CANTABRIA-MERINDADES

Pocos viajes desde que anda ese virus rondando, pero alguna salidita había que hacer. Ya que en muchos sitios la cosa sigue estando complicada nos fuimos cerquita y al fresco huyendo de los primeros días de calor.

A mediodía ya estábamos en Santillana del Mar. Rápido a comer y ya cayeron los primeros bocartes.

Luego al hotel.

Y a pasear por Santillana, algo que siempre es nuevo y nunca cansa.

Hasta acabar dando frente a la Colegiata de Santa Juliana. Uno de esos hitos fundamentales en el románico hispánico.

Con su siempre admirable fachada.

En la que luce su portada con sus cinco arquivoltas originales bajo el frontón añadido en el siglo XVII.

Sobre la portada se sitúa el Pantocrátor bendiciéndonos desde el interior de su mandorla, sostenida por cuatro figuras, que todo el mundo dice que son ángeles. ¡Para qué contradecirles!

Más al este se eleva la torre cilíndrica que contiene la escalera.

Al girar nos aparece la cabecera.

De los tres ábsides el central fue modificado para eliminar una sacristía que se había añadido en su estructura.

El meridional conserva toda su clasicidad.

En Santillana enseguida te encuentras en el campo para airearte.

Aunque la verdad es que las calles estaban lejos del bullicio que otras veces hemos visto.

Vale la pena entretenerse contemplando los elaborados y artísticos blasones que decoran las fachadas.

Y más sin aglomeraciones.

Toda la villa es un monumento.

Finalizamos la tarde en un pequeño, agradable e innovador restaurante, “El Bisonte Rojo”. Para repetir.

Segundo día a primeras horas buen desayuno y hacia Santa Juliana con las calles casi desiertas.

Santa Juliana por sí sola justifica ir a Santillana.

La visita se inicia en el claustro.

En la galería sur es donde más capiteles historiados hay. La lucha entre el bien y el mal aparece en muchos de ellos.

Un ángel contra un dragón.

O un centauro contra otro dragón.

La iglesia de tres naves, separadas por grandes pilares, y tres ábsides impacta por su gran tamaño.

En los capiteles de nave y cabecera se ven manos de distintos maestros, más o menos expertos. Aquí un capitel de buena factura en que, bajo un ajedrezado jaqués en el cimacio, un rostro entre volutas tiene debajo dos pelícanos picoteándose el pecho. El pelícano ha sido repetidamente usado como simbolización de Jesucristo, debido a que en el mundo antiguo se creía que se picoteaba su propio pecho para sacar sangre con la que alimentar a sus crías, en caso de necesidad.

Per las piezas más interesantes que contiene la iglesia están descontextualizadas y no se sabe con certeza qué lugar ocupaban originariamente.

Entre ellas un Pantocrátor policromado, ahora situado a los pies de la nave principal.

O esta Virgen-Trono.

O el panel con Santa Juliana encadenando al demonio.

Del mismo grupo hay que considerar las representaciones de cuatro Apóstoles situadas actualmente en el frontal del Altar Mayor.

La pila bautismal con la representación de Daniel entre los leones es también una obra maestra.

Aún nos quedaba tiempo hasta la hora de comer y nos dirigimos al Museo Diocesano, ubicado en el antiguo convento de los dominicos.

Contiene muchas obras de arte religioso procedentes de diversos lugares de la región, con una atención especial al románico como en esta Virgen del XII.

O este extraordinario capitel procedente de Piasca.

También hay arte de épocas diversas como esta curiosa colección de San Roques.

Alguna Santa Ana Triple del XIV.

Y muestras de artesanía popular como estas matracas.

Comida, descanso y por la tarde más paseo por Santillana.

Pasamos un buen rato con las esculturas de Jesús Otero, escultor nacido en la villa, en el espacio habilitado como su museo, próximo a la Colegiata.

A cenar, una vueltecita y hasta un nuevo día.

El pronóstico del tiempo anunciaba algún chubasco y así amaneció. La intención era visitar la iglesia de Bareyo, pero apenas pasado Torrelavega lo que caía no era lluvia sino el diluvio. Decidimos regresar y pasar la mañana visitando el Museo de Altamira, aunque lo recordábamos bien de otras veces. Afortunadamente al no haber un exceso de turismo pudimos entrar sin reserva previa ni espera de ningún tipo.

Siempre entretiene contemplar las reproducciones de las pinturas en la neocueva. La sensación de no estar frente a lo auténtico pesa, pero que le vamos a hacer…

Aún nos acercamos a la iglesia de Santa María de Yermo. A un paso de la civilización y de la autovía, pero que todavía hay que buscar por carreteras que parecen llevarte a mundos perdidos. Una delicia la iglesia

con un impactante tímpano

y un interesante repertorio de capiteles, canecillos y otras muestras escultóricas de un románico encantador.

Desgraciadamente, cerrada y sin posibilidad de saber a quién acudir para poder verla. Algo que en Cantabria se ha convertido en mucho más habitual de lo que era. ¡No solo de anchoas vive el hombre!

La tarde habitual con los consabidos paseos por Santillana y sus alrededores.

Aún no habíamos comido rabas y eso en Cantabria casi es un delito. Esa noche fue le plato fuerte de nuestra cena.

Ya dejábamos Santillana y en ruta hacia el sur hacíamos nuestra primera parada en Santa Cruz de Castañeda.

Allí nos encontramos con una pareja gerundense que habían quedado con el párroco en que este vendría a abrir la iglesia. Mientras aguardábamos, fuimos disfrutando de la iglesia-colegiata románico, lo único que subsiste del antiguo monasterio.

En el alto campanario destacan sus bonitas ventanas geminadas de la parte superior.

La portada de ocho arquivoltas se abre en el muro de poniente.

En el interior destacan la monumentalidad y la riqueza escultórica.

La cúpula sobre trompas que cubre el crucero es espectacular.

El presbiterio, presidido actualmente por un Calvario del siglo XV, muestra capiteles bien esculpidos.

De Castañeda nos dirigimos hacia Silio, parando en el puente sobre el Besaya, en La Canalona, que aparece como “El Chorro” en “El Camino” de Delibes.

La iglesia de los Santos Facundo y Primitivo en Silio es resto de un antiguo monasterio.

En su portada y, especialmente, en el ábside muestra interesantes detalles escultóricos. Los del interior, como es habitual, nos los perdimos, porque nadie sabe dónde está la llave, ni quién abre ni cuándo.

Antes de dejar Silio, nos detuvimos ante la ermita de Santiago. Frente a ella se levanta el monumento a La Vijanera, festividad ancestral carnavalesca, que se celebra el primer domingo de enero.

Muy cerca de Silio está Bárcena Pie de Concha con su iglesia románica dedicada a los santos médicos Cosme y Damián.

Con interesantes canecillos en su ábside.

Y sobre su portada.

Comimos en una gasolinera próxima y hacia Fontibre a buscar el hotel.

Era este una posada rural, muy agradable, situada a pocos metros del nacimiento del Ebro.

