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SEVILLA

Diciembre es época aconsejable para buscar tierras más cálidas. Y elegimos Sevilla para unos días.

Dormimos ya en Lérida para coger de buena mañana el AVE.

Aún con algo de retraso en menos de cinco horas estábamos en la estación de Santa Justa de Sevilla.

Al hotel no se le podía pedir más. Empezábamos bien.

A comer, que en las cercanías teníamos sitios bien recomendables, y a tomar contacto con la ciudad.

A unos pasos, Las Setas. Este es el nombre que recibe  el proyecto «Metropol Parasol», del arquitecto berlinés Jürgen Mayer, realizado entre 2005 y 2011. Una gran estructura de madera laminada cubre un gran espacio arqueológico y comercial. Desde el nivel superior formado por paseos ondulados y un mirador se disfruta de excelentes vistas de la ciudad.

Por la popular calle Sierpes nos dirigimos hacia la zona monumental.

La plaza San Francisco mostraba toda la decoración navideña. 

Al igual que la avenida de la Constitución.

Y llegamos a la parada obligatoria, cómo no, la Giralda.

Era temprano y aún estaban semivacías sus plazas adyacentes, siempre llenas de vida.

Plaza Virgen de los Reyes.

Y la plaza del Triunfo.

En las calles cercanas estaba instalada la Feria del Belén.

Seguimos por la plaza del Cabildo, ya anocheciendo.

Y dimos un buen paseo por las calles más intensamente iluminadas.

Con parada también en la Giralda, que de noche es otra.

Cena y descanso.

El lunes, día de museos cerrados, decidimos empezar por los Reales Alcázares.

Para acercarnos a la zona monumental elegimos un itinerario distinto al día anterior, pasando por la plaza Alfalfa.

Y otras  encantadoras calles y plazoletas sevillanas.

Otra parada en la catedral, Giralda y aledaños

Y a entrar en los Alcázares por la puerta del León.

Tras ella, el patio del León.

Dejamos los palacios para luego e iniciamos la visita por la Casa de Contratación.

Su capilla.

La colección de cerámica que alberga.

Desde la planta superior se tiene una buena vista del palacio del rey Don Pedro.

Continuamos por sus patios.

Y salimos a los jardines.

Desde ellos se accede a dependencias semisubterráneas como los llamados baños de Doña María de Padilla. De origen almohade, fueron reformados en época de Alfonso X y deben su nombre a que fueron utilizados por María de Padilla, amante de Pedro I el Cruel, que la hizo proclamar reina después de su muerte.

Seguimos por los jardines.

Salpicados de pequeñas construcciones como el pabellón de Carlos V.

Algunos pavos reales acaban de dar la nota de color.

Por la puerta de Marchena volvimos al interior.

Desde la galería superior las vistas de los jardines son tal vez las mejores.

También las de los patios.

Al tiempo que se pueden contemplar capiteles califales reaprovechados.

Descendimos hacia el patio de la Alcubilla, que en tiempos fue la primera pista de tenis de España.

Entramos en el palacio gótico con su sala de tapices.

Para pasar al palacio del rey Don Pedro, construido entre 1356 y 1366, que se aleja del estilo europeo de la época para seguir modelos andalusíes. 

Yeserías, mocárabes, azulejos, puertas, ventanas y artesonados son muestra de lo mejor del mudéjar hispano.

Lo más lujoso del palacio es el salón de Embajadores al que se accede a través de arcos de herradura.

Su cúpula sigue el modelo de media naranja y fue realizada por Diego Ruiz en 1427.

El centro de la construcción es el patio de las Doncellas.

Finaliza la visita saliendo por el Patio de Banderas.

Hacia el este se extiende el barrio de Santa Cruz, donde es una delicia perderse por sus callejuelas. 

Aún era pronto y atravesando los jardines de Murillo

llegamos hasta la plaza España. Fue realizada para la Exposición Iberoamericana de 1929 y fue su autor Aníbal González, el maestro de la arquitectura sevillana.

La plaza animada como siempre.

Regresamos al centro pasando otra vez por el barrio de Santa Cruz.

Donde paramos a comer en uno de sus locales más tradicionales.

La tarde la dedicamos a pasear tranquilamente.

Ya anochecido fuimos hacia el Guadalquivir.

Por el camino entramos en un par de iglesias donde siempre es visible la peculiar devoción sevillana. Como ejemplo la inmensa cantidad de velas encendidas a San Judas Tadeo, a la entrada de la iglesia de San Antonio Abad.

Llegamos a la Estación de Autobuses y al puente del Cristo de la Expiración. Y desde allí al puente de Triana, con parada en el Mercado Lonja del Barranco, amplia y surtida oferta gastronómica.

Desde el puente, aguas arriba y aguas abajo, buenas vistas de Sevilla de noche.

Regresamos hacia la zona comercial.

Y hacia el hotel. No sin una paradita en sus cercanías para tomar una caña -de Cruzcampo, naturalmente- en El Tremendo.

Y cena en El Rinconcillo, el bar más antiguo de Sevilla, de 1670.

El día siguiente madrugamos. Da gusto pasear por Sevilla también a las horas que hay poca gente en las calles.

Así estaba la plaza del Salvador.

O la de San Francisco

En los aledaños de la catedral ya estaban preparados caballos y carretas.

Continuamos el paseo.

Pasando por la antigua Fábrica de Tabacos, hoy Universidad.

Hasta la plaza España.


Y el parque de María Luisa, que tuvimos que cruzar entero.

Hasta el Museo de Artes y Costumbres populares.

Y el Arqueológico, que era nuestro objetivo.

No demasiado visitado, pero su contenido no defrauda en absoluto.

De época prehistórica encontramos desde una extraordinaria colección de ídolos-placa del tercer milenio a. C.

O un grupo de pinchos para asar carne del Bronce Final.

Los idolillos ibéricos, en este caso de bronce, son abundantes.

Leones ibéricos con función apotropaica, de entre los siglos III y I a. C.,  hay bastantes y de notable calidad.

También ibérica y de la misma época es esta cierva amamantando a su cría.

Los restos romanos, la mayoría originarios de Itálica, son extraordinarios. Mosaicos. 

Esculturas como esta Diana cazadora.

Muy curiosas son las tablillas de bronce en las que se halla inscrita la Lex Irnitana, de finales del siglo I, propia de un municipio cercano a Sevilla y que como todas las leyes romanas que debían regir la vida municipal contiene artículos que regulan temas electorales, delitos como la prevaricación, dietas de cargos públicos, derechos civiles …,  que sorprenden por su modernidad 

En unas salas que están siendo acondicionadas destaca la copia del tesoro de El Carambolo, hallado en Camas, población a las afueras de Sevilla. Para algunos la mejor muestra de la cultura tartésica, aunque la arqueología se decanta por considerar las piezas propias del ajuar de animales sacrificados a los dioses fenicios Baal y Astarté.

Luego a la catedral.

La catedral de Sevilla es obra de estilo gótico fundamentalmente del siglo XV, aunque en los siglos posteriores ha seguido teniendo añadidos y modificaciones. Ocupa el lugar de la mezquita almohade de finales del siglo XII.

La Giralda es el nombre que recibe el campanario, antiguo alminar almohade, cuyo cuerpo superior se añadió en el siglo XVI cobrando el aspecto actual.

Se accede a la catedral por el sur, donde está la puerta de San Cristóbal, frente a la cual hay una reproducción de El Giraldillo, nombre popular que recibe la escultura que corona la Giralda y que al ser giratoria dio su nombre a toda la torre.

