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MÁLAGA

El AVE es hoy en día una magnífica alternativa para desplazarse hasta Andalucía. En espera de que pronto llegue a Granada, ya lo habíamos probado para ir a Córdoba y a Sevilla. Y ahora tocaba Málaga.

De Lérida a Málaga con los trenes que no pasan por Madrid ni enterarte. Sin madrugar, a mediodía en Málaga.

Habíamos reservado un apartamento. Abundan en el centro de Málaga las casas rehabilitadas como apartamentos modernos, que conservan detalles de otra época.

De céntrico no podía serlo más. A unos metros la plaza de la Merced.

Y un poquito más allá “El Pimpi”. Como es de visita casi obligada en Málaga allí comimos.

La verdad es que en Málaga se comen mejores frituras, pero el local es curioso.

Como prácticamente ya estábamos allí empezamos a recorrer Málaga con el teatro romano y la alcazaba.

La alcazaba se sitúa al este de lo que era el antiguo recinto amurallado de la ciudad. Fue mandada construir por el rey bereber de Granada en el siglo XI y se construyó sobre una fortificación anterior de origen fenicio.  Experimentó muchas reformas en épocas posteriores, sobre todo en los siglos XIII y XIV en que además de su papel defensivo se reforzó también su uso palaciego.

En su construcción se usaron muchos materiales procedentes del teatro y la ciudad romana. En algunos casos bien visibles.

Cuidadosamente restaurada, pasear entre sus muros es hacerlo entre la historia y la vegetación.

Conforme se va ascendiendo se contemplan mejores vistas de la ciudad sobre todo de la zona portuaria.

Más al este, en posición más elevada, unido prácticamente a la alcazaba, se divisa el castillo de Gibralfaro, lugar donde se ubicaba un faro de origen fenicio y que fue una de las fortalezas más inexpugnables de la España musulmana hasta ser tomado por los Reyes católicos en 1487.

La parte superior es la de mayor interés artístico.

Con algunos encantadores rincones como la fuente del Pez.

Pórticos y patios con fuentes.

Portadas con decoración de mocárabes.

El patio de la Alberca.

O estas arquerías del período de los reyes bereberes.

De arriba del todo las vistas extraordinarias pese al tiempo más bien nuboso.

Al descender de la alcazaba pasamos por la catedral.

Y, pese a no estar aún en semana Santa, ya tropezamos con todo el movimiento previo a esas fechas. Traslados de los tronos desde las sedes de las cofradías a las iglesias.

 

Y preparación de sillas y andamios para presenciar el paso de las procesiones.

Para acabar la tarde al Museo Thyssen, ubicado en el palacio renacentista de Villalón.

La variada selección de obras del museo contiene alguna de los grandes maestros como la Santa Marina de Zurbarán.

Hay bastante pintura romántica de paisaje y también bastantes obras propias del costumbrismo andaluz a las que pronto dediqué la atención. Cada uno tiene sus preferencias. 

Entre ellas “Un baile para el señor cura” de Juan García Ramos, a cuyo hermano descubrí como pintor hace poco en Sevilla. Tan grande uno como el otro.

“El rosario de la Aurora” de Eduardo Lucas, donde nos plasma el final del  famoso rosario,  tal como  recuerda  el  refrán.

“El galán del sarao” del especialista en escenas de baile Eduardo León Garrido.

Para el primer día en Málaga ya valía. A tomar algo por el centro, a cenar y a dormir.

Mañana del lunes. A pasear por el teatro Cervantes.

El mercado de la Merced.

La iglesia de Santiago. Inicialmente gótico-mudéjar y profundamente remodelada en el barroco.

En esta iglesia y en esta pila fue bautizado Pablo Picasso.

Pasamos por  San Agustín.

Y a desayunar tranquilamente.

Para sumarnos luego a una de las visitas guiadas por voluntarios, que tan de moda se han puesto por todo el mundo.

La salida en la plaza Constitución.

Recorrimos la calle Larios.

Otra vez a la plaza de la Constitución.

Paseo por las callecitas del centro.

A la catedral con explicaciones desde el exterior.

Por el Pimpi cruzamos hacia el teatro romano.

Entramos en la sede de la Cofradía de lso Estudiantes donde estaban acabando de preparar los tronos (así se llaman los pasos procesionales en Málaga) para su traslado.

Y frente a la antigua aduana, donde ahora se halla el Museo de Málaga, finalizamos la visita guiada.

Y ya solos seguimos por nuestra cuenta por el centro a buscar un restaurante.

Por la tarde al Museo Picasso.

En el museo, que para quienes conozcan el de Barcelona, puede resultar decepcionante, no se pueden tomar fotografías.

Sin embargo si pueden tomarse en la exposición temporal dedicada a su esposa Olga. Cartas, fotos, programas, filmaciones, …, constituyen la muestra, ciertamente interesante. De ella también forman parte algunas pinturas del artista como Las Tres Gracias.

Y algunas de las que tienen  como protagonista a su hijo Paulo.

O “Mujer con reloj” de 1936.

En los sótanos del Museo Picasso se conservan restos arqueológicos de la ciudad fenicia y romana

Luego paseo. Por la catedral hacia el mar.

Y al Paseo del Muelle, buen lugar para el atardecer.

Otro día. Lo iniciamos yendo a atravesar el Guadalmedina, el “río de la ciudad”, nunca mejor dicho.

Al otro lado está la estación ferroviaria y, junto a ella, la de autobuses.

Muy cerca la iglesia de Nuestra Señora del Carmen.

Por las calles cercanas regresamos hacia el río y hacia el centro.

Paramos en el mercado de Atarazanas.

Tomamos unos zumos y fruta, pero el pescado también decía “comedme”.

Después a la iglesia de San Juan Bautista. Construida tras la reconquista, en el siglo XVIII adquirió su actual aspecto barroco.  

Y a la catedral, la “Manquita”. Su popular nombre obedece al hecho de que una de sus torres no se  finalizado nunca.

La audioguía que se ofrece con la entrada está francamente bien.

Lo mejor, para mí, la sillería del coro. Iniciada a finales del siglo XVI, fue finalizada por Pedro de Mena a partir de 1648.

La catedral alberga un pequeño museo sin demasiado interés.

Mucho más tiene el Palacio Episcopal, situado frente a la catedral y que puede visitarse con la misma entrada.

Tuvimos la suerte de que había una exposición temporal monográfica dedicada a Pedro de Mena. Extensa y con lo mejor de su obra. 