La tarde la pasamos paseando por Reinosa.

Regresamos a Fontibre y nos acercamos al nacimiento del Ebro.

Patos y aves nos acompañaron durante el trayecto.

El lugar del nacimiento, si se puede disfrutar sin gente, es una delicia.

Cenamos en un barecito de las proximidades y a descansar, que el día había sido largo.

De buena mañana a la muy cercana Julióbriga, que pese a su pequeño tamaño fue la principal ciudad romana en tierras cántabras.

Tienen un pequeño museo y una reproducción de una casa romana, cuya visita resulta francamente instructiva, sea cual sea tu grado de conocimiento del mundo romano, sobre todo si encuentras una guía motivada y motivadora, como fue en nuestro caso.

Sobre un área no muy extensa se extienden las ruinas de la antigua ciudad.

Justo en el lugar donde se hallaba el foro se alza la iglesia románica de Santa María de Retortillo como muestra de como los lugares de culto han persistido a lo largo del tiempo.

La iglesia, como es habitual, cerrada a cal y canto y con el resultado habitual sin que nadie tenga la más remota idea de cuándo, cómo y quién la abre.

El tímpano reubicado, que hay sobre su portada, muestra un grifo y un dragón alado saludándose.

La decoración exterior es abundante, aunque bastante desgastada.

Dejamos Retorillo para ir hasta San Pedro de Cervatos, donde siempre habíamos encontrado una señora que abría. Actualmente ningún cartel con número de teléfono y los vecinos cercanos sin la más remota idea sobre la apertura de lo que se considera el templo mayor del denominado románico erótico.

Solo el exterior es para pasar un buen rato y así lo hicimos, mientras de paso esperábamos si aparecía alguien para abrir, lo que no ocurrió.

La riqueza escultórica de la portada y de toda la fachada sur es extraordinaria.

Aunque sean lo más conocido de la iglesia no me resisto a poner la ventana sur del ábside y sus capiteles.

Antes de comer aún nos llegamos a Bolmir. Cerrada también.

San Cipriano de Bolmir denota claramente la influencia de Cervatos.

Con canecillos que comparten las mismas motivaciones.

Comimos en Reinosa, descansamos un rato y finalizamos la tarde en Villacantid, en cuya iglesia desacralizada se ha instalado el Centro de Interpretación del Románico. Llegamos tarde, pero la amabilidad del guía nos permitió permanecer unos minutos más.

La iglesia muestra objetos procedentes de diversos lugares. Sobresale esta interesante pila bautismal de origen desconocido. Aunque en mi modesta opinión, de románico, por mucho que estiremos, tiene bien poco.

Pero su propia escultura no es nada desdeñable. Aquí un capitel del ábside con escena de caza y lucha, y con una enigmática figura femenina cuyo papel no imagino.

Mucho románico (y romano) para un solo día. Cena y descanso. Al día siguiente hacia Las Merindades.

Llegamos a Villarcayo a solicitar información en Turismo. Tal como habíamos notado en Cantabria, poco movimiento, pese al fin de semana.

Decidimos aprovechar la mañana iniciando el recorrido por el románico de la zona. Nos dirigimos a Medina de Pomar y desde allí a la cercana Nuestra Señora de la Asunción de La Cerca.

Muy reformada, conserva su portada.

Y su ábside.

Al no haber modo de entrar no pudimos contemplar el espléndido Pantocrátor rodeado del Tetramorfos que muestra en el interior del ábside.

De La Cerca nos dirigimos por una estrechísima y sinuosa carretera a Tabliega. Mereció la pena el esfuerzo porque aquí sí que nos indicaron enseguida donde residía la persona que nos enseñaría la iglesia de San Andrés.

La estructura original románica Es de una nave y un ábside, con transepto y torre sobre el crucero

En el interior el aspecto se ve alterado por las pinturas barroquizantes que cubren sus muros. Resulta curioso observarlo porque acostumbrados a ver la piedra desnuda nos lleva a recordar que originariamente la mayor parte de las iglesias medievales debían ir pintadas

A ambos lados del presbiterio se conservan sendos sarcófagos de época moderna.

La pila bautismal debe ser contemporánea de ellos.

Decidimos parar las visitas matinales y llegarnos al hotel a dejar el equipaje. En El Ribero un castillo nos esperaba y en una ubicación estupenda para recorrer Las Merindades.

Comimos en las cercanías, descansamos un rato y seguimos ruta por la carretera que se dirige a Bilabao.

En Villasana de Mena queríamos ver la Epifanía románica que guardan en su iglesia parroquial, pero hallamos la iglesia cerrada. Entonces nos dirigimos al cercano Vallejo de Mena donde encontramos a un cura rumano que estaba enseñando la iglesia de San Lorenzo a un grupo. Al cura lo del románico burgalés le sonaba lo mismo que a mí el chino mandarín, pero pudimos verla.

La iglesia de San Lorenzo es de larga historia. Llegó a ser sede de una encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén.

La primera fase de la obra fue la construcción de la cabecera. El ábside tiene aspecto poligonal exteriormente, uno de los detalles que nos hacen prensar en una construcción ya de finales del siglo XII. el interior es semicircular.

Destacan en el ábside su alto podio, la decoración de arcuaciones ciegas, la abundancia de columnas, la escultura en ventanas y canecillos, y sus cinco ventanales, de los cuales los dos del presbiterio son ciegos.

El resto del edificio es algo más tardío. Tiene la iglesia tres portadas, de las cuales la más importante y elaborada es la occidental de gran riqueza escultórica.

La nave dividida por arcos fajones en tres tramos se cubre con bóveda de crucería.

La pila bautismal es de tradición románica.

El cura rumano tenía prisa, pero aún tuvo tiempo para acompañarnos a Santa María de Siones, a escasa distancia.

Es otro ejemplar románico que no hay que perderse. Exteriormente su nave y ábside semicircular ofrecen un aspecto muy armónico, con el transepto marcado en altura.

Tiene dos portadas siendo la occidental la más monumental.

El interior es auténticamente espectacular. De gran riqueza decorativa, sobre todo en la zona presbiterial.

Destaca en el interior de uno de los muchos edículos que forman las múltiples arcuaciones una figura que suele identificarse con Santa Juliana encadenando al demonio.

De regreso al hotel disfrutando de los bonitos paisajes

aún paramos en Bercedo. Su iglesia de San Miguel es otro ejemplar de origen románico.

Probablemente lo más interesanrte sea su portada. Si no obra de un gran artista, sí de alguien con buena imaginación para el bestiario fantástico.

Me llamó la atención esta anfísbena tan particular.

Llegó el domingo y emprendimos ruta en dirección a uno de los edificios más emblemáticos de la comarca, San Pedro de Tejada, con la esperanza de que estuviese abierto.

Así fue. A las once de la mañana un numeroso grupo estábamos esperando cuando llegó la guía.

