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JAPÓN

Animados por el buen tiempo, pese a estar bien entrado octubre, y por los partes meteorológicos que anunciaban que el tifón ya iba cruzando Japón y habría pasado por completo cuando llegásemos, emprendimos el largo viaje.

Por la mañana autocar de Barbastro a Barcelona y vuelo en “Emirates” haciendo escala y transbordo en Dubai. Buen avión hasta allí.

001. Aeropuerto de Dubai

Aeropuerto de Dubai

Unas horas en Dubai y continuación hacia Osaka. El avión menos cómodo y las más de once horas, añadidos a las horas de diferencia horaria hicieron que llegásemos ya entrada la noche del día siguiente al que habíamos partido.

003. Aeropuerto de Osaka

Aeropuerto de Osaka

 Ya no había mucho tiempo para ver cosas, por consiguiente dejado el equipaje, un paseo para ir a cenar.

A la entrada del restaurante el expositor con modelos de plástico de los platos que se sirven en el interior. Esa es la carta japonesa, evidentemente clara y didáctica.

009. Kyoto. Anuncios de comida en plástico

De entrada cena totalmente japonesa. Zapatos fuera, palillos, platitos pequeños, medio haciendo de cocineros y con tofu por doquier.

016. Kyoto. Cena

017. Kyoto. Cena

018. Kyoto. Cena

Menos mal que para algunos había tenedores.

010. Kyoto. Cena

El día siguiente primer encuentro con las calles y canales de la tranquila Kioto.

020. Kyoto

Y con su gente, moviéndose en bicicleta y los niños de todas las edades yendo solos a la escuela en una ciudad de más de un millón de habitantes.

022. Kyoto

El principal objetivo de la mañana el templo del Pabellón Dorado (Kinkaku-ji). Magnífico templo reconstruido tras ser incendiado por un monje en 1950. La narrativa de la vida de ese monje y los hechos que culminan con el incendio del Pabellón son relatados por Mishima en la novela “El Pabellón de Oro”.

027. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji

Tras las primeras construcciones aparecen los jardines con un arbolado y vegetación absolutamente exóticos a los ojos europeos.

026. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji

El Pabellón se refleja en un lago, en el que las plantas y las rocas parecen ocupar cada una el lugar que les estaba predestinado.

029. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji. Pabellón dorado

042. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji. Pabellón dorado

El Pabellón propiamente dicho fulguraba en un día tan radiante como el que teníamos.

035. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji. Pabellón dorado

Los jardines y las aguas compiten también en belleza.

043. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji. Pabellón dorado

 Desde todos los rincones.

046. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji. Pabellón dorado

052. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji

054. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji

 Saliendo, la perspectiva del Pabellón entre los árboles nos ofrece otra imagen.

060. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji

Parece que las plantas estén modeladas según un diseño (¿el espíritu del zen?).

063. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji

064. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji

Antes de irnos, parada a hacer sonar el gong.

067. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji

Como en cualquier lugar frecuentado, muchos tenderetes con venta de objetos. Las chucherías japonesas muy abundantes, variadas y de gran éxito entre la población escolar (hay constantes universales).

068. Kyoto. Templo de Kinkaku-ji. Golosinas

Cerca del Pabellón Dorado se halla otro templo zen, Ryoan-ji (templo del Dragón tranquilo y pacífico). Su atractivo principal es el jardín de rocas en el cual quince piedras sobresalen de un fondo de grava.

Preparándonos para la “inefable experiencia” que íbamos a sentir nos hicimos una foto de grupo.

072. Kioto. Templo Ryoan-ji

Y rápido al jardín a meditar ante la contemplación de ese rectángulo, expresión de la máxima espiritualidad zen.

075. Kioto. Templo Ryoan-ji

Frente al jardín están las habitaciones del abad, austeras y minimalistas, desde donde puede contemplarse el rectángulo.

080. Kioto. Templo Ryoan-ji

Sobre la interpretación de ese jardín se han escrito miles de páginas y se han llegado a estudiar con ordenadores infinitud de variantes en la disposición y tamaño de las piedras que al parecer han demostrado ??? que cualquier pequeña alteración rompería la armonía que desprende el conjunto al subsconsciente de quien lo contempla.

Mi humilde y prosaica dosis de espiritualidad no me permitió captar las sutilezas del zen y la verdad es que lo pasé mejor en el estanque lleno de lotos y jardines adyacentes.

069. Kioto. Templo Ryoan-ji

087. Kioto. Templo Ryoan-ji

071. Kioto. Templo Ryoan-ji

Después del zen, comida japonesa. Debe ser también mi falta de espiritualidad zen, pero muy saciado no me dejan esos manjares.