No permitían tomar fotografías. Me conformo con poner aquí la portada del folleto anunciador.

Por la tarde al Museo de Málaga. Pasando, como es habitual, por el teatro romano. 

El museo se ubica en el palacio de las Aduanas, edificio del siglo XVIII, y desde 2016 acoge el Museo de Bellas Artes y el Museo Arqueológico Provincial.

Empezamos en la segunda planta donde están las colecciones arqueológicas, de las que expongo algunos ejemplos.

A la entrada se encuentran el Grupo de matronas sedentes, procedente de Cártana, del siglo II.

Y luego, muy bien colocado y expuesto todo, se van sucediendo las salas. Con esculturas romanas.

Baco adosado a pilastra. Tercer tercio del siglo II.

Oso de arenisca devorando un carnero, del siglo II-I a.C.

Rstos arqueológicos mucho más antiguos como estas Vasijas de la Cueva de las Tres Tinajas (Alozaina). de principios del neolítico.

Un quemaperfumes (thymiaterion), de época fenicia. VII a. C.

Hallazgos de tesoros escondidos en épocas revueltas. El tesorillo del Tajo de Jorox. Bronce tardío. XIV-XII a. C.

El Tesoro de Cerro Colorado (Benahavís), de finales del III-principios del II a. C.

Muy interesante es el casco de bronce de estilo corintio. VI a. C. 

Hay mosaicos romanos como esta representación de Príapo, del siglo I. 

El mosaico de los Pájaros, del siglo V. 

Un fragmento que representa a Belerofonte matando a la Quimera, del siglo IV.

Otra escultura romana. Mercurio, de principios del siglo II.

 

Hay fragmentos de pintura mural romana como el siguiente con escena de vendimia, del siglo II.

De época paleocristiana hay bastantes placas cerámicas con crismones.

De época visigótica una hebilla con esmaltes “cloissonné”.

Las últimas salas están dedicadas a la época musulmana.

Tinaja almohade.

Descendimos a la primera planta.

No podía faltar Pedro de Mena. Hay una Dolorodsa y un Ecce Homo.

También es de Pedro de Mena esta aparición de la Virgen a San Antonio de Padua.

También hay una buena colección pictórica desde el siglo XVII al XIX. con buena representación de la pintura costumbrista.

Algún cuadro puede resultar bastante actual. “El charlatán político”, de 1866, obra de Bernardo Fernández.

También está representado el arte más actual. En algún caso de autores muy conocidos.

“Cabeza de mosquetero” de Pablo Picasso.

Al salir entramos en al iglesia de Santa Ana.

 

Y pronto nos cayó la noche.

A cenar y a descansar, pasando otra vez por el teatro romano, ahora iluminado.

El jueves decidimos ir a Antequera y por la mañana fuimos a tomar el autobús. 

Al llegar os encontramos enseguida la plaza de toros.

Poco más allá la  Puerta de Estepa.

Y cruzamos la ciudad hasta la plaza de San Sebastián donde cerca está la oficina de turismo, donde acudimos a buscar información .  

Desde allí pasando por la plaza Coso Viejo.

Y la iglesia de Santiago.

Nos acercamos al conjunto de los dólmenes. Al fondo se divisa la Peña de los Enamorados.

Hacia ella está orientado el extraordinario dolmen de Menga, de principios del cuarto Milenio a. C.

Un sepulcro de corredor impactante.

Los pilares intermedios, muy raros en este tipo de construcciones, le dan un aspecto de templo-santuario.

 

Muy cerca está el dolmen de Miera, también sepulcro de corredor, algo más moderno.

Este sí que está orientado de manera ortodoxa hacia la salida del sol.

Para ir al dolmen (más bien tholos)  de El Romeral tuvimos que tomar un taxi.

Es más tardío que los anteriores y tiene el corredor de acceso reconstruido.

Pero con las dos cámaras circulares del fondo perfectamente conservadas, cubiertas por cúpulas realizadas por aproximación de hiladas, aunque el final esté rematado por una enorme losa.

Al regreso, el taxi nos dejó en la Alcazaba. De este modo nos ahorrábamos la subida.

Al recinto se entra por la puerta de los Gigantes.

La Alcazaba queda arriba y la iglesia de Santa María la Mayor, abajo.

Desde el mirador hay magníficas vistas sobre Antequera y su comarca.

Descendimos por bonitas calles empinadas.

Y como no podíamos visitar las iglesias, que ya habían cerrado, nos dimos una vuelta por el centro lleno de palacios.

Conventos

Y encantadores rincones.

Regreso  a Málaga y sin visitas. El día se había cubierto de sobras.

El último día en la ciudad lo empezamos paseando por las cercanías del mar.

Por el puerto y los muelles.

Pasamos por la capilla del Puerto.

Y nos acercamos a la Farola, que es como los malagueños denominan al faro.

Desayunamos esperando que abriesen el centro Pompidou, anunciado por el cubo de acero y cristal que ilumina el interior.

En la planta inferior está la exposición permanente dedicada a las utopías modernas.

Pronto nos saluda una de las copias de El Profeta de Pablo Gargallo.

La primavera de Picasso.

“Desarrollo en marrón” de Kandinsky.

“La caída de Ícaro” de Marc Chagall. Una excelente muestra del final de las ilusiones utópicas.

Una obra de Franck Scurti, Lata de sardinas, al fondo “Solo donuts”.

De Eva Aeppli, “Grupo de 13”, obra de 1968, año emblemático. 

“Rebaño de corderos” de F. X. Lalanne ocupa el espacio central.

El centro realiza también exposiciones temporales. La actual estaba dedicada a Matisse.

Quizás no estaban las mejores de sus obras, pero sí se reflejaban sus distintas etapas.

“Lorette con taza de café” de 1917.

“Bodegón con aparador verde” de 1928.

“Interior amarillo y azul” de 1946.

Al salir nos decidimos ir andando por el paseo Marítimo hasta Pedregalejo.

Caminata agradable al no hacer calor.

Y en Pedregalejo a tomar una espeto de sardinas y una fritura de esas en que no falte el “adobo”.

Por la tarde paseo tranquilo. Málaga siempre tiene rincones para descubrir.

Aún pasamos por “La Casa Invisible”, convertida en centro cultural ocupa-alternativo, pero nuestra parada fue al lado donde está la heladería Mira, posiblemente la mejor de Málaga. 