La portada muestra una serie de arquivoltas con sobria decoración, pero los sillares colacados en las enjutas con el apostolado y los canecillos (entre ellos cuatro representando el Tetramorfos) bajo el tejaroz enriquecen escultóricamente la fachada.

Ábside, campanario y muros laterales rivalizan en decoración escultórica.

La variedad de representaciones es grande tanto en capiteles como en canecillos. Hasta referencias al mundo clásico podemos ver como en este espinario.

En el interior no dejan tomar fotografías. Una actitud absolutamente incomprensible y que donde más suele darse como otros tipos de restricciones es en aquellos bienes de titularidad privada. Los entes públicos e incluso la Iglesia suelen adaptarse mejor a los tiempos.

Un majestuoso puente cruza el Ebro en Puente Arenas, localidad a la que pertenece San Pedro de Tejada.

Aguas arriba el puente de los Hocinos ofrece unas buenas panorámicas del río.

Desde allí nos fuimos a Puentedey, localidad cuyo mayor atractivo radica en el puente natural formado por el río Nela y sobre el cual se construyó la población.

Regresando a Villarcayo para comer, paramos en Escaño para ver su interesante iglesia románica de San Salvador.

La tarde la pasamos en Espinosa de los Monteros, población famosa por provenir de ella los antepasados judíos del filósofo holandés Baruch Spinoza y por ser hidalgos de la villa los componentes del cuerpo de Monteros, guardia de alcoba nocturna de los Reyes de Castilla.

Su iglesia parroquial de Santa Cecilia es una gran construcción renacentista.

Por toda la población aparecen diseminadas antiguas casas nobiliarias y torreones.

No queríamos dejar Las Merindades in ver las grutas de Ojo Guareña. Habíamos leído informaciones contradictorias sobre si estaba abierto o no el lunes.

En reliadad, tuvimos suerte. Estaba cerrado. Y lo digo así porque disfutar en completa soledad de esos parajes es una auténtica delivcia.

La troglodítica ermita de San Bernabé es impactante.

Pensamos volver para realizar la visita, pero ¡qué nos quiten lo bailao!

Muy cerca está Butrera con su iglesia románica de Nuestra Señora de la Antigua, de la que nos habían hablado mucho.

La viimos exteriormente pues en el teléfono indicado para las visitas no nos contestaron.

Aunque solo sea el exterior merece la pena. La portada

con este delicado capitel.

El ábside y sus canecillos.

Como este pensador.

O este relieve con Adán y Eva, posiblemente procedente de una estructura anterior, incrustado al lado de la portada en un contrafuerte.

Muy cerca de Butrera está Torme con su iglesia también románica de San Martín.

A través de la reja que cierra el atrio pudimos contemplar su portada y lo que esta dejaba ver del interior.

Poco más allá otro San Martín, la parroquial de Villacomparada de Rueda.

Decidimos para acabar de aprovechar la mañana ir al monasterio de San Martín de Ríoseco.

El que fue el más importante monasterio cisterciense de la zona desde la desamortización de infausto recuerdo fue víctima del abandono y el expolio. Hace unos años un grupo de personas entusiastas pusieron en marcha un proyecto para su recuperación. Han logrado convertirlo en lugar de visitas y actividad cultural, mientras se va rehabilitando lo que se puede.

Paseando por el monasterio recibimos una llamada telefónica. Era del señor que se encarga de mostrar la iglesia de Butrera, que había encontrado en su móvil nuestras llamadas perdidas. Quedamos en volver por la tarde y él nos esperaría.

Comimos en Medina de Pomar, bien como siempre en esta zona.

Aún tuvimos tiempo para acercarnos a Villarías donde San Cristóbal, otra iglesia románica, preside la urbanización del campo de golf.

Volver a Butrera valió la pena. Un interior que plantea muchas dudas sobre las diversas fases constructivas

y ninguna sobre la calidad escultórica de sus capiteles y, en especial de la gran Virgen, que actualmente preside la iglesia

y del relieve representando una Adoración de los Reyes, hoy situado frente a la portada.

A cenar tranquilamente y a descansar que al día siguiente tocaba regreso a casa.

TERUEL

Tras muchos días de no poder salir de los límites provinciales, decidimos acercarnos a Teruel, ciudad que no habíamos visitado desde hace años.

Nos esperaba el hotel muy bien situado sobre la estación y el Turia.

Un vistazo a la escalera neomudéjar.

Y un paseo por Teruel.

Hasta llegar a la hora de comer a la emblemática plaza Carlos Castel centrada por el popular Torico.

Luego, pasando por debajo de la torre de San Salvador, a descansar un rato.

Por la tarde otro paseo para acabar de contactar con la ciudad. Pudimos ver que muchos de los lugares más interesantes, como el Mausoleo de los Amantes y su adjunta iglesia de San Pedro, estaban cerrados.

Las calles bastante vacías. Comprensible en parte por ser lunes, pero curioso que en un Teruel fuésemos los únicos tomando fotos.

El paseo nos acercó al Puente de la Reina desde donde se dispone de buenas vistas sobre la ciudad.

Y sobre el acueducto, conocido como Los Arcos, construcción del siglo XVI que consiguió paliar la escasez de agua en la ciudad, limitada hasta entonces a la proporcionada por algunos aljibes situados alrededor del centro.

El acueducto tenía, y tiene, también la función de viaducto.

Algo más allá del viaducto se encuentra la iglesia de la Merced con su torre mudéjar de ladrillo, muy olvidada en la ruta del mudéjar turolense, probablemente por su alejamiento del centro urbano.

Regresamos al casco antiguo pasando pro la torre de la Bombardera y entrando por el portal de San Miguel o de la Traición, lugar por donde penetraron en la ciudad las tropas de Pedro I el Cruel de Castilla al abrirles la puerta un juez traidor. Aunque no esté el hecho comprobado históricamente, la leyenda es la leyenda.

De las murallas a la plaza Francés de Aranda donde se halla la entrada norte de la catedral y el palacio Episcopal, sede del Museo de Arte Sacro. Para no desentonar también cerrado.

La catedral cerrada a cal y canto. Únicamente pudimos verla exteriormente. La torre y su portada neomudéjar.

Esta portada es obra realizada en 1909 por el arquitecto Pablo Monguió, que construyó muchos edificios modernistas en Teruel

Tras un vistazo ya anocheciendo a las modernistas casa El Torico y Casa Ferrán, a cenar y a dormir.

Nuevo día y a empezar, como suele ser habitual en la ciudad, junto al Torico.

Y a plantarnos frente a la catedral. Allí desayunamos a ver si veíamos la manera de colarnos.

Junto a la catedral se ubica una fuente que se encontró en los años setenta del siglo pasado en el barrio del Arrabal y se cree que es de las que se construyeron tras la llegada del agua a través del acueducto

La extrema amabilidad de una señora que al parecer está al cuidado de la catedral nos permitió verla mientras se efectuaba la limpieza diaria.

Y vale la pena.

Su artesonado mudéjar es una joya. ante las dificultades de una buena fotografía “in situ” añado un par de fragmentos de motivos reproducidos en el Museo de Teruel.