Las cinco naves, las capillas, sacristías y otras dependencias albergan un sinfín de obras de arte, imposibles de enumerar.

Las bóvedas son extraordinarias.

Sostenidas por bosques de columnas.

En la nave sur se halla el sepulcro de Colón. Aquí reposa el descubridor tras haber peregrinado sus restos por medio mundo en esa pasión por la necrofilia tan hispánica.

La sacristía mayor es una obra renacentista, que alberga algunos de los principales tesoros de la catedral.

Como la custodia de Juan de Arfe.

A su lado está la sala capitular. De planta elíptica, su bóveda es la primera que se realizó en España con esa forma.

El Retablo Mayor fue diseñado por Pedro Dancart en 1482, no finalizando totalmente hasta 1564. Es considerado el mayor del mundo cristiano.

Frente al altar mayor está el coro con sillería gótico-mudéjar.

Una de las imágenes más populares de la catedral sevillana es la Inmaculada de Juan Martínez Montañés conocida como “La Cieguecita”.

De entre las vidrieras destaco la de las Santas Justa y Rufina, barroca, no por su valor artístico sino por la gran devoción que tienen ambas santas en la ciudad.

Quedaba subir a la Giralda y a eso fuimos. Treinta y cinco rampas, que permitían subir a caballo, y unos pocos escalones para acceder al cuerpo de campanas no son demasiado para el espectáculo que ofrecen las vistas sobre la ciudad.

Salimos por el patio de los Naranjos.

Y la puerta del Perdón.

Comimos en un bar cercano que había sido un comercio de antigüedades. La decoración mezclando fotos antiguas y litografías de Klimt muy agradable, pero sobre todo con unas ménsulas de madera sosteniendo las vigas muy peculiares.

Por la tarde visita a la iglesia del Salvador, de estructura y contenido fundamentalmente barrocos.

Paseo y cena en plan de tapas en la plaza Alfalfa.

Un día más. Nos quedaba el museo de Bellas Artes, en el que nunca antes habíamos estado.

Está ubicado en lo que fue sede del convento de la Orden de la Merced hasta la desamortización y  Es ubna de las más importantes pinacotecas españolas. 

Zurbarán es un autor notablemente representado. Aquí su “San Gregorio Magno”

Hay también muchas obras de autores no muy conocidos fuera del ámbito sevillano, pero algunas de cuyas obras son un excelente recordatorio de la Sevilla de otros tiempos. Este es el caso del conjunto de ocho lienzos de Domingo Martínez representando “la Gran Mascarada”, desfile de carrozas celebrado en Sevilla en junio de 1747 con motivo de la subida al trono de España de los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza. Aquí uno de ellos.

Para no extenderme demasiado paso a colocar unas pocas fotos de aquellos cuadros (y esculturas) que más me impresionaron.

Trampantojo de Diego Bejarano, pintor del XVIII

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer, obra de su hermano Valeriano.

Me sorprendió el pintor costumbrista José García Ramos, al que no conocía en absoluto. Aquí dos obras suyas: “Malvaloca”.

Y “Hasta verte, Cristo mío”

“La muerte del maestro” de José Villegas Cordero. Esta obra ya alcanzó una alta cotización en su época y fue reelaborada durante años por el autor.

No hay muchas esculturas en el museo, pero las que hay merecen la pena. “San Juanito dormido” de Carmen Jiménez, 1948. La pintora y escultora Carmen Jiménez es una muestra de como siendo mujer y en una época difícil para todos se puede llegar a triunfar si se tiene el talento y el tesón necesarios.

También hay obras de Zuloaga. “Retrato del pintor Uranga”.

De Valdés Leal. “San Ignacio en la cueva de Manresa”. 

De Ribera. “Santa Teresa de Jesús”.

O de Murillo. “La estigmatización de San Francisco”. Aunque las obras principales de este pintor se estaban exhibiendo en la Exposición dedicada a su IV centenario, a la que estaban reservadas unas salas del museo.

Una escultura relevante es “La Dolorosa” de Pedro de Mena.

Aunque pocas también hay obras de maestros extranjeros como “El Paraíso Terrenal” de Jan Brueghel, el Joven.

Como he ya he dicho había una muestra dedicada a Murillo. Naturalmente,  dada la gran afluencia de público, no se podían hacer fotografías en ella, pero era una ocasión única para descubrir un Murillo distinto, trabajando no sólo sobre lienzo y con temáticas no exclusivamente religiosas, a través de obras procedentes de colecciones particulares y museos de lugares tan dispares como Houston, Dublín, Dresde o Parma, además de las procedentes de los grandes museos más conocidos.

Anuncio de la Exposición.

Como estábamos cerca, al salir nos dirigimos hacia el Gualdalquivir, pasando por la Estación de Autobuses.

Y el Mercado Lonja del Barranco.

Cruzamos por su puente hacia Triana.

Y allí parada en su surtido y colorido mercado.

Entramos en Triana por la animada calle San Jacinto.

Y nos perdimos un rato por otras calles donde cualquier sitio merece una mirada. La devoción popular impregna las paredes y hasta el nombre de las vías.

Acabamos en la iglesia de Santa Ana, la llamada catedral de Triana.

Nuestra visita era fundamentalmente motivada para contemplar el grupo de Santa Ana Triple que preside el Retablo Mayor.

A la salida nos quedamos a comer enfrente, en Bodega Siglo XVIII.

Agradable local, buen comer y simpático servicio.

Regreso hacia Sevilla -como dicen en Triana- por el Guadalquivir con la Torre del Oro, símbolo sevillano por excelencia, aguardándonos al otro lado.

Tras cruzar nos acercamos a admirarla de cerca. Fue pieza clave en el sistema defensivo de la ciudad musulmana. Su primer cuerpo, dodecagonal, es obra almohade de principios del siglo XIII. Más tarde el rey Pedro I hizo construir el segundo, también dodecagonal, y en 1760, tras el terremoto de Lisboa, se le añadió el cuerpo superior cilíndrico y la cúpula dorada.

Actualmente se usa como sede del Museo Naval.

Pasamos por la Maestranza.

Y paseamos por el barrio del Arenal, cosa que aún no habíamos hecho.

Nos sentamos a tomar un helado y esperamos que anocheciese para subir a las Setas y contemplar Sevilla de noche.

La experiencia vale la pena.

Y llegó el último día completo en Sevilla. El objetivo aquellos lugares sevillanos más vinculados a las tradiciones y a la devoción popular.

Empezamos por la iglesia de San Marcos, gótico-mudéjar como tantas otras de la ciudad.

En cualquier zona del casco antiguo se disfruta de las calles.

Siguiente parada la calle Feria y su mercadillo de antigüedades del jueves.

Otra iglesia, la de Todos los Santos. Algunos consideran su portada de origen fernandino con lo que sería de las más antiguas de la ciudad, sin embargo la mayoría la fechan a finales del XV como el resto de la edificación. La mayor parte de su contenido artístico fue destruido al incendiarla en 1936.

Y a la basílica de la Macarena. 

Presidida por la imagen que más emotividad suscita en la Semana Santa sevillana.  

Se trata de una talla del siglo XVII venerada bajo la advocación de María Santísima de la Esperanza Macarena Coronada. Su culto es popular no solo en muchos lugares de España sino de toda Europa y América.

Junto a la Macarena se conserva un largo fragmento de la muralla almohade de la ciudad.

Continuamos el paseo en dirección al río. Nos llamó la atención la torre de los Perdigones, lo único que queda de la antigua fábrica transformada en parque público. 

No cruzamos el puente de la Barqueta pues no hace muchos tiempo habíamos estado en Isla Mágica y preferíamos la Sevilla más auténtica.

