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El Castellot de la Serra

En un pequeño montículo, tras unos campos de cultivo, a la izquierda de la carretera de Ponts a Folquer, una vez pasada la masía de La Serra.

El castillo se extendía en un tozal alargado en dirección norte-sur. La zona superior es más accesible por el noroeste. La parte amurallada cierra en un rectángulo la parte sur del tozal.

Quedan fragmentos de muros, el más largo y mejor conservado al este, cara  a la carretera, con siete u ocho hiladas de sillares de buen tamaño y bien alineados.

Al otro lado del cerro los fragmentos conservados son más altos y quedan restos visibles entre la vegetación, sobre todo en los ángulos.

Por la superficie se puede ver abundante material cerámico, mucho fácilmente identificable como medieval.

El lugar es conocido tradicionalmente por los habitantes de La Serra como “el Castellot”. Está situado enfrente del tozal de Montmagastre con el que mantiene una excelente comunicación visual.

Son tan solo unas ruinas y que, pese a que su acceso no es difícil, no parecen haber llamado mucho la atención hasta ahora. De todos modos, no hay duda de que estamos ante un castillo altomedieval. Por eso es sorprendente que en ningún lugar se hable de él y no tengamos ningún tipo de documentación. Pudiera ser que algunos documentos que se cree hacen referencia al castillo de Torreblanca (conocido popularmente también como “Castellot”).

También es posible la relación de esta construcción, muy cercana a Bellfort,  con la encomienda hospitalera de San Salvador de Isot.

Sant Miquel de Montmgastre

A Montmagastre se va por una desvío a la izquierda de la carretera de Artesa de Segre a Tremp, pasado Vall-llebrera y antes de llegar a Montargull. Desde la carretera hay casi seis kilómetros, asfaltados desde 1992, hasta la pequeña agrupación de casas y granjas que constituye el núcleo del actual Montamagastre. La iglesia y el castillo están en el tozal que domina el pueblo, lugar visible desde muy largas distancias. Se ha de subir a pie campo a traviesa atravesando yermos, cultivos y, más arriba, las ruinas del antiguo pueblo. La subida no es larga, pero si dura debido a que no hay apenas rastro de camino.

La iglesia es de origen románico, citada en 1011.

De la obra primitiva se conservan el ábside y la cripta, inaccesible cuando estuve. El ábside está decorado con arcuaciones y columnas con pequeños capiteles lisos, que sustituyen a las típicas lesenas. Tiene una ventana con arco de medio punto formado con pequeñas dovelas.

Su interior está medio tapado por un tabique.

La bóveda de la nave, apuntada en la parte que se conserva, está mayoritariamente hundida.

Toda la parte occidental de la iglesia es fruto de una reforma del siglo XVII. Se nota perfectamente el lugar de unión entre ambas épocas constructivas.

La portada actual en el muro sur muestra en la clave la fecha de 1643.

De esa reforma deben ser también dos capillas que hay abiertas en el muro norte. La bóveda de esta zona se ha hundido y parte del campanario, de la misma época, también.

La maleza se va apoderando de todo el interior.

El aparejo de la parte original es de sillarejo bien alineado.

En la parte moderna es de sillares, muchos de ellos trabajados con la bujarda.

En 1085 constaba esta iglesia como abadía canonical. Luego pasó a ser un priorato dependiente de Áger. En los siglos XIV y XV empezó a decaer y fue suprimido e integrado por completo a Áger.

Los restos del castillo se sitúan unos cien metros a levante de la iglesia.

De él queda la base de una torre, construida con grandes sillares rectangulares bien alineados

y la cisterna con parte de la bóveda que la cubría.

Algunos amontonamientos de piedras en la parte más alta del tozal, en las cercanías de donde está el hito del vértice geodésico, puede que sean también restos del castillo.

El castillo parece que es de origen árabe (documentado en 926), si bien ja era reconquistado a principios del siglo XI. Debió tener gran importancia a causa de su privilegiada situación, ya que este punto es visible desde lugares muy alejados en todas direcciones. Fue centro de la baronía del mismo nombre. Fue derruido por Pedro el Grande a finales del siglo XIII. En 1413 Fernando de Antequera lo cedió a Ramón de Bagés.