092. Kioto. Comida

093. Kioto. Comida

Regresamos en bus al hotel cruzando el río Kamo.

097. Kioto

Rapaces de notable tamaño sobrevuelan zonas de la ciudad.

099. Kioto

En el hotel una pequeña pausa.

101. Kioto. Hotel

Y a tomar el metro hacia el distrito Higashiyama.

Por el camino nos seguían sorprendiendo los anuncios en plástico de los productos de heladerías y restaurantes.

103. Kioto. Anuncios de comida en plástico

104. Kioto. Anuncios de comida en plástico

Las pescaderías son una muestra de limpieza e higiene tal que ni siquiera huelen.

108. Kioto. Pescatería

Nos dirigíamos al templo Kiyomizu y conforme nos acercábamos a él ibamos encontrando jóvenes vestidos al modo tradicional, al parecer sólo por ánimo festivo.

112. Kioto

113. Kioto

En el acceso al templo Kiyomizu pudimos ver que era aún más visitado que los que habíamos visto por la mañana.

120. Kioto. Subida al templo Kiyomizu

El pabellón principal y su terraza construidos en madera sin clavos ni anclajes metálicos tiene excelentes vistas sobre la ciudad.

135. Kioto.Templo Kiyomizu

Aunque la mayoría de los visitantes sean turistas también hay quienes van a rezar.

130. Kioto.Templo Kiyomizu

Al otro lado de un pequeño barranco se divisa la llamada falsa pagoda a la que no llegamos pues no faltaba demasiado para el anochecer.

128. Kioto.Templo Kiyomizu

Cualquier sitio es un buen mirador.

138. Kioto.Templo Kiyomizu

El bosque de cerezos hace pensar en lo que debe ser cuando están en floración

139. Kioto.Templo Kiyomizu. Cerezos

En el extenso recinto también hay pequeños cementerios.

142. Kioto.Templo Kiyomizu

Kiyomizu significa “agua pura” y beber del manantial sagrado es para muchos parte de la visita.

145. Kioto.Templo Kiyomizu

Infinitos rincones del templo merecen detenerse. ¡Lástima del exceso de gente!

150. Kioto.Templo Kiyomizu

Bajando del templo por estrechas callejuelas hay muchas casas diminutas.

156. Kioto. Bajando del templo Kiyomizu

También pagodas.

157. Kioto. Bajando del templo Kiyomizu

Ya en el distrito Gion nos recibía el santuario Yasaka.

161. Kioto. Santuario Yasaka

Todo el distrito es muy comercial.

162. Kioto. Distrito Gion

La calle Hanami-koji está llena de restaurantes y casas de té donde las geishas (geikos en dialecto local) y maikos (aprendizas de geisha) ejercen sus funciones.

163. Kioto. Distrito Gion

168. Kioto. Distrito Gion

Ya entrada la noche dejamos el distrito de Gion y fuimos a pie hacia el hotel nada lejano.

171. Kioto. Distrito Gion

Aún nos topamos con una pequeña manifestación, ordenada y tranquila (es Japón), controlada por un solo policía a distancia.

173. Kioto. Manifestación

Por la mañana a primera hora un paseo en solitario por los alrededores del hotel. Lo más curioso, miles de japoneses en la calle y yo la única persona con cámara fotográfica.

175. Kioto

177. Kioto

El cableado telefónico y eléctrico colgado por las calles como en todo el este asiático. Eso sí aquí más ordenado que en otros lugares y más justificado por la frecuencia de movimientos sísmicos.

174. Kioto

A esas horas una maiko de compras (sé que era maiko y no geiko porque me lo dijeron, mi conocimiento de la cultura japonesa ni entonces ni ahora es capaz de distinguir tales sutilezas).

179. Kioto

Tras el desayuno hacia Nara. Primera visión de los cultivos japoneses: pequeños arrozales entre aún más pequeños huertos.

182. Carretera Kioto- Nara

183. Carretera Kioto- Nara

En Nara primero al templo Todai-ji. Multitudes de niños.

185. Nara. Templo Todai-ji

Atraídos sobre todo por los cientos de ciervos que pululan en completa libertad en el entorno, esperando (o exigiendo) las galletas de los turistas.

186. Nara. Templo Todai-ji

188. Nara. Templo Todai-ji

190. Nara. Templo Todai-ji

195. Nara. Templo Todai-ji

Accedimos a la zona central del templo a través de la Nandaimon (Gran Puerta del Sur).

