TERUEL

Tras muchos días de no poder salir de los límites provinciales, decidimos acercarnos a Teruel, ciudad que no habíamos visitado desde hace años.

Nos esperaba el hotel muy bien situado sobre la estación y el Turia.

Un vistazo a la escalera neomudéjar.

Y un paseo por Teruel.

Hasta llegar a la hora de comer a la emblemática plaza Carlos Castel centrada por el popular Torico.

Luego, pasando por debajo de la torre de San Salvador, a descansar un rato.

Por la tarde otro paseo para acabar de contactar con la ciudad. Pudimos ver que muchos de los lugares más interesantes, como el Mausoleo de los Amantes y su adjunta iglesia de San Pedro, estaban cerrados.

Las calles bastante vacías. Comprensible en parte por ser lunes, pero curioso que en un Teruel fuésemos los únicos tomando fotos.

El paseo nos acercó al Puente de la Reina desde donde se dispone de buenas vistas sobre la ciudad.

Y sobre el acueducto, conocido como Los Arcos, construcción del siglo XVI que consiguió paliar la escasez de agua en la ciudad, limitada hasta entonces a la proporcionada por algunos aljibes situados alrededor del centro.

El acueducto tenía, y tiene, también la función de viaducto.

Algo más allá del viaducto se encuentra la iglesia de la Merced con su torre mudéjar de ladrillo, muy olvidada en la ruta del mudéjar turolense, probablemente por su alejamiento del centro urbano.

Regresamos al casco antiguo pasando pro la torre de la Bombardera y entrando por el portal de San Miguel o de la Traición, lugar por donde penetraron en la ciudad las tropas de Pedro I el Cruel de Castilla al abrirles la puerta un juez traidor. Aunque no esté el hecho comprobado históricamente, la leyenda es la leyenda.

De las murallas a la plaza Francés de Aranda donde se halla la entrada norte de la catedral y el palacio Episcopal, sede del Museo de Arte Sacro. Para no desentonar también cerrado.

La catedral cerrada a cal y canto. Únicamente pudimos verla exteriormente. La torre y su portada neomudéjar.

Esta portada es obra realizada en 1909 por el arquitecto Pablo Monguió, que construyó muchos edificios modernistas en Teruel

Tras un vistazo ya anocheciendo a las modernistas casa El Torico y Casa Ferrán, a cenar y a dormir.

Nuevo día y a empezar, como suele ser habitual en la ciudad, junto al Torico.

Y a plantarnos frente a la catedral. Allí desayunamos a ver si veíamos la manera de colarnos.

Junto a la catedral se ubica una fuente que se encontró en los años setenta del siglo pasado en el barrio del Arrabal y se cree que es de las que se construyeron tras la llegada del agua a través del acueducto

La extrema amabilidad de una señora que al parecer está al cuidado de la catedral nos permitió verla mientras se efectuaba la limpieza diaria.

Y vale la pena.

Su artesonado mudéjar es una joya. ante las dificultades de una buena fotografía «in situ» añado un par de fragmentos de motivos reproducidos en el Museo de Teruel.

El retablo Mayor es obra de Gabriel Joly, tal vez su obra más importante.

Pese a estar en una capilla lateral otro retablo llama inmediatamente la atención. Es el de la Coronación de la Virgen, magnífica muestra del gótico hispano-flamenco, cuyo autor es conocido como Maestro de la Florida. Restaurada a principios de siglo, es la única obra medieval conservada en la catedral.

Pasamos por la oficina de turismo a ver qué posibilidades había par visitar todo el conjunto de los Amantes e iglesia de San Pedro. Ninguna.

Pues a verlo por fuera otra vez.

La iglesia del Salvador la encontramos abierta y entramos. Se trata de una iglesia barroca decorada con esgrafiados.

Lo más destacado de ella es la imagen que más devoción suscita en los turolenses. Se trata del Santo Cristo del Salvador o de los Milagros. Es conocido también como el «de las tres manos», pues hay una mano unida al lado izquierdo de su torso. Sin explicaciones legendarias o mágicas es muy probable que le Cristo formase parte de un Descendimiento y la mano corresponda a un José de Arimatea o Nicodemo desaparecidos. Las leyendas sobre esta imagen son abundantísimas (apareció navegando por el río Guadalaviar, lo talló un ángel, la tercera mano pertenece a un ladrón que quería robarlo, …). Ha sido sacado en procesión repetidas veces a lo largo de los siglos en casos de sequía y epidemias. El Padre Faci habla largamente de él. Aunque algunos califiquen la imagen de románica, en mi opinión es más tardía.

