gargantas del Toudgha

Regreso hacia Tinergir.

622. Tinegir

Pasando por más Kasbahs.

629

Y por más lavaderos fluviales de ropa.

631

Paramos a comer y proseguimos hacia Erfoud.

Cruzamos más oasis.

633. Hacia Erfoud

Y palmerales.

634. Hacia Erfoud

Adentrándose en el desierto son abundantes los fósiles. Aquí y allá tiendas y puestos vendiendo fósiles y meteoritos (auténticos o falsos).

640. Hacia Erfoud

En las zonas desérticas se oteaba a lo lejos algún campamento nómada.

643. Hacia Erfoud

Pero pronto lo más destacado eran unos montículos a modo de pequeños cráteres que jalonaban el paisaje.

644. Hacia Erfoud. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

649. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

En realidad no son más que pozos-respiradero que servían para limpiar las canalizaciones subterráneas que datan de época almohade.

651. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Algunas familias se instalan alrededor de estos pozos para explotarlos turísticamente, haciendo posible el acceso a ellos, a la vez que ofrecen paseos en dromedario y algunos otros productos.

656. Pozos para limpiar canalizaciones medievales658. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

678. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Han trazado escalones para acceder fácilmente a los montículos

674. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

y contemplar su interior.

661. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Por un euro uno puede bajar a los pozos y convertirse por un rato en explorador del subsuelo.

679. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

680. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

681. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Dejamos los pozos para ir ya al cercano Erfoud.

668. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

665. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Antes de llegar paramos en una fábrica de fósiles.

695. Erfoud. Fábrica de fósiles

También vendían las llamadas rosas del desierto. Son éstas rocas sedimentarias que cristalizan en curiosas formaciones que parecen flores.

698. Erfoud. Fábrica de fósiles

En la fábrica se dedican a pulimentar grandes placas marmóreas con multitud de fósiles incrustados en ellas. De este modo se obtienen multitud de objetos decorativos.

699. Erfoud. Fábrica de fósiles

702. Erfoud. Fábrica de fósiles

710. Erfoud. Fábrica de fósiles

Y otros que combinan la decoración con la funcionalidad.

711. Erfoud. Fábrica de fósiles

712. Erfoud. Fábrica de fósiles

725. Erfoud. Fábrica de fósiles

También pueden ofrecer objectos combinando el fósil con otros materiales.

718. Erfoud. Fábrica de fósiles

Es posible también adquirir fósiles al natural.

727. Erfoud. Fábrica de fósiles

El día había sido largo y ya sólo correspondía descansar en el hotel.

730. Erfoud. Hotel

733. Erfoud. Hotel

Al amanecer buena parte del grupo decidió ir a ver la salida del sol desde el desierto. Otros, más comodones, nos quedamos en la cama.

Reunidos y desayunados todos, reempredimos ruta.

Palmerales.

738. Hacia Er-Rachidia

Alternando con zonas desérticas donde se podía ver alguna acampada de los nómadas.

745. tienda nómada

Algún que otro morabito.

747. Hacia Er-Rachidia

Apacibles pueblos.

748. Hacia Er-Rachidia

752. Hacia Er-Rachidia

El transporte más usual en zonas rurales sigue siendo el asno. En la fotografía aparece un perro, muy escasos en Marruecos.

755. Hacia Er-Rachidia

El secado de dátiles y ramas de palmera se puede ver frente a las casas y también en las terrazas.

758. Hacia Er-Rachidia

Cruzamos alguna ciudad.

762. Hacia Er-Rachidia

Y el resto desierto alternando con pequeños oasis.

765. Hacia Fez

O grandes.

769. Hacia Fez

770. Hacia Fez

Las kasbahs seguían formando parte del paisaje.

772. Hacia Fez

Algunas en avanzado estado de deterioro.

773. Hacia Fez

Los ríos con poca agua, pero con su gran amplitud haciendo imaginar cómo serán las avenidas en época de lluvias torrenciales.

780. Hacia Fez

Aldeas.

783. Hacia Fez

Y rebaños buscando su sustento en duras condiciones.

785. Hacia Fez

Las cabras parecen ser más expertas en hallar comida entre las piedras.

786

En zonas altas y áridas crecen bosquecillos de alerce africano, llamado también sabina mora.

787. Hacia Midelt. Bosque alerce africano o sabina mora

Tras bastantes kilómetros a comer en uno de los muchos hoteles construidos al modo de kasbahs.

792. Midelt. Restaurante

Por la tarde recorrido por el Atlas Medio. Rebaños.

797. Hacia Fez

Una zona en que abundan los perros asilvestrados.

800. Hacia Fez

Grandes bosques de cedros.

801. cedro

Montes escarpados.

804. Hacia Fez

En los pueblos, mercados. Hasta por la tarde.

805. Hacia Fez

Y parada en Ifrane,  localidad con pistas de esquí cercanas y con paisaje que más bien parece alpino.