Por cuyas calles nos acercamos a San Lorenzo y la basílica del Jesús del Gran Poder

san Lorenxzzo estaba cerrad. No así la basílica.

En esta moderna iglesia, bajo la bóveda clasicista, se manifiesta la devoción a la talla barroca del Jesús del Gran Poder.

Más calles sevillanas.

Y al palacio de las Dueñas, lugar donde nació Antonio Machado.

Una placa recuerda el hecho. Lo que fue completado posteriormente con un controvertido monumento dedicado al poeta.

Otra iglesia, San Román, que fue sede anteriormente de la Hermandad de los Gitanos.

Y a la iglesia del Valle, su actual sede.

El nazareno Cristo de los Gitanos preside la iglesia.

Y en lugar preferente la imagen de Ceferino Jiménez Malla, el Pelé, primer gitano beatificado. 

Aún otra iglesia, la de Santa Catalina, que teníamos al lado del hotel.

Después de comer, más calles sevillanas, ahora en dirección opuesta a la de la mañana. 

Con la catedral y Giralda nos topamos inevitablemente.

Y entramos de nuevo en el barrio de Santa Cruz.

Nos hizo gracia detenernos ante la Hostería del Laurel, no por Don Juan Tenorio, sino porque hacía más de cuarenta años que habíamos comido allí, cuando en el barrio había muchos menos negocios hosteleros que ahora.

Se empezaron a encender las luces y seguimos por el barrio.

En la plaza de las Cruces ya había anochecido por completo.

En Santa María la Blanca nos despedimos de la zona.

De allí a la plaza San Francisco, donde cada tarde las coronas de los Reyes que adornan la Navidad muestran sus juegos de luces.

Por Sierpes a cenar y hacia el hotel.

Y el día siguiente, despedida y cierre. Almuerzo en Santa Justa y a casa.

San Juan de Alba de Tormes

Situada en la plaza de la población es un ejemplo del románico-mudéjar tan usual en esta zona castellano-leonesa conocida como Tierra de Pinares. Está dedicada a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista.

De finales del siglo XII o principios del XIII. Consta de tres naves y tres ábsides, de los cuales solo dos -el central semicircular y el sur poligonal- son visibles exteriormente pues el norte queda oculto por una vivienda que se adosó a la iglesia.

En el siglo XVIII se añadió el campanario, realizado mitad en piedra, mitad en ladrillo, se suprimió el pórtico románico y se le pusieron a la iglesia muchos añadidos barrocos  En 1957 se realizó una profunda restauración, eliminando los elementos barrocos para devolverle su aspecto medieval.

Los ábsides se levantan sobre un zócalo de piedra , que tiene encima una franja de ladrillo y sobre ella, a su vez, otra franja de piedra. Constan de dos pisos de arcos doblados (triplicados en el piso inferior del ábside sur) de medio punto. En los arcos del piso superior en el ábside central se abren vanos aspillerados de iluminación, solo visibles dos pues el otro queda en el interior de la casa adosada.

En el ábside sur los arcos exteriores reposan sobre columnas cuyas basas y capiteles son de piedra. Los capiteles muestran algunos motivos muy sencillos

que alternan con otros con representaciones animalísticas.

El actual pórtico es fruto de la restauración de 1957

En su entrada -al este- se colocaron dos capiteles románicos con monstruos a los que salen tijas vegetales de la boca.

El interior sorprende por su amplitud. Esta sensación se debe a que eliminaron los arcos formeros de separación entre las naves en el siglo XV y unos grandes arcos escarzanos perpendiculares al eje de la iglesia los sustituyeron y son los que soportan la actual cubierta de madera.

La cabecera conserva su estructura románica, si bien la bóveda del presbiterio en el ábside central fue sustituida por una cúpula sobre pechinas. Además los muros de este ábside han sido parcialmente revocados.

En los ábsides laterales se ha respetado más el original y lucen su románico de ladrillo tanto en el largo tramo presbiterial con su bóveda de cañón, sostenida por un arco fajón, como en la bóveda de cuarto de esfera que lo cierra. Las columnas que sostienen los arcos fajones y los arcos triunfales de acceso al ábside son de ladrillo, pero como en el exterior con las basas y capiteles en piedra. El fondo está decorado con frisos de esquinillas y arquerías en ladrillo

Ábside norte

Ábside sur

Entre un rico contenido artístico de épocas diversas destaca en esta iglesia el maravilloso apostolado tardorrománico que rodea el altar mayor. probablemente formaba parte de una portada desaparecido.

Jesús centra la escena rodeado por los doce apóstoles, entre los cuales San Pablo sustituye a Judas, sentados en tronos. Muchas de las imágenes conservan buena parte de su policromía. Pese a su hieratismo, vestuario y peinados nos acercan ya al gótico.

Jesús en el centro sobresale de los demás por su altura, quedando clara la jerarquización. En la mano derecha porta un báculo en forma de tau y en la izquierda un curioso cetro con una flor de lis.

Entre los apóstoles se identifican claramente San Pedro con la llave.

San Juan, imberbe, aunque se le pintó con posterioridad una barba.

Santiago el Mayor con su manto decorado con vieiras.

Y San Pablo identificado por una pronunciada calvicie y portando un filacterio en vez del libro que llevan todos los demás.

Adosada al muro sur del presbiterio hay una imagen e la Virgen con el Niño, que se considera formaba parte del mismo grupo que el apostolado. Es la única con Cristo que va calzada y su trono es similar al de San Pablo y distinto a los demás.

Virgen

 

Quizás estas dos figuras ocupaban otra posición o estaban en otro lugar. Aquí se pueden ver los tronos de ambas.

En el muro septentrional hay un deteriorado Calvario con Cristo, la Virgen y San Juan, de madera policromada del siglo XIII, que se halló emparedado en la iglesia de Santiago. 

De la iglesia de San Miguel, que se derrumbó en 1977,  proceden dos imágenes de santos que también se hallaron emparedadas en los muros. Una de ellas es fechable en el siglo XII.

La otra ya es plenamente gótica.

La pila bautismal de granito es notoriamente antigua, probablemente medieval, aunque resulta difícil fecharla con más precisión.

Presidiendo la capilla del ábside sur está la muy curiosa y simpática escultura en piedra de la Virgen de la Guía, gótica del siglo XV, procedente de la desaparecida ermita del mismo nombre, derribada a principios del siglo XX.

En el ábside norte está instalada la capilla del Santísimo en la que se admira la gran talla del denominado Cristo de las Batallas, del siglo XIV.

El templo es un auténtico museo con obras -además de las ya citadas- procedentes de diversas iglesias de Alba de Tormes de épocas renacentista y barroca.

Finalizo con el retablo Mayor, obra realizada por Luís González en 1742, que ocupaba anteriormente el ábside central y actualmente ha sido trasladado a los pies de la iglesia.

Esta iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural en 1993.

Nuestra Señora de La Lanzada.

Esta ermita, de entre los siglos XII y XIII, se levanta en una pequeña península rodeada por dos playas espectaculares.

Consta de una sola nave encabezada por un ábside semicircular litúrgicamente orientado.

El ábside muestra cuatro columnas adosadas. 

Su alero está decorado con canecillos, típicamente románicos.

Algunos bastante desgastados.

Tiene en el centro una ventana de medio punto cerrada con un arco monolítico.

También están decorados con canecillos los aleros de los muros laterales. En estos hay también ventanas similares a la del ábside con derrame al interior.

Muro norte

Muro sur

Se accede a la ermita través de la estrecha portada de medio punto dovelada situada en el muro sur.

El muro oeste muestra otra portada y un rosetón de época posterior.

Esta portada tiene un falso arco de descarga encima.

La nave se cubre con bóveda apuntada y se halla dividida en tres tramos por dos gruesos arcos notoriamente apuntados, uno cercano a los pies y otro en el centro. Este último está sobre un muro que divide la iglesia comunicándose las dos parte mediante una especie de gran portada de arco también apuntado. Otro arco similar abre la entrada al presbiterio.

En el corto tramo occidental se instaló en época moderna un coro de madera.

El ábside se cubre con bóveda de cuarto de esfera y queda muy enmascarado por el retablo barroco en el cual está la imagen de la Virgen.

Las columnas que sostienen los fajones, la portada entre las dos partes y el arco presbiterial muestran capiteles esculpidos muy desgastados, aunque en algunos son reconocibles representaciones geométricas, vegetales y animales.

En el presbiterio, en el muro norte, un pilar octogonal sostiene lo que parece una pila cuadrada, que bien pudo ser un capitel pues la decoración recuerda los anteriores.

El aparejo es todo de sillares de granito de distintos tamaños, bien alineados. La cubierta de tejas es de construcción reciente.

Este lugar fue utilizado desde la antigüedad conservándose restos de un castro céltico, de instalaciones romanas y de fortificaciones medievales protectoras frente a las incursiones de vikingos o sarracenos. Quedando como testimonios, además de la ermita, parte de un torreón y restos aparecidos en excavaciones arqueológicas.

La ermita es objeto de rituales ancestrales. La noche del último sábado de agosto acuden las parejas que desean acabar con su infertilidad y para ello las mujeres deben someterse al baño de las nueve olas en la playa, a los pies de la ermita. Para acabar con el mal de ojo y otros hechizos aún hay otro ritual en esta ermita que es barrer tres veces por detrás del altar. Hay escobas para ello y una advertencia de que para que sea efectivo hay que depositar tres monedas, lo que no especifican es el tamaño de estas.

 

 

 

 

 

GALICIA. 2018

Octubre no parecía una época ideal para ir a Galicia por eso de las lluvias y el mal tiempo, pero allí fuimos y el tiempo no pudo estar mejor.

El viaje en autocar, muy largo. Salida de Graus muy temprano y a hacer kilómetros con frecuentes paradas para estirar las piernas.

A comer ya en León.

Aún hubo tiempo de tomar un café y echar un vistazo a su catedral, la “Pulchra Leonina”, que teníamos a unos pasos.

A esa hora estaba cerrada, pero siempre es un placer contemplarla aunque solo sea exteriormente.

En la calle Ancha había, como siempre, animación.

Otra vez a hacer kilómetros. Quien tuvo suerte también la siesta. Los que no, a ver paisaje. Cada vez más verde conforme nos acercábamos a Galicia.

Finalmente a El Grove. Al hotel, a cenar y a dormir y descansar con las piernas estiradas, que falta hacía.

Ya repuestos, el día siguiente hacia Pontevedra. Por el camino numerosas viñas de albariño.

En Pontevedra paramos junto a San Roque.

Y por la Alameda, bordeada por los principales edificios públicos de la ciudad, nos acercamos al centro.

Las ruinas de la iglesia gótica del convento de Santo Domingo con cinco ábsides aparecen al borde del casco antiguo.

A escasa distancia se halla el Ayuntamiento.

Siempre es un placer callejear por las calles y plazas de Pontevedra. Más en un día espléndido que me recordaba la última visita hace un par de años entre continuos chaparrones.

En la praça das Cinco Rúas, donde vivió Valle Inclán, se levanta un crucero de finales del siglo XVIII.

Otra de las plazas con interesantes muestras de arquitectura nobiliaria y popular es la de Teucro, que lleva el nombre del troyano Teucro, fundador legendario de la ciudad.

La plaza de la Herrería presidida por la iglesia de San Francisco es uno de los centros de la vida ciudadana.

No podíamos irnos de allí sin echar un vistazo a la iglesia de la Peregrina, patrona de la provincia y del Camino de Santiago Portugués.

Desde Pontevedra nos acercamos a Combarro, pueblo marinero muy conocido por la gran cantidad de hórreos que conserva, una treintena de ellos sobre la costa.

También hay varios cruceiros por sus calles.

Y construcciones populares construidas sobre la misma roca.

No se puede dejar la población sin tomar algo de pulpo o marisco en alguna de las tasquitas y terrazas distribuidas entre los hórreos y el mar.

Esa sensación a veces tan gallega de que no hay prisa se experimenta en Combarro.

Regresamos a El Grove entre otras apacibles poblaciones.

Esas sensaciones calmadas aún se repiten más entre las marismas que se cruzan a la llegada a El Grove.

Por la tarde, otra vez entre viñedos de albariño, hacia Arosa.

Ría arriba el paisaje es algo distinto.

Y en el puerto las embarcaciones mejilloneras y de recreo nos ofrecen otra visión.

Luego a Cambados, capital del albariño. El pazo de Fefiñáns guarda en sus bajos alguna de las más antiguas bodegas.

Al otro lado de la plaza la iglesia dedicada a San Benito, santo que cura enfermedades de la piel, sobre todo verrugas. Eso sí, hay que comprar el aceite bendecido en la iglesia.

También son “curativos” los vinos y aguardientes gallegos, que pueden adquirirse en distintos lugares de la villa.

En el pequeño casco antiguo no faltan los cruceiros.

Ni los pequeños oratorios devocionales.

A El Grove otra vez y hoy a la Festa do Marisco a probar las zamburiñas. Excelentes en octubre.

El día siguiente hacia Vigo.

Un recorrido primero por sus empinadas calles con el autocar y subida al Monte del Castro para visitar su fortaleza y sus jardines.

Y contemplar Vigo desde su mirador.

Luego al centro. Echamos un vistazo a la antigua colegiata de Santa María, hoy concatedral de la neodiócesis Tuy-Vigo, siguiendo la moda de rehacer las diócesis para que queden contentos los de las ciudades más pobladas. Decisión indudablemente más política que de respeto a la historia.

Es un edificio neoclásico de principios del siglo XIX.

Tienen un cierto interés los mosaicos de su cabecera.

Las callejas que rodean la catedral recuerdan el Vigo con sabor a pueblo de no hace tanto tiempo.

Muy cerca de la concatedral está el hoy vacío Mercado de la Piedra, que no hace muchos años ofrecía todo tipo de ropas de marcas falsificadas y algunos productos de contrabando.

Y también la conocida calle de las Ostras, donde aún se pueden comprar éstas directamente  las vendedoras y tomártelas en alguno de los bares o bien pedirlas con un buen albariño directamente en los establecimientos

Regresamos a el Grove. Por cierto es de los pocos hoteles donde vale la pena regresar a la hora de la comida pues tanto el servicio como el yantar eran notables. Un ejemplo de aperitivo incluido en el menú.

Por la tarde una experiencia magnífica a muy corta distancia de El Grove, La Lanzada.

Se trata de unas estupendas playas que rodean una península que conserva restos de la fortificación que hubo en ella.

Y la bonita ermita de Nuestra Señora de La Lanzada, obra del románico tardío.

Esta ermita forma parte de la Galicia más mágica. En ella tienen lugar desde tiempos ancestrales  rituales para la fecundidad relacionados con el oleaje y las fases lunares. Indudablemente una noche con luna, en el mar bajo esta ermita, tiene que ser forzosamente mágica.

El ritual continua al amanecer cuando para librarte de “meigallos” (embrujos o conjuros) hay que barrer la iglesia.

Quedan también en el lugar restos excavados de un antiguo castro y construcciones de época romana y paleocristiana.

Luego a Sanxenxo.

En su más popular playa, la de Silgar, había gente tomando el sol, lo cual a mediados de octubre no está mal.

Sobre una roca se levanta la mujer más popular de esta playa, “la Madama”, obra del escultor Alfonso Vilar Lamelas, que la donó a Sanxenxo en 1995. Simboliza el mar inspirado en al mitología céltica.

Y por la noche, en El Grove, un paseíto nocturno.

Con parada en la estatua del escultor Lucas Mínguez, dedicada a Floreano, popular personaje creado por Gogue,  el popular caricaturista nacido en el Grove y cuyas tiras cómicas de “El Faro de Vigo” son conocidas mundialmente.

Y a la Festa do Marisco.

Este día probamos las tapitas de la carpa institucional.

Y había que ir a Santiago. Obligatorio para cualquiera que llegue a Galicia aunque no haga el Camino.

Primero a la praça do Obradoiro.

Con el hostal Reyes Católicos.

Y la catedral.

La entrada a la catedral por Platerías

Así pudimos ver las portadas y sus espléndidos tímpanos románicos.

La catedral se iba llenando de gente esperando al misa de peregrinos.

Visita  rápida antes de la misa a la urna con las reliquias del Apóstol.

Y a la capilla de la Corticela.

A continuación un paseo alrededor de la catedral.

Hasta San Martín Pinario.

Pasando después por Fonseca y la calle Franco

hasta la Alameda.

Regreso por la calle Nova.

Con parada a admirar la portada de Santa María Salomé.

Y otra en Obradoiro en la del colegio de San Jerónimo.

Por San Francisco nos dirigimos a la parada del autocar y dejamos la rapidísima visita a Santiago.

A las afueras nos esperaba una mariscada, pero dado el resultado más vale olvidar por completo el local, el servicio y el “marisco”.

Subimos después al Monte de Gozo con sus recuerdos a los peregrinos.

Y a una tienda de degustación de quesos, chocolatinas y vinos, que en parte ayudaron a olvidar la comida.

Y adiós a Santiago.

Por la noche a lo de siempre, Festa del Marisco. y además acompañado con música.

Nos quedaba un día en El Grove y sin coger el autocar. Nos dimos un paseo por el pueblo

hasta el puente que comunica con al isla de La Toja.

La ría estaba preciosa.

Y La Toja con su balneario muy tranquilos, una vez acabada la temporada veraniega.

Hay rincones en La Toja con excelentes vistas.

Es muy popular entre los gallegos la ermita conocida como Nuestra Señora de las Conchas. Su atractivo radica en tener los muros exteriores completamente recubiertos de conchas.

El interior no ofrece nada particular de interés.

Si bien a un lado hay una imagen de San Caralampio, santo milagrero a quien se piden y agradecen todo tipo de favores. Siendo además patrón de los amantes del vino.


Pronto nos cansamos de La Toja y volvimos por el puente hacia El Grove.

La marea estaba baja y pudimos ver la dura tarea de las marisqueadoras.

En el puerto de El Grove cogimos un catamarán para dar una vuelta por la ría.

Nos centramos en ver las bateas donde se cultivan la ostra y el mejillón.

Y observamos de cerca el proceso.

También bajo las aguas al tener el catamarán el fondo de cristal.

Un atractivo no menor de la excursión es que te van ofreciendo mejillones, gambitas y albariño a discreción.

Con lo que el personal se va animando y la fiesta dura hasta regresar a puerto.

Y al atardecer de nuevo a la Festa do Marisco. Charlas de conocidos cocineros sobre la gastronomía gallega completan los actos.

Y como era nuestra despedida procuramos hacer honor a los animalitos con cáscara.

Por la noche, después de cenar, no podía faltar una queimada antes de dejar Galicia.

Era viernes y nos tocaba atravesar la frontera hacia Portugal. Pronto llegábamos a las murallas de Valença do Minho cuyo casco antiguo está dentro del recinto amurallado.


La puerta da Coroada da alternativamente paso a peatones y vehículos para acceder a la ciudad.

Las murallas son un buen lugar de paseo.

Pronto encontramos la iglesia de San Esteban.

Otra iglesia, la más interesante, es Nuestra Señora de los Ángeles, que conserva mucho de sus orígenes románicos.

Como la portada.

En el interior conviven el románico, el barroco y los típicos azulejos portugueses.

Volviendo a las murallas alcanzamos el mirador que dispone de muy buenas vistas sobre el Miño y sobre Tuy.

La calle principal está dedicada a las tiendas para turistas con poco más que ver, pero una puerta con el rótulo de Núcleo Museológico nos llamó la atención. En el interior destaca una gran colección de maquetas y miniaturas militares.

Pero también hay algunos relevantes restos arqueológicos como este ídolo céltico.

O este miliario romano.

Comimos en Valença (bacalao, naturalmente) y rumbo a Oporto.

Paramos justo en la Torre de los Clérigos, pero como ocurre en tantos otros lugares desde hace unos años hay que hacer cola aunque sea fuera de temporada.

Lo mismo ocurre con la librería Lello, que tiene fama de ser de las más bellas del mundo. Enormes colas y pagando para acceder a ella. Desde que se dice que allí se rodaron escenas de Harry Potter las visitas se han multiplicado pese a que no es cierto. La verdad es que la autora de Harry Potter vivió en Oporto y se cree que se inspiró en esta librería para describir la que aparece en las novelas. Si la afición que hay para estar en lugares míticos del cine o la novela existiese para leer, otro gallo nos cantara.

Cerca, pared contra pared están la iglesia del carmen y la del convento de los Carmelitas.

Ambas son muestra del recargado barroco portugués.

Dejamos la pintoresca zona en que estábamos para ir a la catedral.

A la llegada nos recibía la estatua de Vimara Peres, noble asturiano, que fue el primer gobernador del condado de Portugal en el año 868.

Frente a la fachada de la catedral se extiende una amplia plaza.

La centra un “pelourinho” (picota). En éste parece que nunca fue ajusticiado nadie y siempre ha tenido únicamente un papel decorativo.

Desde la plaza se dispone de buenas vistas sobre el Duero.

Después nos dispusimos a entrar en la catedral.

Lamentablemente el interior estaba en obras. Sus tres naves románicas cubiertas con bóveda de cañón solo eran visibles desde la entrada.

Entramos pues rápidamente a la parte de pago, claustro y museo.

La mejor perspectiva del claustro gótico es desde la planta superior.


En ese piso hay también magníficos azulejos.

El claustro está también afectado por obras de reforma y mantenimiento.

El museo está instalado en dependencias que comprenden diversas capillas de los más variados estilos.

Los vestuarios

y los objetos litúrgicos son lo más relevante del museo.

Frente al Chafariz do Anjo, junto a la catedral, tomamos el autocar

y dejamos Oporto.

Para ir a dormir en un hotel en Maia, ciudad muy cercana.

El sábado iniciábamos el regreso hacia España.

Durante el recorrido muchos bosques quemados, víctimas de los incendios que estos últimos años han asolado Portugal.

Y en España paramos en Ciudad-Rodrigo, fortificada y encerrada en sus murallas como tantos otros lugares fronterizos.

La catedral, iniciada en estilo románico y finalizada en pleno gótico, es el monumento más relevante de la ciudad.

De su poca original (siglo XII) son la portada de Amayuelas en el transepto norte de arco polilobulado.

Y la de las Cadenas con cinco figuras románicas encima, colocadas en el siglo XIX procedentes de otro lugar.

