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El calor de este agosto no animaba demasiado a viajar, más tras volver de París con temperaturas africanas, pero había que ver las Edades del Hombre. En vez de alojarnos  en Aguilar de Campoo decidimos hacerlo en Carrión de los Condes, más en el centro del Camino de Santiago. Ambas poblaciones y alrededores los conocemos bien, pero nunca cansan.

Llegamos al hotel ubicado en el monasterio de San Zoilo. ¡Tranquilidad total!

Ya era hora de comer y a eso fuimos enseguida. Cruzando el puente en unos minutos se llega de San Zoilo al centro de Carrión.

Antes de acabar de cruzar se divisa arriba Nuestra Señora de Belén, una de las muchas iglesias carrrionesas.

La plaza Mayor, junto a la calle por la que transitan los pergrinos, centra la población.

Buena comida casera es fácil de conseguir en cualquier lugar de la ciudad. Cumplida ya la obligación, nos dirigimos a la iglesia de Santiago.

Esta iglesia sufrió graves daños tras ser incendiada durante la guerra de la Independencia. Lo único que se conserva perfectamente es la fachada. En ella se abre una portada en la que la arquivolta central es soportada por dos columnas con sus capiteles esculpidos.

Esta arquivolta contiene numerosos personajes ejerciendo diversos oficios. Zapateros, acuñadores de moneda, jueces y hasta una bailarina reflejan la sociedad de la época.

Sobre la portada hay un friso en el que el Pantocrátor rodeado por el Tetramorfos ocupa el centro mientras el Apostolado se extiende a ambos lados. Esta obra, del último tercio del siglo XII, marca para muchos un antes y un después en la escultura románica.


En el interior se ha instalado un museo de Arte Sacro que contiene piezas procedentes de las diversas iglesias de Carrión. Entrar permite contemplar los tres ábsides de la iglesia, aunque las naves ya fueron muy modificadas en el siglo XV.

Pequeños retablos, imágenes, libros y vestuario litúrgico y diversos objetos se exhiben en este museo.

Hay una notable colección de matracas y carracas, que para mucha gente joven son artilugios absolutamente desconocidos, pero que tenían un papel destacado como productores de sonidos en Semanas Santas no tan lejanas en el tiempo.

Hay piezas interesantes como esta Piedad de principios del XV, de origen centroeuropeo.

Entre las imágenes me llamaron la atención los santos Crispiniano y Crispín, martirizados en el siglo III durante la persecución de Diocleciano, que son patronos de zapateros y peleteros.

Se exponen también un par de capiteles románicos que se hallaron en las excavaciones previas a la restauración.

Siguiendo la Rúa -calle que sigue el Camino- a la entrada de la población se encuentra Santa María del Camino o de las Victorias. El origen de este templo debió ser la conmemoración de alguna victoria de los reyes asturianos sobre los musulmanes en el siglo IX, pero la leyenda considera que los hechos sucedieron del siguiente modo: Carrión debía aportar cuatro doncellas al tributo de las cien vírgenes que cada año reclamaba el emir de Córdoba, pero las cuatro rezaron a la Virgen y en el lugar que debían ocupar ellas aparecieron cuatro bravíos toros que pusieron en fuga el ejército musulmán.

La fachada oeste da a la plaza de Santa María, que está presidida por una imagen de la Inmaculada.

La sencilla portada muestra arquivoltas lisas de las cuales la central se sostiene sobre columnas con capiteles esculpidos muy desgastados.

El interior es de tres amplias naves de cuatro tramos cada una, articuladas en torno a pilares cruciformes con arcos formeros y fajones apuntados.

El retablo barroco que preside la nave central es de finales del siglo XVII, época en que fue profundamente reformada toda la iglesia.

En la nave sur se guarda la imagen de la Virgen de las Victorias, titular del templo, del siglo XIII.

En la nave norte se halla una capilla presidida por el Cristo del Amparo, obra renana del siglo XIV, que cuenta con gran devoción en la ciudad.

La portada oeste es considerada la primera gran obra escultórica románica de Carrión. Muestra personajes diversos en las arcuaciones y un friso con la Epifanía. Esta resguardada por un pórtico fruto de las obras necesarias para impedir el hundimiento de la iglesia.

De los tres ábsides primitivos hoy sólo es posible contemplar el ábside sur.

Al este y norte de Santa María del Camino se conservan torreones y lienzos de la muralla.

El convento e iglesia de Santa Clara se hallan algo alejados del centro.