Una buena cena de  despedida y el viernes al AVE y a comer ya en Lérida.

Un ratito más y a casa con poco para disfrutar de ella pues el domingo nos esperaban en Valencia.

 

ISRAEL-JORDANIA

Israel era para nosotros un destino desconocido, Jordania no, pero siempre da gusto repetir lo bueno.

Salimos en horario intempestivo -medianoche- en dirección a Madrid para tomar por la mañana el vuelo a Tel Aviv.

Llegada por la tarde y a familiarizarnos con los pesados trámites burocráticos israelíes.

Finalmente hacia el hotel donde llegamos ya anochecido.

Antes de cenar no hubo tiempo para más que dar un paseo por los cercanos muelles.

El principal atractivo lo movidito que estaba el mar.

Dormimos a gusto, pese a que el hotel no tenía mucho de maravilloso, y de buena mañana a disfrutar del día, que amaneció magnífico.

A lo largo de las playas nos fuimos acercando a Jaffa, situada al sur, que hoy no es más que un barrio de Tel Aviv.

Jaffa es ciudad de antiquísima historia y como la mayoría de la zona ha sido conquistada y dominada por infinidad de tribus, reinos e imperios. Vespasiano la arrasó por completo y lo que ahora se ve de la ciudad es mayoritariamente fruto de los últimos siglos de dominio otomano.

La leyenda sitúa aquí la partida de Jonás hacia Tarsis antes de ser tragado por la ballena. Este ejemplar sonriente recuerda el mito.

La iglesia franciscana de San Pedro recuerda la vinculación del primer papa con Jaffa. Aquí tuvo Pedro la visión de que no cabía distinguir entre judíos y gentiles al tiempo que Dios le ordenaba suprimir las restricciones alimenticias propias de los judíos (kosher). ¡Cuánto le debemos a Jaffa los amigos del jabugo!

Cerca de la iglesia unas excavaciones recuerdan diversos momentos del pasado de la ciudad.

Muy cercanas se vislumbran las playas de Tel Aviv.

Allí nos hicimos la primera foto de grupo.

La tradición identifica una vivienda, hoy deshabitada y cerrada al público, como la casa de Simón el curtidor donde se alojó San Pedro.

La mezquita más grande e importante de Jaffa es la Mammudiyya, obra de los siglos XVIII y XIX.

Dejamos Jaffa y atravesamos de nuevo Tel Aviv para dirigirnos a Cesarea, al norte.

Pronto llegamos a las ruinas de la antigua ciudad.

Esta ciudad, de origen fenicio, fue transformada por Herodes el Grande en un gran puerto, uno de los más importantes de la antigüedad.

Enseguida llama la atención el inmenso hipódromo, que llegaba a acoger quince mil espectadores.

A la salida del hipódromo se ubican las letrinas. Allí los ciudadanos de la época podían aliviarse, descansar, charlar y hacer negocios con los vecinos. A nuestro guía también le pareció un buen lugar para disertar.

Cesarea fue residencia del gobernador romano de Palestina. En unas excavaciones se encontró una piedra con una inscripción en la que aparece el nombre de Poncio Pilatos. En Cesarea se exhibe una copia pues el original se guarda en el museo de Israel en Jerusalén.

Junto al mar se hallan las ruinas del palacio de Herodes.

El teatro ha sido rehabilitado para acoger diversos espectáculos, en una de esas discutibles “restauraciones-reconstrucciones”, que en modo alguno llega a ser la barbaridad que se hizo en Sagunto.

In situ se conservan muchos restos arqueológicos.

El lugar da para pasar mucho más tiempo, pero lo que tienen los viajes organizados es que el que hay es limitado.

A muy escasa distancia, también a la orilla del mar, está uno de los acueductos que llevaban el agua a la ciudad. A lo largo de más de siete kilómetros la traía desde un manantial situado en Monte Carmelo.

Los restos del acueducto parecen hoy arcuaciones para el acceso a la playa.

De Cesarea proseguimos hacia Haifa a través de verdes paisajes gracias a las abundantes lluvias de este invierno.

Haifa es la tercera ciudad de Israel y se extiende por la falda del monte Carmelo. En este monte estaba la cueva donde el profeta Elías se refugió durante un viaje por el desierto. Esta montaña es también famosa por ser donde se fundó la orden de los carmelitas en el siglo XII y, según la tradición, la Virgen se apareció en 1251 al superior de la orden a quien entregó su escapulario, extendiéndose desde entonces el culto a la Virgen del Carmen por todo el mundo.

Luego a comer en Haifa, Por cierto muy bien ese día.

Por la tarde una breve visita a los jardines Bahai. Aquí está enterrado El Bab, ejecutado en Persia en 1850, considerado el precursor de Mirzá Husayn-Alí, el gran profeta y padre de la religión Bahai.

De Haifa hacia Nazaret.

Llegamos ya anochecido,  pero aún  nos dimos una vuelta.

La  basílica de la Anunciación relucía bajo  la  luna llena.

Aún estaba abierta y, aunque la debíamos visitar el día siguiente, entramos. Esta gran iglesia fue diseñada por el arquitecto italiano Giovanni Muzio e inaugurada en 1969.

En la nueva construcción el arquitecto intentó integrar los restos de la primera iglesia bizantina y de la posterior de la época de los cruzados, que ocuparían el lugar donde la tradición sitúa la casa de María y donde el Arcángel Gabriel le anunció que iba a ser madre del Mesías.

Pese a que en Israel los comercios suelen cerrar temprano, aún había alguno de abierto. Los de frutas bien ordenados y mostrando gran variedad.

Otros en los que debe ser algo más difícil encontrar el producto buscado.

El día siguiente repetimos visita -esta vez programada- a la basílica de la Anunciación.

Subimos a la planta superior, cosa que no habíamos hecho la víspera.

Entre las muchas imágenes procedentes de todo el mundo que, en pinturas y mosaicos, adornan el interior y el exterior de la basílica hay una dedicada a la Virgen del Pilar y el Apóstol Santiago.

Al norte de la basílica, en un espacio cubierto a nivel inferior, se pueden ver restos arqueológicos correspondientes a las primitivas iglesias que hubo en el lugar.

Y a pocos pasos la iglesia, también franciscana, de San José, de principios del siglo XX, que sustituyó también a otras anteriores y que , con algo de imaginación, algunos identifican con el lugar donde San José tuvo la carpintería.

