TERUEL

Tras muchos días de no poder salir de los límites provinciales, decidimos acercarnos a Teruel, ciudad que no habíamos visitado desde hace años.

Nos esperaba el hotel muy bien situado sobre la estación y el Turia.

Un vistazo a la escalera neomudéjar.

Y un paseo por Teruel.

Hasta llegar a la hora de comer a la emblemática plaza Carlos Castel centrada por el popular Torico.

Luego, pasando por debajo de la torre de San Salvador, a descansar un rato.

Por la tarde otro paseo para acabar de contactar con la ciudad. Pudimos ver que muchos de los lugares más interesantes, como el Mausoleo de los Amantes y su adjunta iglesia de San Pedro, estaban cerrados.

Las calles bastante vacías. Comprensible en parte por ser lunes, pero curioso que en un Teruel fuésemos los únicos tomando fotos.

El paseo nos acercó al Puente de la Reina desde donde se dispone de buenas vistas sobre la ciudad.

Y sobre el acueducto, conocido como Los Arcos, construcción del siglo XVI que consiguió paliar la escasez de agua en la ciudad, limitada hasta entonces a la proporcionada por algunos aljibes situados alrededor del centro.

El acueducto tenía, y tiene, también la función de viaducto.

Algo más allá del viaducto se encuentra la iglesia de la Merced con su torre mudéjar de ladrillo, muy olvidada en la ruta del mudéjar turolense, probablemente por su alejamiento del centro urbano.

Regresamos al casco antiguo pasando pro la torre de la Bombardera y entrando por el portal de San Miguel o de la Traición, lugar por donde penetraron en la ciudad las tropas de Pedro I el Cruel de Castilla al abrirles la puerta un juez traidor. Aunque no esté el hecho comprobado históricamente, la leyenda es la leyenda.

De las murallas a la plaza Francés de Aranda donde se halla la entrada norte de la catedral y el palacio Episcopal, sede del Museo de Arte Sacro. Para no desentonar también cerrado.

La catedral cerrada a cal y canto. Únicamente pudimos verla exteriormente. La torre y su portada neomudéjar.

Esta portada es obra realizada en 1909 por el arquitecto Pablo Monguió, que construyó muchos edificios modernistas en Teruel

Tras un vistazo ya anocheciendo a las modernistas casa El Torico y Casa Ferrán, a cenar y a dormir.

Nuevo día y a empezar, como suele ser habitual en la ciudad, junto al Torico.

Y a plantarnos frente a la catedral. Allí desayunamos a ver si veíamos la manera de colarnos.

Junto a la catedral se ubica una fuente que se encontró en los años setenta del siglo pasado en el barrio del Arrabal y se cree que es de las que se construyeron tras la llegada del agua a través del acueducto

La extrema amabilidad de una señora que al parecer está al cuidado de la catedral nos permitió verla mientras se efectuaba la limpieza diaria.

Y vale la pena.

Su artesonado mudéjar es una joya. ante las dificultades de una buena fotografía “in situ” añado un par de fragmentos de motivos reproducidos en el Museo de Teruel.

El retablo Mayor es obra de Gabriel Joly, tal vez su obra más importante.

Pese a estar en una capilla lateral otro retablo llama inmediatamente la atención. Es el de la Coronación de la Virgen, magnífica muestra del gótico hispano-flamenco, cuyo autor es conocido como Maestro de la Florida. Restaurada a principios de siglo, es la única obra medieval conservada en la catedral.

Pasamos por la oficina de turismo a ver qué posibilidades había par visitar todo el conjunto de los Amantes e iglesia de San Pedro. Ninguna.

Pues a verlo por fuera otra vez.

La iglesia del Salvador la encontramos abierta y entramos. Se trata de una iglesia barroca decorada con esgrafiados.

Lo más destacado de ella es la imagen que más devoción suscita en los turolenses. Se trata del Santo Cristo del Salvador o de los Milagros. Es conocido también como el “de las tres manos”, pues hay una mano unida al lado izquierdo de su torso. Sin explicaciones legendarias o mágicas es muy probable que le Cristo formase parte de un Descendimiento y la mano corresponda a un José de Arimatea o Nicodemo desaparecidos. Las leyendas sobre esta imagen son abundantísimas (apareció navegando por el río Guadalaviar, lo talló un ángel, la tercera mano pertenece a un ladrón que quería robarlo, …). Ha sido sacado en procesión repetidas veces a lo largo de los siglos en casos de sequía y epidemias. El Padre Faci habla largamente de él. Aunque algunos califiquen la imagen de románica, en mi opinión es más tardía.

Del Salvador al Museo de Teruel, el único atractivo turístico importante que conservaba su horario habitual. Eso sí sin ascensor y sin aseos. O sea que en una visita prolongada si a alguien le cogía un apretujón en la quinta planta, a hacer ejercicio intensamente.

Ubicado en el antiguo palacio de la Comunidad de Teruel, el museo se estructura en dos partes. Una dedicada a la etnografía a lo largo de la historia y otra, en las plantas superiores, dedicada a los diferentes períodos históricos.

En la primera hay auténticas curiosidades como este orinal del siglo XV.

O esta pieza cerámica de la misma época.

O esta original lápida funeraria.

En la parte dedicada a la prehistoria, junto a las habituales colecciones de lascas y otros útiles, me llamaron la atención estas queseras.

Para mí la parte más interesante y detallada del museo es la dedicada a la cultura ibérica.

Con abundantes piezas cerámicas como este kalathos.

Esta espléndida colección de armas.

O estas arracadas, que lucen junto a otras piezas también de oro.

De época romana destaca un inmenso mosaico procedente de una villa en las cercanías de Calanda. Está datado en el siglo IV. Aquí vemos un fragmento de la parte más figurativa, siendo algunos de los animales idénticos a los representados en otro mosaico de Villa Fortunatus en Fraga.

De época islámica es esta cantimplora de plata sobredorada del siglo XI.

En la última planta del museo hay una terraza desde donde se dispone de buenas vistas, especialmente de la catedral.

Aún quedaba mañana para dar un buen paseo. Por la Glorieta.

Deteniéndonos en la modernista Casa Maller.

Casi frente a ella está el monumento a la Vaquilla del Ángel, la fiesta turolense más importante del año y cuya celebración es ancestral.

Cruzamos hacia el ensanche al sur de la ciudad por el Viaducto Nuevo.

Desde él se ve bien el Viaducto Antiguo.

Tras echar un vistazo al antiguo Asilo, otro edificio con rasgos modernistas,

Regresamos al centro por el Viaducto Antiguo.

Antes de comer, aún nos dio tiempo para echar un vistazo a algunas casas modernistas escondidas como esta en la calle La Parra.

Por la tarde encaminamos el paseo hacia las afueras. Paramos primero en la iglesia de San Francisco, admirable templo gótico, pero cuyo interior está completamente en obras.

Siguiendo adelante por la avenida de Zaragoza llegamos a la ermita del Carmen, obra modernista del arquitecto valenciano José Manuel Cortina Pérez.

Como los pies ya llevaban bastantes kilómetros ese día a buscar barecitos para tapear y catar el buen jamón turolense.

El día siguiente nos dirigimos a Albarracín. la primera parada para admirar el castillo de Santa Croche. Este castillo fue construido por la familia Heredia de Albarracín para controlar el antiguo acueducto romano, que tomaba el agua del río Guadalaviar en sus proximidades para conducirla hasta la actual Cella.

La llegada a Albarracín con sorpresa. Han convertido todo la inmensa zona de aparcamiento en zona azul. Puede que eso sea necesario en fines de semana u otras época de gran afluencia turística. No parece lógico que siendo los únicos (o casi) turistas llegados ese día a la población se tenga que pagar un euro por hora aproximadamente cuando no hay el más mínimo problema de aparcamiento. En este caso está claro que la zona azul no tiene una finalidad disuasoria o facilitadora de gestiones o visitas, sino meramente recaudatoria.

