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MÁLAGA

El AVE es hoy en día una magnífica alternativa para desplazarse hasta Andalucía. En espera de que pronto llegue a Granada, ya lo habíamos probado para ir a Córdoba y a Sevilla. Y ahora tocaba Málaga.

De Lérida a Málaga con los trenes que no pasan por Madrid ni enterarte. Sin madrugar, a mediodía en Málaga.

Habíamos reservado un apartamento. Abundan en el centro de Málaga las casas rehabilitadas como apartamentos modernos, que conservan detalles de otra época.

De céntrico no podía serlo más. A unos metros la plaza de la Merced.

Y un poquito más allá “El Pimpi”. Como es de visita casi obligada en Málaga allí comimos.

La verdad es que en Málaga se comen mejores frituras, pero el local es curioso.

Como prácticamente ya estábamos allí empezamos a recorrer Málaga con el teatro romano y la alcazaba.

La alcazaba se sitúa al este de lo que era el antiguo recinto amurallado de la ciudad. Fue mandada construir por el rey bereber de Granada en el siglo XI y se construyó sobre una fortificación anterior de origen fenicio.  Experimentó muchas reformas en épocas posteriores, sobre todo en los siglos XIII y XIV en que además de su papel defensivo se reforzó también su uso palaciego.

En su construcción se usaron muchos materiales procedentes del teatro y la ciudad romana. En algunos casos bien visibles.

Cuidadosamente restaurada, pasear entre sus muros es hacerlo entre la historia y la vegetación.

Conforme se va ascendiendo se contemplan mejores vistas de la ciudad sobre todo de la zona portuaria.

Más al este, en posición más elevada, unido prácticamente a la alcazaba, se divisa el castillo de Gibralfaro, lugar donde se ubicaba un faro de origen fenicio y que fue una de las fortalezas más inexpugnables de la España musulmana hasta ser tomado por los Reyes católicos en 1487.

La parte superior es la de mayor interés artístico.

Con algunos encantadores rincones como la fuente del Pez.

Pórticos y patios con fuentes.

Portadas con decoración de mocárabes.

El patio de la Alberca.

O estas arquerías del período de los reyes bereberes.

De arriba del todo las vistas extraordinarias pese al tiempo más bien nuboso.

Al descender de la alcazaba pasamos por la catedral.

Y, pese a no estar aún en semana Santa, ya tropezamos con todo el movimiento previo a esas fechas. Traslados de los tronos desde las sedes de las cofradías a las iglesias.

 

Y preparación de sillas y andamios para presenciar el paso de las procesiones.

Para acabar la tarde al Museo Thyssen, ubicado en el palacio renacentista de Villalón.

La variada selección de obras del museo contiene alguna de los grandes maestros como la Santa Marina de Zurbarán.

Hay bastante pintura romántica de paisaje y también bastantes obras propias del costumbrismo andaluz a las que pronto dediqué la atención. Cada uno tiene sus preferencias. 

Entre ellas “Un baile para el señor cura” de Juan García Ramos, a cuyo hermano descubrí como pintor hace poco en Sevilla. Tan grande uno como el otro.

“El rosario de la Aurora” de Eduardo Lucas, donde nos plasma el final del  famoso rosario,  tal como  recuerda  el  refrán.

“El galán del sarao” del especialista en escenas de baile Eduardo León Garrido.

Para el primer día en Málaga ya valía. A tomar algo por el centro, a cenar y a dormir.

Mañana del lunes. A pasear por el teatro Cervantes.

El mercado de la Merced.

La iglesia de Santiago. Inicialmente gótico-mudéjar y profundamente remodelada en el barroco.

En esta iglesia y en esta pila fue bautizado Pablo Picasso.

Pasamos por  San Agustín.

Y a desayunar tranquilamente.

Para sumarnos luego a una de las visitas guiadas por voluntarios, que tan de moda se han puesto por todo el mundo.

La salida en la plaza Constitución.

Recorrimos la calle Larios.

Otra vez a la plaza de la Constitución.

Paseo por las callecitas del centro.

A la catedral con explicaciones desde el exterior.

Por el Pimpi cruzamos hacia el teatro romano.

Entramos en la sede de la Cofradía de lso Estudiantes donde estaban acabando de preparar los tronos (así se llaman los pasos procesionales en Málaga) para su traslado.

Y frente a la antigua aduana, donde ahora se halla el Museo de Málaga, finalizamos la visita guiada.