Para visitar el interior es necesario acceder por el museo. Pequeño y con escaso contenido, pero hay que justificar el cobro en lugares que en teoría son para rezar.

Algunas esculturas del siglo XIII destacan en él.

Y algunas objetos con esmaltes de la misma época como este báculo de la escuela de Limoges.

Del museo se pasa al claustro, construido entre el siglo XIV y el XVI y con muchos de sus capiteles decorados con representaciones vegetales y humanas.

Se accede a la catedral a través de una portada románica de cuatro arquivoltas sobre columnas con capiteles decorados con hojas de acanto.

La capilla Mayor, siglo XVI, es obra de Gil de Hontañón.

El coro de(1498-1502) de Rodrigo Alemán, que en las tallas muestra una gran variedad de imágenes satíricas o eróticas. Lástima que la premura de tiempo y un grupo en visita guiada que lo ocupaba nos impidieron verlas con detalle.

La portada del Perdón en el lado oeste es una obra ya gótica, de finales del XIII, pero que muchos ven inspirada en el Pórtico de la Gloria de Santiago.

Una estatua de la Virgen con el Niño centra el parteluz.

No pudiendo prolongar más la visita dejamos esta catedral, para nosotros hasta ahora desconocida, la dejamos en la agenda como pendiente de una visita más detenida.

Antes de dejar la ciudad echamos un vistazo a la pintoresca plaza del Buen Alcalde.

Y nos quedamos con las ganas de repetir.

Después hacia Salamanca. Dehesas y dehesas, toros y alguna piara.

Y llegamos a Alba de Tormes, donde nos recibía el río que adjetiva a la población.

Comimos y afortunadamente con toda la tarde por delante podíamos recorrer tranquilamente la villa.

Empezamos en la plaza, siempre animada y más en este caso en que estábamos en fiestas.

Muy cerca está el Museo Carmelitano. Dedicado fundamentalmente a Santa Teresa de Jesús en la ciudad donde falleció. Es una colección heterogénea de objetos con piezas renacentistas y barrocas de interés.

Hay bastantes pinturas sobre cobre.

Pero lo más relevante para los devotos de Santa Teresa es poder contemplar de cerca, por detrás del camerín de la iglesia donde se hallan, sus reliquias: el corazón y el brazo.

Luego dimos la vuelta para acceder a la iglesia.

Adjunto a la misma se ha recreado una celda como la que albergó a la Santa cuando falleció.

El interés turístico por por Santa Teresa hace que pase casi desapercibida la iglesia de San Juan, pese a estar en la misma plaza.

Es un interesante ejemplar del denominado románico-mudéjar, realizado en ladrillo. Desafortunadamente el ábside norte no es visible desde el exterior porque se construyó una vivienda que lo oculta.


Su interior, modificado en el siglo XV cuando sustituyeron los arcos de división entre las naves por dos grandes arcos escarzanos que soportan la cubierta de madera.

Lo más destacado es el Apostolado que preside el ábside central y la Virgen del mismo grupo adosada al muro.  Se supone que las figuras, de época tardorrománica y que conservan buena parte de su policromía, formaron parte de una portada desaparecida.

En pocos lugares puede disfrutarse de una obra similar a tan corta distancia y en un entorno similar.

De San Juan nos dirigimos por tranquilas y bonitas calles

hasta la iglesia de Santiago, la más antigua de Alba de Tormes y otra muestra del románico-mudéjar. En ella sobre un zócalo de piedra se levanta un único ábside de ladrillo, que con el tramo presbiterial que lo antecede es lo único conservado de la obra original.

Nos quedaba por ver le castillo de los Duques de Alba y allí fuimos pasando por la plaza de toros, cuyas calles aledañas se estaban preparando para el toro ensogado.

Del castillo de los Duques no queda gran cosa aparte de la torre, a la que puede subirse y contemplar buenas vistas de los alrededores.

Dormimos  a las afueras de Alba de Tormes y por la noche pudimos oír ulular el viento y repicar con fuerza la lluvia. Eran las consecuencias de los restos del huracán Leslie, que habían anunciado cruzaría la península.

El día siguiente fuimos a Salamanca. La temperatura había bajado considerablemente y el viento soplaba de los suyo.

La catedral visita imprescindible.

Pero poco tiempo para disfrutarla y encima con un airecillo…

Una ojeada a la Torre del gallo de la catedral vieja.

Otra a las portadas situadas al oeste.

Y a la puerta de Ramos, situada al norte.

Había que ver el famoso astronauta que un cantero esculpió durante la restauración de 1993 para dar un detalle de “modernidad”.

De la catedral al patio de las Escuelas Menores, donde estudiaban los aspirantes a Bachiller-. Allí no se notaba tanto el viento.

La mayoría de las dependencias que dan a este patio están dedicadas hoy a museo. Entramos en una de ellas a contemplar el Cielo de Salamanca, pintura mural de Fernando Gallego, que ocupaba inicialmente la biblioteca y cuyas partes salvadas del incendio del siglo XVIII cuando se descubrieron se trasladaron aquí.

En el patio de las Escuelas Mayores, centrado por la estatua de Fray Luís de León, ya no hacía tanto frío.

Y la gente pudo tomarse con calma descubrir la rana que hay en la espléndida portada plateresca.

El dicho unamuniano sigue vigente: “No es malo que vean la rana, sino que no vean más que la rana”

Pasamos por la casa de las Conchas.

Y por San Martín donde aún pudimos detenernos en su portada románica.

En la Plaza Mayor acabamos el recorrido salmantino.

A comer y vuelta a casa. Menos mal que el tiempo no fue tan malo como anunciaban durante el largo recorrido de regreso.

TURÍN

Acabábamos de llegar de viaje, pero teníamos ya vuelo y hotel reservados, o sea que ¡a Turín!

Empezamos bien. El bus directo desde el aeropuerto nos dejaba frente al hotel y la situación de éste no podía ser más céntrica.

1. Hotel

A unos pasos la vía Roma, eje comercial principal de la ciudad y en cuyos aledaños se hallan los principales puntos de interés turístico.

14. Via Roma

Paseo por sus pórticos hasta la conocida como plaza C.L.N. (acrónimo de Comitato di Liberzione Nazionale). Dos esculturas representando los dos ríos de Turín, el Po y el Dora, ornamentan la plaza.

7. Piazza CNL

Unos metros más allá se llega a la plaza de San Carlos, centrada por el monumento ecuestre de Emanuele  Filiberto, duque de Saboya (1553-1580), sobrino de Carlos I de España y primo por tanto de Felipe II, a cuyo servicio estuvo repetidas veces.

10. Piazza San Carlo

En el lado sur cierran la plaza las iglesias de San Carlos Borromeo y Santa Cristina.

13. Piazza San Carlo

Y continuando por vía Roma llegamos ya a la plaza Castello, acabada al final por el Palacio Real y rodeada por diversos monumentos.

17. Piazza Castello

Entre los que destaca el palacio Madama, sede del Museo Municipal de Arte Antiguo.

19. Piazza Castello. palazzo Madama

Y salimos de la zona principal para adentrarnos en las callejuelas que conducen a la parte antigua donde, como en toda Italia, cualquier lugar puede convertirse en atractivo turístico

21. Via Palazzo di Città

Pasamos por la catedral de San Juan, cuya visita dejamos para mejor momento.

23. Catedral

Poco más allá descansamos un rato frente a la Porta Palatina y los restos de la muralla romana.

24. Porta Palatina y ruinas romanas

Nos internamos en el Cuadrilátero Romano, nombre que recibe el conjunto de calles y plazas situadas en lo que fue la antigua ciudad romana.