En el Museo de Artesa se conservaban (1994) unas yeserías procedentes de aquí de más que probable origen islámico.

Bibliografia:

BURON, Vicenç: Esglésies romàniques catalanes. Guia, Artestudi edicions, Barcelona, 1980 (1ª edición, Barcelona, 1977), p. 225.

BURON, Vicenç:  Castells romànics catalans. Guia, Ediciones Mancús, Barcelona, 1989, p. 177.

Catalunya Romànica, vol. XVII, la Noguera, Barcelona, 1994, p. 184-189.

GAVÍN I BARCELÓ, Josep Maria: Inventari d’esglésies, vol. 12, Noguera, Arxiu Gavín, Valldoreix, 1982, p. 43.

VIDAL-VILASECA: El romànic de la Noguera, Barcelona, 1984, p. 421-424.

VILLANUEVA, Jaime: Memorias cronológicas de los Condes de Urgel. Transcripción y notas de Cristián Cortés, ed. Romeu, Balaguer, 1976, pàg. 270.

 

Santa Eulàlia de Pomanyons.

Siguiendo la pista que desde Gualter se dirigía a la piscifactoria de Molí Nou, a los cinco kilómetros se encuentra la iglesia, a la izquierda de la pista.

Es una pequeña iglesia de una nave precedida por un ábside semicircular. El ábside está sobrealzado hasta alcanzar la altura de la nave y situado sobre una roca. En el centro tiene una ventana de doble derrame.

La portada está en el muro de la epístola y muy desfigurada, habiendo desaparecido las dovelas. La cierra una puerta metálica y de un horrible color azulado. Por el interior es de medio punto. Se accede a ella mediante unos rústicos escalones.

Al frontis muestra una ventana en forma de cruz latina, muy deteriorada por el interior. Debajo de ella una amplia grieta llega hasta el suelo.

El aparejo es cuidado en la base del ábside con sillares cuadrados o rectangulares. bien trabajados y alineados. No así en el resto con sillares de todos los tamaños, algunos muy grandes y sin desbastar. La cubierta es moderna a dos aguas.

La bóveda es de cañón y dos peldaños dan acceso al ábside que se abre a la nave mediante un doble arco en reducción.

En conjunto su aspecto es bien curioso.

Esta iglesia quedaba bajo las aguas del embalse de Rialb y fue trasladada más arriba. Este es el aspecto con el que ha quedado.

Bibliografia:

BURON, Vicenç: Esglésies romàniques catalanes. Guia, Artestudi edicions, Barcelona, 1980 (1ª edició, Barcelona, 1977), p. 226.

Catalunya Romànica, vol. XVII, la Noguera, Barcelona, 1994, pp. 277-278.

GAVÍN I BARCELÓ, Josep Maria: Inventari d’esglésies, vol. 12, Noguera, Arxiu Gavín, Valldoreix, 1982, p.150.

Iglesia parroquial de Laguarres

Iglesia parroquial de Laguarres

Durante la guerra de la Independencia las tropas napoleónicas tuvieron un gran problema en España con las partidas de guerrilleros, gente ruda, conocedora del terreno y con una gran capacidad de movimiento por sierras y barrancos.

Guerrilleros 1

En Ribagorza destacó el grupo del Beneficiado de Laguarres, personaje cuyo nombre consideran desconocido en muchas publicaciones, incluyendo la Enciclopedia Aragonesa y wikipedia. A partir de ahora esto dejará de ser así pues creo que hemos resuelto el problema.

Las publicación por la que más lo conocemos, quizás más recogiendo la tradición oral de la comarca que con estricto rigor histórico, es Los guerrilleros de 1808. Historia popular de la Guerra de la Independencia de Enrique Rodríguez Solís, publicada entre 1887-1888, o sea casi ochenta años después de los hechos.

En esta publicación se habla de dos guerrilleros ribagorzanos Francisco Vinós y el Beneficiado de Laguarres. Del Beneficiado se narra su hecho de armas más conocido del que luego hablaremos. De Vinós solo que dirigía un pequeño grupo de guerrilleros.

