Relatos de viajes, excursiones y más.

MADEIRA

Nos quedaban unos días libres a principios de setiembre y decidimos apuntarnos a la salida organizada por Modoviaje.

Nuestro conocimiento previo de Madeira era más bien escaso. Un archipiélago portugués en el Atlántico como las Azores.

El viaje sin incidentes -aunque el hecho de hacer transbordo en Lisboa lo convirtió en algo más largo de lo esperado- y llegada al aeropuerto de Madeira, a pocos kilómetros de la capital, Funchal, y situado literalmente sobre el mar.

01. Aeropuerto de Madeira

El nombre del aeropuerto (personaje madeirense famoso) lo dejo a la imaginación del lector.

02. Aeropuerto de Madeira

En el recorrido hacia Funchal ya pudimos apreciar algunas de las características de la isla. Una vegetación exuberante y el terreno escabroso a más no poder.

07. Del aeropuerto a Funchal

08. Del aeropuerto a Funchal

Pequeñas casitas, a las que hay que llegar siempre en cuesta, salpican las laderas

13. Del aeropuerto a Funchal

Pronto estuvimos en el hotel.

19. Hotel

Hacía honor a su nombre: “Four views”.

23. Hotel. Desde la habitación

Había tiempo para bajar hasta el centro a dar un paseo. Sobre la ciudad se eleva la fortaleza, construida en el siglo XVII para ser usada como polvorín.

26. Funchal. La fortaleza

Flores y plantas de todo tipo crecen en los más insospechados lugares.

27. Funchal

Barrancos también por doquier.

28. Funchal

En menos de diez minutos al centro. A la Rotunda da Infante y a la avenida Arriaga.

30. Funchal

Se estaba celebrando la Fiesta del Vino de Madeira, coincidiendo con la vendimia.

33. Funchal

Es sorprendente la variedad de frutas que se ofrecen en mercados o puestos callejeros. Frescas, secas, deshidratadas, … Una muestra de como han llegado a aclimatarse en la isla árboles frutales procedentes de los cinco continentes.

34. Funchal

Un paseo hasta el puerto.

46. Funchal

Pasamos por el museo del titular del aeropuerto, que tiene también su plaza

48. Funchal

La subida de regreso al hotel fue más durilla que la bajada, pero sirvió para hacer hambre para la cena. Luego había espectáculo folklórico, pero a algunos nos apetecía ya más descansar y dormir.

51. Funchal. Hotel

El siguiente día lo empezamos con visita guiada a Funchal.

Alguna chimenea recuerda lo que fue en tiempos una importante actividad, la elaboración de azúcar de caña.

57. Funchal. Antigua azucarera

Alguna calle también recuerda el pasado.

58. Funchal

Visitamos el Mercado Central. Las frutas, producto preferente.

63. Funchal. Mercado central

Pero también el pescado, al que está dedicado el piso inferior, tiene su importancia.

64. Funchal. Mercado central

65. Funchal. Mercado central

La estrella es el peixe espada preto (pez espada negro), plato estrella de la cocina de la isla.

70. Funchal. Mercado central

Las plantas aromáticas y medicinales están también presentes.

72. Funchal. Mercado central

Visitar el mercado exige también tomarse una poncha, la bebida tradicional de Madeira. Se compone de aguardiente de caña de azúcar y zumo de limón, aunque hoy en día hay quienes lo hacen con zumo de naranja u otras frutas.

74. Funchal. Mercado central. Poncha

Del mercado a una fábrica de bordados. Las empleadas siguen trabajando artesanalmente.

76. Funchal. Fábrica de bordados Bordal

Aún son artesanos los instrumentos para contar las puntadas.

77. Funchal. Fábrica de bordados Bordal

Y el azulete y modos de aplicarlo.

80. Funchal. Fábrica de bordados Bordal

Aunque naturalmente los métodos de elaboración, lavado y planchado se van modernizando

81. Funchal. Fábrica de bordados Bordal

En las panaderías es muy propio el “Bolo do Caco”, algunas hasta lo usan de nombre.

84. Funchal

Se trata de un pan redondo que se cocía sobre una losa de basalto (hoy sustituida por hornos). Se toma untado con mantequilla y ajo, pero también se usa para hacer bocadillos de cualquier cosa.