194. Nara. Templo Todai-ji

Tras la puerta seguían los ciervos.

200. Nara. Templo Todai-ji

Y los niños

206. Nara. Templo Todai-ji

Y la entrada al templo propiamente dicho.

207. Nara. Templo Todai-ji

Donde se halla el Pabellón del Gran Buda, el edificio de madera más grande del mundo.

210. Nara. Templo Todai-ji

238. Nara. Templo Todai-ji

En su interior otro “más grande”. El mayor Buda sentado del mundo.

222. Nara. Templo Todai-ji

225. Nara. Templo Todai-ji

228. Nara. Templo Todai-ji

Al lado del Buda se halla este Bosatsu Kokuzo. “Ser Iluminado” al que se reza para mejorar las cualidades intelectuales.

232. Nara. Templo Todai-ji. Nyoirin Kannon

Y a ambos lados estos severos guardianes.

234. Nara. Templo Todai-ji

235. Nara. Templo Todai-ji

A escasa distancia está el Gran Santuario Kasuga.

255. Nara. Santuario Gran Kasuga

Los ciervos siguen por allí.

241. Nara. Templo Todai-ji

271. Nara. Santuario Gran Kasuga

Así como miles de faroles de piedra que bordean calles y paseos.

257. Nara. Santuario Gran Kasuga

259. Nara. Santuario Gran Kasuga

Los edificios centrales del templo han sido renovados como práctica habitual del sintoismo cada veinte años desde su construcción original en el siglo VIII.

265. Nara. Santuario Gran Kasuga

Es frecuente venir a a este templo para celebrar el “Shichi-go-san” (Siete-cinco-tres), ceremonia sintoísta en que las niñas de tres y siete años y los niños de cinco acompañados de los padres cumplen con un corto ritual comparable a nuestra Primera Comunión.

268. Nara. Santuario Gran Kasuga

269. Nara. Santuario Gran Kasuga

Acabados los templos, a comer. Comida japonesa, pero para mí hubo tenedor.

277. Nara. Comida

Regreso a Kioto para visitar el santuario sintoísta Fushimi, al sur de la ciudad.

279. Kioto. Santuario Fushimi

284. Kioto. Santuario Fushimi

Es el principal de los santuarios dedicados a Inari, deidad del arroz y el sake. Estos santuarios son fácilmente reconocibles por las imágenes de zorros guardianes.

282. Kioto. Santuario Fushimi

283. Kioto. Santuario Fushimi

Las puertas “torii” en el sintoísmo separan el espacio sagrado del profano.

294. Kioto. Santuario Fushimi

Los hombres de negocios que vienen a pedir prosperidad a Inari han regalado centenares de puertas que, colocadas una tras otra, forman larguísimos pasadizos popularizados al aparecer en la película “Memorias de una Geisha”.

301. Kioto. Santuario Fushimi

Quienes no pueden pagar puertas grandes ofrendan miniaturas.

308. Kioto. Santuario Fushimi

En esa mezcla de tradición y superstición que es la religión en Japón, las peticiones se realizan en diversas formas, como en los cartones con rostro de zorro.

305. Kioto. Santuario Fushimi

Siempre hay sacerdotes dispuestos a realizar rituales para solicitar deseos.

288. Kioto. Santuario Fushimi

El entorno del santuario lleno de caminos que conducen a pequeños templos es frondoso y agradable.

312. Kioto. Santuario Fushimi

Y cada dos por tres te tropiezas con algún simpático zorro.

314. Kioto. Santuario Fushimi

Cuando regresábamos al autocar nos encontramos un café de los destinados a acariciar gatos. En estos locales uno toma su té o lo que sea y por un suplemento tiene derecho a pasar el tiempo contratado acariciando un gato. ¿Acabaremos igual?

318. Kioto. Del Santuario Fushimi hacia el autocar. Café para acariciar gatos

La cena también japonesa y haciendo de cocinero.

323. Kioto. Cena

324. Kioto. Cena

El día siguiente dejábamos Kioto con equipaje sólo para un par de noches. El resto ya nos esperaría en Tokio. Metro hasta la estación y allí a esperar el tren que nos llevaría a Kanazawa.

Impresionante la estación de Kioto. Afortunadamente en ésta los letreros en inglés y la facilidad de los japoneses para hacer colas sin amontonamientos permiten orientarse sin demasiadas dificultades.

327. Kioto. Estación de tren

332. Kioto. Estación de tren

Al llegar a Kanazawa autobús y hacia las montañas

334. Kanazawa

El camino hacia Shirakawa-go nos ofreció gran variedad paisajística.

340. De Kanazawa a Shirakawago

342. De Kanazawa a Shirakawago

344. De Kanazawa a Shirakawago

Al llegar a comer en un restaurante aislado en pleno campo. ¡Cómo no, comida japonesa!

350. Shirakawago. Comida

Después a una de las poblaciones que aún conservan casas “Gassho”. Éstas son viviendas con cubiertas de paja en pronunciada pendiente a dos aguas que permite expulsar con rapidez el agua y la nieve que caen tan abundantemente en la zona. Extensas familias vivían en ellas, en la planta baja. Las plantas superiores se destinaban a la cría de gusanos de seda.

El paisaje es excepcional.

353. Shirakawago

361. Shirakawago

362. Shirakawago

363. Shirakawago

373. Shirakawago

Entre las viviendas algunos pequeños huertos y frutales. Sólo manzanos, membrillos y lo que más palosantos (caquis).

364. Shirakawago. Palosanto

Cada veinte años se renuevan las cubiertas realizadas al modo tradicional sin anclajes metálicos de ningún tipo.

377. Shirakawago

Visitamos una de las casas, acondicionada para el turismo, donde aún se pueden ver los gusanos.

380. Shirakawago. Casa Gassho

Nos quedó aún rato para pasear por la población.

375. Shirakawago

387. Shirakawago

388. Shirakawago

390. Shirakawago

De Shirakawa-go a Takayama. donde tuvimos tiempo para dar un paseo por la calle Sanmachi-suji.

404. Takayama. Calle Sanmachi-suji

Allí visitamos una destilería-tienda de sake y degustamos esa bebida nacional japonesa.

400. Takayama. Calle Sanmachi-suji. Destilería de sake

401. Takayama. Calle Sanmachi-suji. Destilería de sake

Cerca está el Puente Rojo, ya poco transitado a la puesta de sol.

408. Takayama. Puente Rojo

Las casas tradicionales de madera abundan en esa zona de Takayama.

412. Takayama

Cerca del hotel fotografié una barbería, que en Japón aún lucen los colores tradicionales que no hace muchos años las identificaban también entre nosotros.

416. Takayama. barbería

Tras la cena, por lo menos nosotros, nos acostamos pronto.

Por la mañana, temprano, ya sin saber mucho en que día estábamos, nos dirigimos al mercado matutino que tiene lugar en Takayama junto al río.

417. Takayama

Lo primero que me llamó la atención fueron las setas dada mi afición a ellas

421. Takayama. Mercado de la mañana

426. Takayama. Mercado de la mañana

Había hasta lugares donde probarlas.

432. Takayama. Mercado de la mañana

Así como los pequeños dulces japoneses, muchos de los cuales recuerdan las gominolas.

427. Takayama. Mercado de la mañana

Las macetas con flores suelen ser pequeñitas. No hay mucho espacio en las casas para jardín.

428. Takayama. Mercado de la mañana

La fruta era escasa. Las manzanas eran todas Fuji, al igual que todas las que comimos durante esos días.

429. Takayama. Mercado de la mañana

Al final del mercado en una tiendecita había centenares de tipos de sake y de sus derivados.

439. Takayama. Mercado de la mañana

Del mercado al Santuario Hachimangu Sakurayama.

441. Takayama. Museo Yatai Kaina

442. Takayama. Museo Yatai Kaina

Allí se encuentra el el salón donde se exponen las más vistosas carrozas de las que salen en cabalgata acompañadas de campesinos en trajes típicos en el Takayama Matsuri, celebrado dos veces al año.

444. Takayama. Museo Yatai Kaina

457. Takayama. Museo Yatai Kaina

Íbamos justitos de tiempo y atravesamos deprisita la ciudad, aunque al ser tan tarnquila y no haber excesivo tráfico aún pudimos ir haciendo breves paradas.

461. Takayama

462. Takayama

463. Takayama

El destino era el edificio que durante el período Edo albergaba la sede del Gobierno. El período Edo en Japón se extiende desde principios del siglo XVII hasta 1868 y se caracterizó por tener el gobierno efectivo a cargo de los shogunes que residían en Edo, el actual Tokio, mientras los emperadores, cuyo poder era meramente nominal residían en Kioto.

Este edificio ha sido restaurado y en él pueden contemplarse las características de una residencia tradicional.

470. Takayama. Gobierno Histórico

476. Takayama. Gobierno Histórico

478. Takayama. Gobierno Histórico

479. Takayama. Gobierno Histórico

Desde Takayama tren a Nagoya, entre bosques, ríos y lagos.

