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TALAVERA DE LA REINA-TOLEDO

Hacía dos años que no viajábamos con el IMSERSO realizando uno de sus circuitos culturales. Esta vez saliendo de Huesca.

A aparcar el coche en la Intermodal y a tomar el autocar para dirigirnos a Talavera.

Viaje tranquilo con parada para el café justo pasar Zaragoza y cerca de Medinaceli a comer.

Llegamos al céntrico hotel en Talavera aún de día.

Un paseo por los jardines del Prado nos condujo a la plaza de toros.

Y a la basílica de Nuestra Señora del Prado

Nuestra Señora del Prado es una construcción renacentista encabezada por un presbiterio barroco.

La caída de la noche sólo nos permitió ya un paseo nocturno antes de la cena y descanso.

Iniciamos el siguiente día desplazándonos a Toledo. Pronto nos recibía la ciudad presidida por la inconfundible silueta del Alcázar.

Al pie de las nuevas escaleras mecánicas que conducen a la parte alta de la ciudad se hallan las ruinas del convento de San Pablo.

Ya en lo alto, nos reunimos en la plaza Zocodóver, centro neurálgico de la ciudad, para iniciar la visita.

Era pronto, pero la calle Comercio ya estaba muy transitada.

Las callejuelas laterales, que salpican Toledo por doquier, sirven de refugio ante el paso de vehículos de reparto, muy frecuentes por la mañana.

Pasamos por la iglesia del Salvador, cuyo campanario muestra aún en su parte inferior la estructura del minarete de la anterior mezquita.

No muy lejos se encuentra Santo Tomé, de obligada visita por albergar una de las obras maestras del Greco, el entierro del señor de Orgaz. En esta obra se representa el milagro de la bajada a la tierra de San Esteban y San Agustín para enterrar a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz, fallecido con fama de santidad dos siglos y medio antes.

Seguimos por los callejones y rinconcitos toledanos.

Hasta llegar a Santa María la Blanca. Esta iglesia, hoy sin culto, fue la sinagoga más importante de la ciudad en los siglos XIII y XIV. Algunos hacen remontar su construcción a finales del XII.

Consta de cinco naves separadas por arcos de herradura sobre pilares octogonales. Sobre los arcos de herradura se levanta un segundo cuerpo de arcos polilobulados, actualmente tabicados.

Al estar los muros blanqueados y la luz que penetra del exterior tamizada por los cristales amarillentos el resultado es francamente espléndido.

Las naves se cubren con artesonados de madera.

En la cabecera, junto a la cúpula, se aprecia la notable desviación del muro del fondo, posiblemente fruto de alguna de las múltiples reformas.

Los capiteles muestran decoración geométrica y vegetal, abundando las piñas y las volutas.

Muy cerca está San Juan de los Reyes. Este monasterio franciscano lo ordenó erigir Isabel de Castilla para conmemorar su victoria en la batalla de Toro sobre los partidarios de Juana la Beltraneja. Las obras se le encargaron a Juan Guasch, de familia original de Bretaña.

El estilo gótico-flamígero dominante en Europa a finales del siglo XV se combina en este edificio con la tradición decorativa del mudéjar hispano.

La iglesia es de nave única cubierta con bóvedas estrelladas. El retablo fue incendiado durante la invasión napoleónica y el que preside actualmente procede del hospital de Santa Cruz.

Hay coro elevado a los pies y capillas entre los contrafuertes.

En el transepto es donde más abunda la decoración consistente sobre todo en simbología relacionada con los Reyes Católicos. Se repiten yugos y flechas y el escudo de España, anterior a la conquista de Granada, bajo el águila de San Juan.

El claustro bajo es un excelente ejemplo del gótico con arcos apuntados y bóvedas de crucería.

Es primorosa la decoración escultórica.

Todo el claustro fue profundamente restaurado a partir de 1881 por el arquitecto Arturo Mélida. En el piso superior la perspectiva romántico-historicista del restaurador se nota mucho más. Tanto en la creación de un artesonado imitando modelos gótico-mudéjares.

Como en la fantasía al colocar unas pintorescas gárgolas.

Dejamos San Juan de los Reyes con la perspectiva de su cabecera poligonal para continuar por las continuas subidas y bajadas toledanas.

Pasamos bajo el corredor de la calle Colegio Doncellas.

Para visitar el Real Colegio de Doncellas Nobles, hoy residencia, y su iglesia.

En cuyo interior destaca el sepulcro del cardenal Silíceo.

Más calles cubiertas por corredores. Alguna de ellas transmiten la sensación de estar en una ciudad norteafricana.

Cruzamos plazas, casi todas con su iglesia correspondiente como la de Santa Eulalia.

O la de San Román.

 

Parada en la iglesia de los jesuitas, San Ildefonso, barroca, del XVII y ejemplo de las iglesias de la Contrarreforma.

Antes de dejar Toledo para ir a comer aún tuvimos tiempo para contemplar las magníficas vistas que sobre el Tajo y la ciudad nueva se disfrutan desde el inicio de las escaleras mecánicas.

Comimos en unos de los cigarrales que rodean Toledo. La vista sobre la ciudad pudiera ser muy bien un cuadro pictórico.

Regresando, pasamos por el puente de San Martín.

Uno de los lugfares con mejores perspectivas del sudoeste de la ciudad.

De nuevo a las escaleras mecánicas y nueva parada. Ahora con la luz de la tarde.

Dimos un paseo por las murallas, cruzando la puerta de Alarcones.

Y la puerta del Sol.

Para dirigirnos a una de las mejores joyas toledanas, la mezquita del Cristo de la Luz. Junto a ella importantes restos de una calzada romana.

Este edificio fue primero mezquita. Fundada en 999 según la inscripción de la parte alta de la fachada, aunque hay quienes piensan que puede ser anterior. Con la mezquita de Córdoba y Medina Azahara se considera lo mejor del arte califal en España, si bien en este caso el ladrillo sustituye a la piedra.

En la fachada las tres puertas de arco de herradura se sitúan bajo arcos de medio punto ciegos. En el piso superior aparecen seis arcos polilobulados, también cegados. Al este se sustituyó la primitiva cabecera musulmana por un ábside mudéjar semicircular adaptado al culto cristiano tras la reconquista en el siglo XII.

El interior del ábside está decorado con dos pisos de arcos de herradura.

La bóveda del ábside está decorada con pinturas de principios del XIII. Se conserva aceptablemente el Pantocrátor y algo menos las figuras del Tetramorfos que lo rodean.

En los muros laterales hay otras pinturas al fresco más tardías, ya de transición al gótico.

Las columnas que sostienen la parte original de la mezquita muestran capiteles visigóticos sosteniendo arcos de herradura.

Luego por el Toledo de las calles más intrincadas fuimos de nuevo a San Ildefonso.

Por la mañana no habíamos tenido tiempo de subir a la torre. A media subida se disfruta de una visión distinta de la iglesia.

Y el espectáculo toledano desde arriba justifica los ciento treinta y tantos escalones.

Muy cerca está San Román, pero era lunes y el Museo de los Concilios estaba cerrado.

Decidimos pues finalizar la jornada reponiendo fuerzas en una cafetería hasta la hora de regresar a Talavera.

El martes tuvimos que hacer unos cuantos kilómetros para llegar a Consuegra.

Olivos y olivos.

En Consuegra parada rápida, pasando por la iglesia de San Juan.

Y hacia el castillo. Denominado de la Muela, es uno de los castillos mejor conservados de España. De notoria antigüedad fue reconstruido en época califal.

Fue completamente renovado en el siglo XIII por los Hospitalarios o caballeros de San Juan de Jerusalén a quienes se lo había donado Alfonso VIII en 1183. La Orden estableció en el castillo la cabeza de su priorato.

Disponía de tres conjuntos de murallas y para penetrar en el recinto más interior había que cruzar una puerta, que muestra encima las armas de Juan José de Austria, prior de la Orden, y de Fernando Alvárez de Toledo, Duque de Alba, ambos del siglo XVII.

Se ha habilitado como capilla una sala que, al parecer, fue cisterna y también mazmorra.

Desde cualquier lugar del castillo se divisa la ciudad.

El último reducto era la torre maestra.

A escasa distancia del castillo, al sur, en el cerro Calderico, hay un conjunto de molinos de viento que son el principal atractivo de la localidad.

Entre los del cerro y otros situados más abajo hay un total de doce. A todos ellos se les ha adjudicado un nombre. A la mayoría, cervantino.

Uno de los que se visita el interior y se puede ver la maquinaria es el molino “Bolero”.

A su lado está Mambrino.

Deslumbrados por el sol bien pudieran parecer gigantes.

Por la tarde fuimos a Sonseca a ver la fábrica de turrones “Delaviuda”.

Poco hay que hacer allí. Recibir una pequeña explicación de la elaboración del mazapán y ver algún artilugio antiguo empleado para ella.

Y ¡cómo no! comprar turrones, chocolates y mazapanes.

 

Ya de regreso pudimos ver el castillo de Barciense, que queda muy próximo a la autovía que une Toledo con Talavera.

Aún hubo tiempo para pasear por el casco viejo de Talavera con su inmensa plaza del Pan, de origen romano y escenario de justas y torneos medievales. Sus fuentes y bancos están decorados con cerámicas talaveranas.

Y con el principal monumento de la ciudad la colegiata de Santa María la Mayor.

El miércoles tocaba ver Talavera. Al entrar en la parte antigua de la ciudad me llamó la atención lo que parecía una piedra sobresaliendo de una torre realizada con ladrillos y mampostería. Se trata de la torre del Polvorín y la piedra de parte de un verraco propio de la cultura vetona empotrado en el muro del torreón.

Popularmente los talaveranos lo conocen como la Cabeza del Moro.

Murallas y torres rodean la ciudad, que tuvo fama de ser de las mejor protegidas de Castilla.

Uno de los edificios más interesantes es el grandioso Casino.

Hoy en la plaza del Pan había que visitar Santa María la Mayor.

El Ayuntamiento ocupa el lado opuesto de la plaza.

Santa María es un edificio gótico-renacentista o gótico-mudéjar como le suelen denominar en muchas guías, que ha estado muchos años cerrado por los trámites y obras necesarios para su restauración. El campanario es barroco

La portada de arco apuntado es sencilla.

Más interesante es el rosetón de la fachada parecido al de Guadalupe. Como casi todo en la iglesia es de ladrillo revestido con estuco.

El interior ha quedado muy luminoso y llaman la atención los arcos rebajados que unen los pilares y que se tuvieron que colocar para evitar el derrumbamiento de las bóvedas.

El claustro es gótico del siglo XV. En él se halla enterrado Fernando de Rojas a quien se atribuye la autoría de La Celestina.

En la ciudad hay mucha devoción a los Santos Mártires talaveranos Vicente, Sabina y Cristeta y sus imágnes ocupan un lugar destacado en la iglesia.

En parte de las instalaciones del antiguo convento de San Agustín está situado el Museo de cerámica Ruiz de Luna, que contiene muchas piezas de quien fue prestigioso ceramista y muchos ejemplares también de cerámica talaverana desde el siglo XVI, aunque hay alguno más antiguo.

Un lugar preferente lo ocupa la que fue portada del taller de Juan Ruiz de Luna.

Algunas obras son de una delicadeza extraordinaria.

La colección comprende muchos objetos de uso habitual. Tinteros.

Jarrones.

Platos, muchos con escenas de tauromaquia.

Piletas de agua bendita.

En el sótano se pueden ver algunos hallazgos arqueológicos.

Al lado del museo está la iglesia de San Agustín, un buen ejemplo de lo que en esta zona se denomina barroco de ladrillo. En un futuro se prevé que pueda ser usada para ampliar las instalaciones del museo.

A unos pasos está la iglesia del convento de las Bernardas, otro ejemplo del “barroco de ladrillo”.

Y no muy lejos, junto al Tajo, el Museo Etnográfico, ubicado en lo que fue el lagar de San Jerónimo.

Lo más curioso tal vez sea el apartado y los videos dedicados a las Mondas, fiesta de antiguo origen, celebrada en Talavera en el mes de abril. En ella se hacen ofrendas  a la Virgen del Prado y tal vez lo más característico sea el carrito engalanado tirado por dos carneros que cierra el cortejo en el acto principal. La foto no es mía pues desgraciadamente no he asistido nunca a la fiesta.

El puente antiguo sobre el Tajo que se halla en las cercanías proporciona buenas vistas sobre la ciudad y es lugar ideal para iniciar paseos por los campos.

Las murallas también se extienden a lo largo del Tajo.

En el lado opuesto de la ciudad las llamadas torres albarranas rememoran la importancia de las fortificaciones talaveranas.

En sus inmediacioness se encuentra la iglesia de San Salvador.

En una de las torres de la antigua muralla se instaló en el siglo XVIII la curiosa capilla del Cristo de los Mercaderes.

Había sido una mañana provechosa. Fuimos a comer y después salida hacia Oropesa.

El principal atractivo de Oropesa es su bien conservado y reconstruido castillo, parte del cual se ha transformado en Parador de Turismo. No hay datos históricos del castillo hasta la época de Alfonso X, pero se sabe que fue antes castillo árabe y puede que construido sobre un edificio anterior de origen romano.

Se ha procurado dotar al castillo de un aire medieval.

Desde sus torres y terrazas se domina un grandioso paisaje con la sierra de Gredos al norte.

Su excelente estado es lo que más llama la atención del conjunto.

Junto al castillo se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, gran construcción renacentista.

El centro de la localidad es la plaza del Navarro.

El jueves volvimos a Toledo. Primero un paseo en autocar por las orillas del Tajo.

Por el puente de Alcántara.

Y por la neomudéjar estación de ferrocarril.

Luego hacia la catedral.

Breve pausa en la plaza del Ayuntamiento.

 

Y a admirar la catedral. Impresionante edificio gótico iniciado en la época del arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada y del rey Fernando III el Santo.

La fachada principal tiene tres portadas, la del Juicio Final, la del Infierno y la del Perdón en el centro, que sólo se abre en ocasiones muy señaladas.

El interior de cinco naves y doble girola impresiona por su grandiosidad.