810. Ifrane

814. Ifrane

Y llegada a Fez. Al hotel, que ya no daba para más.

821. Fez. Hotel

Por la mañana la visita a esta extraordinaria ciudad, considerada por muchos la capital cultural y también religiosa del país.

Pronto nos llamó la atención la gran cantidad de cigüeñas, cada vez más sedentarias, tal como ocurre también en España.

822. Fez

Frente al Palacio Real se extiende la plaza de los Alauitas.

823. Fez

El palacio no se visita pudiendo contemplar únicamente sus grandes puertas doradas realizadas hacia 1970.

824. Fez. Palacio Real

826. Fez. Palacio Real

827. Fez. Palacio Real

Cerca está la Mellah, el antiguo barrio judío.

828. Fez

Nos desplazamos en autocar hacia un taller de alfareros. Por el camino tuvimos buenas vistas de la Medina.

830. Fez

850. Fez

En el taller de alfareros vimos desde el torno.

835. Fez. Alfarería

A los procedimientos de barnizado y pintura.

836. Fez. Alfarería

837. Fez. Alfarería

Y al delicado trabajo de obtener las teselas de colores con las cuales se realizan las obras maestras del taller.

844. Fez. Alfarería

848. Fez. Alfarería

 Luego a la Medina, completamente amurallada.

854. Fez. Murallas

Al ser viernes (día sagrado para los musulmanes) no había un exceso de gente.

855. Fez. Murallas

Entramos por la puerta de Bab Boujeloud.

857. Fez. Bab Boujeloud

Topamos enseguida con el zoco. Todo se compra y se vende. Y allí mismo se puede comer.

859. Fez. Medina

860. Fez. Medina

Sobre todo las carnes han mejorado mucho su presentación.

863. Fez. Medina

Además de la clientela tradicional hay otra que espera a ver qué cae.

 

861. Fez. Medina

Los frutos secos ofrecen gran variedad.

862. Fez. Medina

Algunos productos no pueden ser más frescos.

864. Fez. Medina

Los sentidos son estimulados incesantemente.

865. Fez. Medina

La hojalatería es una de las artesanías más tradicionales.

869. Fez. Medina. Hojalatería

870. Fez. Medina. Hojalatería

Los asnos recorren el zoco transportando mercancías, mientras su dueño va gritando “balak” a fin de abrirse paso entre el gentío.

872. Fez. Medina

Pero no a todas las calles de la Medina pueden acceder estos animales. también tiene a veces el paso prohibido. Esta vez se me pasaron por alto las señales, por eso utilizo una fotografía de mi visita anterior.

872a.Medina2

La Medina es la ciudad, el zoco es tan solo una parte de ella. Hay también la parte residencial, aunque cada vez se ven más casas vacías como suele ocurrir en el casco antiguo de tantas y tantas ciudades de todo el mundo.

874. Fez. Medina

875. Fez. Medina

879. Fez. Medina

880. Fez. Medina

Los herrajes de las puertas no es uno de los menores atractivos de la Medina.

885. Fez. Medina

Apareciendo casi siempre en ellos la “mano de Fátima”, amuleto de antiguo origen que tiene la función de proteger la casa y sus habitantes.

890. Fez. Medina

Otra vez en el zoco, sonidos, colores y aromas llenan el ambiente.

892. Fez. Medina

896. Fez. Medina

902. Fez. Medina

903. Fez. Medina

Entre las miles de callejuelas aparecen mezquitas, generalmente con gente al ser viernes.

905. Fez. Medina

Con los frutos secos se mezclan también todo tipo de frutas confitadas.

907. Fez. Medina

Algunas calles comerciales guardaban completamente la festividad del viernes.

908. Fez. Medina

Finalmente al barrio de los curtidores y tintoreros. El colorido es muy vistoso, pero aquí el sentido predominante es el olfato. Las ramitas de menta que te dan al acceder a las tiendas con terraza donde se ven las pozas de trabajo poco ayudan.

917. Fez. Medina. Tintoreros

No conozco los sueldos, pero imagino que no serán para tirar cohetes y desde luego todo el día entre ese nauseabundo olor por mucho que uno se vaya acostumbrando …

919. Fez. Medina. Tintoreros

Las pieles se sumergen primero en cal para quitar los restos de carne y sangre que lleven aún pegados. Luego se las coloca en otras pozas que contienen orines de todo tipo y excrementos de paloma, donde se dejan reposar unos días. Finalmente se tiñen y colorean.

921. Fez. Medina. Tintoreros

923. Fez. Medina. Tintoreros

Desde las mismas terrazas hay buenas vistas de la Medina.

932. Fez. Medina. Tintoreros

Se acercaba la hora de comer y empezamos a salir de la Medina. Acompañados y guiados pues tiene que resultar fácil perderse en ese inmenso laberinto que es.