Del Salvador al Museo de Teruel, el único atractivo turístico importante que conservaba su horario habitual. Eso sí sin ascensor y sin aseos. O sea que en una visita prolongada si a alguien le cogía un apretujón en la quinta planta, a hacer ejercicio intensamente.

Ubicado en el antiguo palacio de la Comunidad de Teruel, el museo se estructura en dos partes. Una dedicada a la etnografía a lo largo de la historia y otra, en las plantas superiores, dedicada a los diferentes períodos históricos.

En la primera hay auténticas curiosidades como este orinal del siglo XV.

O esta pieza cerámica de la misma época.

O esta original lápida funeraria.

En la parte dedicada a la prehistoria, junto a las habituales colecciones de lascas y otros útiles, me llamaron la atención estas queseras.

Para mí la parte más interesante y detallada del museo es la dedicada a la cultura ibérica.

Con abundantes piezas cerámicas como este kalathos.

Esta espléndida colección de armas.

O estas arracadas, que lucen junto a otras piezas también de oro.

De época romana destaca un inmenso mosaico procedente de una villa en las cercanías de Calanda. Está datado en el siglo IV. Aquí vemos un fragmento de la parte más figurativa, siendo algunos de los animales idénticos a los representados en otro mosaico de Villa Fortunatus en Fraga.

De época islámica es esta cantimplora de plata sobredorada del siglo XI.

En la última planta del museo hay una terraza desde donde se dispone de buenas vistas, especialmente de la catedral.

Aún quedaba mañana para dar un buen paseo. Por la Glorieta.

Deteniéndonos en la modernista Casa Maller.

Casi frente a ella está el monumento a la Vaquilla del Ángel, la fiesta turolense más importante del año y cuya celebración es ancestral.

Cruzamos hacia el ensanche al sur de la ciudad por el Viaducto Nuevo.

Desde él se ve bien el Viaducto Antiguo.

Tras echar un vistazo al antiguo Asilo, otro edificio con rasgos modernistas,

Regresamos al centro por el Viaducto Antiguo.

Antes de comer, aún nos dio tiempo para echar un vistazo a algunas casas modernistas escondidas como esta en la calle La Parra.

Por la tarde encaminamos el paseo hacia las afueras. Paramos primero en la iglesia de San Francisco, admirable templo gótico, pero cuyo interior está completamente en obras.

Siguiendo adelante por la avenida de Zaragoza llegamos a la ermita del Carmen, obra modernista del arquitecto valenciano José Manuel Cortina Pérez.

Como los pies ya llevaban bastantes kilómetros ese día a buscar barecitos para tapear y catar el buen jamón turolense.

El día siguiente nos dirigimos a Albarracín. la primera parada para admirar el castillo de Santa Croche. Este castillo fue construido por la familia Heredia de Albarracín para controlar el antiguo acueducto romano, que tomaba el agua del río Guadalaviar en sus proximidades para conducirla hasta la actual Cella.

La llegada a Albarracín con sorpresa. Han convertido todo la inmensa zona de aparcamiento en zona azul. Puede que eso sea necesario en fines de semana u otras época de gran afluencia turística. No parece lógico que siendo los únicos (o casi) turistas llegados ese día a la población se tenga que pagar un euro por hora aproximadamente cuando no hay el más mínimo problema de aparcamiento. En este caso está claro que la zona azul no tiene una finalidad disuasoria o facilitadora de gestiones o visitas, sino meramente recaudatoria.

De todos modos eso no quita un ápice a la belleza de Albarracín.

Lo que es inevitable es el esfuerzo físico para disfrutar de los múltiples rincones admirables de la villa.

Vale la pena el esfuerzo para acercarse hasta sus murallas, que nos recuerdan el papel histórico de la población. Desde el siglo XI fue cabeza de un reino musulmán independiente. Último reducto islámico en Aragón fue cedido en 1170 a la familia navarra de los Azagra, que durante más de un siglo mantuvieron su independencia, no incorporándose de pleno a Aragón hasta 1300.

La plaza Mayor centra el interés turístico de la villa.

En sus alrededores abundan antiguas casonas señoriales como la de Monterde con espléndidos blasones.

Y una aldaba tan pintoresca como esta.

La falta de visitantes permitía disfrutar en soledad de los rincones, pero todo estaba cerrado.

Ya de por sí es difícil visitar las cosas en Albarracín sin contratar visitas guiadas con empresas privadas, pero ahora ni así.

El Palacio Episcopal y su Museo Diocesano para otra ocasión.

La catedral, igual.

El paisaje y las vistas afortunadamente no se ven afectadas.

Por arriba aún queda el que fue inexpugnable castillo.

Después ya empieza el descenso.

Nos acercamos hasta la zona de pinares, pero entre que era tarde, que hacía calor y que ya abundaban los mosquitos no llegamos a hacer la ruta prevista hasta las pinturas rupestres.

Habrá que volver.

Hablando de volver, al llegar a Teruel, comimos en el Mesón Óvalo donde habíamos estado hace bastantes años cuando era un referente de la nueva restauración turolense. Se sigue comiendo muy bien.

Para digerir, paso alrededor del casco antiguo. Paseo del Óvalo.

Y por la Ronda de Ambeles hasta el torreón de San Esteban, uno de los que quedan del antiguo recinto amurallado.

Y el de Ambeles, probablemente el más moderno, ya plenamente renacentista. Fue obra del ingeniero militar Ramiro López, que estuvo al servicio de Fernando el Católico,

Las antiguas Escuelas del Arrabal, edificio de trazos modernistas, son hoy sede del Archivo Histórico Provincial.

Al llegar al acueducto ya habíamos dado casi la vuelta completa.

Y poco más adelante penetramos en el interior de la urbe.

Cena de tapeo y por debajo de la torre de San Salvador al hotel. La decoración cerámica en blanco y verde sobre el ladrillo ofrece una policromía distinta según la hora del día.

El que sería nuestro último día en Teruel (por esta vez) lo tomamos con calma. Procuramos descubrir nuevas calles y rincones. La primera parada, tras el desayuno, fue la plaza Pérez Prado, donde se ubican el Seminario y la Biblioteca Pública.

Al este se alza la torre de San Martín y detrás la iglesia. La torre de San Martín es la más representativa del mudéjar turolense. Construida a principios del XIII y reformada a mediados del XVI. Intervenciones en el siglo XX y principios del XXI le han dado el actual aspecto, que intenta ser lo más parecido a la construcción original, recuperando el paso bajo ella cubierto con bóveda apuntada y devolviendo las tonalidades a las cerámicas vidriadas. La decoración de inspiración almohade combina resaltes en ladrillo, entrelazos, estrellas de ocho puntas, arcos entrecruzados mixtilíneos y lobulados, ventanas abocinadas de arco de medio punto, etc. La torre del Salvador es casi gemela de esta, que le debió servir de modelo.

Debajo de la torre queda el portal de Daroca y a la derecha la cuesta de Andaquilla.

Nos acercamos al Palacio Episcopal a ver si había alguna probabilidad de ver el Museo de Arte Sacro, pero nada de nada.

Lo que sí que era visitable a partir del jueves era la muralla. Unas escaleras conducen a la parte superior de un fragmento muy restaurado. Durante la subida en los muros de los diferentes pisos se pueden ver paneles con información histórica y algunas reproducciones de armas medievales.

Pero el interés radica en las vistas que se tiene del acueducto en la parte superior.

Y desde lo alto de la torre Bombardera sobre distintos puntos de la ciudad.

Desde las murallas fuimos callejeando hasta Los Aljibes.

De origen muy antiguo, se ubican cerca del Torico y fueron usados hasta la llegada del Acueducto.

Ya era la hora de comer y decidimos probar un gastrobar del que nos habían hablado, el Locavore. Muy interesante experiencia gastronómica.

Por la tarde, con Teruel ya bastante visto, regresamos al Museo y le dimos un repaso. Luego seguimos paseando y contemplando edificios modernistas con sus bellísimas rejas de forja como las de Casa Bayo.

Al día siguiente a casa. Buena experiencia. ¡Lástima de todo lo cerrado! ¡Volveremos!

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