El retablo Mayor es obra de Gabriel Joly, tal vez su obra más importante.

Pese a estar en una capilla lateral otro retablo llama inmediatamente la atención. Es el de la Coronación de la Virgen, magnífica muestra del gótico hispano-flamenco, cuyo autor es conocido como Maestro de la Florida. Restaurada a principios de siglo, es la única obra medieval conservada en la catedral.

Pasamos por la oficina de turismo a ver qué posibilidades había par visitar todo el conjunto de los Amantes e iglesia de San Pedro. Ninguna.

Pues a verlo por fuera otra vez.

La iglesia del Salvador la encontramos abierta y entramos. Se trata de una iglesia barroca decorada con esgrafiados.

Lo más destacado de ella es la imagen que más devoción suscita en los turolenses. Se trata del Santo Cristo del Salvador o de los Milagros. Es conocido también como el “de las tres manos”, pues hay una mano unida al lado izquierdo de su torso. Sin explicaciones legendarias o mágicas es muy probable que le Cristo formase parte de un Descendimiento y la mano corresponda a un José de Arimatea o Nicodemo desaparecidos. Las leyendas sobre esta imagen son abundantísimas (apareció navegando por el río Guadalaviar, lo talló un ángel, la tercera mano pertenece a un ladrón que quería robarlo, …). Ha sido sacado en procesión repetidas veces a lo largo de los siglos en casos de sequía y epidemias. El Padre Faci habla largamente de él. Aunque algunos califiquen la imagen de románica, en mi opinión es más tardía.

Del Salvador al Museo de Teruel, el único atractivo turístico importante que conservaba su horario habitual. Eso sí sin ascensor y sin aseos. O sea que en una visita prolongada si a alguien le cogía un apretujón en la quinta planta, a hacer ejercicio intensamente.

Ubicado en el antiguo palacio de la Comunidad de Teruel, el museo se estructura en dos partes. Una dedicada a la etnografía a lo largo de la historia y otra, en las plantas superiores, dedicada a los diferentes períodos históricos.

En la primera hay auténticas curiosidades como este orinal del siglo XV.

O esta pieza cerámica de la misma época.

O esta original lápida funeraria.

En la parte dedicada a la prehistoria, junto a las habituales colecciones de lascas y otros útiles, me llamaron la atención estas queseras.

Para mí la parte más interesante y detallada del museo es la dedicada a la cultura ibérica.

Con abundantes piezas cerámicas como este kalathos.

Esta espléndida colección de armas.

O estas arracadas, que lucen junto a otras piezas también de oro.

De época romana destaca un inmenso mosaico procedente de una villa en las cercanías de Calanda. Está datado en el siglo IV. Aquí vemos un fragmento de la parte más figurativa, siendo algunos de los animales idénticos a los representados en otro mosaico de Villa Fortunatus en Fraga.

De época islámica es esta cantimplora de plata sobredorada del siglo XI.

En la última planta del museo hay una terraza desde donde se dispone de buenas vistas, especialmente de la catedral.

Aún quedaba mañana para dar un buen paseo. Por la Glorieta.

Deteniéndonos en la modernista Casa Maller.

Casi frente a ella está el monumento a la Vaquilla del Ángel, la fiesta turolense más importante del año y cuya celebración es ancestral.

Cruzamos hacia el ensanche al sur de la ciudad por el Viaducto Nuevo.

Desde él se ve bien el Viaducto Antiguo.

Tras echar un vistazo al antiguo Asilo, otro edificio con rasgos modernistas,

Regresamos al centro por el Viaducto Antiguo.

Antes de comer, aún nos dio tiempo para echar un vistazo a algunas casas modernistas escondidas como esta en la calle La Parra.

Por la tarde encaminamos el paseo hacia las afueras. Paramos primero en la iglesia de San Francisco, admirable templo gótico, pero cuyo interior está completamente en obras.

Siguiendo adelante por la avenida de Zaragoza llegamos a la ermita del Carmen, obra modernista del arquitecto valenciano José Manuel Cortina Pérez.

Como los pies ya llevaban bastantes kilómetros ese día a buscar barecitos para tapear y catar el buen jamón turolense.

El día siguiente nos dirigimos a Albarracín. la primera parada para admirar el castillo de Santa Croche. Este castillo fue construido por la familia Heredia de Albarracín para controlar el antiguo acueducto romano, que tomaba el agua del río Guadalaviar en sus proximidades para conducirla hasta la actual Cella.

La llegada a Albarracín con sorpresa. Han convertido todo la inmensa zona de aparcamiento en zona azul. Puede que eso sea necesario en fines de semana u otras época de gran afluencia turística. No parece lógico que siendo los únicos (o casi) turistas llegados ese día a la población se tenga que pagar un euro por hora aproximadamente cuando no hay el más mínimo problema de aparcamiento. En este caso está claro que la zona azul no tiene una finalidad disuasoria o facilitadora de gestiones o visitas, sino meramente recaudatoria.

De todos modos eso no quita un ápice a la belleza de Albarracín.

Lo que es inevitable es el esfuerzo físico para disfrutar de los múltiples rincones admirables de la villa.

Vale la pena el esfuerzo para acercarse hasta sus murallas, que nos recuerdan el papel histórico de la población. Desde el siglo XI fue cabeza de un reino musulmán independiente. Último reducto islámico en Aragón fue cedido en 1170 a la familia navarra de los Azagra, que durante más de un siglo mantuvieron su independencia, no incorporándose de pleno a Aragón hasta 1300.

La plaza Mayor centra el interés turístico de la villa.

En sus alrededores abundan antiguas casonas señoriales como la de Monterde con espléndidos blasones.

Y una aldaba tan pintoresca como esta.

La falta de visitantes permitía disfrutar en soledad de los rincones, pero todo estaba cerrado.

Ya de por sí es difícil visitar las cosas en Albarracín sin contratar visitas guiadas con empresas privadas, pero ahora ni así.

El Palacio Episcopal y su Museo Diocesano para otra ocasión.

La catedral, igual.

El paisaje y las vistas afortunadamente no se ven afectadas.

Por arriba aún queda el que fue inexpugnable castillo.

Después ya empieza el descenso.

Nos acercamos hasta la zona de pinares, pero entre que era tarde, que hacía calor y que ya abundaban los mosquitos no llegamos a hacer la ruta prevista hasta las pinturas rupestres.

Habrá que volver.

Hablando de volver, al llegar a Teruel, comimos en el Mesón Óvalo donde habíamos estado hace bastantes años cuando era un referente de la nueva restauración turolense. Se sigue comiendo muy bien.

Para digerir, paso alrededor del casco antiguo. Paseo del Óvalo.

Y por la Ronda de Ambeles hasta el torreón de San Esteban, uno de los que quedan del antiguo recinto amurallado.