933. Fez. Medina

934. Fez. Medina

935. Fez. Medina

Hoy el “tajín” tocaba de pollo.

939. Fez. Restaurante

Volvimos luego un rato al hotel para dejar pasar la hora de más calor.

Por el camino pudimos ver cementerios junto a las murallas.

940. Fez. Cementerio

Y alguna fortificación de refuerzo.

942. Fez

Por la tarde el paseo fue por la zona moderna. Bulevard Mohamed V. Algo muy diferente de lo visto por la mañana.

947. Fez. Boulevard Mohamed V

950. Fez. Boulevard Mohamed V

Pero también con detalles pintorescos como algún accidente de tráfico. Afortunadamente sin víctimas, pero que por momentos iba congregando gente y parando toda la circulación.

949. Fez. Boulevard Mohamed V

Después por la avenida Hassán II hasta un moderno gran centro comercial. Curiosamente el primer lugar en que no aceptaban euros de ninguna manera.

Por la misma avenida donde hay un par de leones muy populares regresamos al hotel.

951. Fez. Avda. Hassán II

Ya era sábado. Madrugamos e iniciamos el regreso al despuntar el día.

953. De Fez hacia la costa

El paisaje era menos árido que días anteriores.

954. De Fez hacia la costa

Hasta algo de niebla nos acompañaba.

958. De Fez hacia la costa

Mercados como siempre.

959. De Fez hacia la costa

No nos detuvimos hasta Acila. Esta bonita ciudad fortificada, antigua colonia fenicia, fue ocupada diversas veces por portugueses y españoles. Hoy vive del turismo.

Se entra a través de sus murallas.

962. Arcila

Los colores verde, blanco y azul le dan su aspecto característico.

 964. Arcila

Torres y murallas la defendían de cualquier acoso por mar o por tierra.

966. Arcila

968. Arcila

969. Arcila

972. Arcila

974. Arcila

975. Arcila

Cuenta con pequeñas y tranquilas playas, que deben ser un hervidero en verano.

979. Arcila

980. Arcila

983. Arcila

985. Arcila

991. Arcila

Las calles con menos movimiento comercial suelen ser las más bonitas.

992. Arcila

993. Arcila

En Acila comimos. En Casa García, cuyo nombre no ofrece muchas dudas sobre la nacionalidad de los dueños.

Y hacia Tánger por la costa.

998. Hacia Tánger

999. Hacia Tánger

Día claro, aunque algo ventoso en el puerto.

1000. Tánger

Subida al ferry, larguísima espera pues había un polizón en los motores al que no podían sacar de allí.

1001. Ferry. Polizón

Al final maletas arriba, maletas abajo y a cambiar de ferry. Trayecto ajetreado y además el viento tampoco dejaba disfrutar del paisaje durante la travesía.

Descenso lento y más larga aún la espera para los trámites fronterizos.

1004. Descenso del ferry

Ya en el autocar pronto nos cayó la noche y aún nos quedaban kilómetros hasta La Carlota donde pernoctamos.

Y el último día con un regalito final, un par de horitas en Córdoba. Lo primero a tomar un poquito de jamón (¡ya era hora!) y una cerveza con normalidad. Luego a callejear por Córdoba que siempre es un placer.

1006. Córdoba

No podía faltar la plaza del Potro.

1008. Córdoba. Plaza del Potro.

Con el precioso patio donde están el Museo de Bellas Artes y el de Julio Romero de Torres.

1009. Córdoba

En la misma plaza está también el Centro Flamenco Fosforito

1010. Córdoba. Centro flamenco Fosforito

Aún nos adentramos hasta la plaza Jerónimo Páez en la que se halla el magnífico Museo Arqueológico. ¡Lástima que no había tiempo para tantas maravillas!

1011. Córdoba

Había que volver.

1012. Córdoba

Un vistazo al patio de la Mezquita.

1014. Córdoba

Y un adiós al Triunfo de San Rafael.

1017. Córdoba

Y al puente romano.

1018. Córdoba

Y por los olivares de Jaén volviendo a casa.

1020. Hacia casa

La última parada a comer, rumbo a Graus y hasta otra.

1021. La última comida

 

 

Glendalough es un monasterio fundado por San Kevin en el siglo VI en un paraje boscoso junto a dos lagos. San Kevin en principio eligió para vivir como ermitaño una cueva junto al lago superior. Poco a poco la fama de santidad de San Kevin hizo que alrededor se formará una pequeña comunidad que posteriormente dio lugar al monasterio. Éste alcanzó su máximo esplendor en los siglos XI y XII. Saqueado varias veces por los vikingos y asolado por los ingleses en 1398, inició una fuerte decadencia estando en el siglo XVII todos los edificios en ruinas. A finales del siglo XIX algunos fueron restaurados.

La muralla que rodeaba el recinto ha desaparecido. sólo se conserva el acceso mediante una portada de doble arco.