Siguiendo por lugares bíblicos la siguiente parada fue en Caná, que muchos suponen puede corresponder al Caná bíblico donde tuvieron lugar las bodas en que Jesús realizó su primer milagro transformando el agua en vino.

Al llegar pasamos por la iglesia ortodoxa griega dedicada a San Jorge .

Y por alguna calle de las que demuestran que la limpieza no es precisamente la característica principal de Israel.

Finalmente entramos en la iglesia que conmemora las bodas.

Por cierto, bien vigilada.

El interior es también moderno. Muchos peregrinos deciden repetir aquí sus esponsales.

Pero en dependencias auxiliares se guardan restos arqueológicos de toda época.

Entre ellos, como es natural, tinajas.

Probamos el vino de Caná. Era un vino rancio y dulzón, que además no lo producen en Caná donde a día de hoy no hay viña. El del milagro seguro que era mejor.

De Caná al monte de las Bienaventuranzas, junto al lago Tiberíades o mar de Galilea, donde Jesús pronunció el Sermón de la Montaña.

Debido al pórtico al exterior no  se  aprecia  que la planta  sea  octogonal, correspondiendo cada lado a una de las bienaventuranzas.

Bordeando el lago Tiberíades fuimos al cercano Cafarnaún.

El lago estaba cubierto por una neblina, pero el paisaje estaba completamente verde.

Se nota como la naturaleza agradece la lluvia.

Pronto llegábamos a Cafarnaún, muy mencionada en los evangelios como el lugar donde Jesús realizó muchos de sus sermones y milagros.

Justo entrar en el recinto arqueológico uno se encuentra con gran cantidad de restos arqueológicos de época helenístico-romana y sobre todo bizantina, época de mayor esplendor de la ciudad. Tras la conquista árabe empezó su decadencia y en el siglo X se abandonó, En el siglo XIX los franciscanos compararon los terrenos e iniciaron las excavaciones.

Para escuchar las explicaciones era mejor la sombra

La sinagoga es lo más relevante del recinto. De los siglos IV-V se levantó sobre otra del siglo I. Se conserva buena parte del muro norte con sus columnatas y arquitrabes parcialmente restaurados.

Las abundantes ruinas de las casas nos indican la importancia que tuvo la población.

Al sur de la sinagoga, en una zona conocida desde la antigüedad como “isla sagrada”, se ubica lo que según la tradición fue la casa de San Pedro.

Se conservan las ruinas de una iglesia primitiva, que fue luego sustituida por una iglesia octogonal bizantina.

La capilla actual conserva la forma octogonal.

había llegado la hora de comer y muy cerquita estaba el restaurante que no podía llevar otro nombre que el de San Pedro.

La tarde la empezamos con la visita en Tabga a la iglesia de la Multiplicación. A la llegada nos esperaba una pila bautismal cruciforme de época paleocristiana.

La iglesia es una construcción del siglo XX situada sobre una iglesia bizantina del siglo V destruida por los persas en 614.

Las excavaciones han dejado al descubierto unos interesantes mosaicos con la flora y fauna del lugar.

Pero lo más relevante es la piedra en la que tradicionalmente se cree estaba Jesús cuando realizó el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y el mosaico que hay junto a ella en la que, en una cesta, aparecen los panes y los peces.

El recorrido por los alrededores del lago Tiberíades finalizó en Yardenit, junto al río Jordán.

Aquí se conmemora el lugar del Bautismo de Jesús. Si bien el sitio, de vegetación exuberante y abundante agua, no recuerda demasiado el río cruzando una zona casi desértica, como supone la narración bíblica. El motivo es que el Jordán en la zona que pudo ser el lugar original donde predicaba y bautizaba Juan está prácticamente seco, y se decidió trasladar aquí la conmemoración.

Muchísimos peregrinos, mayoritariamente de grupos evangélicos, pero también de otras devociones cristianas renuevan aquí su bautismo.

En ruta a Jerusalén pasamos por las cercanías de Jericó, donde únicamente vimos desde el autocar su palmeral. A la ciudad, ya anochecido, no pudimos ir.

En Jerusalén era completamente de noche y paramos para admirarla desde un mirador extraordinario.

Madrugamos una barbaridad y a primera hora estábamos a los pies de las murallas.

Entramos en la ciudad vieja por la puerta de las Basuras, lo que no es una entrada muy triunfal que digamos.

Cerca se halla el Centro Davidson que alberga el Parque Arqueológico de Jerusalén

Íbamos a la Explanada de las Mezquitas, que únicamente es accesible para los no musulmanes pasando junto al muro de las Lamentaciones, que visitaríamos el día siguiente.

Como en todo Jerusalén cualquier lugar recuerda la agitada y variada historia de esta ciudad. Por doquier aparecen y se confunden restos arqueológicos de todas las épocas, civilizaciones y religiones.

Toda la explanada está reservada exclusivamente al culto musulmán. Es para ellos el tercer lugar más sagrado tras La Meca y Medina porque desde aquí ascendió Mahoma a los cielos. Para los judíos es también un lugar excepcional porque aquí se ubicaba el templo de David y Salómón y el que lo sustituyó del que tampoco queda nada y además fue el lugar donde Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo Isaac. Para los cristianos aquí ocurrieron diversos sucesos de la vida de Jesús como la expulsión de los mercaderes del templo.

La mezquita Al Aksa se levantó en el siglo VIII sobre una antigua iglesia bizantina en el lugar desde donde ascendió Mahoma. Dañada por diversos terremotos ha sido reconstruida varias veces. Durante las cruzadas fue el cuartel general de los templarios.

Pero lo que más llama la atención al turista es la Cúpula de la Roca en el centro de la explanada.

En posición inferior  se halla la sala de oración El-Marwani conocida también como los establos de Salomón.

La Cúpula de la Roca, el dorado de la cual es visible de muchos y lejanos lugares, es un lugar de culto musulmán pero no propiamente una mezquita.

Otro lugar de oración, tampoco mezquita, situado al lado de la Cúpula de la Roca es la Cúpula de la Cadena.

Valió la pena el madrugón para poder contemplar con tranquilidad esta explanada sin el agobio que producen las riadas de turistas y peregrinos que desbordan las calles de Jerusalén durante las horas centrales del día.

Descendimos desde la cúpula por el lado opuesto al que habíamos subido.

Nos dimos un paseo por el barrio judío.

Y dejamos la ciudad antigua, viendo a lo lejos otra vez el Muro de las Lamentaciones, para tomar el autocar.