Y el de Ambeles, probablemente el más moderno, ya plenamente renacentista. Fue obra del ingeniero militar Ramiro López, que estuvo al servicio de Fernando el Católico,

Las antiguas Escuelas del Arrabal, edificio de trazos modernistas, son hoy sede del Archivo Histórico Provincial.

Al llegar al acueducto ya habíamos dado casi la vuelta completa.

Y poco más adelante penetramos en el interior de la urbe.

Cena de tapeo y por debajo de la torre de San Salvador al hotel. La decoración cerámica en blanco y verde sobre el ladrillo ofrece una policromía distinta según la hora del día.

El que sería nuestro último día en Teruel (por esta vez) lo tomamos con calma. Procuramos descubrir nuevas calles y rincones. La primera parada, tras el desayuno, fue la plaza Pérez Prado, donde se ubican el Seminario y la Biblioteca Pública.

Al este se alza la torre de San Martín y detrás la iglesia. La torre de San Martín es la más representativa del mudéjar turolense. Construida a principios del XIII y reformada a mediados del XVI. Intervenciones en el siglo XX y principios del XXI le han dado el actual aspecto, que intenta ser lo más parecido a la construcción original, recuperando el paso bajo ella cubierto con bóveda apuntada y devolviendo las tonalidades a las cerámicas vidriadas. La decoración de inspiración almohade combina resaltes en ladrillo, entrelazos, estrellas de ocho puntas, arcos entrecruzados mixtilíneos y lobulados, ventanas abocinadas de arco de medio punto, etc. La torre del Salvador es casi gemela de esta, que le debió servir de modelo.

Debajo de la torre queda el portal de Daroca y a la derecha la cuesta de Andaquilla.

Nos acercamos al Palacio Episcopal a ver si había alguna probabilidad de ver el Museo de Arte Sacro, pero nada de nada.

Lo que sí que era visitable a partir del jueves era la muralla. Unas escaleras conducen a la parte superior de un fragmento muy restaurado. Durante la subida en los muros de los diferentes pisos se pueden ver paneles con información histórica y algunas reproducciones de armas medievales.

Pero el interés radica en las vistas que se tiene del acueducto en la parte superior.

Y desde lo alto de la torre Bombardera sobre distintos puntos de la ciudad.

Desde las murallas fuimos callejeando hasta Los Aljibes.

De origen muy antiguo, se ubican cerca del Torico y fueron usados hasta la llegada del Acueducto.

Ya era la hora de comer y decidimos probar un gastrobar del que nos habían hablado, el Locavore. Muy interesante experiencia gastronómica.

Por la tarde, con Teruel ya bastante visto, regresamos al Museo y le dimos un repaso. Luego seguimos paseando y contemplando edificios modernistas con sus bellísimas rejas de forja como las de Casa Bayo.

Al día siguiente a casa. Buena experiencia. ¡Lástima de todo lo cerrado! ¡Volveremos!

ORENSE-BURGOS

Iniciado el mes de julio de este fatídico 2020 parecía que se iban calmando las previsiones apocalípticas de la OMS y allegados, y que el turismo -por lo menos interior-se iría regularizando. Por consiguiente, decidimos, tras el largo confinamiento y restricciones, emprender viaje Orense. Cogimos billetes en RENFE desde Lérida, reservamos el hotel en Orense y a esperar el día. Pero la víspera a primera hora oímos en las noticias que confinaban por completo la ciudad de Lérida. Tras preguntar en RENFE (allí, si te contestan al cabo de un buen rato, no saben nunca nada) decidimos anular los billetes y coger el coche ese mismo día.

Y ruta hacia Galicia. Decidimos hacer un alto en el camino y paramos en Navarrete, cerca de Logroño. En un hotel con bonitos jardines. Allí empezamos a ver los desastres originados por el terror. Mucha limpieza (eso es bueno), pero también algunas medidas ridículas e incómodas.

En el hotel pocos turistas. En la población (camino de Santiago), aún menos.

Navarrete es una pequeña población cuyo casco antiguo conoció tiempos mejores.

Guarda muchos recuerdos de su pasada nobleza.

Su monumento más relevante es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, grandiosa construcción renacentista de tres naves..

La preside un espectacular retablo barroco en el altar mayor.

Y de buena mañana a seguir el camino. Nunca mejor dicho pues cercana al Camino de Santiago sigue la autopista y el pequeño tramo que hay que recorrer sin ella.

Pronto llegamos a los paisajes gallegos.

En el hotel, la terraza nos permitía ver Orense desde lo alto.

Dejar las maletas  e ir a comer fue algo inmediato. Y, ¡cómo no!, que no faltase el pulpo.

Repuestas las fuerzas a pasear por la ciudad. Al ser domingo y hora de la siesta, en el parque de San Lázaro, poca gente.

En la calle Santo Domingo, menos

La iglesia que da nombre a la calle, abierta, pero también vacía.

En la praça do Ferro, igual. Aún no era hora de tapeo.

Aprovechamos para echar una primera mirada a la catedral. No por conocida, menos interesante.

Entramos por la portada norte. Las tres arquivoltas, ricamente esculpidas, de la portada propiamente dicha pertenecen al románico tardío. hay modificaciones típicamente góticas pues la portada sufrió daños durante el asalto que sufrió a finales del siglo XV por parte del conde de Benavente y sus aliados.

El interior lo visitamos rápidamente pues reservamos la visita detallada para el día siguiente, pero también valía la pena verla iluminada con luz de tarde y sin multitudes.

Nave central

Bóveda del cimborio

Coro

El Pórtico del Paraíso, magnífico con cualquier luz.

El Apóstol lo custodia a todas horas.

Una pausa en un velador de la plaza de San Martín nos permitió contemplar con calma la fachada oeste.

Con un paseo por el casco antiguo orensano finalizamos la tarde.

Rúa das Tendas

Praza Maior

Santa Eufemia

La mañana del día siguiente decidimos dedicarla  ala visita a fondo de la catedral. Par dirigirnos a ella pasamos por un itinerario distinto al día anterior. Por el parque de San Lázaro.

La calle del Paseo.

Tropezamos con alguna escultura de Acisclo Manzano.

Y, tras desayunar, a la catedral. Visita con audioguía. Y también con muy poca gente.

Con la luz de la mañana, muy distintas las imágenes.

Deambulatorio

Nave central

El presbiterio lo preside el retablo gótico tardío de Cornelis de Holanda.

El museo catedralicio está ubicado en el claustro gótico, al sur de la catedral.

Se accede a él por una portada románica con interesante tímpano y arcuaciones en el interior.

No es muy grande pero contiene auténticas maravillas. Una cruz procesional atribuida a Enrique de Arfe

El Misal Auriense, primer libro impreso en Galicia, 1494.

La Virgen románica de Reza.

La Arqueta de Santa Valeria, de principios del XIII, entre otras varias piezas con esmaltes de Limoges.

Una Santa Ana Triple.

La Arqueta-relicario de Santa Eufemia, del XV.

Y, sobre todo, la extraordinaria colección conocida como Tesoro de San Rosendo, procedente de Celanova.

