Relatos de viajes, excursiones, románico y más.

GRANADA

Aprovechando que ya hay AVE hasta Granada y hacía años que no íbamos, ese fue nuestro destino este noviembre.

El hecho de no tener que pasar por Madrid y hacer transbordo para ir a Andalucía desde Aragón y Cataluña añade comodidad y rapidez al viaje.

A mediodía ya estábamos en Granada, en el hotel situado en pleno centro y al poco rato comiendo en la plaza Pescadería.

Buenas verduras y mejores pescados. Un buen estreno.

La catedral a un paso, y a ella fuimos.

La fachada es un proyecto de Alonso Cano de 1667 con modificaciones posteriores.

La catedral se inició aún en estilo  gótico en 1523, pero a los pocos años se hizo cargo de las obras Diego de Siloé que, aprovechando la cimentación gótica, desarrolló un edificio renacentista, tras convencer del proyecto a Carlos I.

Consta de cinco naves y deambulatorio. La nave central es más alta. Una serie de pilares con semicolumnas adosadas sostienen las bóvedas.

La Capilla Mayor, de planta circular, fue diseñada para servir de panteón real, pero la construcción del Escorial por Felipe II hizo descartar el proyecto.

El tabernáculo actual, de principios del siglo XX, sustituyó a otros varios que habían sucedido al primitivo diseñado por Diego de Siloé.

Dentro de la catedral podemos observar obras artísticas de interés como la portada gótica de la Capilla Real, que muestra el tímpano decorado con el águila y el escudo real flanqueados por el yugo y las flechas, símbolos de los Reyes Católicos.

Gran devoción tiene en Granada la Virgen de las Angustias.

Adosada a la catedral, pero con entrada desde el exterior se sitúa la Capilla Real donde reposan los restos de los reyes Isabel y Fernando al lado de los de su hija Juana y su marido Felipe el Hermoso.

Como no permiten en modo alguno hacer fotos en la capilla Real coloco una que no es mía.

Sepulcro de los Reyes Católicos

Un paseo por el centro pasando por la siempre animada plaza Bib Rambla.

Con su Fuente de los Gigantes.

Ya anochecía y el resto del paseo fue nocturno hasta la hora de cenar.

El día siguiente decidimos iniciar nuestra exploración de Granada con el trenecito turístico. En la Puerta Real, a dos pasos del hotel, iniciaba el recorrido.

Su tamaño permite introducirse por las callejuelas granadinas.

Subimos primero hacia la Alhambra.

Descendimos y entramos en el Albaicín por la Carrera del Darro.

Bajamos en la parada de San Cristóbal.

Para contemplar Granada desde su mirador.

Desde allí nos adentramos por las callejuelas del Albaicín.

Hasta la plaza Larga, que centra en buena parte la vida ciudadana del barrio.

Y por el Arco de las Pesas atravesamos la muralla de la Alcazaba Cadina, que rodeaba el núcleo original de la Granada musulmana, desarrollado desde principios del siglo XI por los reyes ziríes, fundadores del Taifa granadina.

Cerca alcanzamos el mirador de San Nicolás, desde donde se domina toda la Alhambra, aunque con el sol de tarde las vistas tienen que ser mucho mejores, pero estábamos en época de tardes cortas.

Regreso hacia San Cristóbal.

Parando a contemplar un aljibe medieval.

En San Cristóbal tomamos de nuevo el trenecito y hacia la Cartuja. Su construcción se inició poco después de la conquista de Granada, pero las obras duraron tres siglos.

Una austera portada renacentista coronada por una hornacina con la imagen de San Bruno, fundador de la orden, da paso a la iglesia.

Por una puerta lateral se accede a un patio y tras él al claustrillo, denominado así por ser el menor de los dos que había. El otro ha desaparecido.

Las diversas dependencias están decoradas con pinturas sobre todo de Sánchez Cotán, que estuvo aquí años como cartujo. El refectorio es un museo de sus obras.