Pasamos por la ciudadela y torre de David.

Y fuimos hacia el oeste al barrio, antiguo pueblo de Ein Karem, de donde eran Zacarías e Isabel, padres de Juan el Bautista.

Visitamos primero la iglesia de San Juan de la Montaña.

En la iglesia hay una gruta que la tradición identifica con el lugar de nacimiento de San Juan.

En una colina cercana se divisa el monasterio ortodoxo ruso de Gorny con sus cúpulas doradas.

En otra colina está la iglesia de la Visitación, lugar que conmemora la visita de María a su prima Santa Isabel.

Durante la subida se disfruta de buenas vistas hacia el norte.

La iglesia levantada en 1955 sobre las ruinas de otras anteriores, una bizantina u otra de la época de las cruzadas, muestra dos niveles

En la fachada un gran mosaico representa a María a lomos de un asno camino a Nazaret escoltada por ángeles.

En el interior de la iglesia inferior una roca conmemora el lugar donde Isabel escondió a Juan durante la matanza de los Inocentes.


La iglesia superior suele estar siempre ocupada por grupos de peregrinos que celebran la misa.

La última visita de mañana fue al museo de la Historia del Holocausto.

Por la tarde a Belén.

El primer impacto los muros y alambradas que rodean la ciudad. Una imagen muy alejada de las visiones idílicas que ofrecen los pesebres navideños.

El muro que separa el territorio cisjordano de Israel es un rosario de pintadas.

Ya dentro de Belén la imagen también se parece poco a la de nuestra imaginación.

Inmediatamente fuimos a la basílica de la Natividad, obra de la época de Constantino, reconstruida y ampliada por Justiniano, es de las iglesias más antiguas de la cristiandad, habiendo sobrevivido a infinidad de avatares.

La basílica de cinco naves y tres ábsides, uno al fondo y los otros a modo de  brazos del crucero, es espectacular. Desgraciadamente entre que estaba en obras y la ingente cantidad de gente haciendo cola para visitar la gruta poco se podía disfrutar de ella.

Los mosaicos que se conservan son de una belleza increíble, aunque es difícil poder contemplarlos con calma.

Al gruta que conmemora el nacimiento se baja por una estrecha escalera.

Las dependencias y conventos anexos tienen mucho menor interés que la basílica.

Ya caía la tarde cuando salimos de la basílica para emprender el regreso a Jerusalén.

Otro madrugón. Jerusalén ya se veía a esa hora magnífico.

Otra vez al interior de sus murallas.

Hoy por la puerta de Jaffa.

Las calles aún estaban prácticamente vacías.

La torre de David que pese a su nombre fue construida por Herodes el Grande y finalizada con su aspecto actual por Solimán el Magnífico, aún estaba cerrada.

Las tiendas del mercado, también.

Eso hacía suponer una visita tranquila.

El objetivo de hoy, el Santo Sepulcro, el lugar de peregrinaje más importante del mundo cristiano.

El acceso a la basílica es a través de una puerta de arco apuntado que tiene al lado una análoga y dos ventanas de medio punto encima.

Lo primero que encontramos es un mosaico en el que se representa el descendimiento, unción y puesta en tumba de Jesús.

A partir de aquí, pese a la hora, lentas e interminables colas para acceder al Sepulcro. No cabía para entretenerse más que contemplar la columnata que rodea el Santo Sepulcro.

Y la cúpula que la corona.

Finalmente conseguimos acceder al lugar más venerado, la roca donde se ubicó el sepulcro.

El resto del monumento es un laberinto  de  capillas pertenecientes a distintos grupos: católicos,  armenios, coptos etíopes, ortodoxos griegos,…

Todo  tipo de épocas y estilos se mezclan en una amalgama variopinta en la que también se entrecruzan las leyendas y tradiciones.

En unos lugares había colas, en otros, no. Confusa me resultó la visita.

Lo cierto es que no me quedó nada claro. Ni cual era la tumba de Adán, ni dónde encontró la cruz Santa Elena (que quizás son las fotos que vienen a continuación), ni nada. He buscado guías, tanto en internet como impresas, y sigo sumido en un cúmulo de dudas.

En el exterior contemplamos más tranquilamente la decoración de las portadas y la fachada.

Frente al Santo Sepulcro se alza la mezquita de Omar.

Hubo una pequeña pausa para tomar un zumo de granadas.

Abandonamos la zona del Santo Sepulcro pasando por la capilla de los coptos etíopes.

Por el patio.

Y por sus viviendas.

Después seguimos por el mercado.

Y el viejo Jerusalén.

Con sus contradicciones y a veces alambradas separando las viviendas.

El abigarrado mercado.

Incluso con tráfico rodado.

Alterna con las calles donde se sitúan las estaciones del Viacrucis que salpican la Vía Dolorosa.

En cualquier momento puedes cruzarte con alguna de las procesiones que a todas horas y en cualquier idioma siguen el viacrucis.

Hay estaciones en la calle. Otras tienen pequeñas capillas.

El viacrucis culmina en el Santo Sepulcro. Nosotros al venir de él hicimos el recorrido en descenso.

Y claro, las estaciones  al inversa.

Finalmente dejamos la ciudad antigua por la misma puerta que habíamos entrado.

Y el autocar nos condujo hasta el huerto de Getsemaní desde donde se ve bien la muralla y la Cúpula de la Roca sobresaliendo por encima.

Unos olivos milenarios salpican el lugar que la tradición identifica como aquel al que Jesús acudió a rezar antes de ser entregado por Judas.

Al lado del huerto se halla la iglesia de la Agonía. El edificio actual es de 1922-24, obra del arquitecto italiano A. Barluzzi, y sustituyó a diversas construcciones anteriores de diferentes épocas.

En posición más alta el monte de los Olivos tiene un espléndido mirador sobre la ciudad.

Buen lugar para inmortalizar una foto de grupo.

Yendo a comer pasamos por barrios que no parecen de una ciudad moderna. Los contrastes son muy del país.

¿Cómo salen a tender la ropa?

Por la tarde al monte Sión.

En  la puerta de Sión aún se reconocen las huellas de los disparos de la guerra árabe-israelí de 1948.

La iglesia de la Dormición, obra de principios del siglo XX, que tomó como modelo la catedral de Aquisgrán se sitúa en el lugar donde se supone que la Virgen se durmió y fue asunta al cielo


En la cripta se recuerda el suceso.

A pocos pasos está el Cenáculo, el lugar donde se celebró la Última Cena.

En el edificio principal hay dos plantas.

Una es una iglesia cuyas últimas reformas son del siglo XIV.

Y en la otra el sepulcro del rey David. Lugar sagrado para los judíos donde acuden a rezar, leer y meditar.

Hombres y mujeres por separado, naturalmente.

Descendimos del monte Sión.

Y fuimos al antiguo cardo de la ciudad romana,

Frente a la sinagoga Urba un gran y dorado candelabro de siete brazos preside la plaza.

Por entre zonas arqueológicas

llegamos de nuevo al Muro de las Lamentaciones. Este muro es parte de las obras de contención que realizó Herodes para sostener la explanada donde se ubicaba el templo, pero durante siglos los judíos han considerado que era parte del templo destruido por Tito el año 70. Por ese motivo judíos de todo el mundo han acudido aquí y acuden para lamentarse por la pérdida del templo y rogar por la venida del Mesías.

Aunque la mayoría de los judíos israelitas son laicos, los grupos ortodoxos y ultraortodoxos que son los que suelen venir aquí a menudo, siguen siendo quienes marcan las directrices del estado y velan por el cumplimiento de la ley mosaica.

hay días y horas en que el muro está muy frecuentado, otros no tanto, pero las ceremonias, rituales, pregarias y lloros aparecen en cualquier momento.

En la explanada exterior suele haber muchos turistas y curiosos, pero en la zona cubierta ya son mayoría los devotos.

El vestuario es llamativo, sobre todo el de los niños con sus barbas y tirabuzones postizos.

El de los mayores no se suele mover del blanco y el negro.

Los rituales con gestos compulsivos son de lo más curioso.

En el exterior las mujeres tienen su zona de muro separada por una valla de la reservada a los hombres.

Unas “conocidas” miraban la zona masculina por encima de la valla y no parecían estar lamentándose mucho.

Al hacerse la foto de grupo, tampoco.

Por la noche nos dimos un paseo por una de las zonas de marcha de la juventud. Ese día celebraban el “Purim” (no suena muy bien), festividad que conmemora la intercesión de Esther ante el rey persa Asuero para salvar al pueblo judío. Disfraces, regalos y bebida forman parte del festejo.

El viernes adiós a Jesusalén.

En los alrededores proliferan los campamentos beduínos, cada vez menos nómadas, pero con sus viviendas formadas con los más diversos materiales y con cabras, camellos y vehículos ultramodernos conviviendo en los mismos espacios.

Atravesamos zonas desérticas.

Y también los palmerales de Jericó.

Hasta entrar en Jordania, muy verde por las lluvias invernales.

Los viernes es la fiesta musulmana y la práctica del picnic es muy habitual en los márgenes de las carreteras.

En la primera población de cierta importancia  que cruzamos pudimos ver la matanza y desollamiento de las reses a la puerta de la carnicería. Espectáculo al que asisten con su natural curiosidad los niños.

El comercio, pese a ser festivo, no cesa.

Y los productos se alinean unos al lado de otros sin problemas.

El entorno tampoco es un dechado de higiene y pulcritud.

Llegamos a Jerash a la hora de comer, pudiendo ver primero la elaboración y cocción del khobez, el pan jordano. Lo que recuerda que Jordania es el lugar del mundo donde se han hallado muestras de los panes más antiguos de la humanidad.

Y tras la comida a la antigua ciudad romana de Gerasa. Esta ciudad ya era importante desde la época alejandrina (siglo IV a. C.), pero fue  a partir de la conquista romana cuando adquirió gran relieve, convirtiéndose en una de las más destacadas de la Decápolis, que agrupaba las principales centros comerciales romanos del Medio Oriente. A partir del siglo IV inició un declive, si bien se siguieron construyendo monumentos (iglesias cristianas) en período bizantino. Luego la invasión persa y la árabe en el siglo VIi y el terremoto de 747 acabaron con la ciudad, que permaneció despoblada hasta el descubrimiento de las ruinas en el siglo XIX.

Se accede a través del arco de Adriano, construido en 129 para conmemorar su visita.

Tras pasar el arco se suceden los monumentos.

A un lado queda la iglesia bizantina del obispo Mariano con sus mosaicos.

Al otro la entrada del hipódromo.

Este, datado alrededor del siglo II, tenía capacidad para quince mil espectadores.

Al este se han reconstruido parte de las gradas.

Se sale del hipódromo por los restos de la puerta sur de acceso a la ciudad.

Y por debajo del templo de Zeus

Se llega a la plaza Oval, antiguo foro de la ciudad. Es impresionante rodeado por 56 columnas jónicas.

Aquí estaba el mercado y el lugar de encuentro de la ciudad.

A continuación se inicia el cardus máximus en dirección norte-sur, eje principal de la ciudad, bordeado de una columnata corintia.

En el cruce con el decumanus maximus algunas tomaron un pequeño respiro.

Proseguimos junto a templos

hasta el Ninfeo, principal fuente ornamental de la ciudad dedicada a las ninfas.

El cardus prosigue conservando aún el enlosado original donde son visibles las huellas de los carros tras siglos pasando por él.

Los propileos, monumental entrada al templo de Artemisa, los encontramos en la subida a la parte superior de la ciudad situada a poniente.

Arriba el templo de Artemisa.

Al sudeste del templo el macellum, antiguo mercado, y los restos de las casa omeyas de los siglos VII y VIII.

Y algo al oeste restos de varias iglesias bizantinas como la de San Cosme y Damián con sus mosaicos.

Regresando hacia el sut para ver el teatro sur, el mejor conservado, hay magníficas  vistas sobre el foro.

De entre los siglos I y II tenía capacidad para cinco mil espectadores y su acústica es aún extraordinaria.

Al salir del teatro, con preciosas perspectivas sobre el conjunto, nos despedíamos de Jerash.

De Jerash a Ammán, la capital del reino.

 

Entre tantas mezquitas llama la atención la del rey Abdullah, finalizada en 1989, con su cúpula azul. En su interior puede albergar  siete mil fieles y unos miles más en el patio. Aunque no fuimos, es la única de Ammán que permite la entrada sin restricciones a los no musulmanes.

En el centro paramos junto al teatro romano del siglo II, muy restaurado y quizás no muy acertadamente.

Un corto paseo por la calle principal  nos acercó al mercado de frutas y verduras.