Muñoz Maldonado los menciona como dos individuos distintos. Iglesias cita a Francisco Vinós, pero del Beneficiado no dice nada.

En obras modernas, en artículos periodísticos, en webs,  se repite lo que han dicho otros siendo la primera fuente Rodríguez Solís.

Al final resulta que la solución a la identidad del Beneficiado es sencillísima (la navaja de Ockham funciona siempre): él y Vinós son la misma persona.

Releyendo un artículo que publicó F. Castillón en Argensola me aparece lo siguiente referente a una visita de 1816. “… dos raciones y un beneficio que tiene Pascual Clua, canónigo vicario de Tamarite y ahora vicario de Laguarres, otro beneficio de San Miguel y la Virgen que lo poseía Francisco Vinás”. No hace falta mucha imaginación para ver que este Francisco Vinás (un pequeño error de transcripción en Castillón, lo que tampoco es nada raro) es Francisco Vinós. Ya tenemos ahí al famoso Beneficiado hasta ahora sin nombre.

De todas formas seguí buscando para reafirmarlo y encontré una publicación de 1820, o sea muy cercana a los hechos, del Maestro Salmón, monje agustino, en la que se cita a Francisco Vinós, beneficiado de Laguarres, como jefe de una agrupación guerrillera activa en Ribagorza. Creo que queda más que confirmada la identidad del famoso Beneficiado.

La guerrilla.  Con esta denominación se define un grupo de paisanos movilizados cual ejército irregular bajo el mando de un jefe.

En España se popularizaron las partidas guerrilleras durante la Guerra de la Independencia. Surgió en principio como fruto de la hostilidad popular frente a los invasores, o sea hay un componente de afirmación nacional y de odio al francés, pero hubo otros factores de movilización que facilitaron su popularización y crecimiento. No fue el menor la propaganda católica, muy reacia a las ideas ilustradas procedentes de Francia. Por eso no es de extrañar la cantidad de elementos clericales que participaron activamente en ellas.

Guerrillero

Jerónimo Merino, párroco de Villoviado, conocido como “el cura Merino” fue uno de los jefes guerrilleros más destacados y típico defensor de la monarquía tradicional y católica. Terminada la guerra renunció a los honores militares y volvió a su labor como cura de pueblo, pero más tarde volvió a tomar las armas durante el alzamiento realista de 1822 y en la primera guerra carlista, siempre en defensa del absolutismo.

El-cura-Merino

El cura Merino

Otros guerrilleros famosos fueron luego destacados liberales como Espoz y Mina o Juan Martín “el Empecinado”.

Muchos componentes de las partidas guerrilleras eran soldados desertores (una vez derrotadas las tropas regulares), otros, paisanos huidos de sus pueblos, agrupados bajo algún dirigente. Atacaban por sorpresa a correos o a pequeños grupos de soldados, huían y, como buenos conocedores del terreno, desaparecían. A menudo volvían a sus tareas campesinas habituales mezclándose con el resto de los aldeanos y se reagrupaban cuando les parecía.

Guerrillas 2

El gobierno procuró organizarlas dotándolas de reglamentos y proporcionándoles oficiales y armas (suministradas en general por los ingleses).

Poco a poco, avanzada la guerra, se fueron transformando las guerrillas en grandes unidades, que se iban integrando en el ejército regular.

Francisco Vinós “el Beneficiado de Laguarres”.

Durante varios años mantuvo en jaque a los franceses en la sierra de Laguarres y el valle del Isábena, principalmente. Su refugio principal era el castillo de Laguarres.

Castillo 1

Restos de la torre maestra de castillo.

Este, entre las muchas pequeñas fortalezas que tenían los musulmanes en la zona, era tal vez el más seguro e inexpugnable. Lo situaron en un peñasco sobre la sierra que separa el valle del Isábena del valle del Sarrón y, en la cara que mira al Isábena, abrieron muchas cavidades a cuyas ventanas no se podía llegar sino mediante muy largas escaleras. Desde el castillo divisaban diversos castillos, Fantova, Panillo, Güel, Grustán y Graus entre otros.