Con el cáliz de San Rosendo.

Las piezas fatimíes de ajedrez de cristal de roca.

El anillo del santo.

Un ara portátil del siglo XII.

Varios peines litúrgicos de marfil.

Y un precioso báculo de marfil.

Siguiendo la visita de la catedral, hay un banco de piedra adosado al muro sur en el cual hay grabados tableros para juegos. Las interminables sesiones litúrgicas debían requerir algún entretenimiento.

El pórtico del Paraíso con luz matinal es también otro pórtico.

Para recorrerlo todo hay que subir al campanario.

Y contemplar Orense desde lo alto.

Y a salir por la puerta sur del transepto.

Por la plaza de la Magdalena, presidida por el habitual cruceiro

y la iglesia de Santa María, fuimos descendiendo.

Hasta Las Burgas, los manantiales de agua caliente, símbolo de la ciudad y ya explotados en época romana.

Desde las Burgas nos acercamos por la Rúa do Progreso, una de las avenidas principales, hasta el Puente Romano (como es habitual más medieval que romano).

Tras comer bien, lo que no es difícil en Orense, una siesta para huir del calor y por la tarde subida a San Francisco, convertido en centro de  las actividades culturales ciudadanas. No pudimos visitar el claustro, pero sí ver que aún hay trabajo por hacer en la zona.

Desde los aledaños de San Francisco se disfruta de buenas vistas sobre la ciudad y su catedral.

En especial, del cimborio.

El siguiente día a Monforte de Lemos.

En el Campo de la Compañía, presidido por el Colexio de Nosa Señora da Antiga, iniciamos la visita.

De allí a la plaza España, presidia por el consabido Cruceiro.

Y hacia arriba, por las murallas y el  barrio judío.

Pasando por Santa María de Régoa

y las sucesivas puertas y restos del recinto fortificado.

hasta llegar arriba al castillo, en el Montis Forte que da nombre a la población.

Con su imponente torre del homenaje.

Sus vistas sobre la ciudad.

.

El monasterio de San Vicente del Pino, convertido en Parador de Turismo.

Con su claustro neoclásico.

Al lado está el palacio de los Condes de Lemos.

Descendimos por el lado opuesto al de subida.

Y cruzando el Puente  Viejo  sobre el  río Cabe

nos dirigimos al convento de las Clarisas,

donde está instalado el Museo de Arte Sacro, una importante colección de arte barroco. Con este Cristo de Gregorio Fernández.

Y alguna obra interesante como este Calvario del siglo XIV, procedente de San Fiz de Cangas.

De Monforte fuimos a Ferreira de Pantón a ver su monasterio de Santa María, con una magnífica iglesia románica.

Y una preciosa Virgen de dicha época.

Muy cerca se halla San Miguel de Eiré.

No pudimos ver su interior, pero sí contemplar la bonita portada norte.

Siguiendo el Miño regresamos a Orense.

Por la tarde paseo por Orense.

Plaza Eugenio Montes y monumento a los Héroes del Cómic

Nuevo día. Y a uno de los pueblos más bonitos y bien cuidados de Galicia: Allariz.

Los parques, a las orillas del río Arnoia, una preciosidad.

Las calles del pueblo también.

La iglesia de San Pedro, con elementos románicos y góticos, la hallamos cerrada. Desgraciadamente, lo mismo nos pasó con otras.

El monumento a la Festa do Boi, tradición de origen medieval que se mantiene en la actualidad.

en la parte alta de la población se encuentra el Campo da Barreira, que al sur, en un extremo tiene la iglesia de San Benito.

Y en sus inmediaciones dos bellos cruceiros del siglo XVI.

En la misma plaza está el convento de Santa Clara, en cuyo museo hay una pieza de valor excepcional. Una Virgen Abrideira de marfil,  del siglo XIII, que perteneció a la reina Violante, esposa de Alfonso X.

Cualquier rincón de la población tiene su interés.

Cruceiros y hórreos.

Antiguas murallas.

Fuentes.

Iglesias como la de San Esteban. Cerrada, naturalmente.

Pero con una espléndida colección de canecillos en su muro sur.

La Plaza Mayor es el centro de la vida ciudadana. En ella destaca la iglesia románica de Santiago, auténtico museo escultórico.

Con dos magníficas portadas. Al oeste.

Y al sur.

En la misma plaza está la Paneira, edificio del siglo XV, que funcionó como institución de crédito agrícola.

Nos quedaba la subida al castillo. De él queda poca cosa.

Lo mejor las vistas sobre la población.

Durante el descenso pasamos de nuevo por la iglesia de Santiago.

Y nos acercamos a la de Santa María de Vilanova, también de origen románico.

Junto a ella, el único cruceiro de la población que conserva su emplazamiento original. Todos siguen un modelo similar. El Crucificado en el anverso y la Piedad en el reverso.

Un último paseo por la zona cercana al río.

Y a cruzar el puente, para seguir después por la orilla derecha en un magnífico paseo

hasta el Puente Románico, cercano a Santa María de Vilanova.

Llegamos a comer a Celanova y, aunque ya era tarde, aún nos dieron de comer.

Desafortunadamente, el monasterio no era visitable por alguna razón relacionada con el coronavirus.

Regreso a Orense. Al atardecer, cena en un establecimiento de la zona de tapeo, recomendados por un amigo. Sencillo, pero buen trato y buen género.

Nuestro último día en Orense lo empezamos yendo a uno de los lugares emblemáticos de la Ribeira Sacra, San Pedro de Rocas.

Como solemos madrugar, aún estaba cerrado, lo que nos permitió recorrerlo con sus alrededores en completa soledad.

El paraje es propio para que habiten meigas y trasgos. De existir, están ahí.

Cerca de las construcciones todo se ve más actualizado.

La vida eremítica ne la zona tiene su origen en el siglo VI y perduró hasta el siglo XV, cuando estaba en plenitud el monasterio.

Tumbas antropomorfas aparecen por doquier.

Entre construcciones de diversas épocas.

La recogida de aguas era esencial para la vida comunitaria.

El paisaje, sensacional.

A las diez abrieron y pudimos ver la iglesia cuya cabecera son tres cuevas abiertas en la roca. Siendo la más interesante la central.

La iglesia románica, cuyas naves son perpendiculares a las cuevas, es también interesante.

Por maravillosos paisajes y por las curvilíneas y tobogánticas carreteras gallegas desde San pedro nos dirigimos a nos dirigimos a San Esteban de Ribas del Sil.

Fue este el principal monasterio de la Ribeira Sacra. Actualmente alberga un Parador de Turismo.

Poco queda de época medieval,  siendo  lo que  vemos ahora  principalmente  obra renacentista.

La iglesia, de base románica, fue modificada en el siglo XVI, construyéndose sus bóvedas, y en su fachada en los siglos XVII y XVIII.

Conserva tres claustros. El de los Caballeros, a la entrada del monasterio.

El acceso a las plantas superiores se efectúa a través de una monumental escalera.