Pero lo que sobresale del conjunto son la iglesia y la sacristía. Obras maestras del barroco, que parece con sus filigranas de estucos preceder el rococó.

Nave de la iglesia

Nave hacia los pies

Presbiterio

Tras el presbiterio está el sagrario.

Con su cúpula pintada por Antonio Palomino.

Al fondo está el tabernáculo que alberga el sagrario propiamente dicho, en un espacio repleto de mármoles de colores y con profusión de esculturas, que responden a un programa profundamente simbólico.

Adosada a la cabecera, en el lado del evangelio está la sacristía, otra explosión de movimiento y colorido.

Seguimos en el trenecito. Pasamos por la plaza de toros.

Y abandonamos el tren definitivamente en la plaza Romanilla, junto a la catedral, zona de restaurantes pues ya apretaba el hambre.

Por la tarde decidimos ir a los Jerónimos. Durante el paseo aún nos dio tiempo de ver el Jardín Botánico

El monasterio de los Jerónimos fue otra de las obras promovidas por los Reyes Católicos tras la toma de la ciudad. El monasterio ya existía en Santa Fe y fue trasladado aquí para lo cual se realizó una gran construcción en la que fue parte fundamental Diego de Siloé.

Tiene dos claustros, uno de ellos no visitable pues forma parte de la zona ocupada por las monjas de clausura.

La iglesia es le primer templo del mundo dedicado a la Inmaculada Concepción. La iglesia tiene un espectacular coro alto a los pies y fue concebida para albergar las tumbas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, y su esposa.

El altar Mayor se sitúa tras una larga escalinata y en él se funden detalles aún plenamente renacentistas con esculturas que obedecen ya al manierismo.

Ya anochecido, aún nos dio tiempo para visitar la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo socorro y la de los santos Justo y Pastor. Esta última con interesante decoración.

El miércoles teníamos reservada la visita a la Alhambra. hacia la plaza Isabel la Católica a tomar el bus hacia arriba.

Al entrar en el recinto de la Alhambra lloviznaba,  pero  paró enseguida. A las diez teníamos hora para entrar en los palacios nazaríes y rápidamente, cruzando la Acequia Real, allí nos dirigimos

   

Pasamos por los restos de la antigua Medina y por la iglesia de Santa María.

Hasta llegar al palacio de Carlos V.

Una breve cola y a los palacios. A disfrutar de artesonados, mocárabes, caligrafías y atauriques por doquier.

Las vistas de la ciudad son también espléndidas. Para imaginar cómo se sentirían los reyes allí.

El patio de los Arrayanes es uno de los lugares más conocidos de la Alhambra.

A uno de los extremos del patio se alza la torre de Comares, la más alta del conjunto y donde, según la tradición, se acordó la rendición de Granada.

Más conocido aún que le patio de los Arrayanes lo es el de los Leones. Un caso raro de representación animal, poco frecuente en el arte musulmán.

Una curiosidad añadida al misterio de los leones, de quienes no sabemos ni el origen ni la motivación para usarlos como esculturas decorativas, es que no hay dos leones iguales. En la fuente de los Leones hace unos años se restableció el sistema tradicional de circulación del agua.

Las bóvedas de las diversas salas aún deslumbran por su decoración y por los vanos que permiten su iluminación.

Las ventanas son auténticos marcos estudiados del paisaje.

Dejamos los palacios por el patio de Lindaraja.

Y nos dirigimos al Partal.

Desde el Partal ya se empieza atener buenas vistas del Generalife y hacia allí que fuimos.

Otra vez a pasar por la Torre de las Infantas.

Y  a seguir el camino, siempre con el susurrar del agua.

Y magníficas vistas de la Alhambra.

El Generalife fue en un principio una finca de recreo de los reyes nazaríes, pero también una explotación agrícola. Jardines y huertas son cuidados hoy en día al modo tradicional.