85. Bolo do caco

85b. Funchal. Pao de Caco

Fuimos a la catedral del siglo XVI.

87. Funchal. catedral

90. Funchal. Catedral

Y otra vez por la avenida Arriaga donde seguía la Fiesta del Vino.

95. Funchal. Avenida Arriaga

Cerca está el parque de Santa Catalina con gran variedad de plantas.

100. Funchal. Parque de Santa Catalina

Aunque también merece la pena por las vistas.

102. Funchal. Parque de Santa Catalina

105. Funchal. Parque de Santa Catalina

Hay flores bellísimas.

108. Funchal. Parque de Santa Catalina

Y un pequeño estanque con cisnes.

115. Funchal. Parque de Santa Catalina

Antes de comer a una bodega.

117. Funchal. Bodegas

Había que probar los vinos licorosos de Madeira y eso hicimos, pero creo que los buenos madeiras deben ser otra cosa. Vinos muy viejos, de muchos años, incluso siglos, son los que le han dado el renombre. Los que probamos, desde luego que no.

123. Funchal. Bodegas

Por todas partes crecen hortensias. Éstas estaban frente al restaurante donde comimos.

124. Funchal. Hortensias

Paseamos luego por la calle Santa María, repleta de restaurantes para turistas.

126. Funchal. Rua de Santa Maria

Pero cuyo atractivo principal radica en que a partir de las inundaciones de 2010 se planteó una iniciativa ciudadana para dar vida a las zonas degradadas del casco antiguo de Funchal mediante la expresión artística.

Se pintaron y decoraron puertas.

127. Funchal. Rua de Santa Maria

Se colgaron poemas en las paredes.

131. Funchal. Rua de Santa Maria

Y se intentó no poner límites en la expresividad a este “arte callejero” en su intento de revitalizar los espacios desde una perspectiva popular.

133. Funchal. Rua de Santa Maria

La mezcla entre deterioro y productividad artística es en algunos lugares muy relevante.

135. Funchal. Rua de Santa Maria

En otros es difícil responder a si es un resultado buscado o el tiempo, el abandono y la naturaleza lo han producido por sí solos.

136. Funchal. Rua de Santa Maria

De la calle Santa María al teleférico, el modo más rápido de alcanzar la parte alta de la ciudad.

138. Funchal. Teleférico

Subiendo se disfruta de excelentes vistas.

142. Funchal. Teleférico

144. Funchal. Teleférico

Ya arriba, pasamos por el jardín botánico.

148. Funchal. Jardín botánico.

Y visitamos la iglesia de Nuestra Señora del Monte.

154. Funchal. Nuestra Señora del Monte

Para bajar nos plantearon la “aventura” de hacerlo en los “carros de cesto”. Éstos son una especie de trineos construidos en mimbre y madera que dos fornidos mozos (los “carreiros”) empujan a vertiginosa velocidad cuesta abajo por las empinadas calles madeirenses durante más de dos kilómetros. Al ver los artilugios y pensar en el desnivel meditas tu decisión.

156. Funchal. Carros de cesto

Pero al final acabas participando en la experiencia para turistas.

157. Funchal. Carros de cesto

Una atracción de feria en plan popular que no deja de ser divertida.

160. Funchal. Carros de cesto

168. Funchal. Carros de cesto

Y a completar la tarde salvando en muy pocos kilómetros el desnivel hasta Eira do Serrado, cuyo mirador se encuentra a 1095 metros de altitud.

172. Hacia Eira do Serrado

El paisaje desde el mirador es increíble. Abajo se divisa Curral das Freiras (valle de las Monjas), cuyo nombre se debe a las monjas de Santa Clara que en 1566 se refugiaron con sus tesoros aquí huyendo de los piratas.

177. Corral das Freiras desde Eira do Serrado

Cualquier lugar al que se dirija la vista resulta espectacular.

183. Desde Eira do Serrado

185. Desde Eira do Serrado

193. Desde Eira do Serrado

Al mirar las carreteras más vale no pensar en que tienes que volver a bajar por ellas.

200. Eira do Serrado

Bajamos a Curral das Freiras y de allí contemplamos el mirador.