Y ya solos seguimos por nuestra cuenta por el centro a buscar un restaurante.

Por la tarde al Museo Picasso.

En el museo, que para quienes conozcan el de Barcelona, puede resultar decepcionante, no se pueden tomar fotografías.

Sin embargo si pueden tomarse en la exposición temporal dedicada a su esposa Olga. Cartas, fotos, programas, filmaciones, …, constituyen la muestra, ciertamente interesante. De ella también forman parte algunas pinturas del artista como Las Tres Gracias.

Y algunas de las que tienen  como protagonista a su hijo Paulo.

O “Mujer con reloj” de 1936.

En los sótanos del Museo Picasso se conservan restos arqueológicos de la ciudad fenicia y romana

Luego paseo. Por la catedral hacia el mar.

Y al Paseo del Muelle, buen lugar para el atardecer.

Otro día. Lo iniciamos yendo a atravesar el Guadalmedina, el “río de la ciudad”, nunca mejor dicho.

Al otro lado está la estación ferroviaria y, junto a ella, la de autobuses.

Muy cerca la iglesia de Nuestra Señora del Carmen.

Por las calles cercanas regresamos hacia el río y hacia el centro.

Paramos en el mercado de Atarazanas.

Tomamos unos zumos y fruta, pero el pescado también decía “comedme”.

Después a la iglesia de San Juan Bautista. Construida tras la reconquista, en el siglo XVIII adquirió su actual aspecto barroco.  

Y a la catedral, la “Manquita”. Su popular nombre obedece al hecho de que una de sus torres no se  finalizado nunca.

La audioguía que se ofrece con la entrada está francamente bien.

Lo mejor, para mí, la sillería del coro. Iniciada a finales del siglo XVI, fue finalizada por Pedro de Mena a partir de 1648.

La catedral alberga un pequeño museo sin demasiado interés.

Mucho más tiene el Palacio Episcopal, situado frente a la catedral y que puede visitarse con la misma entrada.

Tuvimos la suerte de que había una exposición temporal monográfica dedicada a Pedro de Mena. Extensa y con lo mejor de su obra. 

No permitían tomar fotografías. Me conformo con poner aquí la portada del folleto anunciador.

Por la tarde al Museo de Málaga. Pasando, como es habitual, por el teatro romano. 

El museo se ubica en el palacio de las Aduanas, edificio del siglo XVIII, y desde 2016 acoge el Museo de Bellas Artes y el Museo Arqueológico Provincial.

Empezamos en la segunda planta donde están las colecciones arqueológicas, de las que expongo algunos ejemplos.

A la entrada se encuentran el Grupo de matronas sedentes, procedente de Cártana, del siglo II.

Y luego, muy bien colocado y expuesto todo, se van sucediendo las salas. Con esculturas romanas.

Baco adosado a pilastra. Tercer tercio del siglo II.

Oso de arenisca devorando un carnero, del siglo II-I a.C.

Rstos arqueológicos mucho más antiguos como estas Vasijas de la Cueva de las Tres Tinajas (Alozaina). de principios del neolítico.

Un quemaperfumes (thymiaterion), de época fenicia. VII a. C.

Hallazgos de tesoros escondidos en épocas revueltas. El tesorillo del Tajo de Jorox. Bronce tardío. XIV-XII a. C.

El Tesoro de Cerro Colorado (Benahavís), de finales del III-principios del II a. C.

Muy interesante es el casco de bronce de estilo corintio. VI a. C. 

Hay mosaicos romanos como esta representación de Príapo, del siglo I. 

El mosaico de los Pájaros, del siglo V. 

Un fragmento que representa a Belerofonte matando a la Quimera, del siglo IV.

Otra escultura romana. Mercurio, de principios del siglo II.

 

Hay fragmentos de pintura mural romana como el siguiente con escena de vendimia, del siglo II.

De época paleocristiana hay bastantes placas cerámicas con crismones.

De época visigótica una hebilla con esmaltes “cloissonné”.

Las últimas salas están dedicadas a la época musulmana.

Tinaja almohade.

Descendimos a la primera planta.

No podía faltar Pedro de Mena. Hay una Dolorodsa y un Ecce Homo.

También es de Pedro de Mena esta aparición de la Virgen a San Antonio de Padua.

También hay una buena colección pictórica desde el siglo XVII al XIX. con buena representación de la pintura costumbrista.

