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Son muy conocidas las celebraciones del solsticio de verano en la noche de San Juan o días próximos que tienen lugar en diversos lugares de Ribagorza y en las vecinas comarcas de Sobrarbe y Pallars. Me refiero al descenso de los mozos con las fallas[1] desde la hoguera situada en un monte próximo (el Faro[2]) hasta el pueblo.

El fuego va íntimamente relacionado con esta fiesta. Unos consideran que como homenaje a la noche más corta del año y otros como intento de reforzar el sol que a partir de ahora  irá acortando sus horas.

Con diversas variantes locales la celebración consiste en que en mayo, los “fallaires” (los que descenderán con las fallas) van a elegir al bosque los árboles, cortan las fallas (palos de pino o abedul), quitan la corteza, astillan los troncos y llenan las hendeduras con cuñas de madera para facilitar el secado. Luego plantan las fallas en torno a una mayor central, situada en un lugar denominado el Faro, que será perfectamente visible desde el pueblo cuando se encienda.

Ese mismo día se corta  un gran árbol que, una vez pelado y astillado, se planta en la Plaza Mayor.

Al atardecer de la víspera de San Juan, los “fallaires” suben al Faro. Cuando anochece encienden la hoguera central y allí prenden las fallas al tiempo que también ven como se ha encendido el tronco dejado en la plaza del pueblo. Luego, descienden a toda velocidad con sus antorchas encendidas hasta el pueblo, realizando en su recorrido siluetas y figuras. Cuando llegan son recibidos con música y campanas y obsequiados con torta y vino.

En cada pueblo la costumbre ha ido originando variantes, pero el eje central en Ribagorza, Sobrarbe y Pallars no cambia: descender desde el Faro con las fallas encendidas.

En otros lugares como Andorra, donde se han recuperado hace unos años, las fallas son urbanas y no descienden de ningún monte. En Les, en el Valle de Arán, el “Haro” (Faro) es el tronco que de un año a otro se planta en la plaza para ser encendido esa noche, mientras en él se prenden “es halhes” (fallas), hechas en este caso con corteza de cerezo.

En Ribagorza, en su zona aragonesa, se realiza esta fiesta en Bonansa, Montanuy, Castanesa, Aneto, Laspaúles, Suils, Villarrué, Neril, Sahún y en San Juan de Plan (este último ya en Sobrarbe).

Pero el motivo de este artículo no es describir esa fiesta sobre la cual hay muchas publicaciones, sino prestar atención al hecho de que esa fiesta no se restringía a la zona pirenaica, sino que también pudo existir en Graus y otros lugares de la denominada Baja Ribagorza.

En algunos pueblos como Torres del Obispo se ha mantenido esa noche  la tradición de las hogueras, sin embargo en Graus y muchos otros no se conserva ni el recuerdo. Eso ocurre con muchísimas tradiciones pero en este caso creo que tenemos un dato claro de que la costumbre existió.

Algo peculiar era lo que se hacía en Puy de Cinca donde en esa fecha se arrojaban aliagas encendidas por la ladera de un monte, tal como cuenta M. Benito (Protección de los campos en “Diario del Altoaragón”, 4 de agosto de 1996, p. 11) y me confirmó un señor nacido en Puy de Cinca.

En muchos lugares de la Alta Ribagorza, en los cuales se ha perdido la tradición, se conserva el topónimo el Faro, por ejemplo en San Martín de Veri, en Piedrafita, en Espés, en Alins, en Señiu, en Fontchanina, en Buira o en Gabarret.

Y eso mismo ocurre en Graus, en Centenera, en Ejep, en Bellestar, Yardo, el Soler y Caladrones. En Bolturina hay también una Peña Farín, que probablemente se refiere a lo mismo. En Graus, el Faro es el nombre que recibe el tozal situado sobre el área de recreo de Barasona (cerca hay otro pequeño cerro que los habitantes de Barasona denominaban el Faret). El tozal del Faro es también denominado tozal de las Bruixas, lo que incrementa la magia del lugar.

Puede que el Faro no se encendiese para la gente de Graus sino para la de Barasona o Cancer, pero para el caso da igual. Si había Faro, había hogueras para San Juan encendidas desde él.

De la importancia que tuvieron en el pasado esos puntos es prueba la ermita de la Virgen del Faro en Centenera, que probablemente es una muestra más del afán por cristianizar lugares relacionados con antiguos cultos. El deseo de eliminar ciertos rastros del pasado se observa también en el nombre de esta ermita que ya Madoz en el siglo XIX denomina Virgen de Alfaro y así lo repiten otros.

Si así sucedía, y encender hogueras en el Faro para bajar desde ellas se hacía en esta zona, habría que replantearse las tradiciones y considerar que los rituales relacionados con el agua en esa noche mágica convivieron antaño con los rituales relacionados con el fuego. Tal como ocurría en Escanilla, según Aurelio Biarge (Escanilla y Ligüerre de Cinca en “Nueva España”, 11 de febrero de 1973, p. 3).

Otra conclusión -dado que esta tradición, fuera de Ribagorza, Sobrarbe y Pallars, es bastante distinta- sería que de ahí surge un argumento más en defensa de las peculiaridades histórico-culturales de unos territorios con costumbres ancestrales propias de tiempos en los que Aragón o Cataluña estaban aún muy lejos de su nacimiento.

Ermita de la Virgen del Faro de Centenera

Ermita de la Virgen del Faro en Centenera

[1]Falla deriva del latín facula, diminutivo de fax que significa antorcha.

[2] Faro deriva del latín pharos, que a su vez viene del griego Φάρος, nombre de una pequeña isla cercana a Alejandría donde se construyó el famoso Faro. Y en Ribagorza y Pallars designa un punto elevado donde se encendían las grandes hogueras para señales o para celebraciones.

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