493. Tren de Takayama a Hakone

494. Tren de Takayama a Hakone

495. Tren de Takayama a Hakone

En Nagoya, cuarta ciudad de Japón y sede de muchas grandes empresas como Toyota, cambiamos de tren.

497. Tren de Takayama a Hakone. Nagoya

498. Tren de Takayama a Hakone. Nagoya

El tren que nos condujo hasta Odawara fue el “Tren Bala”. Lo cierto es que nuestro AVE no tiene nada que envidiarle.

499. Tren de Takayama a Hakone. Nagoya

En Odawara a coger un autobús que nos llevó a Hakone donde estaba el hotel. A cenar y a dormir pues en los alrededores del hotel lo único que había era oscuridad. La cena a la europea. Cuchillo, tenedor y comida perfectamente identificable.

504. Hakone. Cena

A la mañana siguiente madrugamos para disfrutar de los alrededores, antes de que abriesen el comedor para el desayuno.

El hotel tenía una fachada que más parecía de cárcel u hospital que de alojamiento de hostelería.

505. Hakone. hotel

Pero la parte de atrás con los jardines dando al lago Ashi era otra historia.

510. Hakone. lago Ashi

512. Hakone. lago Ashi

Al fondo una visión emocionante: el Monte Fuji, en uno de los pocos días al año en que era visible, pues las nubes o la niebla suelen cubrirlo habitualmente. La nieve caída hacía poco, aunque escasa, permitía que resaltase un poco más.

520. Hakone. Monte Fuji

521. Hakone. Monte Fuji

Hicimos una pequeña travesía en barco por el lago para ir a buscar el teleférico que nos había de conducir al Valle de la Gran Ebullición.

530. Hakone. Por el lago Ashi

El Monte Fuji aún era visible, pero las nubes ya empezaban a cubrirlo.

539. Hakone. Por el lago Ashi

547. Hakone. Por el lago Ashi

541. Hakone. Por el lago Ashi

Pero además del Monte Fuji los paisajes de las orillas del lago son un valor en sí mismos.

545. Hakone. Por el lago Ashi
549. Hakone. Por el lago Ashi

555. Hakone. Por el lago Ashi

Finalmente al teleférico.

558. Hakone. Teleférico al valle de la Gran Ebullición

Mientras subíamos se iba desvaneciendo el Monte Fuji

563. Hakone. Teleférico al valle de la Gran Ebullición

567. Hakone. Teleférico al valle de la Gran Ebullición

En el valle de la Gran Ebullición la actividad volcánica de las fumarolas es continua, aunque muy “domesticada”. Este Valle se llamaba anteriormente “Del Infierno”, pero como lo visitó el emperador y tales personajes al Infierno no pueden ir hubo que cambiarle el nombre.

571. Hakone. Valle de la Gran Ebullición

572. Hakone. Valle de la Gran Ebullición

579. Hakone. Valle de la Gran Ebullición

580. Hakone. Valle de la Gran Ebullición

584. Hakone. Valle de la Gran Ebullición

Uno de los atractivos turísticos del paseo entre las fumarolas y las aguas sulfurosas con su olor a huevos podridos son precisamente los huevos puestos a cocer en una cesta dentro de dichas aguas.

594. Hakone. Valle de la Gran Ebullición

Una vez duros la cáscara se pone de color negro. Luego se venden a buen precio. Todo el mundo se come el suyo. Ningún sabor especial, pero te prometen que tras ingerir uno la vida se prolonga siete años. Sólo comí uno pues la verdad con tres docenas igual esta vida se me hace demasiado larga o la acortamos de golpe.

589. Hakone. Valle de la Gran Ebullición

Comimos en el mismo valle y allí nos vino a recoger el autobús.


597. Hakone. Valle de la Gran Ebullición

Camino a Tokio, pronto dejamos los bosques.

599. Hacia Tokio

Y entramos en una selva de construcciones.

600. Hacia Tokio

605. Hacia Tokio

Iba anocheciendo y antes de llegar al hotel el autobús nos dio una vuelta por algunas calles céntricas donde el neón es el rey y señor.

606. Tokio

607. Tokio

Tras recoger nuestros equipajes que nos estaban esperando en el hotel y dejarlos en las habitaciones a dar un paseo. Estábamos alojados en Shinguju oeste frente al Ayuntamiento y en la zona donde están los mayores rascacielos para oficinas.

Junto a las grandes avenidas estrechas calles con bares, restaurantes y tiendas

610. Tokio. Hotel

Y al lado gigantescas construcciones de la arquitectura de vanguardia.

612. Tokio

616. Tokio

Más tarde, la cena fue también en las cercanías.