Algún cuadro puede resultar bastante actual. “El charlatán político”, de 1866, obra de Bernardo Fernández.

También está representado el arte más actual. En algún caso de autores muy conocidos.

“Cabeza de mosquetero” de Pablo Picasso.

Al salir entramos en al iglesia de Santa Ana.

 

Y pronto nos cayó la noche.

A cenar y a descansar, pasando otra vez por el teatro romano, ahora iluminado.

El jueves decidimos ir a Antequera y por la mañana fuimos a tomar el autobús. 

Al llegar os encontramos enseguida la plaza de toros.

Poco más allá la  Puerta de Estepa.

Y cruzamos la ciudad hasta la plaza de San Sebastián donde cerca está la oficina de turismo, donde acudimos a buscar información .  

Desde allí pasando por la plaza Coso Viejo.

Y la iglesia de Santiago.

Nos acercamos al conjunto de los dólmenes. Al fondo se divisa la Peña de los Enamorados.

Hacia ella está orientado el extraordinario dolmen de Menga, de principios del cuarto Milenio a. C.

Un sepulcro de corredor impactante.

Los pilares intermedios, muy raros en este tipo de construcciones, le dan un aspecto de templo-santuario.

 

Muy cerca está el dolmen de Miera, también sepulcro de corredor, algo más moderno.

Este sí que está orientado de manera ortodoxa hacia la salida del sol.

Para ir al dolmen (más bien tholos)  de El Romeral tuvimos que tomar un taxi.

Es más tardío que los anteriores y tiene el corredor de acceso reconstruido.

Pero con las dos cámaras circulares del fondo perfectamente conservadas, cubiertas por cúpulas realizadas por aproximación de hiladas, aunque el final esté rematado por una enorme losa.

Al regreso, el taxi nos dejó en la Alcazaba. De este modo nos ahorrábamos la subida.

Al recinto se entra por la puerta de los Gigantes.

La Alcazaba queda arriba y la iglesia de Santa María la Mayor, abajo.

Desde el mirador hay magníficas vistas sobre Antequera y su comarca.

Descendimos por bonitas calles empinadas.

Y como no podíamos visitar las iglesias, que ya habían cerrado, nos dimos una vuelta por el centro lleno de palacios.

Conventos

Y encantadores rincones.

Regreso  a Málaga y sin visitas. El día se había cubierto de sobras.

El último día en la ciudad lo empezamos paseando por las cercanías del mar.

Por el puerto y los muelles.

Pasamos por la capilla del Puerto.

Y nos acercamos a la Farola, que es como los malagueños denominan al faro.

Desayunamos esperando que abriesen el centro Pompidou, anunciado por el cubo de acero y cristal que ilumina el interior.

En la planta inferior está la exposición permanente dedicada a las utopías modernas.

Pronto nos saluda una de las copias de El Profeta de Pablo Gargallo.

La primavera de Picasso.

“Desarrollo en marrón” de Kandinsky.

“La caída de Ícaro” de Marc Chagall. Una excelente muestra del final de las ilusiones utópicas.

Una obra de Franck Scurti, Lata de sardinas, al fondo “Solo donuts”.

De Eva Aeppli, “Grupo de 13”, obra de 1968, año emblemático. 

“Rebaño de corderos” de F. X. Lalanne ocupa el espacio central.

El centro realiza también exposiciones temporales. La actual estaba dedicada a Matisse.

Quizás no estaban las mejores de sus obras, pero sí se reflejaban sus distintas etapas.

“Lorette con taza de café” de 1917.

“Bodegón con aparador verde” de 1928.

“Interior amarillo y azul” de 1946.

Al salir nos decidimos ir andando por el paseo Marítimo hasta Pedregalejo.

Caminata agradable al no hacer calor.

Y en Pedregalejo a tomar una espeto de sardinas y una fritura de esas en que no falte el “adobo”.

Por la tarde paseo tranquilo. Málaga siempre tiene rincones para descubrir.

Aún pasamos por “La Casa Invisible”, convertida en centro cultural ocupa-alternativo, pero nuestra parada fue al lado donde está la heladería Mira, posiblemente la mejor de Málaga. 

Una buena cena de  despedida y el viernes al AVE y a comer ya en Lérida.

Un ratito más y a casa con poco para disfrutar de ella pues el domingo nos esperaban en Valencia.

 

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