Otro claustro es el Menor o do Viveiro, llamado así porque llenábase a veces de agua para tener truchas disponibles.

Y el último, el de los Obispos, es el más antiguo.

A la entrada (o salida) del monasterio nos recibe (o nos despide, según se mire) un cruceiro.

Vuelta a Orense por terrenos poblados de hórreos y cruceiros.

Por la tarde de nuevo a Las Burgas a llevarnos el recuerdo de sus cálidas y terapéuticas aguas.

La ventaja de ir con vehículo propio es que paras donde quieres, y eso hicimos al regreso. Un par de días en Burgos, que completaron muy bien el viaje.

Alojados en el hotel ubicado en el palacio de la Merced, casi justo enfrente de la catedral, al otro lado del Arlanzón, no podíamos estar más céntricos.

A cruzar el río.


Y por el Arco de Santa María

a la catedral.

Pero se acercaba mediodía y no era el momento de visitas turísticas, sino más bien gastronómicas. Las cercanías ofrecen lo más tradicional y lo más innovador. Era pronto y podíamos elegir antes de que todo quedase abarrotado.

Por la tarde al Museo de la Evolución Humana. Ya habíamos estado en Burgos tras su inauguración, pero no habíamos ido.

Las instalaciones impactan.

Pero los descubrimientos de Atapuerca, eje central del  museo, lo merecen.

Algunas instalaciones estaban a medio ritmo o sin funcionar debido al dichoso virus.

Por el puente de San Pablo cruzamos el río.

Al otro lado nos recibía el monumento al héroe castellano por excelencia, El Cid.

Y el centro de la ciudad, aunque pronto nos refugiamos en una cafetería hasta la hora de cenar, porque Burgos hacía honor a su leyenda de que solo tiene dos estaciones, invierno y la del ferrocarril, y el fresquito no era lo esperado en un mes de julio.

El día siguiente era para hacer una buena visita a la ciudad. Entramos por el Arco de Santa María.

Y como aún estaba cerrada la catedral, empezamos con la iglesia gótica de San Nicolás.

Todo el edificio y su contenido son de gran interés, pero el resto queda eclipsado por el retablo, obra de Simón de Colonia y su hijo Francisco, uno de los más monumentales del Renacimiento en Castilla.

Luego a dar la vuelta a la catedral.

Y a disfrutar de sus portadas. la de la Coronería al norte.

La fachada principal o de Santa María al oeste.

Y la del Sarmental, por la que hicimos la entrada, al sur.

El interior merece muchos pasos y tiempo.

Curiosidades como el Papamoscas, que abre la boca con las horas.

Y maravillas artísticas de diversas épocas como el retablo de la capilla de Santa Ana de Gil de Siloé.

En la misma capilla, en un lateral, una Santa Ana Triple de las que tanto me gustan. Es obra de Diego de Siloé.

Entre lo más conocido y monumental de la catedral está la escalera de Gil de Siloé, que permitía descender al interior desde la puerta de la Coronería.

El cimborio de la nave central es espectacular.

El retablo del altar Mayor es delos hermanos de la Haya con la colaboración de Simón de Bueras.

En la capilla de la Natividad de la Virgen llama la atención su retablo, muestra de la escultura manierista.

La capilla de los Condestables es tal vez la más relevante de toda la catedral. La presiden los sepulcros de sus benefactores, Pedro Fernández de Velasco y su esposa doña Mencía de Mendoza. Las obras de la capilla las dirigió Simón de Colonia.

Entre los retablos de la capilla hay uno dedicado a Santa Ana, con esta imagen de Gil de Siloé.

En el claustro está instalado el museo catedralicio.

Su contenido es riquísimo. Abundan los esmaltes de Limoges como este Cristo románico.

Hay obras de Gil de Siloé.

Preciosos portapaces esmaltados gótico-renacentistas.

Este Cristo atado a la columna de Diego de Siloé.

De la catedral a la Plaza Mayor y a comer en sus aledaños.

Por la tarde una de las joyas burgalesas menos visitada. el Museo de Burgos con obras de la ciudad y provincia, que van desde la Prehistoria a las últimas vanguardias. Estábamos solos.

Lo primero que se nos presenta es una amplia colección de estelas, lápidas y miliarios romanos.

En la parte dedicada a la prehistoria Atapuerca, como era de esperar, ocupa un lugar preeminente.

De la segunda Edad del Hierro (IV-I a. C.) es la amplia colección de objetos hallados en la necrópolis de Miraveche.

De esa y otras procede un amplio surtido de navajas de afeitar.

Y de juguetes.

La época romana está ampliamente representada.

Resultan admirables objetos que han llegado a ´pocas cercanas sin demasiadas modificaciones como este brasero.

Tras Roma vienen los restos visigóticos.

Y mozárabes como esta ara de altar.

De Santo Domingo de silos proceden diversas arquetas.

La Virgen de las Batallas, felizmente recuperada tras muchos años de errar por el mundo, considera la leyenda que es la que llevaba consigo Fernán González, aunque haya un problema de compatibilidad cronológica, pero si lo dice la leyenda …

La Virgen de Buniel conserva aún todos los rasgos del románico.

otravezlaleyenda

Otra vez la leyenda. Uno d elos grandes atractivos del museo es la espada del Cid, conocida como la Tizona.

Del museo a cenar. El ambiente en Burgos era similar al anterior a la invasión vírica.

Caída la noche no decaía el ambiente en las calles y eso que en muchas terrazas funcionaban los calefactores debido al frío.

Una última mirada al emblema de Burgos y al hotel.

A dormir, madrugar, hacia Graus y fin del viaje.

GRANADA

Aprovechando que ya hay AVE hasta Granada y hacía años que no íbamos, ese fue nuestro destino este noviembre.

El hecho de no tener que pasar por Madrid y hacer transbordo para ir a Andalucía desde Aragón y Cataluña añade comodidad y rapidez al viaje.

A mediodía ya estábamos en Granada, en el hotel situado en pleno centro y al poco rato comiendo en la plaza Pescadería.

Buenas verduras y mejores pescados. Un buen estreno.

La catedral a un paso, y a ella fuimos.

La fachada es un proyecto de Alonso Cano de 1667 con modificaciones posteriores.

La catedral se inició aún en estilo  gótico en 1523, pero a los pocos años se hizo cargo de las obras Diego de Siloé que, aprovechando la cimentación gótica, desarrolló un edificio renacentista, tras convencer del proyecto a Carlos I.

Consta de cinco naves y deambulatorio. La nave central es más alta. Una serie de pilares con semicolumnas adosadas sostienen las bóvedas.

La Capilla Mayor, de planta circular, fue diseñada para servir de panteón real, pero la construcción del Escorial por Felipe II hizo descartar el proyecto.

El tabernáculo actual, de principios del siglo XX, sustituyó a otros varios que habían sucedido al primitivo diseñado por Diego de Siloé.

Dentro de la catedral podemos observar obras artísticas de interés como la portada gótica de la Capilla Real, que muestra el tímpano decorado con el águila y el escudo real flanqueados por el yugo y las flechas, símbolos de los Reyes Católicos.