617. Tokio

Situados casi en la planta treinta del hotel ésta era la vista desde la habitación por la mañana.

618. Tokio. Desde el hotel

Y éste el aspecto de la torre del hotel donde estábamos alojados. Al lado había otra torre menor. Una ciudad más que un hotel

620. Tokio. Hotel

Delante, el edificio del Ayuntamiento (Gobierno Metropolitano lo llaman) con sus dos torres.

619. Tokio. Gobierno metropolitano

La primera visita fue al santuario Meiji. Una gran “torii” abre el paso a la avenida que conduce al santuario propiamente dicho.

625. Tokio, Santuario Meiji

Las ofrendas de toneles de sake se amontonan en los espacios dispuestos para ellas.

634. Tokio. Santuario Meiji

Aquí como curiosidad también se exhiben las ofrendas de las mejores bodegas de Borgoña.

624. Tokio. Santuario Meiji

Pasamos otra “torii”.
628. Tokio. Santuario Meiji

Y a la plaza central del recinto.

633. Tokio. Santuario Meiji

Coincidimos con varias bodas según el rito sintoísta.

635. Tokio. Santuario Meiji. Boda sintoísta

640. Tokio. Santuario Meiji. Boda sintoísta

644. Tokio. Santuario Meiji. Boda sintoísta

Al salir del santuario pasamos junto al estadio diseñado por Tange Kenzo para las Olimpiadas de 1964.

646. Tokio. Estadio Olímpico de Tange Kenzo

Luego paseamos por la calle Omotesando, que congrega buena parte de las tiendas de famosas marcas internacionales y edificios de original diseño.

649. Tokio. Calle Omotesando

Se acercaba “Halloween” y en los escaparates quedaba claro como los tradicionales japoneses también han sucumbido a la influencia de Yanquilandia.

650. Tokio. Calle Omotesando

El todo mecanizado afecta también a otro tipo de tiendas. No podían faltar las de este tipo en un país tan reacio al contacto físico.

652. Tokio. Calle Omotesando

Las formas y alturas de los edificios son tan variados que rompen un poco el esquema de un Japón excesivamente monótono y ordenado.

653. Tokio. Calle Omotesando

654. Tokio. Calle Omotesando

Las grandes y concurridas avenidas como la calle Omotesando contrastan con las poco atractivas callejuelas laterales.

658. Tokio. Callejón junto a Omotesando

Cerca de Omotesando está la calle Takeshita, de ambiente informal y tiendas muy variadas y que atraen mucho a adolescentes y a otros que ya no lo son tanto

663. Tokio. Calle Takeshita

665. Tokio. Calle Takeshita

Es también esa calle un expositor de vestuarios alternativos: natural kei, góticos, lolitas, …, que desde los años ochenta del siglo pasado triunfan en sectores juveniles japoneses que desean romper con el tradicionalismo vigente.

667. Tokio. Calle Takeshita

Otra vez a Omotesando.

668. Tokio. Calle Omotesando

669. Tokio. Calle Omotesando

Y al restaurante ubicado en las cercanías.

670. Tokio. Restaurante

Por la tarde seguimos con el autobús por el Tokio de los grandes edificios.

672. Tokio

677. Tokio

680. Tokio

Para acabar en el parque Kitanomaru, donde nos recibía la estatua de Kusunoki Masashige, famoso samurai del siglo XIV.

683. Tokio. Parque Kitanomaru

684. Tokio. Parque Kitanomaru

Desde el parque el Tokio de los rascacielos tampoco se ve lejano.

686. Tokio. Parque Kitanomaru

Y la publicidad, omnipresente. Nunca dejó de sobrevolarnos un dirigible recordándonos la necesidad de asegurarnos.

692. Tokio. Dirigible

En el parque Kitanomaru está el Palacio Imperial, que sigue rodeado de su foso.

694. Tokio. Palacio Imperial

696. Tokio. Palacio Imperial

Regreso al centro y a sus rascacielos.

704. Tokio

710. Tokio

717. Tokio

Para ir al edificio del Gobierno Metropolitano.

706. Tokio

718. Tokio

En la planta 45 de cada torre hay una plataforma de observación panorámica y a ella subimos. Las vistas son espectaculares.

719. Tokio desde la torre del Gobierno Metropolitano

727. Tokio desde la torre del Gobierno Metropolitano

728. Tokio desde la torre del Gobierno Metropolitano

Iba anocheciendo y empezaban a encenderse las luces.