El convento contiene un museo con una gran cantidad de Belenes de todas las épocas, países y materiales, que no dejan fotografiar.

También forman parte de la exposición obras de arte sacro y todo tipo de artilugios de mayor o menor valor artístico. Algunas piezas son francamente interesantes como esta Virgen de vestir del siglo XIII.

O este encantador Niño Jesús con dolor de muelas.

La iglesia adjunta contiene obras importantes.

Las mejores esta Piedad de Gregorio Hernández.

Y este Cristo del mismo autor.

No se puede abandonar Santa Clara sin los amarguillos y almendrados, propios de la zona, que elaboran las monjas de manera absolutamente artesanal.

Paseando por Carrión no faltan las referencias a quien fue uno de sus ciudadanos más insignes, el Marqués de Santllana. Junto a la Rúa está su casa natal.

Y poco más allá, frente al teatro Sarabia, un busto que lo recuerda.

El día siguiente a cumplir con el objetivo. A las Edades del Hombre.

Llegamos muy temprano a Aguilar, lugar que nunca cansa (por no hablar de los alrededores). Las cristaleras de su plaza Mayor ya absorbían todo el sol de la mañana.

En la plaza se levanta la espectacular colegiata gótica de San Miguel, uno de los dos espacios donde se ubica este año la exposición de las Edades del Hombre bajo el título de “Mons Dei”.

Antes del aluvión turístico aún se podía uno deleitar con su portada, que conserva aún un regusto románico.

Pasear por Aguilar siempre ofrece sensaciones agradables y más sin gente. El río.

Los portales del recinto amurallado.


Las muestras de arquitectura tradicional.


Los edificios blasonados.

Santa Cecilia y el castillo arriba.

Y a Santa Cecilia, el otro espacio de la exposición, nos dirigimos pues se acercaba la hora de apertura y está preparada para empezar en Santa Cecilia y acabar en San Miguel. Primero pues al “Mons Dei” por la nueva rampa construida para la ocasión.


De la exposición no se pueden sacar fotografías, pero no me puedo resistir a colocar aquí una de mi archivo correspondiente a Santa Cecilia. Se trata del conocido capitel de la matanza de los Inocentes, una de las joyas de la iglesia. Me fijé en los visitantes pues la inmensa mayoría no echaba ni un vistazo al capitel y vi guías que también pasaban de largo. Esto me condujo a replantearme si estos eventos consiguen acercar el público al arte (o, en este caso, tal vez a Dios) o son peregrinaciones laicas integradas en el consumismo actual.

Tras ver al parte de la exposición situada en Santa Cecilia, de nuevo hacia San Miguel para ver el resto. Más interesante, por cierto, por lo menos para nosotros esta segunda parte. De Aguilar tomamos la dirección sur hasta enlazar en Frómista con el Camino de Santiago.

Allí comimos y a la visita imprescindible, San Martín.

La restauración de esta iglesia ya hace más de un siglo sigue siendo polémica. Sin entrar en ello, hay que señalar que, con todas las modificaciones, añadidos e invenciones que pudo haber en una reforma absolutamente imprescindible para evitar la ruina total del edificio, podemos seguir disfrutando de una obra maestra del románico de la segunda mitad del siglo XI.

Los capiteles, la mayoría de ellos originales, son magníficos.

Lo mismo cabe decir de los canecillos.

Frómista no agota su patrimonio con San Martín. A escasa distancia vemos Santa María del Castillo y San Pedro.

La iglesia gótico-renacentista de Santa María del Castillo alberga actualmente el montaje multimedia “Vestigia, Leyenda del Camino”, en el que se entremezclan la historia y leyendas del lugar y del Camino.

San Pedro,  con una interesante portada renacentista, acoge en su interior un pequeño museo con obras de la propia iglesia y traídas de otras de la localidad.

A pocos kilómetros está Villalcázar de Sirga. La monumentalidad de Santa María la Blanca se impone ya desde la carretera.

Fue la iglesia aneja a una desaparecida fortaleza templaria.

Obra de principios del gótico, en la fachada sur presenta un alto pórtico, que alberga dos magníficas portadas.

La principal da al sur y tiene encima un doble friso esculpido.

Está formada por cinco arquivoltas decoradas con santos, ángeles y músicos.

El friso muestra en la parte superior, en el centro, el Pantocrátor rodeado por el Tetramorfos y a  ambos lados el Apostolado. En la parte inferior la Virgen Blanca, titular de la iglesia, con el Niño en sus brazos recibe la Adoración de los Reyes (algunos ven en la figura arrodillada a Alfonso X) mientras al otro lado aparecen San José y la Anunciación.