Desde el castillo

Francisco Vinós

era Beneficiado en la iglesia parroquial de Laguarres. Formó una guerrilla con algunos mozos del lugar, el sacristán, el campanero y hasta el monaguillo de la parroquia.

Inició sus correrías de acoso a los franceses por todo el término llegando hasta todos los municipios vecinos.

Pero el centro de sus operaciones eran la sierra y el castillo, donde se refugiaba después de sus atrevidas empresas y hasta el cual no se aventuraban a llegar los franceses y donde los guerrilleros se escondían en las cuevas solo accesibles mediante escalas móviles.

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El peñasco donde se ubica el castillo (foto de Cristian Laglera)

El primer hecho de armas que se le conoce fue un encuentro con un grupo mucho más numeroso de franceses que iban de Graus hacia Benabarre, a los que obligó a retirarse.

Atacó a otra columna francesa que iba a Graus a coger provisiones, pero esta consiguió penetrar en Graus, aunque se tuvo que refugiar en el convento de Dominicos. Las fuerzas del beneficiado atacaron el convento, pero no consiguieron tomarlo. En este ataque participaron otros clérigos como el párroco de Laguarres y el ministro (superior) de los Trinitarios de Monzón.

Una vez, llegaron las tropas napoleónicas al pie del castillo persiguiendo al beneficiado. Lo sitiaron, pero entre el frío y las bajas que les causaban los guerrilleros disparando desde arriba se vieron obligados a levantar el cerco.

Guerrillas desde el castillo

Tiempo después, otro oficial francés se decidió a intentar el asalto, pero el Beneficiado y sus guerrilleros esperaron tranquilamente y las grandes bajas sufridas por los asaltantes, sin que hubiese víctimas entre los defensores, hicieron desistir del asalto al temerario oficial.

Y ahora la hazaña más conocida de Francisco Vinós. Prepararon los imperiales una emboscada, ocultándose en la sierra a fin de prenderlo al regreso de una de sus correrías.

Enterado el Beneficiado de la celada, llamó en su ayuda a los habitantes de Laguarres, Capella, Castarlenas, Torrelabad y Portaspana, y una vez llegada la noche, cuadrillas de hombres de esos pueblos con gran sigilo, rodearon a los franceses hasta que, arrastrándose por el suelo, llegaron a corta distancia de ellos.

A la señal del canto del mirlo, muy bien imitado por el Beneficiado, experto cazador, los campesinos prendieron fuego al bosque, que empezó a arder rápidamente al haber muchas “tepas”, arbusto muy resinoso. (Tepas dice Madoz que las llaman en el país, yo creo que se refiere a estepa, un tipo de jara).

Los franceses no creyeron que el fuego los iba a rodear inmediatamente y esperaron el ataque. Este no se produjo y en cambio el fuego los envolvió enseguida.

Procuraron escapar, pero tras las llamas estaban las escopetas y trabucos de los lugareños. Las narraciones hablan de que los franceses corriendo y aullando como locos, con sus brillantes cascos y uniformes relucientes por las llamas, parecían fantasmas en el infierno.

El incendio tomó proporciones gigantescas, engendrando un dantesco espectáculo.

 Finalmente los franceses viéndose absolutamente superados y presas del pánico arrojaron las armas y se rindieron

Desde esa noche las tropas imperiales franceses se olvidaron de Laguarres y su sierra.

Vinós aprovechó el terror que les infundía para seguir sorprendiéndoles en diversas escaramuzas en Benabarre, Graus y hasta Barbastro.

No sabemos qué ocurrió con el Beneficiado tras la contienda. En 1816, en el documento aportado por Castillón se habla de él y su beneficio en pasado. Podía haber fallecido o haberse incorporado con algún cargo al ejército como hicieron tantos otros guerrilleros. De momento hemos averiguado su nombre, en un futuro quizás será posible completar su biografía.

Bibliografía:

CASTILLÓN CORTADA, Francisco: “Documentos de la población altoaragonesa de Laguarres” en Argensola, nº 112, Huesca, 1998.