Paseando por sus jardines es hacerlo al ritmo del agua.

Las vistas sobre la Alhambra y las huertas tampoco son desdeñables.

Ahora atrás, otra vez a la Alhambra, pues nos faltaban el palacio de Carlos V y la Alcazaba.

El palacio de Carlos V, obra concebida por Pedro Machuca, es un magnífico ejemplo de obra renacentista, con curiosas soluciones arquitectónicas. La planta cuadrada esconde en su interior un gran círculo alrededor del cual se distribuyen las distintas dependencias.

En la planta superior se ubica el Museo de Bellas Artes y en la inferior el mucho más reciente Museo de la Alhambra. Este todavía lo visitamos. el de Bellas Artes lo dejamos para otra ocasión.

Aún nos quedaba la Alcazaba. Es la parte más antigua del conjunto de la Alhambra y fue residencia de los reyes hasta que se construyeron los palacios, pasando entonces a tener un uso exclusivamente militar.

Sus torres son auténticos miradores sobre la ciudad.

Empezaban a caer cuatro gotas y fuimos rápidamente hacia la salida.

El taxi que nos bajó de la Alhambra nos dejó en la calle Navas. en uno de sus restaurantes comimos y por cierto bastante bien.

Decidimos después descansar un rato en el hotel y cuando salimos dimos un paseo nocturno por la calle Reyes Católicos arriba. Paramos en el monumento a Isabel de Castilla y Colón.

En la plaza Nueva para admirar la Chancillería de noche.

Y la iglesia de Santa Ana.

Aún nos dio tiempo a subir un rato por la Cuesta del Darro.

Nuevo día e iniciamos el recorrido por donde habíamos pasado la noche anterior.

Con parada primero en el Corral del Carbón. Se trata de una alhóndiga (edificio público destinado a guardar y vender grano) del siglo XIV. Es la mejor conservada de España. Una monumental puerta de arco de herradura da paso al interior.

Las dependencias se organizan en torno a un patio cuadrangular centrado por una fuente.

En la plaza Nueva aún había poco movimiento.

En la plaza, la Chancillería.

Y la iglesia de Santa Ana con su torre mudéjar y un interior sin mayor interés.

La Carrera del Darro un recorrido precioso pese al día nublado.

Quedan restos del llamado puente del Cadí, que actualmente se considera que no era un puente sino una antigua puerta conectada con las murallas primitivas de la ciudad.

Las empinadas callejuelas que suben hacia el Albaicín desde la Carrera del Darro tienen todas su encanto.

Pasamos por San Pedro y San Pablo.

Justo enfrente está el Museo Arqueológico.

El contenido, aunque no muy amplio, tiene obras relevantes. Como estas sandalias de esparto, datadas en el quinto milenio antes de nuestra era.

O estos amuletos, procedentes de una necrópolis cercana a Almuñécar, de principios de la época ibérica.

Contemporánea a los amuletos es la escultura de este toro.

De época romana (siglos II y III) destaca este busto de Ganímedes.

Visigótico es este ladrillo con crismón.

Hay que subir a la planta superior para disfrutar de la perspectiva de la Alhambra.

La zona llana se acaba en el Paseo de los Tristes. Al otro lado del río, la Casa de las Chirimías.

Y la Alhambra.

Al regresar paramos en la iglesia del convento de Santa Catalina de Zafra.

Y detrás está la Casa de Zafra, vivienda rehabilitada, que “intenta” ser un centro de interpretación del Albaicín.

Al llegar a la plaza Nueva nos internamos por callejones hasta llegar a la Casa de los Tiros. Recibe su nombre por los mosquetes que asoman entre sus almenas.

La fachada renacentista da paso a un interior con diversas salas destinadas a museo de variado contenido.

Pero el centro de interés es la habitación denominada la Cuadra Dorada. Cuidadosamente restauradam, muestra un espléndido artesonado con escritos históricos y figuras en bajorrelieve.