El Largo 4 di marzo concentra gran número de bares y restaurantes.

25. Largo IV marzo

Desde dicha plaza se accede a la vía Conte Verde por donde continúan los establecimientos gastronómicos.

26. Via Conte verde

Otra pausa en la plaza Palacio de la Ciudad.

27. Piazza Palazzo di Città

Y luego cruzando la vía Garibaldi, el antiguo Decumanus,

28. Via Garibaldi

llegamos a la plaza Solferino.

33. Piazza Solferino

De camino al hotel cenamos y aún nos dio tiempo a tomar un helado, lo que ya es difícil porque, exceptuando los restaurantes, el resto de establecimientos cierran a las nueve como máximo.

36. Heladería

El primer día completo en Turín decidimos dedicar la mañana al que era nuestro principal objetivo en la ciudad, el Museo Egipcio.

40. Museo Egipcio

El contenido del museo es inmenso. haré pues únicamente una relación de las piezas que más me llamaron la atención.

En las primeras salas de la planta baja hay algunas obras relevantes.

Aunque muy estropeado, el Papiro Real es de gran interés histórico pues contiene la lista completa de todos los faraones hasta la dinastía XVII e incluso los de los dioses y semidioses anteriores que se suponía gobernaron Egipto. Curiosamente no eliminan los nombres de faraones impostores o extranjeros e incluye a gobernantes de pequeños territorios

50b. Papiro Real

La estela del superintendente del canciller Meru. Imperio Medio. XI dinastía.

51. Museo Egipcio. Estela del superintendente del canciller Meru. Imperio Medio. XI dinastía

En las restantes plantas las obras ya siguen un orden cronológico. Se inicia en la época predinástica (cuarto milenio a. C.).

Ya en ese tiempo lo que no podía faltar era el aderezo personal. Frascos para cosméticos.

54. Museo Egipcio. Recipientes para cosméticos. Marfil. Época predinástica. 3900-3300 a. C.

O el alcohol. Recipientes para cerveza.

57. Museo Egipcio. Recipientes para cerveza. Época predinástica. 3900-3300 a. C.

Del Imperio Antiguo data la estatua de la princesa Radji en basanita, probablemente procedente de Saqqara.

58. Museo Egipcio. Estatua de la princesa Radji

El sarcófago de Duaenre, hijo de Kefrén, IV dinastía.

59. Museo Egipcio. Sarcófago de Duaenre

Este ataúd de madera con incrustaciones de motivos vegetales en hueso y cerámica. IV dinastía.

62. Museo Egipcio. Ataúd de madera con incrustaciones de motivos vegetales en hueso y cerámica. Imperio Antiguo. V dinastía. 2543-2435 a. C.

O esta túnica

63. Museo Egipcio. Túnica. Imperio Antiguo. V dinastía. 2543-2435 a. C.

Y las sandalias.

64. Museo Egipcio. Sandalias. Imperio Antiguo. V dionastía. 2543-2435 a. C.

El primer período intermedio es el nombre que recibe la época entre 2190 a.C – 2052 a. C. en que el poder está fragmentado entre el Alto y Bajo Egipto.

Esta estela corresponde  a ese período.

68. Museo Egipcio. Estela. Primer período intermedio. VI dinastía. 2190-2052 a. C.

Estas pinturas también.

75. Museo Egipcio. Escena de cortejo fúnebre. Primer período intermedio. 2118-1980 a. C.

O los múltiples objetos de la tumba de Ini, procedente de Gebelein.

81. Museo Egipcio. La tumba de Ini

Muchos objetos de esa época, espejos, pequeñas vasijas, peines, cajitas con tapa que se incrusta en ranuras, recuerdan muchos utensilios que nos son bien cercanos en el tiempo.

87. Espejo, cajita, peines, ... Primer período intermedio. VII-XI dinastía. 2118-1980 a. C.

Del Imperio Medio es la estatua de Djefahapi.  XII dinastía.

88. Museo Egipcio. Estatua de Djefahapi. Imperio Medio. XII dinastía. 1939-1875 a. C.

Estos hipopótamos de cerámica pintada, muy frecuentes en las tumbas de este período.

92. Museo Egipcio. Hipopótamos. Imperio Medio. XI-XIII dinastía. 1980-1700 a. C.

En un altillo hay colocadas una serie de vitrinas en las que se exponen multitud de objetos sin etiquetar que en otros museos estarían en los almacenes.

103. Museo Egipcio.

107. Museo Egipcio.

Del Imperio nuevo es la estatua de uno de sus primeros faraones, Amenhotep I.

109. Museo Egipcio. Estatua de Amenhotep I

De Deir-el Medina procede esta ostrakon con una bailarina semidesnuda en difícil posición. Los ostrakon, generalmente trozos de cerámica desechados, eran usados por los artistas para practicar, pero aquí el resultado es de una calidad excepcional.

112. Museo Egipcio. Ostrakon representando una bailarina. Imperio Nuevo. XIX-XX dinastía. 1291-1076 a. C. Deir el-Medina

Siguiendo con lo erótico es muy conocido este papiro satírico con escenas de sexo con animales.

113. Museo Egipcio. Papiro satírico, conocido como papiro erótico. Imperio Nuevo. XX dinastía. 1186-1076 a. C. Deir el-Medina

También de Deir-el-Medina procede este piramidion, grabado en sus cuatro caras laterales. En la que vemos aparece el dios Horus representado como halcón con el disco solar sobre su cabeza.

117. Museo Egipcio. Piramidion de Ramose. Imperio Nuevo. XIX dinastía. 1291-1190 a. C. Deir el-Medina

Del mismo lugar es también la capilla de la tumba de Maya de rica y variada policromía.

118. Museo Egipcio. La capilla de Maia. Imperio Nuevo. Fin XVIII dinastía. 1350-1292 a. C. Deir el-Medina

Y  la estatua de los esposos Pendua y Nefertari, abrazados ambos, lo que no es habitual en la estatuaria egipcia.

121. Museo Egipcio. Estatua de Pendua y Nefertari. Abrazo no usual. Imperio Nuevo. XIX dinastía. 1292-1186 a. C. Deir el-Medina

La tumba de Kha y su esposa Merit, de la época del reinado de Amenhotep II, fue hallada intacta y todo su contenido se expone en este museo.

Estela funeraria de Kha.

122. Museo Egipcio. Estela funeraria de Kha. Reinado de Amenhotep II

Sarcófago intermedio de Kha.

125. Museo Egipcio. Sarcófago intermedio de Kha. Deir el-Medina

Silla plegable, antecedente claro de nuestros faldistorios medievales.

127. Museo Egipcio. Silla plegable. Tumba de Kha. XVIII dinastía. Asiento en cuero y patas incrustadas con marfil y modeladas con cabezas de animales. Deir el-Medina

La cama.

128. Museo Egipcio. Cama de Kha. XVIII dinastía. Deir el-Medina

Estatuilla de Kha.

129. Museo Egipcio. Estatuilla de Kha. XVIII dinastía. Deir el-Medina

Ajuar de Merit

130. Museo Egipcio. Equipaje de Merit. XVIII dinastía. Deir el-Medina

Un juego del Senet con sus fichas. No ha conseguido averiguarse cómo se desarrollaba el juego.

134. Museo Egipcio. Juego del Senet en la tumba de Kha. XVIII dinastía. Deir el-Medina

La sala de los sarcófagos contiene una gran cantidad de estos, de rica decoración pictórica.

Sarcófago de Taba-Kenhonsu.