En el coro, situado en el centro, destaca inmediatamente la imagen de la Virgen Blanca, gótica del siglo XIV, de escuela francesa.

Frente al coro se halla la capilla Mayor con un retablo de finales del gótico, obra maestra de la estatuaria y decoración de la época.

Detrás de la capilla Mayor, en el deambulatorio, se encuentra el transparente, obra barroca de Narciso Tomé, realizada etre 1729 y 1732.

Para iluminarlo se abrió un hueco en el muro del ábside, que ha sido objeto de múltiples discusiones, pero que es hoy uno de los grandes atractivos de la catedral.

La sacristía guarda valiosísimas obras de arte como la llamada Virgen del Tesoro, románica, de principios del XIII.

Y una buena colección de obras del Greco, entre las que destaca El Expolio.

 

La catedral no puede abandonarse sin contemplar la que tal vez es su joya más conocida y venerada, la custodia de Enrique de Arfe.

Uno de los lugares de Toledo no excesivamente frecuentados por los turistas es la iglesia de San Román, del primer tercio del siglo XIII. La cabecera fue modificada en el siglo XVI. Es una iglesia de tres naves, la central más alta y ancha, separada por arcos de herradura con dovelas que alternan colores.  Las columnas, romanas, se adosan a pilares de ladrillo, mientras que los capiteles son visigodos y mozárabes, de entre los siglos VII y X.

Son muy interesantes sus pinturas tardorrománicas. En la nave norte, sobre la puerta de acceso hay un Pantocrátor con los símbolos de los evangelistas Marcos y Lucas. Los otros dos debieron desaparecer.

Hacia los pies un gigantesco dragón es alanceado en sus fauces, si bien la abertura de una ventana impide identificar el portador de la lanza, que se supone fuese San Miguel.

También en el muro norte un par de ángeles turiferarios ocupan el tímpano de una puerta cegada.

La iglesia ejerce la función de museo de los restos hallados en Toledo y alrededores pertenecientes a la cultura visigótica. Podemos ver crismones muy primitivos (siglos IV-V).

Placas esculpidas de la misma época en que es difícil saber si se trata de representaciones paganas o ya cristianas.

Un encantador capitel con un ciervo esculpido (siglos VI-VII).

O una representación de San Lucas, que debió pertenecer a un conjunto de los cuatro evangelistas.

También alguna de las típicas fíbulas aquiliformes visigóticas.

Broches de cinturón con esmaltes e incrustaciones.

También hay reproducciones de piezas interesantes como las coronas del tesoro de Guarrazar o el pilar esculpido de la iglesia toledana de El Salvador.

De San Román a comer en Toledo. La perdiz y el ciervo no se podían posponer para otra ocasión.

Y a digerir en el Alcázar.

Esta antigua fortificación, situada en la parte más alta de la ciudad, fue ya sede del pretor en época romana. Leovigildo estableció aquí su capitalidad de la España visigótica y los musulmanes ampliaron la fortificación. Los reyes de Castilla lo siguieron mejorando y con los Trastamara se convirtió en morada real. Incluso tras el traslado de la capitalidad a Madrid siguió siendo residencia regia, que ocuparon Mariana de Austria y Mariana de Neoburgo, viudas respectivamente de Felipe IV y Carlos II. Sufrió diversas destrucciones e incendios hasta ser reconstruido a finales del siglo XIX.

Más tarde El Alcázar quedó en ruinas tras el asedio sufrido durante la guerra civil. Se conserva tal como estaba el despacho del coronel Moscardó, que encabezaba las tropas defensoras.

Se ha instalado en él el museo del Ejército con una exposición permanente y salas para exposiciones temporales.

Las plantas superiores dan a una gran terraza con vistas hacia Toledo.

El patio lo preside una escultura de Carlos I.

 

Los pasadizos y escalinatas dan la muestra de la inmensidad del edificio

En la Capilla Imperial se muestra la tienda indoportuguesa conocida como tienda de campaña de Carlos I.

Descendimos del Alcázar por las estrechas y pendientes calles toledanas, algunas de nombres tan cutriosos como el callejón del Infierno, situado junto al callejón del Diablo.

Paramos en la iglesia del Salvador.

En la cual lo más notable es una pilastra visigótica esculpida con escenas de la vida de Jesús.

Y la columnata que separa la nave central de la sur constituida con materiales romanos y visigóticos.

Y sólo con tiempo para una última visita a la Casa-Museo del Greco.

En un conjunto que intenta reproducir una casa de la época hay una buena colección de sus obras, entre ellas un Apostolado parecido al de la sacristía de la catedral

Y una obra extraordinaria, la vista y plano de Toledo.

Una última mirada hacia Toledo desde los jardines de la Casa del Greco, tomar un taxi hasta la estación de autobuses a coger el nuestro para regresar a Talavera y el día siguiente a casa.

 

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