729. Tokio desde la torre del Gobierno Metropolitano

731. Tokio desde la torre del Gobierno Metropolitano

734. Tokio desde la torre del Gobierno Metropolitano

737. Tokio desde la torre del Gobierno Metropolitano

Allí permanecimos hasta que oscureció.

750.Tokio desde la torre del Gobierno Metropolitano

Los pisos más altos de muchos edificios de los aledaños están destinados a restaurantes. En una de las últimas plantas de éste cenamos.

756. Tokio. Restaurante

El siguiente día salimos de Tokio en direcció al norte, hacia Nikko. Por el camino indicadores de que íbamos en dirección a Fukushima.

Y en la parada un castañero. Las castañas algo distintas a las nuestras, pero el sabor muy similar.

761. Castañero

763. Castañero

Llegados a Nikko el Santuario Toshogu era el objetivo.

766. Nikko. Santuario Toshogu

Puertas “torii” nos abrían el paso.

768. Nikko. Santuario Toshogu

773. Nikko. Santuario Toshogu

Tras ellas una larga avenida bordeada por grandes cedros.

775. Nikko. Santuario Toshogu

Y por farolas de piedra.

776. Nikko. Santuario Toshogu

Hasta llegar a la pagoda, en que cada planta representa un elemento. De abajo a arriba: tierra, agua, fuego, viento y cielo.

779. Nikko. Santuario Toshogu. Pagoda

Desde la plazuela donde esta la pagoda unas escaleras conducen al primer patio interior, rodeado de los almacenes sagrados.

782. Nikko. Santuario Toshogu

785. Nikko. Santuario Toshogu. almacenes sagrados

802. Nikko. Santuario Toshogu.

Y donde también está el establo, decorado con relieves de simios.

787. Nikko. Santuario Toshogu. Establo

789. Nikko. Santuario Toshogu. Establo. La madre mira lejos el futuro de su hijo y éste mira a la madre

Entre ellos el de los tres monos de la sabiduría.

790. Nikko. Santuario Toshogu. Establo. Tres monos dicen a sus hijos que no escuchen, digan ni vean nada malo

Más arriba se halla la puerta Yomeimon.

831. Nikko. Santuario Toshogu. Puerta Yomeimon

Plena de detalles escultóricos.

813. Nikko. Santuario Toshogu. Puerta Yomeimon

Destacan también los muros laterales llenos de tallas de aves con predominio de los pavos reales.

805. Nikko. Santuario Toshogu.

807. Nikko. Santuario Toshogu.

Sobre una puerta está el famoso relieve del “Gato durmiendo” atribuida al gran tallista Hidari el Zurdo.

816. Nikko. Santuario Toshogu. Relieve atribuido a Hidari el Zurdo

Unas escaleras conducen a la tumba de Ieyasu, el primer shogun, para quien su nieto levantó el santuario.

818. Nikko. Santuario Toshogu. Tumba de Ieyasu

Los artesanos de la madera hicieron aquí una obra soberbia.


814. Nikko. Santuario Toshogu

835. Nikko. Santuario Toshogu

842. Nikko. Santuario Toshogu

Antes de abandonar el recinto aún pudimos presenciar una ceremonia de emancipación de un chico acompañado por sus padres.

826. Nikko. Santuario Toshogu. Ceremonía sintoísta

De Nikko al lago Chuzengi hay que ir por la llamada carretera de las mil curvas. No son tantas, entre ida y vuelta sólo 48, pero completamente cerradas y con gran desnivel, a prueba de buenos conductores y mejores frenos. Los paisajes que se divisan (si alguien no se marea) son una maravilla, más con la policromía otoñal.

849. Subiendo al lago Chuzenji

850. Subiendo al lago Chuzenji

856. Subiendo al lago Chuzenji

Frente al lago Chuzengi comimos.

865. Lago Chuzenji

Aquí los colores es imposible que quepan todos en una paleta de pintor.

870. Lago Chuzenji

873. Lago Chuzenji

Un atractivo cercano al lago son las cataratas de Kegon. Están ahí, pero la niebla no nos permitió verlas, aunque sí pudimos oir el estruendo.

885. Lago Chuzenji. Cascadas Kegon

Con el atractivo del colorido nos tuvimos que conformar.

888. Lago Chuzenji

Regreso a Tokio y otra cena a la japonesa.

891. Tokio. Cena

892. Tokio. Cena

893. Tokio. Cena

Ya se iba acercando el fin del viaje y nuestro penúltimo día en Tokio. La lluvia nos había respetado hasta entonces -lo que no es frecuente tantos días en Japón-, pero ese día ya hizo su aparición.