785. Glendalough. La puerta

Pasada la entrada hay grabada en un sillar una cruz protectora del santuario.

875. Glendalough. Cruz grabada junto a la entrada

El lugar, tras la desaparición del monasterio, siguió siendo utilizado como lugar de enterramiento de los lugareños. También siguió siendo centro de peregrinaciones en las que se mezclaban el culto a San Kevin con supersticiones y rituales antiguos.

786. Glendalough

Entre las lápidas destaca la abundancia de cruces célticas.

791. Glendalough

Sobre las lápidas y cruces se yergue la torre redonda, que fue torre de guardia, refugio y campanario.

855. Glendalough

Con sus treinta y tres metros de altitud se ha convertido en el símbolo de Glendalough. Generalmente se piensa que su principal papel era el defensivo lo que en este caso no parece muy lógico dado que en el interior no había lugar para almacenar agua ni ningún tipo de servicios higiénicos, cosa que sí se da en muchas otras torres. La vigilancia y el aviso de cualquier acontecimiento a través de las campanas ubicadas en los cuatro ventanales de la parte superior serían sus funciones básicas a lo largo de los siglos. También se podían guardar en su interior objetos valiosos.

789. Glendalough

La construcción se fecha en el siglo XI. La cubierta cónica es fruto de la restauración de 1876 con materiales originales tras haber sufrido la caída de un rayo.

794. Glendalough

La puerta de la torre, como es habitual en todas las torres medievales se abre a considerable distancia del suelo -en ésta a algo más de tres metros- y únicamente era accesible con escaleras de cuerda o madera que se podían retirar en cualquier momento desde el interior. La puerta mira hacia la catedral.

La comunicación entre los pisos separados por estructuras de madera se realizaba mediante escaleras y trampillas que los comunicaban entre sí.

814. Gloendalough. Torre. Puerta

El aparejo es generalmente de sillares apenas desbastados de granito gris -mejor trabajados en la base- que alternan con esquisto micáceo. Para nivelar el terreno la torre se levanta parcialmente sobre un doble zócalo.

Queda algún mechinal en los que se apoyaban los andamios durante la construcción, pero la mayoría fueron eliminados durante la restauración.

Torre 14

La edificación más alejada del conjunto, situada a poniente de la torre, cerca del lago inferior, es la iglesia de Santa María.

Se supone que pudo ser la construcción más antigua datando de cuando empezaron a abandonarse las celdas primitivas situadas junto al lago superior.

806. Glendalough. Santa María

Parece que esta iglesia estuvo destinada exclusivamente al uso de monjas.

El aparejo es de bolos de granito con algún rústico sillar en los ángulos y la fachada.

807. Glendalough. Santa María

Las piedras mejor talladas son las jambas y el dintel de la portada situada al oeste.

st maryy

Volviendo hacia el núcleo principal de construcciones aparece la Casa de los Priores. Su nombre proviene de la práctica de enterrar sacerdotes allí en los siglos XVIII y XIX.

Ha sido reconstruida con las piedras originales basándose en un boceto de 1779.

834. Glendalough. Casa del Prior

835. Glendalough. Casa del Prior

Es un típico edificio románico como muestra el arco que lo cierra por el este.

831a. Glendalough. Casa del Prior

La puerta adintelada está al sur.

833. Glendalough. Casa del Prior. Puerta al sur

A alguno de los sacerdotes enterrados en este edificio se les atribuyeron poderes curativos. Unido esto a una tradición que afirmaba que también San Kevin fue enterrado aquí, convirtió este lugar en centro de peregrinación. Los devotos cogían tierra de las tumbas y se la aplicaban a llagas o heridas mientras cantaban oraciones.

832. Glendalough. Casa del Prior. Interior

El edificio mayor es la catedral.

818. Glendalough. Catedral

A su lado se levanta la Cruz de San Kevin. Está tallada en un único bloque de granito. Algunos remontan su construcción al siglo IX.

La leyenda afirma que quien pueda abarcar con sus brazos el cuerpo de la cruz y tocarse los dedos de una mano con los de la otra volverá a Glendalough. Para quienes tengan más fe algunos afirman que podrán satisfacer todos sus deseos.

18A_1238

La catedral estuvo originalmente dedicada a San Pedro y San Pablo y mantuvo su rango hasta que Glendalough en 1214 fue unido a la diocesis de Dublín.

859. Glendalough. Catedral

Fue construida en varias fases a partir del siglo X hasta comienzos del XIII.

La fase más antigua se manifiesta en los sillares ciclópeos de esquisto micáceo, unidos sin mortero, de la hiladas más bajas de la nave y de la fachada oeste. probablemente estas piedras procedan de un edificio anterior. La nave se cubría con una estructura de madera.

827. Glendalough. Catedral. Muro sur

Catedral 11

La puerta, situada al oeste, es muy parecida interior y exteriormente.

830. Glendalough. Catedral. Puerta oeste. Interior

No parece que las numerosas ventanas hubieran tenido cristales sino que debieron cubrirse con pieles de animales bien finas para que fuesen lo más trasparentes posible.

Catedral. 2º ventana muro sur

El presbiterio no se añadió hasta el siglo XII y curiosamente no está alineado con la nave.  Un gran arco cuidadosamente trabajado, cuyos restos se aprecian a ambos lados, unía ambas partes.

841. Glendalough. Catedral

Una gran ventana de medio punto, que ha perdido la mayor parte de su decoración, se abre al este en el prebiterio.

829. Glendalough. Catedral

Catedral. Cabecera. Ventana por el interior

La pérdida de decoración de la ventana se aprecia aún más por el exterior.

845. Glendalough. Catedral

También en el siglo XII o quizás ya en el XIII se añadió una sacristía al sur del presbiterio.

846. Glendalough. Catedral. Anexo al sudeste

La puerta norte de la nave también data de este período. Está muy arruinada, pero quedan restos que nos muestran que tuvo que tener una rica decoración.

819. Glendalough. Catedral

En el presbiterio es visible aún un gran armario emportrado en el muro sur.

824. Glendalough. Catedral. Muro sur

En el suelo o apoyadas en los muros hay muchísimas losas sepulcrales. Como ésta de uno que superó los cien años.

820. Glendalough. Catedral

Junto a la puerta hay una pila medieval.

Catedral. Pila junto a la puerta de entrada al oeste

La catedral y su campanario siguen aún hoy siendo el emblema del monasterio.

844. Glendalough. Catedral

Aún queda a unos metros de la catedral otro edificio importante, la denominada Cocina de San Kevin.

805. Glendalough. San Kevin

Este curioso edifcio debe su nombre al campanario circular levantado sobre la cubierta, que recuerda una chimenea.

Resulta curioso el afán de los constructores irlandeses por integrar un campanario circular en una iglesia de planta rectangular.

Los sillares son de esquisto micáceo como en la mayor parte del resto de edificios, y la cubierta de losas, todo ligado con mortero de cal y arena,

799. Glendalough. San Kevin

La iglesia tiene una cámara semioculta que ayuda a soportar la cubierta a demás de servir como escondrijo. Tiene una sacristía añadida al norte.

795. Glendalough. San Kevin

El interior no es accesible, pero puede verse a través de la puerta su bóveda de cañón.

797. Glendalough. San Kevin

El campanario tiene tres pisos con una ventana a cada punto cardinal en el superior y sólo dos ventanas en el segundo.

801. Glendalough. San Kevin. Torreta

Unos metros al sur de San Kevin aún quedan vestigios de otra iglesia, la de San Kieran, de la que tan sólo se puede seguir la planta.

St Kieran

A orillas del lago superior, fuera de lo que fue el recinto amurallado del monasterio, aún hay otras construcciones, algunas bastante más antiguas y relacionadas con la vida de San Kevin.

 

Ribagorza es una fuente continua de sorpresas. Aquí tenemos una cista funeraria o tumba de lajas.

Necrópolis 1

Las cistas son un modo de enterramiento, muy usual desde la más remota antigüedad y que se ha relacionado mucho con el fenómeno del megalitismo.

En España, más tarde, este modo de enterramiento fue usual tanto en época tardoromana como medieval. Las tumbas de lajas son muy difíciles de fechar y más sin una exploración arqueológica.

Ésta pertenece a una necrópolis, que yo me atrevería a considerar como medieval sin más precisiones, en la que son visibles a simple vista entre la vegetación otras cinco tumbas similares. Probablemente hayan bastantes más.

Todas ellas son muy parecidas y están orientadas este-oeste. Algunas muestran señales de haber sido abiertas pues hay esparcidas por el suelo lajas de las que las cubrían y no se ven restos óseos.

Necrópolis 2

Dado que el lugar en que se hallan tuvo que estar relacionado con la ciudad romana de Labitolosa por razones de proximidad confirmadas por la toponimia, podrían corresponder al período tardorromano anterior a la invasión musulmana. Pero como la documentación medieval señala la importancia de la civitas de Fantova y esta necrópolis se halla en el territorio bajo su influencia podríamos pensar en fechas más avanzadas pues estos enterramientos volvieron a ser comunes entre los siglos IX y y XII.

Necrópolis 9

Curiosamente no hay ninguna construcción religiosa en la proximidad. Esto pasa en otros lugares. Se puede especular con que si la cristianización en las zonas rurales en la alta Edad Media era muy superficial o simplemente se prefería enterrar en lugares cercanos a caminos o fuentes, donde siempre sería fácil rendir culto a los difuntos. Un antiguo camino medieval pasa muy cerca.

No aporto más datos para evitar expoliadores, que piensan encontrar tesoros por todas partes y no hacen más que destruir el patrimonio. Más vale aguardar a que algún día alguien se interese por estos restos y se inicie una adecuada investigación académica.

IRLANDA

En Irlanda en verano son largos los días  y las lluvias no tan abundantes como en otras épocas. Eso nos hizo elegir agosto para visitarla. Y planificamos hacer la visita organizada y en grupo pues eso de conducir por la izquierda no me acaba de convencer.

Madrugón y llegada anticipada en el aeropuerto de Barcelona pues la huelga del personal de seguridad hacía temer largas esperas. Afortunadamente no fue así.

Con relativa puntualidad llegamos al aeropuerto de Dublín.

Con muchas horas de día por delante iniciamos un recorrido en bus por la ciudad.

Cruzando o dejando al lado los múltiples puentes dublineses sobre el río Liffey.

Como el puente Heuston.

O el Grattan desde donde se ve a unos pasos la cúpula azul que identifica el hotel Claridge propiedad del grupo U2

Nos íbamos familiarizando con Dublín.

Para irnos acercando a la zona de Temple Bar, probablemente el centro principal de la vida nocturna de la ciudad. A esa hora no había mucha gente.

Aunque la abundancia de bares, restauarnte y comercios alternativos hace que siempre esté frecuentada por locales y turistas.

Allí comimos para proseguir después nuestro recorrido urbano. Pasamos por la catedral anglicana Iglesia de Cristo.

Y por el arco que atraviesa la calle Fishamble.

 

Para acabar en el que probablemente sea el lugar más visitado de Dublín y quizás de toda Irlanda: la fábrica de cerveza Guinnes. Quizás sea una pena que esto sea así, pero es lo que hay.

La visita guíada entre el bullicio y el ruido constante de la multitud que invade todos los espacios, no permite entretenerse demasiado aprendiendo los procesos de elaboración, mucho más agradables de observar en muchas otras fábricas cerveceras de otros lugares.

Arthur Guinnes es casi objeto de culto. Equiparable y probablemente con más seguidores que un Alexander Fleming, Leonardo da Vinci o Cristóbal Colón.

Hasta se realiza un pequeño aprendizaje de cata.

Animales y muñecos usados publicitariamente completan la visita.

Y lógicamente lo que no puede faltar antes de irse es tomarse una pinta.

A continuación una vuelta por el parque Phoenix, el mayor de Irlanda y, según los irlandeses (a menudo muy chauvinistas) de toda Europa. Sin embargo es mayor la extensión de la Casa de Campo en Madrid y del parque Richmond en Londres.

Con buen tiempo los dublineses lo tienen como predilecto en sus paseos y en su enorme extensión habitan también gamos cada vez más familiarizados con la presencia humana.

Dentro del parque el monolito erigido en memoria del Duque de Wellington, el vencedor de Napoleón en Waterloo, es visible a gran distancia.

En otra zona del parque también sobresale la gran cruz de acero levantada con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II en 1979.

Y al hotel a descansar.

Estaba situado a orillas del Gran Canal que atraviesa Dublín al sur del río Liffey

Las orillas del Gran Canal son también un plácido lugar de paseo y descanso, si el tiempo acompaña.

El canal es atravesado por puentes y pasarelas de todo tipo, para el tránsito rodado, para peatones o para el tranvía.

Por la mañana dejábamos Dublín, no sin antes dar una vuelta por algunas de sus calles.

Pudimos comprobar como el monumento a Wellington del parque Phoenix se ve desde muchos puntos.

El destino era el Irish National Stud, finca estatal dedicada a la cría y cuidados de caballos de carreras.

En el mismo lugar se encuentra un delicioso jardín japonés.

Antes de entrar en él jardín propiamente dicho, un espacio zen. Mi escasa afinidad con espíritus, poderes sobrenaturales y buceo en las más íntimas y profundas estancias de mi subconsciente me deben impedir captar las sutilezas y potencialidades de esos agrupamientos rocosos. ¡Qué le vamos a hacer!, sigo viendo únicamente piedras.

El jardín en sí está trazado como un camino que reproduce las etapas de la vida humana. Creo que tampoco acabé de entenderlo, pero el jardín es precioso y transmite sensaciones de paz y tranquilidad.

Las plantas son orientales.

Agua, piedras y vegetación forman un conjunto perfectamente integrado.

Las construcciones también te transportan a Japón

Camino y agua se interrelacionan constantemente.

 

Pese a no ser muy grande, algunos espacios parecen ser inmensos.

Tras el jardín visitamos las caballerizas. Hotel de lujo para caballos.

Y las amplias extensiones en las que cada semental goza de una inmensa parcela para él sólo, pues la competitividad entre ellos hace que no puedan compartir espacios.

Algunos sementales han sido muy populares y los visitantes aficionados al hipódromo los conocen.

Otros campos son para las yeguas y sus potrillos.