201. Eira do Serrado desde Corral das Freiras

Habíamos tenido suerte con el tiempo pues durante el descenso la niebla empezaba a extenderse. Un añadido más al peligro de las carreteras de la isla. Un nativo me comentaba que las pruebas para obtener el carnet de conducir tendrían que hacerse todas en Madeira y, desde luego, el que sabe conducir aquí sabe en cualquier sitio.

205. Bajando de Corral das Freiras

Después de cenar música en vivo en el hotel y foto con la simpática venezolana que nos había atendido.

216. Hotel

A empezar otro día enfrentándonos con las carreteras. Primero hacia Camacha, ganando altura en corta distancia.

218. Hacia Camacha

220. Hacia Camacha

La parada en Camacha fue para ver una fábrica que trabaja con mimbre.

221. Fábrica de objetos de mimbre

Simplemente con el mimbre se hacen todo tipo de utensilios y figuras.

222. Fábrica de objetos de mimbre

Puede verse a los artesanos en su tarea.

224. Fábrica de objetos de mimbre

Desde Camacha empezamos el ascenso hacia  el pico de Areeiro, uno de los más altos de la isla. Sol y nubes prometían un tiempo incierto.

228. Hacia el pico de Arieiro

Poco a poco la niebla ganaba terreno.

230. Hacia el pico de Arieiro

Y arriba la visibilidad era escasa.

232. Pico de Arieiro

235. Pico de Arieiro

Los impresionantes paisajes que dicen se divisan desde allí los tendremos que dejar para mejor ocasión.

244. Desde Arieiro. Niebla y poco más

Durante el descenso empezó a asomar el sol.

245. Bajando del pico de Arieiro

247. Bajando del pico de Arieiro

Muy tímidamente pues al llegar a Ribeiro Frío aún estaba nublado.

255. Ribeiro Frío

En Ribeiro Frío la visita fue a un vivero de truchas sin mayor interés.

250. Ribeiro Frío. Vivero de truchas

Cuesta abajo el día iba mejorando.

257. Descendiendo hacia Santana

Conforme llegábamos a Santana, cada vez más soleado.

260. Descendiendo hacia Santana

261. Descendiendo hacia Santana

265. Descendiendo hacia Santana

Santana es un pueblecito cuyo mayor atractivo son las casitas con techos de paja a dos aguas, que casi llegan al suelo. Pocas quedan de las tradicionales.

269. Santana

La mayoría de las que vemos ahora son construidas ex profeso para turistas.

271. Santana

Y están dedicadas a la venta de galletas, licores y recuerdos.

278. Santana

Otra vez cuesta arriba para ir a buscar el restaurante en Faial.

Buenos paisajes también desde allí.

280. Desde el restaurante

281. Desde el restaurante

Luego a Porto da Cruz.

285. Hacia Porto da Cruz

A ver una destilería de azúcar de caña.

286. Porto da Cruz. Destilería azúcar de caña

Donde aún se conservan los utensilios tradicionales de elaboración.

290. Porto da Cruz. Destilería azúcar de caña

Porto da cruz es uno de los lugares madeirenses donde la falta de playas naturales agudiza el ingenio para construir piscinas con agua del mar.

293. Porto da Cruz. Piscinas-playa

La playa, al lado, no es muy apetecible y además peligrosa.

299. Porto da Cruz. Piscinas-playa

El punto más oriental de la isla es la Punta de San Lorenzo.

308. Punta de San Lorenzo

Uno de los lugares que merecen ser conservados en la retina.

310. Punta de San Lorenzo

La última visita del día a Machico.

Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción.

316. Machico. Ntra. Sra. de la Concepción

318. Machico. Ntra. Sra. de la Concepción

Y playas, si se las puede llamar así.

319. Machico. Playa

El viernes tocaba la parte occidental de la isla.

Empezamos en Camara de Lobos, pequeño y pintoresco pueblecito pesquero.

324. Camara de Lobos

325. Camara de Lobos

330. Camara de Lobos

Sus calles lucían decorados festivos.

331. Camara de Lobos

Mientras los lugareños, ajenos al turismo, seguían con sus charlas y partidas de cartas.

333. Cámara de Lobos

De Camara de Lobos otra rápida subida. Esta vez hacia el mirador de cabo Girao.

336. Hacia el mirador de cabo Girao

Casi seiscientos metros en vertical separan este mirador del mar.