Al este del pórtico hay otra portada de menor tamaño con las arquivoltas también esculpidas.

El Interior es de tres naves cubiertas con bóvedass de crucería, que recuerdan el arte cisterciense.

El retablo Mayor lo preside una virgen gótica, como gótica también es la Crucifixión que lo corona. El resto son tablas de principios del XVI de influencia flamenca con esculturas y la predela inferior algo más tardías.

Al sur sde abre la capilla de Santiago que alberga varios sepulcros góticos policromados de gran calidad, destacando el de Felipe de Suabia, hermano de Alfonso X, y el de su segunda esposa.

En la misma capilla se guarda la llamada Virgen de las cantigas, a quien se atribuyen  varios de los milagros inmortalizados por Alfonso X el Sabio en las Cantigas.

La iglesia de Villalcázar -como suele ocurrir en todas las iglesias relacionadas con fundamento a o no con los templarios- atrae a los numerosísimos aficionados a las paraciencias, espiritismo, fuerzas telúricas, poderes ocultos y similares. Una trampilla en la nave norte, que probablemente conduce a un antiguo osario y también a alguna vía de agua subterránea ha desatado la imaginación de muchos sobre pasadizos misteriosos y contactos con el Más Allá.

Lo que quedaba de tarde decidimos emplearlo en el monasterio de San Zoilo, anejo al hotel.

Tras la transformación en hotel y la aparición de diversos restos de la antigua iglesia románica el conjunto ha sido perfectamente acondicionado permitiendo una agradable visita.

La fachada barroca se abre hacia el río, aunque la entrada no se realiza por ella.

Durante la restauración se encontró tabicada la portada de la iglesia románica. Se ha colocado al este de la iglesia con magnífico resultado. Está en un excelente estado de conservación. Las columnas son de mármol, procedentes de algún establecimiento romano.

También son románicos los sepulcros de los condes de Carrión y familiares conservados en el interior de la iglesia.

La iglesia la preside un retablo procedente de Baquerín de Campos.

Resulta sorprendente el románico escondido que atesoran los muros laterales. Capiteles románicos vieron la luz, como ocurrió con la portada, tras siglos de ocultamiento.

El claustro plateresco es el otro gran atractivo del conjunto.

Entre el monasterio y el río se conserva un muro medieval de contención que, hasta épocas recientes, era considerado restos de una calzada romana.

El día siguiente a la villa romana de La Olmeda. Como solemos madrugar nos dio tiempo en Saldaña de almorzar y pasear por la población.

La Plaza Mayor, donde está el Ayuntamiento, es el centro de la vida urbana.

Pero el tesoro de la villa está escondido detrás. Se trata de la plaza Vieja, una de las más bonitas plazas castellanas, con sus soportales de madera.

Cerca se encuentra el palacio del marqués de la Valdavia.

En él destacan los escudos de la fachada.

La Casa Torcida es otro de los edificios relevantes.

Las ruinas del castillo de los Duques del infantado sobresalen en un cerro sobre la población.

La iglesia de san Pedro ha sido habilitada como museo para exhibir hallazgos realizados en la villa romana de La Olmeda así como otros objetos del patrimonio local.

Las vitrinas muestran el contenido bien ordenado y explicado didácticamente.

Y hacia La Olmeda. No hacía mucho que habíamos estado, pero es de los lugares que merecen ser visitados las veces que haga falta.

La olmeda es una espectacular villa romana de los siglos III-IV protegida por torres en sus cuatro esquinas y cuyas distintas dependencias se abren todas a un patio central.


Lo más espectacular son sus mosaicos de un colorido y perfección increíbles.

Especialmente el del salón principal, en el que hay dos escenas, la de Ulises que acude a la isla de Skyros en busca de Aquiles , que vivía allí disfrazado de mujer.

Y la que representa diversas escenas de caza de un naturalismo extraordinario.

Pueden verse habitaciones con los sistemas subterráneos de calefacción.

En el ángulo noroeste, fuera del recinto protegido por las cuatro torres, se situaban las letrinas y las termas.

No muy lejos, en la localidad de Quintanilla de la Cueza, hay otra villa romana, La Tejada,  con interesantísimos mosaicos, pero que no ha recibido aún el trato preferente que sí ha tenido La Olmeda.

¡Y lo que queda por excavar y estudiar!

Comimos en Carrión y dedicamos la tarde a visitar las iglesias en que aún no habíamos estado.