136. Museo Egipcio. Sarcófago de Taba-Kenhonsu

Los Ushebti (los que responden) son pequeñas estatuas que se depositaban en la tumba del difunto. Estaban hechas de cerámica o madera, aunque los había de lapislázuli. En el Imperio Nuevo había como mínimo tantos como días del año.

138. Museo Egipcio. Ushebty

La momificación de animales era corriente.

143. Museo Egipcio. Momias de animales

Del Libro de los Muertos hay ejemplares en buen estado de conservación. Aquí un fragmento con el juicio de Osiris y el pesaje de los corazones, que decidía el paso a la inmortalidad o la muerte definitiva.

150. Museo Egipcio. Libro de los Muertos. Pesaje del corazón

La gran sala con estatuas de dioses y faraones es probablemente la más espectacular del museo.

Esfinge procedente de Tebas.

158. Museo Egipcio. Esfinge. Imperio Nuevo. XIX dinastía. 1292-1290 a. C. Templo de Amón en Karnak

Amenhotep II ofreciendo dos esferas.

159. Museo Egipcio. Estatua de Amenhotep II. Imperio nuevo. XVIII dinastía. 1425-1400 a. C. Karnak. Templo de Amón

Ramsés II.

162. Museo Egipcio. Estatua de Ramsés II. Imperio nuevo. XIX dinastía. 1279-1213 a. C. Karnak. Templo de Amón

Abundan las representaciones de la diosa Sekhmet, muy venerada y temida a la vez. Era el símbolo de la fuerza y el poder.

169. Museo Egipcio. Estatua de la diosa Sekhmet. Imperio nuevo. XVIII dinastía. 1390-1353 a. C.

Por la mañana con el museo ya habíamos tenido bastante. A comer y por la tarde paseo tranquilo por el Turín barroco y neoclásico.

172.

173

Hasta la catedral, pero tampoco hubo visita.

174. Catedral

Había concierto y a él nos quedamos. El prestigioso organista holandés Aart Bergwerff no deleitó con el excelente órgano de la catedral.

177. Catedral

Desde las cercanas ruinas romanas hay una buena perspectiva de la catedral y especialmente de su campanario.

180. Catedral. Campanario

Del pasado romano de Turín  (Iulia Augusta Taurinorum) lo mejor conservado es la Puerta Palatina, una de las cuatro que cerraban la ciudad. Más que valor defensivo, pues el siglo I cuando se construyó era época tranquila en la zona, tenía la función de delimitar el espacio entre el campo y la ciudad.

186. Porta Palatina

Seguimos paseando hasta acabar ya anochecido en la plaza San Carlos y a buscar restaurante para cenar y a descansar.

187. Piazza San Carlo

El vienes decidimos empezar paseando en vez de con visitas culturales.

Iniciamos la caminata en la estación de Porta Nuova.

189. Estación Porta Nuova

Llegamos al Po y continuamos aguas abajo.

194. El Po

Hasta el puente Vittorio Emanuele I, frente a la Plaza Vittorio Veneto.

196. Piazza Vittorio Veneto

Al otro lado del puente está la iglesia de la Gran Madre de Dios.

198. Gran Madre de Dios

Allí se inicia la subida la Monte de los Capuchinos. Por el camino se tienen buenas vistas de la ciudad.

201. Subiendo a los Capuchinos

Al llegar arriba la iglesia no tiene demasiado interés,

204. Santa María del Monte

pero las vistas son aún mejores.

206. Turín desde los Capuchinos

207. Turín desde los Capuchinos

Al bajar paramos en la Gran Madre de Dios, iglesia con una espectacular cúpula neoclásica. Desde la escalinata de acceso se vislumbra el puente, la plaza y la avenida que conduce al centro.

210. Desde la Gran Madre de Dios

La Gran Madre de Dios es relacionada por grupos espiritistas, esotéricos y similares con el Santo Grial. Para algunos está depositado bajo la iglesia, para otros la copa que levanta en la mano la estatua dedicada a la Fe que hay en la escalinata confirma la presencia del Grial en Turín.

212. Gran Madre de Dios

A cruzar otra vez el puente y no lejos encontramos la Mole Antonelliana. Este edificio, construido por Alessandro Antonelli en 1863 debía albergar la principal sinagoga de los judíos de Turín, pero éstos lo cedieron al Ayuntamiento estando aún en construcción. En 1961 se reconstruyó la aguja, derribada por un temporal y se instaló un ascensor que sube  a la cima.

220. Mole Antonelliana

Desde arriba se domina perfectamente la ciudad y los alrededores.

221. Turín desde la cúpula de la Mole Antonelliana

223. Turín desde la cúpula de la Mole Antonelliana

227. Turín desde la cúpula de la Mole Antonelliana

236. Turín desde la cúpula de la Mole Antonelliana

En 1996 se rehabilitó por completo el interior y se instaló un museo dedicado al cine.

En él se puede recorrer la historia de las imágenes en movimiento. Sombras chinescas.

239. Mole Antonelliana. Museo del Cine. Sombras chinescas

Primitivos oscurecimientos e iluminaciones.

241. Mole Antonelliana. Museo del Cine.242. Mole Antonelliana. Museo del Cine.

Antiguos dioramas.

245. Mole Antonelliana. Museo del Cine.

Colecciones de linternas mágicas y exhibición de sus proyecciones.

247. Mole Antonelliana. Museo del Cine. Linternas mágicas

249. Mole Antonelliana. Museo del Cine. Linternas mágicas

Los primeros cartones con dibujos animados.

250. Mole Antonelliana. Museo del Cine

Cámaras de cine y fotografía de toda época.

251. Mole Antonelliana. Museo del Cine

Se puede ver laboratorios de revelado con sus aparejos originales.

257. Mole Antonelliana. Museo del Cine

Puestas en escena de clásicos del cine.

259. Mole Antonelliana. Museo del Cine

260. Mole Antonelliana. Museo del Cine

Por rampas se va ascendiendo pisos mientras vemos fragmentos de películas clasificadas por géneros, cortos con entrevistas a directores y actores conocidos y jugamos con programas interactivos relacionados con la materia.

264. Mole Antonelliana. Museo del Cine

276. Mole Antonelliana. Museo del Cine

Desde arriba se contempla perfectamente la sala central convertida en una sala cinematográfica realmente moderna donde se ven y escuchan películas con toda comodidad.

268. Mole Antonelliana. Museo del Cine

Un paseo por la calle Verdi hasta el palacio Madama.

280. Palazzo Madama (fachada trasera)

Pasamos por la Galería Subalpina.

281. Galería Subalpina

Por la plaza Castello y a comer.

282. Piazza Castello

Por la tarde otra caminata por las largas avenidas de Turín.

285

Hasta la estación ferroviaria de Porta Susa.

288. Estación de Porta Susa

287. Estación de Porta Susa

Todavía nos quedaba uno de los platos fuertes de Turín, el Palacio Real y sus anexos. La siguiente mañana era para él.

Y a eso íbamos, pero por el camino nos detuvimos en otro de los lugares misteriosos de Turín, el Portón del Diablo en el palacio Levaldigi. De no ir prevenido se pasa por delante sin dar importancia alguna a la puerta de la sede de una institución bancaria. La cabeza de un diablo entre dos serpientes sujeta la aldaba de la puerta, lo que ha dado lugar a múltiples leyendas. Desde un hechicero que invocó al diablo y quedó encerrado para siempre tras la puerta hasta un diplomático francés de principios del XIX que desapareció en el palacio y su cadáver lo encontraron emparedado cuarenta años después. Otros asesinatos sin resolver y alguna historia de fantasmas completan el misterio del lugar.