No muy grande sus puestos son una sinfonía de olores y colores.

Junto al mercado está la mezquita del rey Hussein, muy frecuentada a todas horas.

Las calles comerciales cercanas ofrecen todo tipo de mercancías. Son curiosas las tiendas de antigüedades, aunque haya que rebuscar mucho en la distribución caótica de los objetos para encontrar algo que pueda ser de interés

El día siguiente, antes de dejar Ammán, hicimos un recurrido panorámico por los barrios modernos.

Y dejamos la ciudad donde en el extrarradio ya pacen los rebaños de ovejas y cabras.

Y también los camellos beduínos.

El destino era Madaba cuyo principal interés está en la iglesia de San Jorge.

La iglesia alberga un mapa-mosaico del siglo VI en el que están representados los principales lugares bíblicos de oriente medio. se calcula que cuando estaba completo lo formaban más de dos millones de teselas. Parece una cifra exagerada, pero alrededor de ella se pronuncian los expertos.


El comercio de la ciudad depende en buena parte del mosaico.

Cerca de Madaba está el monte Nebo, lugar desde el que Moisés contempló la tierra prometida, que no llegó a pisar pues murió aquí

El sitio ofrece buenas panorámicas.

Lugar bajo custodia de los franciscanos, a la entrada un monolito con inscripciones en árabe e inglés nos recuerda a Moisés.

La neblina impedía ver todo lo que contempló Moisés, mar Muerto incluido.

Junto al mirador hay un monumento en bronce que simboliza la crucifixión de Jesús y la culebra de cobre que Moisés  levantó en el desierto.

La basílica contiene magníficos mosaicos, siendo el más conocido el que representa escenas de caza y pastoreo con multitud de animales africanos.

Como en toda excursión que se precie no podía faltar alguna visita a una tienda, en este caso, como es normal, de mosaicos.

Frente a la tienda estaba el restaurante. El plato estrella, el arroz.

Petra cae lejos, al sur, y mucho desierto tuvimos que cruzar para llegar.

Finalmente, ya de noche, al hotel, en las cercanías. En este caso con las habitaciones situadas en antiguas casas de un poblado otomano.

Por la mañana se apreciaba mejor el encanto de la aldea-hotel.

Aunque poco rato lo disfrutamos, pues tras el desayuno rápido a Petra.

Petra fue durante siglos la capital de los nabateos. Estos eran una tribu nómada que hacia el siglos VI aa. C. se aposentaron aquí y, poco a poco, fueron creando un imperio comercial que controlaba todas las rutas por las que circulaban las caravanas que transportaban sobre todo incienso, mirra y especias desde Arabia y otros lugares más lejanos del sur de Asia o de las costas de Somalia hacia el norte o hacia Egipto, donde los productos embarcaban hacia Grecia o Roma.

El esplendor de la ciudad tuvo lugar entre los siglos I a. C. y II. En esa época los nabateos desarrollaron importantes sistemas hidraúlicos para aportar agua a la ciudad y también para prevenir riadas, y grandes edificios en los que es notoria la influencia greco-romana.

Las principales manifestaciones arquitectónicas son tumbas con las que pronto empieza uno a tropezarse.

No muy lejos de la entrada aparecen los bloques denominados DJinn, cuya función aún no se conoce con seguridad. Pudieron ser tumbas o tal vez estar dedicados al dios Dushara, el principal del panteón nabateo.

Algunas de las tumbas abiertas en la roca pueden parecer cavidades naturales.

El primer gran monumento que encontramos es la tumba de los Obeliscos y, bajo ella, el triclinio de Bab As-Sik, con notables influencias griegas.

Desplazándose a ambos lados del camino principal también se siguen encontrando tumbas y, si no, las formas de la naturaleza son suficientemente impresionantes.

Antes de entrar en el Siq, el desfiladero que conduce al núcleo central de Petra, pueden verse una presa, un túnel y una canalización para desviar las aguas en caso de repentinas riadas. Han sido reformados en época reciente, pero sobre construcciones de la antigüedad.

El Siq es un estrecho desfiladero de 1,3 km de longitud, a los lados del cual pueden verse tumbas y pequeños oratorios dedicados al dios Dushara.

La vegetación es escasa, aunque alguna higuera crece de forma aparentemente milagrosa

Junto a las paredes que lo limitan pueden verse restos de las antiguas canalizaciones que conducían el agua a la ciudad.

Hay lugares en que se estrecha mucho llegando la luz desde doscientos metros más arriba.

Los hornacinas coronadas por frontones se van sucediendo.

Y los canales para el agua bordean lugares en que se conservan las losas del pavimento original.

La propia naturaleza con sus rocas coloreadas es otro monumento.

En medio de la ruta surge una altar nabateo.

Las rocas adoptan formas variadas. Hasta un elefante nos podemos encontrar.

El colorido de las rocas con algunas manchas verdes resulta fantástico.

Más oratorios.

Y más lugares donde apenas penetra la luz del sol.

Restos de un caravanero y un camello tallados en la roca.

Al final el Siq vuelve a estrecharse.

Hasta el punto donde ya se entreve el tesoro de Petra.

Y nunca mejor dicho lo de tesoro pues como “El Tesoro” se conoce el monumento más popular de Petra.

El nombre de Tesoro provine de una leyenda beduina que creía que aquí había ocultado un faraón egipcio su tesoro. En realidad es una tumba. Muchos creen que del rey nabateo Aretas III que reinó entre el 95 y el 62 a. C. Sin embargo, otros consideran esta obra posterior, ya dentro de la era cristiana.

Tallada en arenisca rojiza su color varia durante las horas del día. Es una perfecta muestra de armonía y proporcionalidad, que pone de relieve la maestría de los constructores.

En la plaza que hay frente al tesoro hay un incesante bullicio con turistas, vendedores, camellos o perros por doquier.

Otro corto desfiladero da paso al resto de los principales monumentos de la ciudad.

Pero también hay caminos laterales para quien quiera explorar zonas más tranquilas.

Para quienes estén cansados siempre se puede tomar un taxi.

Las tumbas se siguen sucediendo.

Y las rocas polícromas también.

Se sigue por la denominada calle de las Fachadas.

Salpicada de tiendecitas donde los beduínos muestran, venden y regatean sus postales y recuerdos.

Vale la pena acercarse al interior de alguna de las tumbas.

Muchas de ellas son fácilmente accesibles. Tal vez demasiado pues seguro que no es lo mejor para su conservación. El peligro no es únicamente la irresponsabilidad de algunos turistas, sino también los beduinos que las usan como trastero o como corral para sus cabras o burros.

Finalmente se llega al teatro. Fue construido por los nabateos hace más de dos mil años y ampliado por los romanos en el siglo II.

Siguen las rocas de vetas coloreadas.

Y las tumbas.

Al norte quedan, en posición elevada, las llamadas tumbas reales, visita que dejamos para la tarde,

Las cabras, ya mencionadas, no entienden mucho de respeto a las piedras del pasado.

Más adelante se conserva la calzada romana, construida sobre una anterior nabatea. Estaba rodeada por una columnata a lo largo de la cual se establecían los comercios y tiendas.

Quedan restos de la puerta de Temenos.

Luego la comida y un descanso.

Y después, para quienes tuviesen fuerzas (total, poco más de ochocientos escalones), hacia el monasterio.

El llamado monasterio se supone que es anterior al Tesoro. Pudo ser la tumba del rey Obodas I. Lo cierto es que los dos edificios tienen un aire muy familiar, si bien en la fachada de este no hay esculturas..

La bajada es lógicamente más cómoda. Todo el mundo baja a pie, pues muchos suben a lomos de un burro. En la bajada el burro lo lleva el dueño.

Si hay ánimos aún hay tumbas para detenerse.

Una vez abajo a prepararse para seguir subiendo.

Mucho menos que para el monasterio para alcanzar el templo de los Leones alados. Este templo debe su nombre a los leones que coronaban todos los capiteles. Estaba dedicado a Atargatis, la diosa nabatea de la fertilidad

Desde las ruinas de este templo hay una excelente vista del Gran Templo, situado en la llanura.

A escasa distancia se halla la iglesia construida hacia 530 sobre ruinas nabateas y romanas de edificios destruidos por el terremoto de 363. Ha sido restaurada hace unos años.

Conserva en el suelo magníficos mosaicos bizantinos, que originariamente cubrían también las paredes.

Los capiteles son muy particulares.

Y después hacia las tumbas Reales. Otra subidita.

Para llegar antes (olvidando que en el monte la línea recta nunca es la menor distancia entre dos puntos) algunos elegimos un camino de cabras. Nunca mejor dicho.

 

La más grande y la más reciente (del final del período nabateo) es la tumba del Palacio. Profusamente decorada en sus tres plantas, presenta como curiosidad que su parte superior izquierda tuvo que ser construida pues no había más roca para tallar.

A continuación se sitúa la tumba Corintia, llamada así por sus capiteles. Su parte superior, de gran influencia helenística, recuerda el Tesoro y el Monasterio.

La tumba de la Seda cuya característica más destacada es el veteado multicolor de la roca en que está tallada. De ahí su nombre.

Por último la tumba de la Urna, a la que hay que acceder por una escalinata.

 

 

Su interior es una muestra de tallado cuidadoso en una roca cuyas vetas ofrecen formas y colores sorprendentes.

Su transformación en iglesia bizantina a mediados del siglo V ha dejado también su huella

 

Bajando de las tumbas podemos ver como el uso que siguen haciendo los beduinos de las ruinas, colocando sus tenderetes y su ganado en cualquier parte son un tema polémico sobre el cual hay diversas opiniones.

 

Par tener una buena perspectiva de la tumba de la Urna hay que alejarse del conjunto.

Al bajar de las tumbas Reales a desandar el camino hecho por la mañana. Con parada en el Tesoro. Mucho menos frecuentado que por la mañana.

Alguna gota hacia presagiar tormenta y el Siq al regreso estaba casi despejado.

Con tiempo nublado seguía siendo impresionante.

Descanso, cena en el hotel y a dormir.

Por la noche truenos y rayos sin control. Y por la mañana la sorpresa: había nevado, aunque ya se deshacía.

Tras desayunar en ruta hacia el mar Muerto. Al pasar por lugares a mayor altitud, más nieve.

Y luego en el desierto ríos y charcos.

Al llegar al “Resort” del mar Muerto algo de fresco hacía.

Nadie en las piscinas.

Y pocos en el mar Muerto.

Así y todo muchos valientes no se quisieron perder la experiencia de flotar en el agua y embadurnarse con el barro “milagroso”.

Y de nuevo hacia la frontera para cruzar a Israel.

Antes de llegar a Tel Aviv el camino está salpicado de acacias de las que, según la tradición, se confeccionó la corona de Jesús.

Al hotel en Tel Aviv llegamos ya de noche.

Un breve paso nocturno, cena y a dormir.

Aún nos quedaba toda la mañana del día siguiente. La dedicamos a ir al mercado.

Las frutas y verduras, como habíamos podido comprobar en las comidas durante el viaje, son excelentes.

De aceitunas y salazones de pescado, de todas clases

Los dulces con mucha miel y almendra.

En cualquier sitio están a punto para prepararte un zumo natural al momento.

Después al hotel a recoger el equipaje y al aeropuerto.

A embarcar y a casa.

 

 

 

 

SEVILLA

Diciembre es época aconsejable para buscar tierras más cálidas. Y elegimos Sevilla para unos días.

Dormimos ya en Lérida para coger de buena mañana el AVE.

Aún con algo de retraso en menos de cinco horas estábamos en la estación de Santa Justa de Sevilla.

Al hotel no se le podía pedir más. Empezábamos bien.

A comer, que en las cercanías teníamos sitios bien recomendables, y a tomar contacto con la ciudad.

A unos pasos, Las Setas. Este es el nombre que recibe  el proyecto «Metropol Parasol», del arquitecto berlinés Jürgen Mayer, realizado entre 2005 y 2011. Una gran estructura de madera laminada cubre un gran espacio arqueológico y comercial. Desde el nivel superior formado por paseos ondulados y un mirador se disfruta de excelentes vistas de la ciudad.

Por la popular calle Sierpes nos dirigimos hacia la zona monumental.

La plaza San Francisco mostraba toda la decoración navideña. 

Al igual que la avenida de la Constitución.

Y llegamos a la parada obligatoria, cómo no, la Giralda.

Era temprano y aún estaban semivacías sus plazas adyacentes, siempre llenas de vida.

Plaza Virgen de los Reyes.

Y la plaza del Triunfo.

En las calles cercanas estaba instalada la Feria del Belén.

Seguimos por la plaza del Cabildo, ya anocheciendo.