IGLESIAS COSTA, Manuel (2001). Historia del condado de Ribagorza, Huesca, 2001.

MADOZ, Pascual. Diccionario geográfico-estadístico-histórico 1845-1850, provincia de Huesca. Edición facsímil. 1985.

MUÑOZ MALDONADO, José (conde de Fabraquer). Historia política y militar de la guerra de la independencia de España contra Napoleón Bonaparte: desde 1808 a 1814, escrita sobre los documentos authénticos del gobierno, Madrid, 1833, p. 268.

RODRÍGUEZ SOLÍS, Enrique. Los guerrilleros de 1808. Historia popular de la Guerra de la Independencia, cuaderno VII, Madrid, 1887-1888.

SALMÓN, Maestro: Resumen histórico de la Revolución de España, año de 1808, vol. II, Madrid, 1820.

GRANADA

Aprovechando que ya hay AVE hasta Granada y hacía años que no íbamos, ese fue nuestro destino este noviembre.

El hecho de no tener que pasar por Madrid y hacer transbordo para ir a Andalucía desde Aragón y Cataluña añade comodidad y rapidez al viaje.

A mediodía ya estábamos en Granada, en el hotel situado en pleno centro y al poco rato comiendo en la plaza Pescadería.

Buenas verduras y mejores pescados. Un buen estreno.

La catedral a un paso, y a ella fuimos.

La fachada es un proyecto de Alonso Cano de 1667 con modificaciones posteriores.

La catedral se inició aún en estilo  gótico en 1523, pero a los pocos años se hizo cargo de las obras Diego de Siloé que, aprovechando la cimentación gótica, desarrolló un edificio renacentista, tras convencer del proyecto a Carlos I.

Consta de cinco naves y deambulatorio. La nave central es más alta. Una serie de pilares con semicolumnas adosadas sostienen las bóvedas.

La Capilla Mayor, de planta circular, fue diseñada para servir de panteón real, pero la construcción del Escorial por Felipe II hizo descartar el proyecto.

El tabernáculo actual, de principios del siglo XX, sustituyó a otros varios que habían sucedido al primitivo diseñado por Diego de Siloé.

Dentro de la catedral podemos observar obras artísticas de interés como la portada gótica de la Capilla Real, que muestra el tímpano decorado con el águila y el escudo real flanqueados por el yugo y las flechas, símbolos de los Reyes Católicos.

Gran devoción tiene en Granada la Virgen de las Angustias.

Adosada a la catedral, pero con entrada desde el exterior se sitúa la Capilla Real donde reposan los restos de los reyes Isabel y Fernando al lado de los de su hija Juana y su marido Felipe el Hermoso.

Como no permiten en modo alguno hacer fotos en la capilla Real coloco una que no es mía.

Sepulcro de los Reyes Católicos

Un paseo por el centro pasando por la siempre animada plaza Bib Rambla.

Con su Fuente de los Gigantes.

Ya anochecía y el resto del paseo fue nocturno hasta la hora de cenar.

El día siguiente decidimos iniciar nuestra exploración de Granada con el trenecito turístico. En la Puerta Real, a dos pasos del hotel, iniciaba el recorrido.

Su tamaño permite introducirse por las callejuelas granadinas.

Subimos primero hacia la Alhambra.

Descendimos y entramos en el Albaicín por la Carrera del Darro.

Bajamos en la parada de San Cristóbal.

Para contemplar Granada desde su mirador.

Desde allí nos adentramos por las callejuelas del Albaicín.

Hasta la plaza Larga, que centra en buena parte la vida ciudadana del barrio.

Y por el Arco de las Pesas atravesamos la muralla de la Alcazaba Cadina, que rodeaba el núcleo original de la Granada musulmana, desarrollado desde principios del siglo XI por los reyes ziríes, fundadores del Taifa granadina.

Cerca alcanzamos el mirador de San Nicolás, desde donde se domina toda la Alhambra, aunque con el sol de tarde las vistas tienen que ser mucho mejores, pero estábamos en época de tardes cortas.

Regreso hacia San Cristóbal.

Parando a contemplar un aljibe medieval.