La colección de cabezas de viga representando personajes históricos y mitológicos es espléndida.

A comer y por la tarde el acostumbrado paseo por el centro. La plaza Bib Rambla.

Y la Alcaicería, conjunto de estrechas calles con aspecto de zoco, que se levanta en el lugar de la primitiva destinada al comercio de la seda, que fue destruida en un incendio a mediados del siglo XIX.

Ya viernes. Empezamos otra vez por centro para tomar después la Gran Vía en dirección a la puerta de Elvira. Esta fue la principal puerta de entrada a la ciudad en época islámica.

Poco más arriba de la puerta se inicia la cuesta de Alhacaba que sube hasta la parte alta del Albaicín.

A poco de iniciar la interminable cuesta parte al izquierda las escaleras que conducen a San Cristóbal.

Seguimos por la cuesta. ¡Ya solo nos hubiesen faltado las escaleras!

Paralela a la Cuesta de Albahaca queda la muralla de la Alcazaba Cadima, levantada sobre los restos de las murallas romanas de la antigua Ilíberis o Elvira.

Una vez arriba una pausa en la siempre concurrida plaza Larga y a emprender el descenso. ahora por otro sitio.

El Albaicín ha sido muy reformado las últimas décadas a fin de hacerlo más cómodo y habitable. Un ejemplo es la Placeta Cristo Azucenas. De todos modos la estrechez y el desnivel de muchas calles y las grandes dificultades para el tráfico rodado no acaban de convertirlo en realmente residencial.

Pasamos por le convento de Santa Isabel la Real, que no pudimos visitar al estar cerrado.

E hicimos otra pausa y otro café en la placeta de San Miguel Bajo, junto a la iglesia del mismo nombre

y el aljibe del siglo XIII que se conserva adosado a ella.

Más descenso

y parada en el Mirador de la Lona.

Y otra en el Mirador Ojo de Granada.

Incontables los escalones y cuestas que, subiendo o bajando, hay que superar en el Albaicín.

Finalmente desembocamos en San Gregorio. Entramos en la iglesia del convento de clausura donde en aquel momento estaban las monjas con sus cánticos de la hora sexta.

Cuando acabaron por la calle Calderería Nueva -conocida por todos como la calle de las Teterías por las muchas que hay- nos dirigimos al centro.

Entramos en el Mercado de San Agustín. Ahora que están tan de moda los mercados convertidos en locales gastronómicos, en este también ocurre pero sin perder el sabor tradicional del mercado.

Nos llamó la atención el nombre de un establecimiento, que tenía a un lado la tienda propiamente dicha

y, enfrente, el lugar para tomar alguna cosita. Con vinos, curiosamente de Somontano, disfrutamos de un buen jamón y lomo ibérico.

Las pescaterías también son atractivas y en un momento te preparan una mariscada y una fritura eligiendo tú los productos. Aquí con vino de Rueda. El único problema el espacio algo incómodo, pero la calidad y el precio fenomenales. De eso no hay fotos, ¡bastante trabajo teníamos!

Antes de dejar el mercado aún realizamos una compra de aceites gourmet.

Volviendo al hotel fotografiamos en la plaza Romanilla al Aguador. Falta nos hacía el agua para digerir.

Al anochecer el paseíto habitual. Hoy por la Capilla Real.

Y último día en Granada. Desayuno por la Acera del Darro.

Hasta el Genil.

Muy cerca está la popular fuente de las Granadas.

Regresando por la Carrera de la Virgen paramos en Nuestra Señora de las Angustias, donde se venera la imagen de la patrona de Granada.

Algo más arriba se halla el palacio de Bibataubín.

Seguimos por el centro hasta que se acercó mediodía. A buscar las maletas, a la estación y cerca de allí comimos.

Nos despedimos de Granada con muy buen tiempo, aunque fresquito como bien señalaba el aspecto de Sierra Nevada al fondo.

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: