CANTABRIA-MERINDADES

Pocos viajes desde que anda ese virus rondando, pero alguna salidita había que hacer. Ya que en muchos sitios la cosa sigue estando complicada nos fuimos cerquita y al fresco huyendo de los primeros días de calor.

A mediodía ya estábamos en Santillana del Mar. Rápido a comer y ya cayeron los primeros bocartes.

Luego al hotel.

Y a pasear por Santillana, algo que siempre es nuevo y nunca cansa.

Hasta acabar dando frente a la Colegiata de Santa Juliana. Uno de esos hitos fundamentales en el románico hispánico.

Con su siempre admirable fachada.

En la que luce su portada con sus cinco arquivoltas originales bajo el frontón añadido en el siglo XVII.

Sobre la portada se sitúa el Pantocrátor bendiciéndonos desde el interior de su mandorla, sostenida por cuatro figuras, que todo el mundo dice que son ángeles. ¡Para qué contradecirles!

Más al este se eleva la torre cilíndrica que contiene la escalera.

Al girar nos aparece la cabecera.

De los tres ábsides el central fue modificado para eliminar una sacristía que se había añadido en su estructura.

El meridional conserva toda su clasicidad.

En Santillana enseguida te encuentras en el campo para airearte.

Aunque la verdad es que las calles estaban lejos del bullicio que otras veces hemos visto.

Vale la pena entretenerse contemplando los elaborados y artísticos blasones que decoran las fachadas.

Y más sin aglomeraciones.

Toda la villa es un monumento.

Finalizamos la tarde en un pequeño, agradable e innovador restaurante, «El Bisonte Rojo». Para repetir.

Segundo día a primeras horas buen desayuno y hacia Santa Juliana con las calles casi desiertas.

Santa Juliana por sí sola justifica ir a Santillana.

La visita se inicia en el claustro.

En la galería sur es donde más capiteles historiados hay. La lucha entre el bien y el mal aparece en muchos de ellos.

Un ángel contra un dragón.

O un centauro contra otro dragón.

La iglesia de tres naves, separadas por grandes pilares, y tres ábsides impacta por su gran tamaño.

En los capiteles de nave y cabecera se ven manos de distintos maestros, más o menos expertos. Aquí un capitel de buena factura en que, bajo un ajedrezado jaqués en el cimacio, un rostro entre volutas tiene debajo dos pelícanos picoteándose el pecho. El pelícano ha sido repetidamente usado como simbolización de Jesucristo, debido a que en el mundo antiguo se creía que se picoteaba su propio pecho para sacar sangre con la que alimentar a sus crías, en caso de necesidad.

Per las piezas más interesantes que contiene la iglesia están descontextualizadas y no se sabe con certeza qué lugar ocupaban originariamente.

Entre ellas un Pantocrátor policromado, ahora situado a los pies de la nave principal.

O esta Virgen-Trono.

O el panel con Santa Juliana encadenando al demonio.

Del mismo grupo hay que considerar las representaciones de cuatro Apóstoles situadas actualmente en el frontal del Altar Mayor.

La pila bautismal con la representación de Daniel entre los leones es también una obra maestra.

Aún nos quedaba tiempo hasta la hora de comer y nos dirigimos al Museo Diocesano, ubicado en el antiguo convento de los dominicos.

Contiene muchas obras de arte religioso procedentes de diversos lugares de la región, con una atención especial al románico como en esta Virgen del XII.

O este extraordinario capitel procedente de Piasca.

También hay arte de épocas diversas como esta curiosa colección de San Roques.

Alguna Santa Ana Triple del XIV.

Y muestras de artesanía popular como estas matracas.

Comida, descanso y por la tarde más paseo por Santillana.

Pasamos un buen rato con las esculturas de Jesús Otero, escultor nacido en la villa, en el espacio habilitado como su museo, próximo a la Colegiata.

A cenar, una vueltecita y hasta un nuevo día.

El pronóstico del tiempo anunciaba algún chubasco y así amaneció. La intención era visitar la iglesia de Bareyo, pero apenas pasado Torrelavega lo que caía no era lluvia sino el diluvio. Decidimos regresar y pasar la mañana visitando el Museo de Altamira, aunque lo recordábamos bien de otras veces. Afortunadamente al no haber un exceso de turismo pudimos entrar sin reserva previa ni espera de ningún tipo.

Siempre entretiene contemplar las reproducciones de las pinturas en la neocueva. La sensación de no estar frente a lo auténtico pesa, pero que le vamos a hacer…

Aún nos acercamos a la iglesia de Santa María de Yermo. A un paso de la civilización y de la autovía, pero que todavía hay que buscar por carreteras que parecen llevarte a mundos perdidos. Una delicia la iglesia

con un impactante tímpano

y un interesante repertorio de capiteles, canecillos y otras muestras escultóricas de un románico encantador.

Desgraciadamente, cerrada y sin posibilidad de saber a quién acudir para poder verla. Algo que en Cantabria se ha convertido en mucho más habitual de lo que era. ¡No solo de anchoas vive el hombre!

La tarde habitual con los consabidos paseos por Santillana y sus alrededores.

Aún no habíamos comido rabas y eso en Cantabria casi es un delito. Esa noche fue le plato fuerte de nuestra cena.

Ya dejábamos Santillana y en ruta hacia el sur hacíamos nuestra primera parada en Santa Cruz de Castañeda.

Allí nos encontramos con una pareja gerundense que habían quedado con el párroco en que este vendría a abrir la iglesia. Mientras aguardábamos, fuimos disfrutando de la iglesia-colegiata románico, lo único que subsiste del antiguo monasterio.

En el alto campanario destacan sus bonitas ventanas geminadas de la parte superior.

La portada de ocho arquivoltas se abre en el muro de poniente.

En el interior destacan la monumentalidad y la riqueza escultórica.

La cúpula sobre trompas que cubre el crucero es espectacular.

El presbiterio, presidido actualmente por un Calvario del siglo XV, muestra capiteles bien esculpidos.

De Castañeda nos dirigimos hacia Silio, parando en el puente sobre el Besaya, en La Canalona, que aparece como «El Chorro» en «El Camino» de Delibes.

La iglesia de los Santos Facundo y Primitivo en Silio es resto de un antiguo monasterio.

En su portada y, especialmente, en el ábside muestra interesantes detalles escultóricos. Los del interior, como es habitual, nos los perdimos, porque nadie sabe dónde está la llave, ni quién abre ni cuándo.

Antes de dejar Silio, nos detuvimos ante la ermita de Santiago. Frente a ella se levanta el monumento a La Vijanera, festividad ancestral carnavalesca, que se celebra el primer domingo de enero.

Muy cerca de Silio está Bárcena Pie de Concha con su iglesia románica dedicada a los santos médicos Cosme y Damián.

Con interesantes canecillos en su ábside.

Y sobre su portada.

Comimos en una gasolinera próxima y hacia Fontibre a buscar el hotel.

Era este una posada rural, muy agradable, situada a pocos metros del nacimiento del Ebro.

La tarde la pasamos paseando por Reinosa.

Regresamos a Fontibre y nos acercamos al nacimiento del Ebro.

Patos y aves nos acompañaron durante el trayecto.

El lugar del nacimiento, si se puede disfrutar sin gente, es una delicia.

Cenamos en un barecito de las proximidades y a descansar, que el día había sido largo.

De buena mañana a la muy cercana Julióbriga, que pese a su pequeño tamaño fue la principal ciudad romana en tierras cántabras.

Tienen un pequeño museo y una reproducción de una casa romana, cuya visita resulta francamente instructiva, sea cual sea tu grado de conocimiento del mundo romano, sobre todo si encuentras una guía motivada y motivadora, como fue en nuestro caso.

Sobre un área no muy extensa se extienden las ruinas de la antigua ciudad.

Justo en el lugar donde se hallaba el foro se alza la iglesia románica de Santa María de Retortillo como muestra de como los lugares de culto han persistido a lo largo del tiempo.

La iglesia, como es habitual, cerrada a cal y canto y con el resultado habitual sin que nadie tenga la más remota idea de cuándo, cómo y quién la abre.

El tímpano reubicado, que hay sobre su portada, muestra un grifo y un dragón alado saludándose.

La decoración exterior es abundante, aunque bastante desgastada.

Dejamos Retorillo para ir hasta San Pedro de Cervatos, donde siempre habíamos encontrado una señora que abría. Actualmente ningún cartel con número de teléfono y los vecinos cercanos sin la más remota idea sobre la apertura de lo que se considera el templo mayor del denominado románico erótico.

Solo el exterior es para pasar un buen rato y así lo hicimos, mientras de paso esperábamos si aparecía alguien para abrir, lo que no ocurrió.

La riqueza escultórica de la portada y de toda la fachada sur es extraordinaria.

Aunque sean lo más conocido de la iglesia no me resisto a poner la ventana sur del ábside y sus capiteles.

Antes de comer aún nos llegamos a Bolmir. Cerrada también.

San Cipriano de Bolmir denota claramente la influencia de Cervatos.

Con canecillos que comparten las mismas motivaciones.

Comimos en Reinosa, descansamos un rato y finalizamos la tarde en Villacantid, en cuya iglesia desacralizada se ha instalado el Centro de Interpretación del Románico. Llegamos tarde, pero la amabilidad del guía nos permitió permanecer unos minutos más.

La iglesia muestra objetos procedentes de diversos lugares. Sobresale esta interesante pila bautismal de origen desconocido. Aunque en mi modesta opinión, de románico, por mucho que estiremos, tiene bien poco.

Pero su propia escultura no es nada desdeñable. Aquí un capitel del ábside con escena de caza y lucha, y con una enigmática figura femenina cuyo papel no imagino.

Mucho románico (y romano) para un solo día. Cena y descanso. Al día siguiente hacia Las Merindades.

Llegamos a Villarcayo a solicitar información en Turismo. Tal como habíamos notado en Cantabria, poco movimiento, pese al fin de semana.

Decidimos aprovechar la mañana iniciando el recorrido por el románico de la zona. Nos dirigimos a Medina de Pomar y desde allí a la cercana Nuestra Señora de la Asunción de La Cerca.

Muy reformada, conserva su portada.

Y su ábside.

Al no haber modo de entrar no pudimos contemplar el espléndido Pantocrátor rodeado del Tetramorfos que muestra en el interior del ábside.

De La Cerca nos dirigimos por una estrechísima y sinuosa carretera a Tabliega. Mereció la pena el esfuerzo porque aquí sí que nos indicaron enseguida donde residía la persona que nos enseñaría la iglesia de San Andrés.

La estructura original románica Es de una nave y un ábside, con transepto y torre sobre el crucero

En el interior el aspecto se ve alterado por las pinturas barroquizantes que cubren sus muros. Resulta curioso observarlo porque acostumbrados a ver la piedra desnuda nos lleva a recordar que originariamente la mayor parte de las iglesias medievales debían ir pintadas

A ambos lados del presbiterio se conservan sendos sarcófagos de época moderna.

La pila bautismal debe ser contemporánea de ellos.

Decidimos parar las visitas matinales y llegarnos al hotel a dejar el equipaje. En El Ribero un castillo nos esperaba y en una ubicación estupenda para recorrer Las Merindades.

Comimos en las cercanías, descansamos un rato y seguimos ruta por la carretera que se dirige a Bilabao.

En Villasana de Mena queríamos ver la Epifanía románica que guardan en su iglesia parroquial, pero hallamos la iglesia cerrada. Entonces nos dirigimos al cercano Vallejo de Mena donde encontramos a un cura rumano que estaba enseñando la iglesia de San Lorenzo a un grupo. Al cura lo del románico burgalés le sonaba lo mismo que a mí el chino mandarín, pero pudimos verla.

La iglesia de San Lorenzo es de larga historia. Llegó a ser sede de una encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén.

La primera fase de la obra fue la construcción de la cabecera. El ábside tiene aspecto poligonal exteriormente, uno de los detalles que nos hacen prensar en una construcción ya de finales del siglo XII. el interior es semicircular.

Destacan en el ábside su alto podio, la decoración de arcuaciones ciegas, la abundancia de columnas, la escultura en ventanas y canecillos, y sus cinco ventanales, de los cuales los dos del presbiterio son ciegos.

El resto del edificio es algo más tardío. Tiene la iglesia tres portadas, de las cuales la más importante y elaborada es la occidental de gran riqueza escultórica.

La nave dividida por arcos fajones en tres tramos se cubre con bóveda de crucería.

La pila bautismal es de tradición románica.

El cura rumano tenía prisa, pero aún tuvo tiempo para acompañarnos a Santa María de Siones, a escasa distancia.

Es otro ejemplar románico que no hay que perderse. Exteriormente su nave y ábside semicircular ofrecen un aspecto muy armónico, con el transepto marcado en altura.

Tiene dos portadas siendo la occidental la más monumental.

El interior es auténticamente espectacular. De gran riqueza decorativa, sobre todo en la zona presbiterial.

Destaca en el interior de uno de los muchos edículos que forman las múltiples arcuaciones una figura que suele identificarse con Santa Juliana encadenando al demonio.

De regreso al hotel disfrutando de los bonitos paisajes

aún paramos en Bercedo. Su iglesia de San Miguel es otro ejemplar de origen románico.

Probablemente lo más interesanrte sea su portada. Si no obra de un gran artista, sí de alguien con buena imaginación para el bestiario fantástico.

Me llamó la atención esta anfísbena tan particular.

Llegó el domingo y emprendimos ruta en dirección a uno de los edificios más emblemáticos de la comarca, San Pedro de Tejada, con la esperanza de que estuviese abierto.

Así fue. A las once de la mañana un numeroso grupo estábamos esperando cuando llegó la guía.

La portada muestra una serie de arquivoltas con sobria decoración, pero los sillares colacados en las enjutas con el apostolado y los canecillos (entre ellos cuatro representando el Tetramorfos) bajo el tejaroz enriquecen escultóricamente la fachada.

Ábside, campanario y muros laterales rivalizan en decoración escultórica.

La variedad de representaciones es grande tanto en capiteles como en canecillos. Hasta referencias al mundo clásico podemos ver como en este espinario.

En el interior no dejan tomar fotografías. Una actitud absolutamente incomprensible y que donde más suele darse como otros tipos de restricciones es en aquellos bienes de titularidad privada. Los entes públicos e incluso la Iglesia suelen adaptarse mejor a los tiempos.

Un majestuoso puente cruza el Ebro en Puente Arenas, localidad a la que pertenece San Pedro de Tejada.

Aguas arriba el puente de los Hocinos ofrece unas buenas panorámicas del río.

Desde allí nos fuimos a Puentedey, localidad cuyo mayor atractivo radica en el puente natural formado por el río Nela y sobre el cual se construyó la población.

Regresando a Villarcayo para comer, paramos en Escaño para ver su interesante iglesia románica de San Salvador.

La tarde la pasamos en Espinosa de los Monteros, población famosa por provenir de ella los antepasados judíos del filósofo holandés Baruch Spinoza y por ser hidalgos de la villa los componentes del cuerpo de Monteros, guardia de alcoba nocturna de los Reyes de Castilla.

Su iglesia parroquial de Santa Cecilia es una gran construcción renacentista.

Por toda la población aparecen diseminadas antiguas casas nobiliarias y torreones.

No queríamos dejar Las Merindades in ver las grutas de Ojo Guareña. Habíamos leído informaciones contradictorias sobre si estaba abierto o no el lunes.

En reliadad, tuvimos suerte. Estaba cerrado. Y lo digo así porque disfutar en completa soledad de esos parajes es una auténtica delivcia.

La troglodítica ermita de San Bernabé es impactante.

Pensamos volver para realizar la visita, pero ¡qué nos quiten lo bailao!

Muy cerca está Butrera con su iglesia románica de Nuestra Señora de la Antigua, de la que nos habían hablado mucho.

La viimos exteriormente pues en el teléfono indicado para las visitas no nos contestaron.

Aunque solo sea el exterior merece la pena. La portada

con este delicado capitel.

El ábside y sus canecillos.

Como este pensador.

O este relieve con Adán y Eva, posiblemente procedente de una estructura anterior, incrustado al lado de la portada en un contrafuerte.

Muy cerca de Butrera está Torme con su iglesia también románica de San Martín.

A través de la reja que cierra el atrio pudimos contemplar su portada y lo que esta dejaba ver del interior.

Poco más allá otro San Martín, la parroquial de Villacomparada de Rueda.

Decidimos para acabar de aprovechar la mañana ir al monasterio de San Martín de Ríoseco.

El que fue el más importante monasterio cisterciense de la zona desde la desamortización de infausto recuerdo fue víctima del abandono y el expolio. Hace unos años un grupo de personas entusiastas pusieron en marcha un proyecto para su recuperación. Han logrado convertirlo en lugar de visitas y actividad cultural, mientras se va rehabilitando lo que se puede.

Paseando por el monasterio recibimos una llamada telefónica. Era del señor que se encarga de mostrar la iglesia de Butrera, que había encontrado en su móvil nuestras llamadas perdidas. Quedamos en volver por la tarde y él nos esperaría.

Comimos en Medina de Pomar, bien como siempre en esta zona.

Aún tuvimos tiempo para acercarnos a Villarías donde San Cristóbal, otra iglesia románica, preside la urbanización del campo de golf.

Volver a Butrera valió la pena. Un interior que plantea muchas dudas sobre las diversas fases constructivas

y ninguna sobre la calidad escultórica de sus capiteles y, en especial de la gran Virgen, que actualmente preside la iglesia

y del relieve representando una Adoración de los Reyes, hoy situado frente a la portada.

A cenar tranquilamente y a descansar que al día siguiente tocaba regreso a casa.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s