Y otros para los sementales ya jubilados de su actividad, que permanecen aquí con todas las comodidades hasta su muerte.

Toda la finca está muy cuidada y muestra todo tipo de atractivos.diversos puntos de interés. Árboles.

Curiosas obras artísticas.

Con especial atención a los niños, que suelen visitar el parque con frecuencia.

Algún caballo enano de las islas Shetland es también un atractivo para ellos.

En 1999 se añadieron al parque los jardines de San Fiacra, nombre de un ermitaño irlandés del siglo VI,

Tanto los jardines como la estatua del ermitaño  no sabes si te remontan a la Irlanda céltica o al Japón de los samurais.

Se han reproducido también clochanes, que son antiguas cabañas de piedra seca propias del sudoeste de Irlanda, que algunos suponen pudieron ser las antiguas celdas de los primeros eremitas.

Hacia mediodía dejábamos el Irish National Stud.

Y a comer. Comida irlandesa, la verdad es que hasta el momento quitando la abundancia de zanahorias y nabos, pocas sorpresas.

Y más kilómetros de autocar. Muchos prados y muchas vacas.

Ríos. El agua no es problema en la verde Irlanda.

Antiguas casonas con torreones.

Y parada en Adare, pequeña población dedicada prácticamente en exclusiva al turismo. Como en tantos otros pueblos irlandeses una iglesia neogótica y un gran crucero en piedra centran el núcleo.

En Adare varias casas están construidas al estilo tradicional con cubiertas de paja y albergan pequeños comercios dedicados al turismo.

No falta un bonito y gran jardín para solaz y paseo.

Las fachadas lucen vistosos colores como es habitual ver hoy en día en todas partes.

Proseguimos la ruta y … más vacas.

Finalmente llegamos a Killarney.

Allí nos esperaba el hotel, que debió tener su época gloriosa.

Después de cenar, un paseo por la población. En el centro la iglesia de Santa María.

Y un par de calles con pubs y comercios abiertos hasta bastante tarde como prueba de lo turístico de la población.

Por la mañana dejamos Killarney.

Pasando por su catedral de Santa María.

Los campos verdes de acompañamiento.

Y en vez de vacas, muchas ovejas.

La primera parada en la playa de Inch, paraiso para los amantes del surf.

Seguimos entre prados ganaderos.

En una zona con más ovejas.

En las zonas más escarpadas, márgenes y ribazos, abundancia de flores.

Brezo.

Fucsias, varas de San José y otras flores en una variada policromía.

Cruzamos Dingle y proseguimos. Más ovejas.

Más flores.

Algún clochán disperso. Los clochanes son cabañas de piedra seca, muy frecuentes en el litoral del sudoeste de Irlanda. Aunque su origen pudiera ser muy antiguo, no parece que los actuales que han sobrevivido puedan fecharse más allá de la Baja Edad Media.

En un recodo de la estrecha y sinuosa carretera que va de Dindle a Dunkin aparece Slea Head, lugar donde se levanta un crucero. Por aquí naufragaron barcos componentes de la Armada Invencible.

La carretera sigue siendo estrecha no permitiendo en algunos lugares el cruce de vehículos.

Los paisajes son increibles y se dispone de buenas vistas sobre las islas Blasket, que estuvieron habitadas hasta 1953.

Y seguían acompañándonos flores y ovejas.

Una última parada en Clogher Strand. Con un día espléndido para lo que es habitual en la zona.

Y regreso a Dingle, pueblo turistico con poco más atractivo que sus tiendas y restaurantes.

En la parte más elevada del pueblo, la iglesia neogótica.

Antes de comer aún dio tiempo para un helado en un local de la cadena Murphy, originaria de Dingle, pero que se ha ido extendiendo a la vez que su fama.

Después de comer regresamoa a Killarney atravesando los mismos paisajes que por la mañana.

En Killarney visitamos la catedral de Santa María de mediados del siglo XIX, obra del afamado arquitecto británico Augustus Welby Pugin.

El interior aparece como descarnado debido a que en una reforma de 1973 se le quitó el yeso que recubría sus muros.

Son interesantes algunas de sus vidrieras.

Después un paseo en calesa por el extenso parque nacional de Killarney.

Grandes paseos boscosos e inmensos prados cerrados a los vehículos de motor hacen las delicias del caminante o ciclista

Abundan los arroyos que desembocan en alguno de los tres lagos del parque.

Pronto se llega al primero y más grande de ellos.

El castillo de Ross del siglo XV se alza en sus orillas.

En el parque la fauna se mueve a sus anchas como los patos en este canal que desemboca en el lago.

Estos pequeños canales también son recorridos en pequeñas barcas.

Dejamos el lago para regresar a la ciudad.

Aún tuvimos oportunidad de ver algunos ciervos.

Y ya bastaba. El día había sido largo.

El siguiente seguíamos por el oeste irlandés. Prados y vacas.