No por eso paramos y de buena mañana fuimos al templo Asakusa Kannon. Dedicado a Kannon, la diosa de la misericordia, fue destruido en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y reconstruido. Muy concurrido, yo no lo vi tan espectacular como lo calificaban en las guías.

897. Tokio. Templo Asakusa Kannon

898. Tokio. Templo Asakusa Kannon

903. Tokio. Templo Asakusa Kannon

En 1973 se le añadió una pagoda, réplica de la original.

907. Tokio. Templo Asakusa Kannon

A la entrada del santuario principal aparece esta gran lámpara.

908. Tokio. Templo Asakusa Kannon

En el interior siempre hay fieles rezando y pidiendo suerte.

900. Tokio. Templo Asakusa Kannon

En los alrededores se levantan pequeñas construcciones e imágnes fruto de donativos, como éstas.

913. Tokio. Templo Asakusa Kannon

Desde el templo parte una zona comercial.

914. Tokio. Mercadillo en templo Arakusa Kannon

Cuyo centro es la calle Nakamise.

917. Tokio. Mercadillo en templo Arakusa Kannon

Tras pasear un rato por la multitud de tiendas al distrito Akiharaba con sus grandes almacenes de electrónica.


924. Tokio. Distrito Akiharaba

925. Tokio. Distrito Akiharaba

En la misma zona un café para jovencitos que deseen un rato de compañía femenina para conversar. En la foto la puerta con una de las adolescentes reclamo.

922. Tokio. Quinceañera reclamo en Café de conversación

Después de comer un buen rato de metro y de monorrail para ir al distrito Daiba, la bahía de Tokio.

930. Tokio. Metro

Al bajar ya nos apareció el edificio de la sede Fuji TV, diseñado por Kenzo Tange.

933. Tokio. Daiba. Sede de Fuji TV

En las vistas sobre la bahía destaca inmediatamente una copia de la Estatua de la Libertad.

935. Tokio. Bahía

947. Tokio. Bahía

Entre una nube de rascacielos y el inmenso puente que atraviesa la bahía.

939. Tokio. Bahía

943. Tokio. Bahía

El monorrail nos devolvió al centro.
948. Tokio. Monorrail

Por la noche en el misdmo distrito del hotel nos esperaba una cena japonesa.

952. Tokio. Cena-espectáculo

Con espectáculo de animación.

958. Tokio. Cena-espectáculo

973. Tokio. Cena-espectáculo

977. Tokio. Cena-espectáculo

Al que se sumaron algunos comensales.

989. Tokio. Cena-espectáculo

996. Tokio. Cena-espectáculo

Y llegó el último día. Abandonadas las habitaciones y recogido el equipaje para partir por la noche, nos dirigimos a la estación de Shinjuku a coger el metro.

1002. Tokio

Moverse en metro con guía es fácil, pero la inmensidad de la aglomeración urbana de Tokio y la multitud de líneas no lo deben hacer tan fácil para un novato.

1041. Tokio. Plano del metro

1004. Tokio. Metro

1007. Tokio. Metro

El destino era el mercado de pescado de Tsukiji. Ya había finalizado la vorágine de la subasta diaria, pero seguía el movimiento.

1010. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

1012. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

1015. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

En las especies que aún se exhibían abundaba el marisco.

1013. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

1023. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

1028. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

Y algunos peces para nosotros no demasiado conocidos.

1016. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

Como tampoco nunca habíamos visto estos mejillones de tamaño colosal.

1019. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

O estas “nécoras” por llamarlas de algún modo.
1027. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

En los alrededores se acumulan los restaurantes y pequeños comercios donde se ofrecen los más variados productos, generalmente bien distintos a los nuestros.

1038. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

Como setas.

1032. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

O pasteles.

1037. Tokio. Mercado de pescado de Tsukiji

Regresamos en el monorrail y metro al centro.

1046. Tokio. Metro

Para ir al famoso cruce de Shibuya donde confluyen varias calles y el paso de vehículos y peratones es alternativo a la vez en todas ellas.

1048. Tokio. Cruce de Shibuya

1067. Tokio. Cruce de Shibuya

En la adyacente plaza de Hachiko se alza el monumento al perro del mismo nombre que se hizo famoso por ir cada día a esperar a la estación a su dueño cuando éste regresaba del trabajo. Un día el dueño sufrió un paro cardíaco y no regreso y el perro siguió allí durante casi diez años hasta su propia muerte en 1935.

1051. Tokio. Cruce de Shibuya. Plaza de Hachiko

Después de comer pronto nos despedíamos ya de Tokio, sus rascacielos, letreros, luces y publicidad.

1073. Tokio

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