De todos modos eso no quita un ápice a la belleza de Albarracín.

Lo que es inevitable es el esfuerzo físico para disfrutar de los múltiples rincones admirables de la villa.

Vale la pena el esfuerzo para acercarse hasta sus murallas, que nos recuerdan el papel histórico de la población. Desde el siglo XI fue cabeza de un reino musulmán independiente. Último reducto islámico en Aragón fue cedido en 1170 a la familia navarra de los Azagra, que durante más de un siglo mantuvieron su independencia, no incorporándose de pleno a Aragón hasta 1300.

La plaza Mayor centra el interés turístico de la villa.

En sus alrededores abundan antiguas casonas señoriales como la de Monterde con espléndidos blasones.

Y una aldaba tan pintoresca como esta.

La falta de visitantes permitía disfrutar en soledad de los rincones, pero todo estaba cerrado.

Ya de por sí es difícil visitar las cosas en Albarracín sin contratar visitas guiadas con empresas privadas, pero ahora ni así.

El Palacio Episcopal y su Museo Diocesano para otra ocasión.

La catedral, igual.

El paisaje y las vistas afortunadamente no se ven afectadas.

Por arriba aún queda el que fue inexpugnable castillo.

Después ya empieza el descenso.

Nos acercamos hasta la zona de pinares, pero entre que era tarde, que hacía calor y que ya abundaban los mosquitos no llegamos a hacer la ruta prevista hasta las pinturas rupestres.

Habrá que volver.

Hablando de volver, al llegar a Teruel, comimos en el Mesón Óvalo donde habíamos estado hace bastantes años cuando era un referente de la nueva restauración turolense. Se sigue comiendo muy bien.

Para digerir, paso alrededor del casco antiguo. Paseo del Óvalo.

Y por la Ronda de Ambeles hasta el torreón de San Esteban, uno de los que quedan del antiguo recinto amurallado.

Y el de Ambeles, probablemente el más moderno, ya plenamente renacentista. Fue obra del ingeniero militar Ramiro López, que estuvo al servicio de Fernando el Católico,

Las antiguas Escuelas del Arrabal, edificio de trazos modernistas, son hoy sede del Archivo Histórico Provincial.

Al llegar al acueducto ya habíamos dado casi la vuelta completa.

Y poco más adelante penetramos en el interior de la urbe.

Cena de tapeo y por debajo de la torre de San Salvador al hotel. La decoración cerámica en blanco y verde sobre el ladrillo ofrece una policromía distinta según la hora del día.

El que sería nuestro último día en Teruel (por esta vez) lo tomamos con calma. Procuramos descubrir nuevas calles y rincones. La primera parada, tras el desayuno, fue la plaza Pérez Prado, donde se ubican el Seminario y la Biblioteca Pública.

Al este se alza la torre de San Martín y detrás la iglesia. La torre de San Martín es la más representativa del mudéjar turolense. Construida a principios del XIII y reformada a mediados del XVI. Intervenciones en el siglo XX y principios del XXI le han dado el actual aspecto, que intenta ser lo más parecido a la construcción original, recuperando el paso bajo ella cubierto con bóveda apuntada y devolviendo las tonalidades a las cerámicas vidriadas. La decoración de inspiración almohade combina resaltes en ladrillo, entrelazos, estrellas de ocho puntas, arcos entrecruzados mixtilíneos y lobulados, ventanas abocinadas de arco de medio punto, etc. La torre del Salvador es casi gemela de esta, que le debió servir de modelo.

Debajo de la torre queda el portal de Daroca y a la derecha la cuesta de Andaquilla.

Nos acercamos al Palacio Episcopal a ver si había alguna probabilidad de ver el Museo de Arte Sacro, pero nada de nada.

Lo que sí que era visitable a partir del jueves era la muralla. Unas escaleras conducen a la parte superior de un fragmento muy restaurado. Durante la subida en los muros de los diferentes pisos se pueden ver paneles con información histórica y algunas reproducciones de armas medievales.

Pero el interés radica en las vistas que se tiene del acueducto en la parte superior.

Y desde lo alto de la torre Bombardera sobre distintos puntos de la ciudad.

Desde las murallas fuimos callejeando hasta Los Aljibes.

De origen muy antiguo, se ubican cerca del Torico y fueron usados hasta la llegada del Acueducto.

Ya era la hora de comer y decidimos probar un gastrobar del que nos habían hablado, el Locavore. Muy interesante experiencia gastronómica.

Por la tarde, con Teruel ya bastante visto, regresamos al Museo y le dimos un repaso. Luego seguimos paseando y contemplando edificios modernistas con sus bellísimas rejas de forja como las de Casa Bayo.

Al día siguiente a casa. Buena experiencia. ¡Lástima de todo lo cerrado! ¡Volveremos!

ORENSE-BURGOS

Iniciado el mes de julio de este fatídico 2020 parecía que se iban calmando las previsiones apocalípticas de la OMS y allegados, y que el turismo -por lo menos interior-se iría regularizando. Por consiguiente, decidimos, tras el largo confinamiento y restricciones, emprender viaje Orense. Cogimos billetes en RENFE desde Lérida, reservamos el hotel en Orense y a esperar el día. Pero la víspera a primera hora oímos en las noticias que confinaban por completo la ciudad de Lérida. Tras preguntar en RENFE (allí, si te contestan al cabo de un buen rato, no saben nunca nada) decidimos anular los billetes y coger el coche ese mismo día.

Y ruta hacia Galicia. Decidimos hacer un alto en el camino y paramos en Navarrete, cerca de Logroño. En un hotel con bonitos jardines. Allí empezamos a ver los desastres originados por el terror. Mucha limpieza (eso es bueno), pero también algunas medidas ridículas e incómodas.

En el hotel pocos turistas. En la población (camino de Santiago), aún menos.

Navarrete es una pequeña población cuyo casco antiguo conoció tiempos mejores.

Guarda muchos recuerdos de su pasada nobleza.

Su monumento más relevante es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, grandiosa construcción renacentista de tres naves..

La preside un espectacular retablo barroco en el altar mayor.

Y de buena mañana a seguir el camino. Nunca mejor dicho pues cercana al Camino de Santiago sigue la autopista y el pequeño tramo que hay que recorrer sin ella.

Pronto llegamos a los paisajes gallegos.

En el hotel, la terraza nos permitía ver Orense desde lo alto.

Dejar las maletas  e ir a comer fue algo inmediato. Y, ¡cómo no!, que no faltase el pulpo.

Repuestas las fuerzas a pasear por la ciudad. Al ser domingo y hora de la siesta, en el parque de San Lázaro, poca gente.

En la calle Santo Domingo, menos

La iglesia que da nombre a la calle, abierta, pero también vacía.

En la praça do Ferro, igual. Aún no era hora de tapeo.

Aprovechamos para echar una primera mirada a la catedral. No por conocida, menos interesante.

Entramos por la portada norte. Las tres arquivoltas, ricamente esculpidas, de la portada propiamente dicha pertenecen al románico tardío. hay modificaciones típicamente góticas pues la portada sufrió daños durante el asalto que sufrió a finales del siglo XV por parte del conde de Benavente y sus aliados.

El interior lo visitamos rápidamente pues reservamos la visita detallada para el día siguiente, pero también valía la pena verla iluminada con luz de tarde y sin multitudes.

Nave central

Bóveda del cimborio

Coro

El Pórtico del Paraíso, magnífico con cualquier luz.

El Apóstol lo custodia a todas horas.