En San Cristóbal tomamos de nuevo el trenecito y hacia la Cartuja. Su construcción se inició poco después de la conquista de Granada, pero las obras duraron tres siglos.

Una austera portada renacentista coronada por una hornacina con la imagen de San Bruno, fundador de la orden, da paso a la iglesia.

Por una puerta lateral se accede a un patio y tras él al claustrillo, denominado así por ser el menor de los dos que había. El otro ha desaparecido.

Las diversas dependencias están decoradas con pinturas sobre todo de Sánchez Cotán, que estuvo aquí años como cartujo. El refectorio es un museo de sus obras.

Pero lo que sobresale del conjunto son la iglesia y la sacristía. Obras maestras del barroco, que parece con sus filigranas de estucos preceder el rococó.

Nave de la iglesia

Nave hacia los pies

Presbiterio

Tras el presbiterio está el sagrario.

Con su cúpula pintada por Antonio Palomino.

Al fondo está el tabernáculo que alberga el sagrario propiamente dicho, en un espacio repleto de mármoles de colores y con profusión de esculturas, que responden a un programa profundamente simbólico.

Adosada a la cabecera, en el lado del evangelio está la sacristía, otra explosión de movimiento y colorido.

Seguimos en el trenecito. Pasamos por la plaza de toros.

Y abandonamos el tren definitivamente en la plaza Romanilla, junto a la catedral, zona de restaurantes pues ya apretaba el hambre.

Por la tarde decidimos ir a los Jerónimos. Durante el paseo aún nos dio tiempo de ver el Jardín Botánico

El monasterio de los Jerónimos fue otra de las obras promovidas por los Reyes Católicos tras la toma de la ciudad. El monasterio ya existía en Santa Fe y fue trasladado aquí para lo cual se realizó una gran construcción en la que fue parte fundamental Diego de Siloé.

Tiene dos claustros, uno de ellos no visitable pues forma parte de la zona ocupada por las monjas de clausura.

La iglesia es le primer templo del mundo dedicado a la Inmaculada Concepción. La iglesia tiene un espectacular coro alto a los pies y fue concebida para albergar las tumbas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, y su esposa.

El altar Mayor se sitúa tras una larga escalinata y en él se funden detalles aún plenamente renacentistas con esculturas que obedecen ya al manierismo.

Ya anochecido, aún nos dio tiempo para visitar la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo socorro y la de los santos Justo y Pastor. Esta última con interesante decoración.

El miércoles teníamos reservada la visita a la Alhambra. hacia la plaza Isabel la Católica a tomar el bus hacia arriba.

Al entrar en el recinto de la Alhambra lloviznaba,  pero  paró enseguida. A las diez teníamos hora para entrar en los palacios nazaríes y rápidamente, cruzando la Acequia Real, allí nos dirigimos

   

Pasamos por los restos de la antigua Medina y por la iglesia de Santa María.

Hasta llegar al palacio de Carlos V.

Una breve cola y a los palacios. A disfrutar de artesonados, mocárabes, caligrafías y atauriques por doquier.

Las vistas de la ciudad son también espléndidas. Para imaginar cómo se sentirían los reyes allí.

El patio de los Arrayanes es uno de los lugares más conocidos de la Alhambra.

A uno de los extremos del patio se alza la torre de Comares, la más alta del conjunto y donde, según la tradición, se acordó la rendición de Granada.

Más conocido aún que le patio de los Arrayanes lo es el de los Leones. Un caso raro de representación animal, poco frecuente en el arte musulmán.

Una curiosidad añadida al misterio de los leones, de quienes no sabemos ni el origen ni la motivación para usarlos como esculturas decorativas, es que no hay dos leones iguales. En la fuente de los Leones hace unos años se restableció el sistema tradicional de circulación del agua.

Las bóvedas de las diversas salas aún deslumbran por su decoración y por los vanos que permiten su iluminación.

Las ventanas son auténticos marcos estudiados del paisaje.

Dejamos los palacios por el patio de Lindaraja.

Y nos dirigimos al Partal.

Desde el Partal ya se empieza atener buenas vistas del Generalife y hacia allí que fuimos.

Otra vez a pasar por la Torre de las Infantas.

Y  a seguir el camino, siempre con el susurrar del agua.

Y magníficas vistas de la Alhambra.

El Generalife fue en un principio una finca de recreo de los reyes nazaríes, pero también una explotación agrícola. Jardines y huertas son cuidados hoy en día al modo tradicional.

Paseando por sus jardines es hacerlo al ritmo del agua.

Las vistas sobre la Alhambra y las huertas tampoco son desdeñables.

Ahora atrás, otra vez a la Alhambra, pues nos faltaban el palacio de Carlos V y la Alcazaba.

El palacio de Carlos V, obra concebida por Pedro Machuca, es un magnífico ejemplo de obra renacentista, con curiosas soluciones arquitectónicas. La planta cuadrada esconde en su interior un gran círculo alrededor del cual se distribuyen las distintas dependencias.

En la planta superior se ubica el Museo de Bellas Artes y en la inferior el mucho más reciente Museo de la Alhambra. Este todavía lo visitamos. el de Bellas Artes lo dejamos para otra ocasión.

Aún nos quedaba la Alcazaba. Es la parte más antigua del conjunto de la Alhambra y fue residencia de los reyes hasta que se construyeron los palacios, pasando entonces a tener un uso exclusivamente militar.

Sus torres son auténticos miradores sobre la ciudad.

Empezaban a caer cuatro gotas y fuimos rápidamente hacia la salida.

El taxi que nos bajó de la Alhambra nos dejó en la calle Navas. en uno de sus restaurantes comimos y por cierto bastante bien.

Decidimos después descansar un rato en el hotel y cuando salimos dimos un paseo nocturno por la calle Reyes Católicos arriba. Paramos en el monumento a Isabel de Castilla y Colón.

En la plaza Nueva para admirar la Chancillería de noche.

Y la iglesia de Santa Ana.

Aún nos dio tiempo a subir un rato por la Cuesta del Darro.

Nuevo día e iniciamos el recorrido por donde habíamos pasado la noche anterior.

Con parada primero en el Corral del Carbón. Se trata de una alhóndiga (edificio público destinado a guardar y vender grano) del siglo XIV. Es la mejor conservada de España. Una monumental puerta de arco de herradura da paso al interior.

Las dependencias se organizan en torno a un patio cuadrangular centrado por una fuente.

En la plaza Nueva aún había poco movimiento.

En la plaza, la Chancillería.

Y la iglesia de Santa Ana con su torre mudéjar y un interior sin mayor interés.

La Carrera del Darro un recorrido precioso pese al día nublado.

Quedan restos del llamado puente del Cadí, que actualmente se considera que no era un puente sino una antigua puerta conectada con las murallas primitivas de la ciudad.

Las empinadas callejuelas que suben hacia el Albaicín desde la Carrera del Darro tienen todas su encanto.

Pasamos por San Pedro y San Pablo.

Justo enfrente está el Museo Arqueológico.

El contenido, aunque no muy amplio, tiene obras relevantes. Como estas sandalias de esparto, datadas en el quinto milenio antes de nuestra era.

O estos amuletos, procedentes de una necrópolis cercana a Almuñécar, de principios de la época ibérica.

Contemporánea a los amuletos es la escultura de este toro.

De época romana (siglos II y III) destaca este busto de Ganímedes.

Visigótico es este ladrillo con crismón.

Hay que subir a la planta superior para disfrutar de la perspectiva de la Alhambra.

La zona llana se acaba en el Paseo de los Tristes. Al otro lado del río, la Casa de las Chirimías.

Y la Alhambra.

Al regresar paramos en la iglesia del convento de Santa Catalina de Zafra.

Y detrás está la Casa de Zafra, vivienda rehabilitada, que “intenta” ser un centro de interpretación del Albaicín.

Al llegar a la plaza Nueva nos internamos por callejones hasta llegar a la Casa de los Tiros. Recibe su nombre por los mosquetes que asoman entre sus almenas.

La fachada renacentista da paso a un interior con diversas salas destinadas a museo de variado contenido.

Pero el centro de interés es la habitación denominada la Cuadra Dorada. Cuidadosamente restauradam, muestra un espléndido artesonado con escritos históricos y figuras en bajorrelieve.

La colección de cabezas de viga representando personajes históricos y mitológicos es espléndida.

A comer y por la tarde el acostumbrado paseo por el centro. La plaza Bib Rambla.

Y la Alcaicería, conjunto de estrechas calles con aspecto de zoco, que se levanta en el lugar de la primitiva destinada al comercio de la seda, que fue destruida en un incendio a mediados del siglo XIX.

Ya viernes. Empezamos otra vez por centro para tomar después la Gran Vía en dirección a la puerta de Elvira. Esta fue la principal puerta de entrada a la ciudad en época islámica.

Poco más arriba de la puerta se inicia la cuesta de Alhacaba que sube hasta la parte alta del Albaicín.

A poco de iniciar la interminable cuesta parte al izquierda las escaleras que conducen a San Cristóbal.

Seguimos por la cuesta. ¡Ya solo nos hubiesen faltado las escaleras!

Paralela a la Cuesta de Albahaca queda la muralla de la Alcazaba Cadima, levantada sobre los restos de las murallas romanas de la antigua Ilíberis o Elvira.

Una vez arriba una pausa en la siempre concurrida plaza Larga y a emprender el descenso. ahora por otro sitio.

El Albaicín ha sido muy reformado las últimas décadas a fin de hacerlo más cómodo y habitable. Un ejemplo es la Placeta Cristo Azucenas. De todos modos la estrechez y el desnivel de muchas calles y las grandes dificultades para el tráfico rodado no acaban de convertirlo en realmente residencial.

Pasamos por le convento de Santa Isabel la Real, que no pudimos visitar al estar cerrado.

E hicimos otra pausa y otro café en la placeta de San Miguel Bajo, junto a la iglesia del mismo nombre

y el aljibe del siglo XIII que se conserva adosado a ella.

Más descenso

y parada en el Mirador de la Lona.

Y otra en el Mirador Ojo de Granada.

Incontables los escalones y cuestas que, subiendo o bajando, hay que superar en el Albaicín.

Finalmente desembocamos en San Gregorio. Entramos en la iglesia del convento de clausura donde en aquel momento estaban las monjas con sus cánticos de la hora sexta.

Cuando acabaron por la calle Calderería Nueva -conocida por todos como la calle de las Teterías por las muchas que hay- nos dirigimos al centro.

Entramos en el Mercado de San Agustín. Ahora que están tan de moda los mercados convertidos en locales gastronómicos, en este también ocurre pero sin perder el sabor tradicional del mercado.

Nos llamó la atención el nombre de un establecimiento, que tenía a un lado la tienda propiamente dicha

y, enfrente, el lugar para tomar alguna cosita. Con vinos, curiosamente de Somontano, disfrutamos de un buen jamón y lomo ibérico.

Las pescaterías también son atractivas y en un momento te preparan una mariscada y una fritura eligiendo tú los productos. Aquí con vino de Rueda. El único problema el espacio algo incómodo, pero la calidad y el precio fenomenales. De eso no hay fotos, ¡bastante trabajo teníamos!

Antes de dejar el mercado aún realizamos una compra de aceites gourmet.

Volviendo al hotel fotografiamos en la plaza Romanilla al Aguador. Falta nos hacía el agua para digerir.

Al anochecer el paseíto habitual. Hoy por la Capilla Real.

Y último día en Granada. Desayuno por la Acera del Darro.

Hasta el Genil.

Muy cerca está la popular fuente de las Granadas.

Regresando por la Carrera de la Virgen paramos en Nuestra Señora de las Angustias, donde se venera la imagen de la patrona de Granada.

Algo más arriba se halla el palacio de Bibataubín.

Seguimos por el centro hasta que se acercó mediodía. A buscar las maletas, a la estación y cerca de allí comimos.

Nos despedimos de Granada con muy buen tiempo, aunque fresquito como bien señalaba el aspecto de Sierra Nevada al fondo.

 

 

 

 

 

 

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