Pasamos de nuevo por Adarne, donde hicimos una breve parada.

De tanto en tanto se divisaba algún antiguo torreón.

Y pronto llegábamos al castillo de Bunratty.

El castillo del siglo XV, bien conservado, se ha convertido en un lugar para cenas y espectáculos de tipo medieval. Incluso las visitas normales son teatralizadas.

Muestra algunas curiosidades como esta Sheela na Gig de desconocido origen incrustada en un muro. Las Sheela na Gig son seres femeninos de exagerada vulva que se encuentran en diversos lugares de Irlanda y también de Inglaterra. hay quienes las interpretan como representaciones de antiguas diosas de la fertilidadd, otros como avisos medievales contra la lujuria. Lo que sí parece claro por los lugares donde aparecen: castillos, iglesias, casonas, …, frecuentemente cerca de puertas o ventanas, es que su función sería apotropaica, para proteger los edificios del mal.

Algunas salas del castillo contienen mobiliario de época.

Otras, poco visitadas y escondidas en cualquier rincón, lo que muestran es su utilidad.

En los antiguos castillos había agujeros para espiar lo que ocurría en otra sala. Hoy conviven con artilugios modernos con la misma función.

Junto al castillo ha sido reconstruido un pueblo irlandés de principios del siglo XX.

Las casas de estilo tradicional están amuebladas.

Dentro de ellas podemos ver personajes de carne y hueso caracterizados realizando las tareas tradicionales como estas mujeres haciendo pasteles de manzana.

O el dentista preparando sus utensilios.

La escuela, aunque vacía, recuerda también esos tiempos.

La gente sale de sus casas como en aquel entonces.

La tienda.

La oficina de correos.

Conviven con los ajetreados turistas modernos ávidos de verlo todo.

Hasta una carreta con su cabra recuerda a los “travellers”. En Irlanda son éstos un grupo étnico diferenciado, que viven como nómadas y han desarrollado un dialecto, unas costumbres y una forma de vivir propias.  se les denomina también “chatarreros”. Sus hábitos parecidos a los de los gitanos hace que haya quienes les confundan, pero no tienen nada que ver ni en rasgos físicos, ni en origen, ni en lengua, ni en tradiciones.

El pueblo tiene también su iglesia.

Y sus corrales, establos y pocilgas con animales.

Por la tarde hacia los acantilados de Moher. Durante la ruta, prados y vacas.

Ríos y pueblecitos pintorescos.

Y campos de golf, abundantísimos en Irlanda.

Los acantilados de Moher, uno de los más espectaculares paisajes de todo el país.

Se desploman sobre el mar desde alturas que llegan a alcanzar los cuatrocientos metros.

En primer lugar se asciende hacia la torre O’Brian.

Desde lo alto de la torre la vista puede dirigirse en todas direcciones.

Hacai el norte puede prolongarse el paseo para obtener nuevas perspectivas de los acantilados.

Conforme cambia la luz del día se van modificando también los colores de plantas y rocas.

Pese a haber muchos turistas, la inmensidad del paisaje no da sensación de agobio.  A ello también ayudan las vacas que pacen por allí.

Dejamos los acantilados y, pasando por pequeñas aldeas, nos aproximamos a un embarcadero.

Para tomar una barca que nos permitiría una visión distinta de los acantilados.

El mar andaba un poquito agitado.

Las vistas son desde luego impresionantes y distintas. Aunque para bastantes de los embarcados lo que resultó diferente y desde luego impresionante fue el mareo.

Tras la experiencia, mejor o peor según el estado de cada cual, nos dirigimos al hotel situado en la pequeña localidad de Lisdoonvarna.

Recuperada prácticamente la totalidad del pasaje, por la mañana seguíamos hacia el parque nacional de Connemara.

Entre castillos.

Y prados con ganado.

Atravesamos Galway lloviendo. Bajo el agua vislumbramos su catedral.

Realizamos una breve parada muy cerca de los parajes donde se rodó “El Hombre Tranquilo” de John Ford.

En la cafetería donde nos detuvimos pudimos ver preparar un “café irlandés”.

La lluvia había desaparecido mientras pasábamos por paisajes donde el verde y el agua son dominantes.

La primera visita del día fue la abadía de Kylemore. Se trata de un castillo neogótico construido por un potentado inglés para su esposa en la segunda mitad del siglo XIX. Más tarde fue abadía y finalmente colegio privado.

En el lago adjunto se refleja el castillo.

Alguna sala del edificio ha sido acondicionada para visitas.

Algo alejada está la iglesia.

Y el mausoleo de la primera dueña.

Todo ello en un marco de exuberante verdor.

Parada a comer y proseguimos nuestra ruta por el parque nacional.

Lagos.

Ríos.

Montes y valles con ganado.

Pequeños pueblos.

Finalmente parada en Sligo donde pudimos estirar las piernas, que falta hacía.