Una pausa en un velador de la plaza de San Martín nos permitió contemplar con calma la fachada oeste.

Con un paseo por el casco antiguo orensano finalizamos la tarde.

Rúa das Tendas

Praza Maior

Santa Eufemia

La mañana del día siguiente decidimos dedicarla  ala visita a fondo de la catedral. Par dirigirnos a ella pasamos por un itinerario distinto al día anterior. Por el parque de San Lázaro.

La calle del Paseo.

Tropezamos con alguna escultura de Acisclo Manzano.

Y, tras desayunar, a la catedral. Visita con audioguía. Y también con muy poca gente.

Con la luz de la mañana, muy distintas las imágenes.

Deambulatorio

Nave central

El presbiterio lo preside el retablo gótico tardío de Cornelis de Holanda.

El museo catedralicio está ubicado en el claustro gótico, al sur de la catedral.

Se accede a él por una portada románica con interesante tímpano y arcuaciones en el interior.

No es muy grande pero contiene auténticas maravillas. Una cruz procesional atribuida a Enrique de Arfe

El Misal Auriense, primer libro impreso en Galicia, 1494.

La Virgen románica de Reza.

La Arqueta de Santa Valeria, de principios del XIII, entre otras varias piezas con esmaltes de Limoges.

Una Santa Ana Triple.

La Arqueta-relicario de Santa Eufemia, del XV.

Y, sobre todo, la extraordinaria colección conocida como Tesoro de San Rosendo, procedente de Celanova.

Con el cáliz de San Rosendo.

Las piezas fatimíes de ajedrez de cristal de roca.

El anillo del santo.

Un ara portátil del siglo XII.

Varios peines litúrgicos de marfil.

Y un precioso báculo de marfil.

Siguiendo la visita de la catedral, hay un banco de piedra adosado al muro sur en el cual hay grabados tableros para juegos. Las interminables sesiones litúrgicas debían requerir algún entretenimiento.

El pórtico del Paraíso con luz matinal es también otro pórtico.

Para recorrerlo todo hay que subir al campanario.

Y contemplar Orense desde lo alto.

Y a salir por la puerta sur del transepto.

Por la plaza de la Magdalena, presidida por el habitual cruceiro

y la iglesia de Santa María, fuimos descendiendo.

Hasta Las Burgas, los manantiales de agua caliente, símbolo de la ciudad y ya explotados en época romana.

Desde las Burgas nos acercamos por la Rúa do Progreso, una de las avenidas principales, hasta el Puente Romano (como es habitual más medieval que romano).

Tras comer bien, lo que no es difícil en Orense, una siesta para huir del calor y por la tarde subida a San Francisco, convertido en centro de  las actividades culturales ciudadanas. No pudimos visitar el claustro, pero sí ver que aún hay trabajo por hacer en la zona.

Desde los aledaños de San Francisco se disfruta de buenas vistas sobre la ciudad y su catedral.

En especial, del cimborio.

El siguiente día a Monforte de Lemos.

En el Campo de la Compañía, presidido por el Colexio de Nosa Señora da Antiga, iniciamos la visita.

De allí a la plaza España, presidia por el consabido Cruceiro.

Y hacia arriba, por las murallas y el  barrio judío.

Pasando por Santa María de Régoa

y las sucesivas puertas y restos del recinto fortificado.

hasta llegar arriba al castillo, en el Montis Forte que da nombre a la población.

Con su imponente torre del homenaje.

Sus vistas sobre la ciudad.

.

El monasterio de San Vicente del Pino, convertido en Parador de Turismo.

Con su claustro neoclásico.

Al lado está el palacio de los Condes de Lemos.

Descendimos por el lado opuesto al de subida.

Y cruzando el Puente  Viejo  sobre el  río Cabe

nos dirigimos al convento de las Clarisas,

donde está instalado el Museo de Arte Sacro, una importante colección de arte barroco. Con este Cristo de Gregorio Fernández.

Y alguna obra interesante como este Calvario del siglo XIV, procedente de San Fiz de Cangas.

De Monforte fuimos a Ferreira de Pantón a ver su monasterio de Santa María, con una magnífica iglesia románica.

Y una preciosa Virgen de dicha época.

Muy cerca se halla San Miguel de Eiré.

No pudimos ver su interior, pero sí contemplar la bonita portada norte.

Siguiendo el Miño regresamos a Orense.

Por la tarde paseo por Orense.

Plaza Eugenio Montes y monumento a los Héroes del Cómic

Nuevo día. Y a uno de los pueblos más bonitos y bien cuidados de Galicia: Allariz.

Los parques, a las orillas del río Arnoia, una preciosidad.

Las calles del pueblo también.

La iglesia de San Pedro, con elementos románicos y góticos, la hallamos cerrada. Desgraciadamente, lo mismo nos pasó con otras.

El monumento a la Festa do Boi, tradición de origen medieval que se mantiene en la actualidad.

en la parte alta de la población se encuentra el Campo da Barreira, que al sur, en un extremo tiene la iglesia de San Benito.

Y en sus inmediaciones dos bellos cruceiros del siglo XVI.

En la misma plaza está el convento de Santa Clara, en cuyo museo hay una pieza de valor excepcional. Una Virgen Abrideira de marfil,  del siglo XIII, que perteneció a la reina Violante, esposa de Alfonso X.

Cualquier rincón de la población tiene su interés.

Cruceiros y hórreos.

Antiguas murallas.

Fuentes.

Iglesias como la de San Esteban. Cerrada, naturalmente.

Pero con una espléndida colección de canecillos en su muro sur.

La Plaza Mayor es el centro de la vida ciudadana. En ella destaca la iglesia románica de Santiago, auténtico museo escultórico.

Con dos magníficas portadas. Al oeste.

Y al sur.

En la misma plaza está la Paneira, edificio del siglo XV, que funcionó como institución de crédito agrícola.

Nos quedaba la subida al castillo. De él queda poca cosa.

Lo mejor las vistas sobre la población.

Durante el descenso pasamos de nuevo por la iglesia de Santiago.

Y nos acercamos a la de Santa María de Vilanova, también de origen románico.

Junto a ella, el único cruceiro de la población que conserva su emplazamiento original. Todos siguen un modelo similar. El Crucificado en el anverso y la Piedad en el reverso.

Un último paseo por la zona cercana al río.

Y a cruzar el puente, para seguir después por la orilla derecha en un magnífico paseo

hasta el Puente Románico, cercano a Santa María de Vilanova.

Llegamos a comer a Celanova y, aunque ya era tarde, aún nos dieron de comer.

Desafortunadamente, el monasterio no era visitable por alguna razón relacionada con el coronavirus.

Regreso a Orense. Al atardecer, cena en un establecimiento de la zona de tapeo, recomendados por un amigo. Sencillo, pero buen trato y buen género.

Nuestro último día en Orense lo empezamos yendo a uno de los lugares emblemáticos de la Ribeira Sacra, San Pedro de Rocas.

Como solemos madrugar, aún estaba cerrado, lo que nos permitió recorrerlo con sus alrededores en completa soledad.

El paraje es propio para que habiten meigas y trasgos. De existir, están ahí.

Cerca de las construcciones todo se ve más actualizado.

La vida eremítica ne la zona tiene su origen en el siglo VI y perduró hasta el siglo XV, cuando estaba en plenitud el monasterio.

Tumbas antropomorfas aparecen por doquier.

Entre construcciones de diversas épocas.

La recogida de aguas era esencial para la vida comunitaria.

El paisaje, sensacional.

A las diez abrieron y pudimos ver la iglesia cuya cabecera son tres cuevas abiertas en la roca. Siendo la más interesante la central.

La iglesia románica, cuyas naves son perpendiculares a las cuevas, es también interesante.

Por maravillosos paisajes y por las curvilíneas y tobogánticas carreteras gallegas desde San pedro nos dirigimos a nos dirigimos a San Esteban de Ribas del Sil.

Fue este el principal monasterio de la Ribeira Sacra. Actualmente alberga un Parador de Turismo.

Poco queda de época medieval,  siendo  lo que  vemos ahora  principalmente  obra renacentista.

La iglesia, de base románica, fue modificada en el siglo XVI, construyéndose sus bóvedas, y en su fachada en los siglos XVII y XVIII.

Conserva tres claustros. El de los Caballeros, a la entrada del monasterio.

El acceso a las plantas superiores se efectúa a través de una monumental escalera.

Otro claustro es el Menor o do Viveiro, llamado así porque llenábase a veces de agua para tener truchas disponibles.

Y el último, el de los Obispos, es el más antiguo.

A la entrada (o salida) del monasterio nos recibe (o nos despide, según se mire) un cruceiro.

Vuelta a Orense por terrenos poblados de hórreos y cruceiros.

Por la tarde de nuevo a Las Burgas a llevarnos el recuerdo de sus cálidas y terapéuticas aguas.

La ventaja de ir con vehículo propio es que paras donde quieres, y eso hicimos al regreso. Un par de días en Burgos, que completaron muy bien el viaje.

Alojados en el hotel ubicado en el palacio de la Merced, casi justo enfrente de la catedral, al otro lado del Arlanzón, no podíamos estar más céntricos.

A cruzar el río.


Y por el Arco de Santa María

a la catedral.

Pero se acercaba mediodía y no era el momento de visitas turísticas, sino más bien gastronómicas. Las cercanías ofrecen lo más tradicional y lo más innovador. Era pronto y podíamos elegir antes de que todo quedase abarrotado.

Por la tarde al Museo de la Evolución Humana. Ya habíamos estado en Burgos tras su inauguración, pero no habíamos ido.

Las instalaciones impactan.

Pero los descubrimientos de Atapuerca, eje central del  museo, lo merecen.

Algunas instalaciones estaban a medio ritmo o sin funcionar debido al dichoso virus.

Por el puente de San Pablo cruzamos el río.

Al otro lado nos recibía el monumento al héroe castellano por excelencia, El Cid.

Y el centro de la ciudad, aunque pronto nos refugiamos en una cafetería hasta la hora de cenar, porque Burgos hacía honor a su leyenda de que solo tiene dos estaciones, invierno y la del ferrocarril, y el fresquito no era lo esperado en un mes de julio.

El día siguiente era para hacer una buena visita a la ciudad. Entramos por el Arco de Santa María.

Y como aún estaba cerrada la catedral, empezamos con la iglesia gótica de San Nicolás.

Todo el edificio y su contenido son de gran interés, pero el resto queda eclipsado por el retablo, obra de Simón de Colonia y su hijo Francisco, uno de los más monumentales del Renacimiento en Castilla.

Luego a dar la vuelta a la catedral.

Y a disfrutar de sus portadas. la de la Coronería al norte.

La fachada principal o de Santa María al oeste.

Y la del Sarmental, por la que hicimos la entrada, al sur.

El interior merece muchos pasos y tiempo.

Curiosidades como el Papamoscas, que abre la boca con las horas.

Y maravillas artísticas de diversas épocas como el retablo de la capilla de Santa Ana de Gil de Siloé.

En la misma capilla, en un lateral, una Santa Ana Triple de las que tanto me gustan. Es obra de Diego de Siloé.

Entre lo más conocido y monumental de la catedral está la escalera de Gil de Siloé, que permitía descender al interior desde la puerta de la Coronería.

El cimborio de la nave central es espectacular.

El retablo del altar Mayor es delos hermanos de la Haya con la colaboración de Simón de Bueras.

En la capilla de la Natividad de la Virgen llama la atención su retablo, muestra de la escultura manierista.

La capilla de los Condestables es tal vez la más relevante de toda la catedral. La presiden los sepulcros de sus benefactores, Pedro Fernández de Velasco y su esposa doña Mencía de Mendoza. Las obras de la capilla las dirigió Simón de Colonia.

Entre los retablos de la capilla hay uno dedicado a Santa Ana, con esta imagen de Gil de Siloé.

En el claustro está instalado el museo catedralicio.

Su contenido es riquísimo. Abundan los esmaltes de Limoges como este Cristo románico.

Hay obras de Gil de Siloé.

Preciosos portapaces esmaltados gótico-renacentistas.

Este Cristo atado a la columna de Diego de Siloé.

De la catedral a la Plaza Mayor y a comer en sus aledaños.

Por la tarde una de las joyas burgalesas menos visitada. el Museo de Burgos con obras de la ciudad y provincia, que van desde la Prehistoria a las últimas vanguardias. Estábamos solos.

Lo primero que se nos presenta es una amplia colección de estelas, lápidas y miliarios romanos.

En la parte dedicada a la prehistoria Atapuerca, como era de esperar, ocupa un lugar preeminente.

De la segunda Edad del Hierro (IV-I a. C.) es la amplia colección de objetos hallados en la necrópolis de Miraveche.

De esa y otras procede un amplio surtido de navajas de afeitar.

Y de juguetes.

La época romana está ampliamente representada.

Resultan admirables objetos que han llegado a ´pocas cercanas sin demasiadas modificaciones como este brasero.

Tras Roma vienen los restos visigóticos.

Y mozárabes como esta ara de altar.

De Santo Domingo de silos proceden diversas arquetas.

La Virgen de las Batallas, felizmente recuperada tras muchos años de errar por el mundo, considera la leyenda que es la que llevaba consigo Fernán González, aunque haya un problema de compatibilidad cronológica, pero si lo dice la leyenda …

La Virgen de Buniel conserva aún todos los rasgos del románico.

otravezlaleyenda

Otra vez la leyenda. Uno d elos grandes atractivos del museo es la espada del Cid, conocida como la Tizona.

Del museo a cenar. El ambiente en Burgos era similar al anterior a la invasión vírica.

Caída la noche no decaía el ambiente en las calles y eso que en muchas terrazas funcionaban los calefactores debido al frío.

Una última mirada al emblema de Burgos y al hotel.

A dormir, madrugar, hacia Graus y fin del viaje.

GRANADA

Aprovechando que ya hay AVE hasta Granada y hacía años que no íbamos, ese fue nuestro destino este noviembre.

El hecho de no tener que pasar por Madrid y hacer transbordo para ir a Andalucía desde Aragón y Cataluña añade comodidad y rapidez al viaje.

A mediodía ya estábamos en Granada, en el hotel situado en pleno centro y al poco rato comiendo en la plaza Pescadería.

Buenas verduras y mejores pescados. Un buen estreno.

La catedral a un paso, y a ella fuimos.

La fachada es un proyecto de Alonso Cano de 1667 con modificaciones posteriores.

La catedral se inició aún en estilo  gótico en 1523, pero a los pocos años se hizo cargo de las obras Diego de Siloé que, aprovechando la cimentación gótica, desarrolló un edificio renacentista, tras convencer del proyecto a Carlos I.

Consta de cinco naves y deambulatorio. La nave central es más alta. Una serie de pilares con semicolumnas adosadas sostienen las bóvedas.

La Capilla Mayor, de planta circular, fue diseñada para servir de panteón real, pero la construcción del Escorial por Felipe II hizo descartar el proyecto.

El tabernáculo actual, de principios del siglo XX, sustituyó a otros varios que habían sucedido al primitivo diseñado por Diego de Siloé.

Dentro de la catedral podemos observar obras artísticas de interés como la portada gótica de la Capilla Real, que muestra el tímpano decorado con el águila y el escudo real flanqueados por el yugo y las flechas, símbolos de los Reyes Católicos.

Gran devoción tiene en Granada la Virgen de las Angustias.

Adosada a la catedral, pero con entrada desde el exterior se sitúa la Capilla Real donde reposan los restos de los reyes Isabel y Fernando al lado de los de su hija Juana y su marido Felipe el Hermoso.

Como no permiten en modo alguno hacer fotos en la capilla Real coloco una que no es mía.

Sepulcro de los Reyes Católicos

Un paseo por el centro pasando por la siempre animada plaza Bib Rambla.

Con su Fuente de los Gigantes.

Ya anochecía y el resto del paseo fue nocturno hasta la hora de cenar.

El día siguiente decidimos iniciar nuestra exploración de Granada con el trenecito turístico. En la Puerta Real, a dos pasos del hotel, iniciaba el recorrido.

Su tamaño permite introducirse por las callejuelas granadinas.

Subimos primero hacia la Alhambra.

Descendimos y entramos en el Albaicín por la Carrera del Darro.

Bajamos en la parada de San Cristóbal.

Para contemplar Granada desde su mirador.

Desde allí nos adentramos por las callejuelas del Albaicín.

Hasta la plaza Larga, que centra en buena parte la vida ciudadana del barrio.

Y por el Arco de las Pesas atravesamos la muralla de la Alcazaba Cadina, que rodeaba el núcleo original de la Granada musulmana, desarrollado desde principios del siglo XI por los reyes ziríes, fundadores del Taifa granadina.

Cerca alcanzamos el mirador de San Nicolás, desde donde se domina toda la Alhambra, aunque con el sol de tarde las vistas tienen que ser mucho mejores, pero estábamos en época de tardes cortas.

Regreso hacia San Cristóbal.

Parando a contemplar un aljibe medieval.

En San Cristóbal tomamos de nuevo el trenecito y hacia la Cartuja. Su construcción se inició poco después de la conquista de Granada, pero las obras duraron tres siglos.

Una austera portada renacentista coronada por una hornacina con la imagen de San Bruno, fundador de la orden, da paso a la iglesia.

Por una puerta lateral se accede a un patio y tras él al claustrillo, denominado así por ser el menor de los dos que había. El otro ha desaparecido.

Las diversas dependencias están decoradas con pinturas sobre todo de Sánchez Cotán, que estuvo aquí años como cartujo. El refectorio es un museo de sus obras.

Pero lo que sobresale del conjunto son la iglesia y la sacristía. Obras maestras del barroco, que parece con sus filigranas de estucos preceder el rococó.

Nave de la iglesia

Nave hacia los pies

Presbiterio

Tras el presbiterio está el sagrario.

Con su cúpula pintada por Antonio Palomino.

Al fondo está el tabernáculo que alberga el sagrario propiamente dicho, en un espacio repleto de mármoles de colores y con profusión de esculturas, que responden a un programa profundamente simbólico.

Adosada a la cabecera, en el lado del evangelio está la sacristía, otra explosión de movimiento y colorido.

Seguimos en el trenecito. Pasamos por la plaza de toros.

Y abandonamos el tren definitivamente en la plaza Romanilla, junto a la catedral, zona de restaurantes pues ya apretaba el hambre.

Por la tarde decidimos ir a los Jerónimos. Durante el paseo aún nos dio tiempo de ver el Jardín Botánico

El monasterio de los Jerónimos fue otra de las obras promovidas por los Reyes Católicos tras la toma de la ciudad. El monasterio ya existía en Santa Fe y fue trasladado aquí para lo cual se realizó una gran construcción en la que fue parte fundamental Diego de Siloé.

Tiene dos claustros, uno de ellos no visitable pues forma parte de la zona ocupada por las monjas de clausura.

La iglesia es le primer templo del mundo dedicado a la Inmaculada Concepción. La iglesia tiene un espectacular coro alto a los pies y fue concebida para albergar las tumbas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, y su esposa.

El altar Mayor se sitúa tras una larga escalinata y en él se funden detalles aún plenamente renacentistas con esculturas que obedecen ya al manierismo.

Ya anochecido, aún nos dio tiempo para visitar la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo socorro y la de los santos Justo y Pastor. Esta última con interesante decoración.

El miércoles teníamos reservada la visita a la Alhambra. hacia la plaza Isabel la Católica a tomar el bus hacia arriba.

Al entrar en el recinto de la Alhambra lloviznaba,  pero  paró enseguida. A las diez teníamos hora para entrar en los palacios nazaríes y rápidamente, cruzando la Acequia Real, allí nos dirigimos

   

Pasamos por los restos de la antigua Medina y por la iglesia de Santa María.

Hasta llegar al palacio de Carlos V.

Una breve cola y a los palacios. A disfrutar de artesonados, mocárabes, caligrafías y atauriques por doquier.

Las vistas de la ciudad son también espléndidas. Para imaginar cómo se sentirían los reyes allí.

El patio de los Arrayanes es uno de los lugares más conocidos de la Alhambra.

A uno de los extremos del patio se alza la torre de Comares, la más alta del conjunto y donde, según la tradición, se acordó la rendición de Granada.

Más conocido aún que le patio de los Arrayanes lo es el de los Leones. Un caso raro de representación animal, poco frecuente en el arte musulmán.

Una curiosidad añadida al misterio de los leones, de quienes no sabemos ni el origen ni la motivación para usarlos como esculturas decorativas, es que no hay dos leones iguales. En la fuente de los Leones hace unos años se restableció el sistema tradicional de circulación del agua.

Las bóvedas de las diversas salas aún deslumbran por su decoración y por los vanos que permiten su iluminación.

Las ventanas son auténticos marcos estudiados del paisaje.

Dejamos los palacios por el patio de Lindaraja.

Y nos dirigimos al Partal.

Desde el Partal ya se empieza atener buenas vistas del Generalife y hacia allí que fuimos.

Otra vez a pasar por la Torre de las Infantas.

Y  a seguir el camino, siempre con el susurrar del agua.

Y magníficas vistas de la Alhambra.

El Generalife fue en un principio una finca de recreo de los reyes nazaríes, pero también una explotación agrícola. Jardines y huertas son cuidados hoy en día al modo tradicional.

Paseando por sus jardines es hacerlo al ritmo del agua.

Las vistas sobre la Alhambra y las huertas tampoco son desdeñables.

Ahora atrás, otra vez a la Alhambra, pues nos faltaban el palacio de Carlos V y la Alcazaba.

El palacio de Carlos V, obra concebida por Pedro Machuca, es un magnífico ejemplo de obra renacentista, con curiosas soluciones arquitectónicas. La planta cuadrada esconde en su interior un gran círculo alrededor del cual se distribuyen las distintas dependencias.

En la planta superior se ubica el Museo de Bellas Artes y en la inferior el mucho más reciente Museo de la Alhambra. Este todavía lo visitamos. el de Bellas Artes lo dejamos para otra ocasión.

Aún nos quedaba la Alcazaba. Es la parte más antigua del conjunto de la Alhambra y fue residencia de los reyes hasta que se construyeron los palacios, pasando entonces a tener un uso exclusivamente militar.

Sus torres son auténticos miradores sobre la ciudad.

Empezaban a caer cuatro gotas y fuimos rápidamente hacia la salida.

El taxi que nos bajó de la Alhambra nos dejó en la calle Navas. en uno de sus restaurantes comimos y por cierto bastante bien.

Decidimos después descansar un rato en el hotel y cuando salimos dimos un paseo nocturno por la calle Reyes Católicos arriba. Paramos en el monumento a Isabel de Castilla y Colón.

En la plaza Nueva para admirar la Chancillería de noche.

Y la iglesia de Santa Ana.

Aún nos dio tiempo a subir un rato por la Cuesta del Darro.

Nuevo día e iniciamos el recorrido por donde habíamos pasado la noche anterior.

Con parada primero en el Corral del Carbón. Se trata de una alhóndiga (edificio público destinado a guardar y vender grano) del siglo XIV. Es la mejor conservada de España. Una monumental puerta de arco de herradura da paso al interior.

Las dependencias se organizan en torno a un patio cuadrangular centrado por una fuente.

En la plaza Nueva aún había poco movimiento.

En la plaza, la Chancillería.

Y la iglesia de Santa Ana con su torre mudéjar y un interior sin mayor interés.

La Carrera del Darro un recorrido precioso pese al día nublado.

Quedan restos del llamado puente del Cadí, que actualmente se considera que no era un puente sino una antigua puerta conectada con las murallas primitivas de la ciudad.

Las empinadas callejuelas que suben hacia el Albaicín desde la Carrera del Darro tienen todas su encanto.

Pasamos por San Pedro y San Pablo.

Justo enfrente está el Museo Arqueológico.

El contenido, aunque no muy amplio, tiene obras relevantes. Como estas sandalias de esparto, datadas en el quinto milenio antes de nuestra era.

O estos amuletos, procedentes de una necrópolis cercana a Almuñécar, de principios de la época ibérica.

Contemporánea a los amuletos es la escultura de este toro.

De época romana (siglos II y III) destaca este busto de Ganímedes.

Visigótico es este ladrillo con crismón.

Hay que subir a la planta superior para disfrutar de la perspectiva de la Alhambra.

La zona llana se acaba en el Paseo de los Tristes. Al otro lado del río, la Casa de las Chirimías.

Y la Alhambra.

Al regresar paramos en la iglesia del convento de Santa Catalina de Zafra.

Y detrás está la Casa de Zafra, vivienda rehabilitada, que “intenta” ser un centro de interpretación del Albaicín.

Al llegar a la plaza Nueva nos internamos por callejones hasta llegar a la Casa de los Tiros. Recibe su nombre por los mosquetes que asoman entre sus almenas.

La fachada renacentista da paso a un interior con diversas salas destinadas a museo de variado contenido.

Pero el centro de interés es la habitación denominada la Cuadra Dorada. Cuidadosamente restauradam, muestra un espléndido artesonado con escritos históricos y figuras en bajorrelieve.

La colección de cabezas de viga representando personajes históricos y mitológicos es espléndida.

A comer y por la tarde el acostumbrado paseo por el centro. La plaza Bib Rambla.

Y la Alcaicería, conjunto de estrechas calles con aspecto de zoco, que se levanta en el lugar de la primitiva destinada al comercio de la seda, que fue destruida en un incendio a mediados del siglo XIX.

Ya viernes. Empezamos otra vez por centro para tomar después la Gran Vía en dirección a la puerta de Elvira. Esta fue la principal puerta de entrada a la ciudad en época islámica.

Poco más arriba de la puerta se inicia la cuesta de Alhacaba que sube hasta la parte alta del Albaicín.

A poco de iniciar la interminable cuesta parte al izquierda las escaleras que conducen a San Cristóbal.

Seguimos por la cuesta. ¡Ya solo nos hubiesen faltado las escaleras!

Paralela a la Cuesta de Albahaca queda la muralla de la Alcazaba Cadima, levantada sobre los restos de las murallas romanas de la antigua Ilíberis o Elvira.

Una vez arriba una pausa en la siempre concurrida plaza Larga y a emprender el descenso. ahora por otro sitio.

El Albaicín ha sido muy reformado las últimas décadas a fin de hacerlo más cómodo y habitable. Un ejemplo es la Placeta Cristo Azucenas. De todos modos la estrechez y el desnivel de muchas calles y las grandes dificultades para el tráfico rodado no acaban de convertirlo en realmente residencial.

Pasamos por le convento de Santa Isabel la Real, que no pudimos visitar al estar cerrado.

E hicimos otra pausa y otro café en la placeta de San Miguel Bajo, junto a la iglesia del mismo nombre

y el aljibe del siglo XIII que se conserva adosado a ella.

Más descenso

y parada en el Mirador de la Lona.

Y otra en el Mirador Ojo de Granada.

Incontables los escalones y cuestas que, subiendo o bajando, hay que superar en el Albaicín.

Finalmente desembocamos en San Gregorio. Entramos en la iglesia del convento de clausura donde en aquel momento estaban las monjas con sus cánticos de la hora sexta.

Cuando acabaron por la calle Calderería Nueva -conocida por todos como la calle de las Teterías por las muchas que hay- nos dirigimos al centro.

Entramos en el Mercado de San Agustín. Ahora que están tan de moda los mercados convertidos en locales gastronómicos, en este también ocurre pero sin perder el sabor tradicional del mercado.

Nos llamó la atención el nombre de un establecimiento, que tenía a un lado la tienda propiamente dicha

y, enfrente, el lugar para tomar alguna cosita. Con vinos, curiosamente de Somontano, disfrutamos de un buen jamón y lomo ibérico.

Las pescaterías también son atractivas y en un momento te preparan una mariscada y una fritura eligiendo tú los productos. Aquí con vino de Rueda. El único problema el espacio algo incómodo, pero la calidad y el precio fenomenales. De eso no hay fotos, ¡bastante trabajo teníamos!

Antes de dejar el mercado aún realizamos una compra de aceites gourmet.

Volviendo al hotel fotografiamos en la plaza Romanilla al Aguador. Falta nos hacía el agua para digerir.

Al anochecer el paseíto habitual. Hoy por la Capilla Real.

Y último día en Granada. Desayuno por la Acera del Darro.

Hasta el Genil.

Muy cerca está la popular fuente de las Granadas.

Regresando por la Carrera de la Virgen paramos en Nuestra Señora de las Angustias, donde se venera la imagen de la patrona de Granada.

Algo más arriba se halla el palacio de Bibataubín.

Seguimos por el centro hasta que se acercó mediodía. A buscar las maletas, a la estación y cerca de allí comimos.

Nos despedimos de Granada con muy buen tiempo, aunque fresquito como bien señalaba el aspecto de Sierra Nevada al fondo.

 

 

 

 

 

 

KIEV

Kiev, la ciudad de las cúpulas doradas, hacía tiempo que era un objetivo pendiente para nosotros.

No encontrábamos guías en español. Las que hay en inglés parecían atrasadas y los comentarios en internet y las redes sociales nos pintaban un país atrasado, con muchos problemas y dificultades.

Al final decidimos ir igualmente y la verdad es que valió la pena. Una ciudad tranquila, moderna y con muchos atractivos.

El coche, enviado por el hotel, que nos esperaba en el aeropuerto, moderno, limpio y con botellines de agua fresa para los pasajeros. Eso sí, un pequeño inconveniente, el conductor no hablaba más que ucraniano y ruso.

El hotel nuevo, funcional, magníficamente situado y con todo el personal hablando inglés (incluso una recepcionista un español bastante correcto).

1. Hotel

Pronto nos sorprendió la tranquilidad de las grandes avenidas, con no demasiado tránsito y donde la gente anda sin prisas.

4. calle Bohdana Khmelnytskogo

La remodelación de las fachadas, la pintura, los nuevos comercios y los nuevos edificios que conviven con los de los siglos XIX y XX le dan un nuevo aspecto a lo que fue bastante gris en épocas no muy lejanas.

9. Calle Bohdana Khmel´nyts´koho

Muy cerca del hotel teníamos la Ópera donde anunciaban para el día siguiente el ballet “Don Quijote”.

8. Ópera

La calle Bohdana Khmelnytskogo desemboca en la Khreschatyk, la principal de la ciudad, donde se hallan muchos edificios oficiales, grandes almacenes, restaurantes, …

10. Calle Khreschatyk

Nos llamaron la atención la multitud de quioscos donde, a través de una pequeña ventana, se vende cafés, bebidas, revistas, helados, tentempiés de todo tipo o tabaco.

13

Hacia el sur la calle finaliza en el mercado de Besarabia.

15. Mercado Besaravia

Tras un buen paseo y toma de contacto con la ciudad regresamos hacia el hotel pasando de nuevo por la Ópera y cenando enfrente en un restaurante de cocina francesa (también más francés que ucraniano en los precios).

18. Ópera

El día siguiente madrugamos pues el sol sale en Kiev a horas muy tempranas. Y a empezar las visitas. No habíamos encontrado ninguna guía ni folletos en español, oficinas de turismo no hay, entonces nuestra única orientación era un pequeño plano de esos de propaganda que dan en los hoteles y la información obtenida en internet. Lo cierto es que no tuvimos ningún tipo de problema para poder ver todo aquellos que nos interesaba.

La primera parada fue en la Puerta Dorada. Entrada triunfal en las murallas de la ciudad desapareció en el siglo XVIII y en el XIX se encontraron las ruinas y se reconstruyó. El aspecto actual data de 1982 en que se restauró por completo para conmemorar el 1500 aniversario de la fundación de la ciudad.

A uno de sus lados está la estatua de Yaroslev I el Sabio, Príncipe de Kiev y Novgorod durante la primera mitad del siglo XI, época del máximo apogeo del Rus de Kiev

25. Puerta Dorada

28. Puerta Dorada

En una esquina de la plaza de la Puerta Dorada, frente al restaurante Pantagruel, se halla la escultura en bronce de un gato, que lleva el nombre del restaurante. Está muy brillante porque los transeúntes la frotan para tener buena suerte. Este gato (cuando vivía) era muy popular entre los clientes del restaurante y siempre merodeaba por allí. En un incendio murió y mediante donaciones se le hizo el monumento. Como en todas las leyendas hay otras versiones, pero el gato de bronce sigue allí y la gente continúa frotándolo y rascándolo. 

22. Parque Puerta Dorada. Monumento al gato Pantaleymon

La plaza es un lugar muy animado con zonas ajardinadas.

29. Parque Puerta Dorada

Durante las mañanas hay puestos donde se venden diversos productos, teniendo un papel preponderante las flores.

30. Parque Puerta Dorada

Queríamos ir a la catedral de Santa Sofía, pero lo tuvimos que posponer pues una gran cantidad de policías y vehículos policiales tenían acordonada la zona de acceso y buena parte de la plaza. Al parecer se realizaba algún tipo de mitín político.

36. Campanario de Santa Sofía

37. Plaza Sofiyibska

La gran plaza frente a Santa Sofía la centra la estatua de Bogdán Jmelnitski, líder cosaco que a mediados del siglo XVII dirigió un levantamiento contra las fuerzas de la mancomunidad polaco-lituana, que hasta entonces controlaba Ucrania. A partir de entonces se acrecentó el predominio de la iglesia ortodoxa a la vez que el intervencionismo ruso. 

39. Plaza Sofiyibska. Monumento a Bogdán Jmelnitski, líder cosaco (1595-1647)

A escasa distancia está San Miguel de las Cúpulas Doradas.

42. San Miguel de las Cúpulas Doradas

Este monasterio es originario del siglo XI y, tras diversas vicisitudes y destrucciones parciales, en los siglos XVI y XVII se convirtió en uno de los monasterios más poderosos de Ucrania. A principios del siglo XX lo habitaban más de doscientos monjes. 

44. San Miguel de las Cúpulas Doradas

A principios de la década de los treinta del siglo XX, las autoridades comunistas decidieron derribar por completo el monasterio con el argumento de que no quedaba nada de medieval y su aspecto era completamente barroco y sin valor ni histórico ni artístico. El único profesor que se negó a firmar el acta de demolición acabó sus días en una cárcel soviética.

Antes de dinamitar la catedral y el campanario muchos objetos de valor, entre ellos los mosaicos bizantinos, fueron trasladados a Leningrado y otros vendidos o simplemente destruidos como el iconostasio.

Los terrenos fueron transformados en pistas deportivas. Lo único que subsistió fue el Refectorio transformado en vestuarios.

70. San Miguel de las Cúpulas Doradas

Tras la desaparición de la Unión Soviética y la independencia de Ucrania se consideró delito la demolición y se decidió reconstruir el monasterio. durante las obras se recuperaron muchos objetos y otros fueron devueltos desde Rusia. 

51. San Miguel de las Cúpulas Doradas

El campanario también fue reconstruido y hoy constituye un extraordinario punto de observación con excelentes vistas.

45. San Miguel de las Cúpulas Doradas

Empezando por la del propio monasterio.

69. Desde la torre de San Miguel de las Cúpulas Doradas

Y continuando por la de la catedral y las plazas entre ella y el monasterio.

59. Desde la torre de San Miguel de las Cúpulas Doradas

Los muros exteriores del monasterio están llenos de paneles con las fotografías y los nombres de los fallecidos en la reciente guerra con los separatistas prorrusos del este del país. En la vida cotidiana da la sensación de que la guerra es algo ajeno y lejano, pero los recuerdos en homenaje a los muertos y los elementos de exaltación nacionalista surgen por toda la ciudad.

71. Muro exterior de San Miguel de las Cúpulas Doradas. Recuerdo a los muertos en la guerra 2014-2018

Descendimos hacia la ciudad baja pasando por el parque de la colina Vladimir. Veíamos perfectamente el Arco de las Naciones, construido para conmemorar el sesenta aniversario de la Unión Soviética.

74. Al fondo Arco de las Naciones

Entramos en la catedral católica de San Alejandro.

76. Catedral católica de San Alejandro

78. Catedral católica de San Alejandro

Y finalizamos la bajada en la plaza Europea

80. Plaza Europea

Allí se inicia la calle Khreschatyk, la principal de la ciudad, por el lado norte. El día anterior la habíamos recorrido parcialmente por el lado opuesto. 

Nos seguía sorprendiendo la gran cantidad de quioscos con la más variada oferta.

81. Hacia la plaza de la Independencia

Pronto alcanzamos Maidán (oficialmente la plaza de la Independencia), escenario de los principales acontecimientos de la vida ciudadana, entre ellos las manifestaciones políticas a veces de resultados trágicos.

83. Plaza de la Independencia

84. Plaza de la Independencia

Su monumento principal es el dedicado a la Independencia.

88. Plaza de la Independencia

Seguimos la calle Khreschatyk hasta el final y buscamos un restaurante.

90. Calle Khreschatyk

Para hacer la digestión subida de nuevo hacia la catedral.

Pasamos por el monumento a los Guardias Fronterizos simbolizados por un cosaco a caballo.

94. Monumento a los guardias fronterizos

Ya se había acabado los acontecimientos políticos y los controles policiales, y en la catedral casi no había nadie

96. Catedral de Santa Sofía

Este majestuoso edificio de cinco naves y cinco ábsides conserva su estructura medieval, aunque su aspecto exterior con algunos añadidos responde al gusto del barroco.

Fue construida en época de Yaroslav I, que intentó imitar Santa Sofía de Constantinopla. Otras versiones consideran que la imitada era Santa Sofía de Novgorod, construcción en madera que Yaroslav quiso reproducir en piedra.

Tras la revolución de 1917 los comunistas decidieron destruirla, pero el esfuerzo de científicos e historiadores de todo el mundo consiguió evitarlo.

98. Catedral de Santa Sofía

Actualmente distintas confesiones religiosas se disputan su propiedad, pero el estado no la ha concedido aún a ninguna.

102. Catedral de Santa Sofía

El campanario ofrece también muy buenas vistas.

100. Catedral de Santa Sofía

El interior es espectacular y conserva muchas pinturas y mosaicos de los siglos XI y XII.

155. Catedral de Santa Sofía

Como la conocida Virgen Orante que preside el ábside central.

158. Catedral de Santa Sofía

Los de la cúpula.

137. Catedral de Santa Sofía. Cúpula central

Y tantos otros.

162. Catedral de Santa Sofía

En una de las naves laterales se conserva el sarcófago de Yaroslav I el Sabio.

139. Catedral de Santa Sofía. Nave lateral norte 1. Sarcófago de Yaroslav el Sabio

En la parte superior de la catedral se ha acondicionado un pequeño museo con obras francamente interesantes como este bajorrelieve de San Miguel y el caballero Teodoro, del siglo XII.

171. Catedral de Santa Sofía. San Jorge y el caballero Teodoro. XII

Y bastantes mosaicos, algunos procedentes de San Miguel de las Cúpulas Doradas.

174. Catedral de Santa Sofía. Archidiacono Esteban. XII. Procede de San Miguel de las Cúpulas Doradas

175. Catedral de Santa Sofía. Fragmento mosaico XII

El recinto que rodea la catedral es también lugar agradable para pasear y relajarse.

193. Catedral de Santa Sofía

Para acabar la tarde una pausa para tomar algo y a la Ópera, al ballet “Don Quijote”.

202. Ópera

Llegamos pronto y así pudimos ver tranquilamente las instalaciones.

206. Ópera

209. Ópera

211. Ópera

Poco a poco el recinto se fue llenando. Comprobamos que la puntualidad no es en Kiev algo primordial.

218. Ópera

Luego a cenar y dormir que el día había sido intenso.

El día siguiente tuvimos que tomar un taxi -lo que no es nada fácil en Kiev sin pedirlo anticipadamente por teléfono- para ir al Monasterio de las Cuevas (“Pechersk Lavra”).

Es uno de los lugares más sagrados de la religión ortodoxa. Se trata de un extenso conjunto de iglesias, cuevas y otras edificaciones situado en unas colinas sobre el río Dniéper.

A principios del siglo XI se estableció en una de las cuevas Antonio, un monje procedente del Monte Athos. Otros monjes siguieron su ejemplo y al final se constituyeron en comunidad. Bajo el reinado de Yaroslav I se fundó el monasterio, que agrupaba muchas cuevas, tanto en el recinto superior como en el inferior y, poco a poco, se fue llenando de edificios, primero en madera y después en piedra.

Atacado en diversas ocasiones por tártaros y mongoles, fue siempre reconstruido y prosiguió su expansión a lo largo de los siglos.

Tras la revolución soviética se clausuraron las cuevas y el resto fue transformado en museo, precisamente dedicado a la propaganda antirreligiosa.

A la caída del comunismo el conjunto fue devuelto a la iglesia.

222. Llegando al monasterio de las Cuevas

La catedral de la Asunción (de la Dormición en la tradición ortodoxa) es el edificio más relevante. Destruido por completo durante la segunda Guerra Mundial, ha sido completamente reedificado con esmero.

228. Monasterio de las Cuevas. Catedral de la Santa Dormición

242. Monasterio de las Cuevas. Catedral de la Santa Dormición

También su campanario.

241. Monasterio de las Cuevas. Catedral de la Santa Dormición. Campanario

Al lado están el refectorio y la iglesia de los santos Antonio y Teodosio, que fueron los primeros responsables del cenobio, el primero encargado de las Cuevas Cercanas (las de arriba) y el otro de las Lejanas (las de abajo).

234. Monasterio de las Cuevas. Iglesia de los Santos Antonio y Teodosio

238. Monasterio de las Cuevas. Iglesia de los Santos Antonio y Teodosio

240. Monasterio de las Cuevas. Iglesia de los Santos Antonio y Teodosio

No todos los edificios del conjunto son visitables e imposible recorrerlos todos en un día.

223. Monasterio de las Cuevas

233. Monasterio de las Cuevas

En otros el interés radica en los museos en ellos instalados, alguno francamente interesante como el de Microminiaturas, que recoge las obras de Nicolái Siadristy, cuyo taller está en el mismo edificio. Otras creaciones suyas pueden verse en el Museo de la Microminiatura de la localidad de Ordino, en Andorra.

Nos quedaba todo el recinto inferior y hacia él descendimos.

245. Monasterio de las Cuevas. Bajando al recinto inferior

246. Monasterio de las Cuevas. Bajando al recinto inferior

250. Monasterio de las Cuevas. Bajando al recinto inferior

Aquí hay más visitas devocionales que turísticas. El fervor religioso aumenta especialmente en la zona de las cuevas.

253. Monasterio de las Cuevas. Entrando en el recinto inferior

257. Monasterio de las Cuevas. Recinto Inferior

El edificio mayor de esta zona es la iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz.

254. Monasterio de las Cuevas. Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz

256. Monasterio de las Cuevas. Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz

Pero donde resalta el fervor del que hablábamos más arriba es en el interior de las cuevas con pequeñas capillas entre pasadizos lúgubres y tenebrosos iluminados únicamente por la luz de pequeñas velas portadas por los visitantes. Y si no llevas velas, a echar mano de la linterna del móvil. 

260. Monasterio de las Cuevas. Interior de las Cuevas

Hay más iglesias como la del Icono de la Santísima Virgen, a la que ya no descendimos.

262. Monasterio de las Cuevas. Iglesia del icono de la Santa Virgen

Dejamos el recinto inferior.

265. Monasterio de las Cuevas. Saliendo del recinto inferior

Subimos de nuevo arriba, pasando por la catedral de la Santa Dormición.

268. Monasterio de las Cuevas. Catedral de la Santa Dormición

Y por la iglesia de Todos los Santos salimos al exterior. 

272. Monasterio de las Cuevas. Iglesia de Todos los Santos

Pronto encontramos un taxi que nos dejó en Maidán.

277. Plaza de la Independencia

279. Plaza de la Independencia

274. Plaza de la Independencia

Ya era tarde y allí comimos. Por cierto en un restaurante georgiano, que no fue ni el primero ni el último. No sé si fue casualidad o es que los georgianos se dedican preferentemente a montar restaurantes en Kiev pues vimos y estuvimos en muchos.

Fuimos al hotel a descansar un poco yendo por calles secundarias, que en Kiev siempre te ofrecen algún detalle particular.

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La visita de la tarde fue a San Vladimir, sede del patriarcado ortodoxo de Ucrania, que estaba muy cerquita del hotel.

283. Catedral de San Vladimir

Es una construcción de finales del XIX en estilo neobizantino.

288. Catedral de San Vladimir

Vale la pena asistir a alguna de las celebraciones religiosas que tienen lugar en ella con frecuencia, aunque solo sea para escuchar el coro.

285. Catedral de San Vladimir

Nos fuimos paseando hacia el centro por la zona universitaria.

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Contemplando los contrastes entre la arquitectura tradicional y la más actual.

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Al final el Mercado de Besaravia.

295. Mercado Besarabia

Y como siempre calle Khreschatyk arriba.

294. Calle Khreschatyk

Y hacia Maidán.

300. Plaza de la Independencia

Tras tomar algo decidimos regresar en metro para conocerlo.

308. En el metro

Lo más curioso del metro de Kiev es la profundidad. Las escaleras mecánicas parecen no acabarse nunca. Y eso que usamos la estación de Arsenal, que dicen es la más profunda del mundo, a más de 105 metros bajo tierra.

309. Metro

Descendimos en la parada de Universidad, la más próxima al hotel.

310. La estación del metro de Universidad

La cena otra vez en restaurante georgiano.

313. Cena en restaurante georgiano