Empezamos con San Andrés, iglesia del XVI, pero cuyo campanario, destruido en 1911, fue reedificado a finales del XIX.

El interior, de tres naves, es impresionante, de ahí el nombre que recibe la iglesia de “catedral de Carrión”. El retablo mayor es barroco y procede de Santa María del Camino.

El órgano data de 1766 y ha sido cuidadosamente restaurado.

Casi al lado la pequeña ermita de la Santa Cruz, que se supone fue antes sinagoga, alberga las tallas y pasos que procesionan en Semana Santa.

Entre ellos un Cristo articulado del siglo XVII.

Más hacia lo alto se encuentra Nuestra Señora de Belén, construida sobre una antigua fortificación musulmana.

Un retablo plateresco preside la iglesia. Es difícil seguir el desarrollo narrativo de sus imágenes pues fue desmontado para restaurarlo y muchas imágenes no se colocaron de nuevo en su emplazamiento original.

Desde el mirador situado junto a la iglesia, hay fantásticas vistas sobre el río, la ciudad y la campiña próxima.

Acabamos el recorrido en la iglesia de San Julián.

Se nos había hecho corta la estancia en Carrión y decidimos prolongarla un día más, que empleamos en la visita a Sahagún.

A la llegada nos recibía el monumental arco renacentista de acceso a la antigua abadía de San Benito.

Muy escasos restos, de diversas épocas, subsisten de lo que fue un gran monasterio.

Aún estaba todo cerrado, decidimos pues ir a almorzar tranquilamente en la plaza Mayor.

Luego a San Lorenzo. Esta iglesia, de principios del XIII, es un perfecto ejemplar del llamado románico-mudéjar y construida absolutamente en ladrillo.

Los tres ábsides están decorados con arcos ciegos de herradura y frisos de esquinillas, que no siguen ninguna distribución simétrica. La torre es de cuarto cuerpos que van decreciendo en altura, mostrando ventanas ciegas con arcos de herradura en el cuerpo inferior y ventanas con arcos de medio punto en los cuerpos superiores, mucho más pequeñas las del último.

Se accede al interior a través de la capilla de Jesús, pequeño museo de Semana Santa, situada al oeste de la iglesia. Frente al acceso a la capilla está el monumento dedicado a la Semana Santa, inaugurado en 2015 y que recuerda mucho el de Zamora.


El interior es de tres naves, cubiertas en madera las laterales y con bóvedas de arista en yeso la central, obra del siglo XVIII.

Adosadas a un pilar se conservan unos fragmentos de yeserías mudéjares policromadas.

La otra gran muestra del románico mudéjar en Sahagún es San Tirso. Ésta se inició en el siglo XII cuando aún no era el ladrillo el elemento fundamental en la construcción. De ahí que el ábside central muestre las primeras hiladas y el arranque de las columnas en piedra.

El ábside es, como en San Lorenzo, de cuatro cuerpos, siendo su característica más destacada las ventanas geminadas del segundo cuerpo y la galería de ventanales del tercero, en ambos casos con el soporte de columnas pétreas.

El interior es de tres naves y el acceso a los ábsides se realiza a través de arcos de herradura.

Antes de dejar Sahagún nos acercamos al Santuario de la Peregrina, restaurado acertadamente y convertido en centro de interpretación del Camino de Santiago. Tiene su origen en un convento franciscano fundado en el siglo XIII.

La iglesia y demás dependencias son sede de múltiples exposiciones temporales y actos culturales.

En la capilla de Sandoval, al sur de la cabecera se conservan unas magníficas yeserías mudéjares

Muy cerca está San Pedro de las Dueñas. un lugar más que sufre el mal de la despoblación. Muy pocos vecinos hacen compañía a las escasas monjas que aún quedan.

El monasterio, citado en el siglo X, tuvo una época de esplendor a partir de finales del siglo XI con la reforma cluniacense. De esos tiempos data la iglesia. iniciada en piedra  y finalizada en ladrillo.

Curiosamente la nave norte se encuentra separada de las otras dos..

Pero en las tres es de destacar la labra de los capiteles de la misma escuela que los de San Isidoro de León.

Comimos en Sahagún y dedicamos la tarde a pasear por Carrión, repitiendo sus principales monumentos, Santiago, Santa María del Camino y monasterio de las Claras, y callejeando por las calles del pueblo y las orillas del río, convertidas en espléndido parque.

Cena de despedida en el que fue nuestro local preferido estos días en Carrión, el Chanffix.

Y a dormir para emprender de buena mañana el viaje de regreso.

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