Gran devoción tiene en Granada la Virgen de las Angustias.

Adosada a la catedral, pero con entrada desde el exterior se sitúa la Capilla Real donde reposan los restos de los reyes Isabel y Fernando al lado de los de su hija Juana y su marido Felipe el Hermoso.

Como no permiten en modo alguno hacer fotos en la capilla Real coloco una que no es mía.

Sepulcro de los Reyes Católicos

Un paseo por el centro pasando por la siempre animada plaza Bib Rambla.

Con su Fuente de los Gigantes.

Ya anochecía y el resto del paseo fue nocturno hasta la hora de cenar.

El día siguiente decidimos iniciar nuestra exploración de Granada con el trenecito turístico. En la Puerta Real, a dos pasos del hotel, iniciaba el recorrido.

Su tamaño permite introducirse por las callejuelas granadinas.

Subimos primero hacia la Alhambra.

Descendimos y entramos en el Albaicín por la Carrera del Darro.

Bajamos en la parada de San Cristóbal.

Para contemplar Granada desde su mirador.

Desde allí nos adentramos por las callejuelas del Albaicín.

Hasta la plaza Larga, que centra en buena parte la vida ciudadana del barrio.

Y por el Arco de las Pesas atravesamos la muralla de la Alcazaba Cadina, que rodeaba el núcleo original de la Granada musulmana, desarrollado desde principios del siglo XI por los reyes ziríes, fundadores del Taifa granadina.

Cerca alcanzamos el mirador de San Nicolás, desde donde se domina toda la Alhambra, aunque con el sol de tarde las vistas tienen que ser mucho mejores, pero estábamos en época de tardes cortas.

Regreso hacia San Cristóbal.

Parando a contemplar un aljibe medieval.

En San Cristóbal tomamos de nuevo el trenecito y hacia la Cartuja. Su construcción se inició poco después de la conquista de Granada, pero las obras duraron tres siglos.

Una austera portada renacentista coronada por una hornacina con la imagen de San Bruno, fundador de la orden, da paso a la iglesia.

Por una puerta lateral se accede a un patio y tras él al claustrillo, denominado así por ser el menor de los dos que había. El otro ha desaparecido.

Las diversas dependencias están decoradas con pinturas sobre todo de Sánchez Cotán, que estuvo aquí años como cartujo. El refectorio es un museo de sus obras.

Pero lo que sobresale del conjunto son la iglesia y la sacristía. Obras maestras del barroco, que parece con sus filigranas de estucos preceder el rococó.

Nave de la iglesia

Nave hacia los pies

Presbiterio

Tras el presbiterio está el sagrario.

Con su cúpula pintada por Antonio Palomino.

Al fondo está el tabernáculo que alberga el sagrario propiamente dicho, en un espacio repleto de mármoles de colores y con profusión de esculturas, que responden a un programa profundamente simbólico.

Adosada a la cabecera, en el lado del evangelio está la sacristía, otra explosión de movimiento y colorido.

Seguimos en el trenecito. Pasamos por la plaza de toros.

Y abandonamos el tren definitivamente en la plaza Romanilla, junto a la catedral, zona de restaurantes pues ya apretaba el hambre.

Por la tarde decidimos ir a los Jerónimos. Durante el paseo aún nos dio tiempo de ver el Jardín Botánico

El monasterio de los Jerónimos fue otra de las obras promovidas por los Reyes Católicos tras la toma de la ciudad. El monasterio ya existía en Santa Fe y fue trasladado aquí para lo cual se realizó una gran construcción en la que fue parte fundamental Diego de Siloé.

Tiene dos claustros, uno de ellos no visitable pues forma parte de la zona ocupada por las monjas de clausura.

La iglesia es le primer templo del mundo dedicado a la Inmaculada Concepción. La iglesia tiene un espectacular coro alto a los pies y fue concebida para albergar las tumbas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, y su esposa.

El altar Mayor se sitúa tras una larga escalinata y en él se funden detalles aún plenamente renacentistas con esculturas que obedecen ya al manierismo.

Ya anochecido, aún nos dio tiempo para visitar la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo socorro y la de los santos Justo y Pastor. Esta última con interesante decoración.

El miércoles teníamos reservada la visita a la Alhambra. hacia la plaza Isabel la Católica a tomar el bus hacia arriba.

Al entrar en el recinto de la Alhambra lloviznaba,  pero  paró enseguida. A las diez teníamos hora para entrar en los palacios nazaríes y rápidamente, cruzando la Acequia Real, allí nos dirigimos

   

Pasamos por los restos de la antigua Medina y por la iglesia de Santa María.

Hasta llegar al palacio de Carlos V.

Una breve cola y a los palacios. A disfrutar de artesonados, mocárabes, caligrafías y atauriques por doquier.

Las vistas de la ciudad son también espléndidas. Para imaginar cómo se sentirían los reyes allí.

El patio de los Arrayanes es uno de los lugares más conocidos de la Alhambra.

A uno de los extremos del patio se alza la torre de Comares, la más alta del conjunto y donde, según la tradición, se acordó la rendición de Granada.

Más conocido aún que le patio de los Arrayanes lo es el de los Leones. Un caso raro de representación animal, poco frecuente en el arte musulmán.

Una curiosidad añadida al misterio de los leones, de quienes no sabemos ni el origen ni la motivación para usarlos como esculturas decorativas, es que no hay dos leones iguales. En la fuente de los Leones hace unos años se restableció el sistema tradicional de circulación del agua.

Las bóvedas de las diversas salas aún deslumbran por su decoración y por los vanos que permiten su iluminación.

Las ventanas son auténticos marcos estudiados del paisaje.

Dejamos los palacios por el patio de Lindaraja.

Y nos dirigimos al Partal.

Desde el Partal ya se empieza atener buenas vistas del Generalife y hacia allí que fuimos.

Otra vez a pasar por la Torre de las Infantas.

Y  a seguir el camino, siempre con el susurrar del agua.

Y magníficas vistas de la Alhambra.

El Generalife fue en un principio una finca de recreo de los reyes nazaríes, pero también una explotación agrícola. Jardines y huertas son cuidados hoy en día al modo tradicional.

Paseando por sus jardines es hacerlo al ritmo del agua.

Las vistas sobre la Alhambra y las huertas tampoco son desdeñables.

Ahora atrás, otra vez a la Alhambra, pues nos faltaban el palacio de Carlos V y la Alcazaba.

El palacio de Carlos V, obra concebida por Pedro Machuca, es un magnífico ejemplo de obra renacentista, con curiosas soluciones arquitectónicas. La planta cuadrada esconde en su interior un gran círculo alrededor del cual se distribuyen las distintas dependencias.

En la planta superior se ubica el Museo de Bellas Artes y en la inferior el mucho más reciente Museo de la Alhambra. Este todavía lo visitamos. el de Bellas Artes lo dejamos para otra ocasión.