338. Mirador de cabo Girao

Su plataforma de cristal permite hacerse una idea -para quien no tenga vértigo- de lo que hay.

340. Mirador de cabo Girao

342. Mirador de cabo Girao

Y otra vez hacia el mar.

348. Hacia Ribeira Brava

Ahora a Ribeira Brava, cuyo barranco poco honor hace al nombre en época de sequía.

351. Ribeira Brava

La iglesia de San Benito es tal vez la que encontré más interesante de la isla.

352. Ribeira Brava. San Benito

Arriba de nuevo. Hacia la meseta de Paul da Serra. Mucho verdor surcado de senderos transitables, los antiguos canales habilitados para el excursionismo.

364. Meseta de Pau da Serra

367. Meseta de Pau da Serra

Algunas vacas, pocas, sesteaban por los prados.

371. Meseta de Pau da Serra

Y al norte de la isla descenso a Porto Moniz.

373. Porto Moniz

Allí se encuentran unas atractivas piscinas naturales.

382. Porto Moniz

Enmarcadas por un espectacular paisaje.

384. Porto Moniz

392. Porto Moniz

394. Porto Moniz

Y a comer, esta vez sin abandonar la costa, a San Vicente.

398. San Vicente

Por la tarde a ver la parroquial dedicada al santo oscense, cuyo nombre lleva al igual que el pueblo.

399. San Vicente. Iglesia de San Vicente

400. San Vicente. Iglesia de San Vicente

Y retorno a Funchal.

402. Regresando a Funchal

409. Regresando a Funchal

En Funchal el grupo fue a ver un espectáculo de fado, nosotros preferimos bajar a la ciudad a acabar de conocerla.

411. Funchal

Nos llamó la atención una barbería cuyo nombre no incita demasiado a colocarte en un sillón mientras el barbero acerca la afilada navaja a tu cuello.

412. Funchal

Las agradables temperaturas que disfruta siempre la isla animan mucho a hacer vida en la calle.

413. Funchal

La Fiesta del Vino continuaba.

419. Funchal

420. Funchal

Nos acercamos al puerto para tomar algo por allí y acabar de pasar la tarde.

425. Funchal

Y llegó el último día, que amanecía bueno.

430. Funchal. Hotel. Amanecer

Había tiempo pues el avión no partía hasta la tarde y fuimos al puerto a tomar un catamarán para intentar ver delfines y cachalotes, abundantes en estas aguas.

434. En el catamarán

Sin alejarnos demasiado de la costa.

436. En el catamarán

Ya íbamos ojo avizor para avistar a los mamíferos marinos.

440. En el catamarán

Pronto aparecieron los primeros delfines.

456. En el catamarán. Empiezan a asomar delfines

Sus saltos cuestan de atrapar con la cámara. ¡A conformarnos con lo que había!

457. En el catamarán. Empiezan a asomar delfines

La mayoría iban en grupitos de dos o tres.

463. En el catamarán. Delfines

465. En el catamarán. Delfines

Se aproximan a los barcos sin temor.

471. En el catamarán. Delfines

472. En el catamarán. Delfines

476. En el catamarán. Delfines

Bien hubiésemos estado más rato contemplando sus evoluciones, pero hay un tiempo límite que no debe sobrepasarse.

479. En el catamarán. Delfines

481. En el catamarán. Delfines

Los cachalotes no abundan tanto, pero vimos bastantes.

A éste lo cogí de lejos, pero si no la foto valdría para el National Geographic

488. En el catamarán. Cachalotes

Su tamaño es notable.

496. En el catamarán. Cachalotes

Aunque poca parte de su volumen suelen exhibir al exterior

498. En el catamarán. Cachalotes

A veces algo más.

Whale comming up for breath in Husavik, Iceland

Sorprende lo que se acercan a la costa, aunque aquí las aguas son profundas.

500. En el catamarán. Cachalotes

Y tocaba regresar con la visión lejana de las llamadas Islas Desérticas.

506. En el catamarán. Al fondo las islas Desiertas

También es un placer ver Funchal desde el mar.

514. En el catamarán

Al hotel, a comer y hacia el aeropuerto.

518. Hacia el aeropuerto

Y ya volando un último adiós a Funchal y Madeira.

520. Volando

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: