Relatos de viajes, excursiones, románico y más.

Entradas etiquetadas como ‘Burgos’

ORENSE-BURGOS

Iniciado el mes de julio de este fatídico 2020 parecía que se iban calmando las previsiones apocalípticas de la OMS y allegados, y que el turismo -por lo menos interior-se iría regularizando. Por consiguiente, decidimos, tras el largo confinamiento y restricciones, emprender viaje Orense. Cogimos billetes en RENFE desde Lérida, reservamos el hotel en Orense y a esperar el día. Pero la víspera a primera hora oímos en las noticias que confinaban por completo la ciudad de Lérida. Tras preguntar en RENFE (allí, si te contestan al cabo de un buen rato, no saben nunca nada) decidimos anular los billetes y coger el coche ese mismo día.

Y ruta hacia Galicia. Decidimos hacer un alto en el camino y paramos en Navarrete, cerca de Logroño. En un hotel con bonitos jardines. Allí empezamos a ver los desastres originados por el terror. Mucha limpieza (eso es bueno), pero también algunas medidas ridículas e incómodas.

En el hotel pocos turistas. En la población (camino de Santiago), aún menos.

Navarrete es una pequeña población cuyo casco antiguo conoció tiempos mejores.

Guarda muchos recuerdos de su pasada nobleza.

Su monumento más relevante es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, grandiosa construcción renacentista de tres naves..

La preside un espectacular retablo barroco en el altar mayor.

Y de buena mañana a seguir el camino. Nunca mejor dicho pues cercana al Camino de Santiago sigue la autopista y el pequeño tramo que hay que recorrer sin ella.

Pronto llegamos a los paisajes gallegos.

En el hotel, la terraza nos permitía ver Orense desde lo alto.

Dejar las maletas  e ir a comer fue algo inmediato. Y, ¡cómo no!, que no faltase el pulpo.

Repuestas las fuerzas a pasear por la ciudad. Al ser domingo y hora de la siesta, en el parque de San Lázaro, poca gente.

En la calle Santo Domingo, menos

La iglesia que da nombre a la calle, abierta, pero también vacía.

En la praça do Ferro, igual. Aún no era hora de tapeo.

Aprovechamos para echar una primera mirada a la catedral. No por conocida, menos interesante.

Entramos por la portada norte. Las tres arquivoltas, ricamente esculpidas, de la portada propiamente dicha pertenecen al románico tardío. hay modificaciones típicamente góticas pues la portada sufrió daños durante el asalto que sufrió a finales del siglo XV por parte del conde de Benavente y sus aliados.

El interior lo visitamos rápidamente pues reservamos la visita detallada para el día siguiente, pero también valía la pena verla iluminada con luz de tarde y sin multitudes.

Nave central

Bóveda del cimborio

Coro

El Pórtico del Paraíso, magnífico con cualquier luz.

El Apóstol lo custodia a todas horas.

Una pausa en un velador de la plaza de San Martín nos permitió contemplar con calma la fachada oeste.

Con un paseo por el casco antiguo orensano finalizamos la tarde.

Rúa das Tendas

Praza Maior

Santa Eufemia

La mañana del día siguiente decidimos dedicarla  ala visita a fondo de la catedral. Par dirigirnos a ella pasamos por un itinerario distinto al día anterior. Por el parque de San Lázaro.

La calle del Paseo.

Tropezamos con alguna escultura de Acisclo Manzano.

Y, tras desayunar, a la catedral. Visita con audioguía. Y también con muy poca gente.

Con la luz de la mañana, muy distintas las imágenes.

Deambulatorio

Nave central

El presbiterio lo preside el retablo gótico tardío de Cornelis de Holanda.

El museo catedralicio está ubicado en el claustro gótico, al sur de la catedral.

Se accede a él por una portada románica con interesante tímpano y arcuaciones en el interior.

No es muy grande pero contiene auténticas maravillas. Una cruz procesional atribuida a Enrique de Arfe

El Misal Auriense, primer libro impreso en Galicia, 1494.

La Virgen románica de Reza.

La Arqueta de Santa Valeria, de principios del XIII, entre otras varias piezas con esmaltes de Limoges.

Una Santa Ana Triple.

La Arqueta-relicario de Santa Eufemia, del XV.

Y, sobre todo, la extraordinaria colección conocida como Tesoro de San Rosendo, procedente de Celanova.

Con el cáliz de San Rosendo.

Las piezas fatimíes de ajedrez de cristal de roca.

El anillo del santo.

Un ara portátil del siglo XII.

Varios peines litúrgicos de marfil.

Y un precioso báculo de marfil.

Siguiendo la visita de la catedral, hay un banco de piedra adosado al muro sur en el cual hay grabados tableros para juegos. Las interminables sesiones litúrgicas debían requerir algún entretenimiento.

El pórtico del Paraíso con luz matinal es también otro pórtico.

Para recorrerlo todo hay que subir al campanario.

Y contemplar Orense desde lo alto.

Y a salir por la puerta sur del transepto.

Por la plaza de la Magdalena, presidida por el habitual cruceiro

y la iglesia de Santa María, fuimos descendiendo.

Hasta Las Burgas, los manantiales de agua caliente, símbolo de la ciudad y ya explotados en época romana.

Desde las Burgas nos acercamos por la Rúa do Progreso, una de las avenidas principales, hasta el Puente Romano (como es habitual más medieval que romano).

Tras comer bien, lo que no es difícil en Orense, una siesta para huir del calor y por la tarde subida a San Francisco, convertido en centro de  las actividades culturales ciudadanas. No pudimos visitar el claustro, pero sí ver que aún hay trabajo por hacer en la zona.

Desde los aledaños de San Francisco se disfruta de buenas vistas sobre la ciudad y su catedral.

En especial, del cimborio.

El siguiente día a Monforte de Lemos.

En el Campo de la Compañía, presidido por el Colexio de Nosa Señora da Antiga, iniciamos la visita.

De allí a la plaza España, presidia por el consabido Cruceiro.

Y hacia arriba, por las murallas y el  barrio judío.

Pasando por Santa María de Régoa

y las sucesivas puertas y restos del recinto fortificado.

hasta llegar arriba al castillo, en el Montis Forte que da nombre a la población.

Con su imponente torre del homenaje.

Sus vistas sobre la ciudad.

.

El monasterio de San Vicente del Pino, convertido en Parador de Turismo.

Con su claustro neoclásico.

Al lado está el palacio de los Condes de Lemos.

Descendimos por el lado opuesto al de subida.

Y cruzando el Puente  Viejo  sobre el  río Cabe

nos dirigimos al convento de las Clarisas,

donde está instalado el Museo de Arte Sacro, una importante colección de arte barroco. Con este Cristo de Gregorio Fernández.

Y alguna obra interesante como este Calvario del siglo XIV, procedente de San Fiz de Cangas.

De Monforte fuimos a Ferreira de Pantón a ver su monasterio de Santa María, con una magnífica iglesia románica.

Y una preciosa Virgen de dicha época.

Muy cerca se halla San Miguel de Eiré.

No pudimos ver su interior, pero sí contemplar la bonita portada norte.

Siguiendo el Miño regresamos a Orense.

Por la tarde paseo por Orense.

Plaza Eugenio Montes y monumento a los Héroes del Cómic

Nuevo día. Y a uno de los pueblos más bonitos y bien cuidados de Galicia: Allariz.

Los parques, a las orillas del río Arnoia, una preciosidad.

Las calles del pueblo también.

La iglesia de San Pedro, con elementos románicos y góticos, la hallamos cerrada. Desgraciadamente, lo mismo nos pasó con otras.

El monumento a la Festa do Boi, tradición de origen medieval que se mantiene en la actualidad.

en la parte alta de la población se encuentra el Campo da Barreira, que al sur, en un extremo tiene la iglesia de San Benito.

Y en sus inmediaciones dos bellos cruceiros del siglo XVI.

En la misma plaza está el convento de Santa Clara, en cuyo museo hay una pieza de valor excepcional. Una Virgen Abrideira de marfil,  del siglo XIII, que perteneció a la reina Violante, esposa de Alfonso X.

Cualquier rincón de la población tiene su interés.

Cruceiros y hórreos.

Antiguas murallas.

Fuentes.

Iglesias como la de San Esteban. Cerrada, naturalmente.

Pero con una espléndida colección de canecillos en su muro sur.

La Plaza Mayor es el centro de la vida ciudadana. En ella destaca la iglesia románica de Santiago, auténtico museo escultórico.

Con dos magníficas portadas. Al oeste.

Y al sur.

En la misma plaza está la Paneira, edificio del siglo XV, que funcionó como institución de crédito agrícola.

Nos quedaba la subida al castillo. De él queda poca cosa.

Lo mejor las vistas sobre la población.

Durante el descenso pasamos de nuevo por la iglesia de Santiago.

Y nos acercamos a la de Santa María de Vilanova, también de origen románico.

Junto a ella, el único cruceiro de la población que conserva su emplazamiento original. Todos siguen un modelo similar. El Crucificado en el anverso y la Piedad en el reverso.

Un último paseo por la zona cercana al río.

Y a cruzar el puente, para seguir después por la orilla derecha en un magnífico paseo

hasta el Puente Románico, cercano a Santa María de Vilanova.

Llegamos a comer a Celanova y, aunque ya era tarde, aún nos dieron de comer.

Desafortunadamente, el monasterio no era visitable por alguna razón relacionada con el coronavirus.

Regreso a Orense. Al atardecer, cena en un establecimiento de la zona de tapeo, recomendados por un amigo. Sencillo, pero buen trato y buen género.

Nuestro último día en Orense lo empezamos yendo a uno de los lugares emblemáticos de la Ribeira Sacra, San Pedro de Rocas.

Como solemos madrugar, aún estaba cerrado, lo que nos permitió recorrerlo con sus alrededores en completa soledad.

El paraje es propio para que habiten meigas y trasgos. De existir, están ahí.

Cerca de las construcciones todo se ve más actualizado.

La vida eremítica ne la zona tiene su origen en el siglo VI y perduró hasta el siglo XV, cuando estaba en plenitud el monasterio.

Tumbas antropomorfas aparecen por doquier.

Entre construcciones de diversas épocas.

La recogida de aguas era esencial para la vida comunitaria.

El paisaje, sensacional.

A las diez abrieron y pudimos ver la iglesia cuya cabecera son tres cuevas abiertas en la roca. Siendo la más interesante la central.

La iglesia románica, cuyas naves son perpendiculares a las cuevas, es también interesante.

Por maravillosos paisajes y por las curvilíneas y tobogánticas carreteras gallegas desde San pedro nos dirigimos a nos dirigimos a San Esteban de Ribas del Sil.

Fue este el principal monasterio de la Ribeira Sacra. Actualmente alberga un Parador de Turismo.

Poco queda de época medieval,  siendo  lo que  vemos ahora  principalmente  obra renacentista.

La iglesia, de base románica, fue modificada en el siglo XVI, construyéndose sus bóvedas, y en su fachada en los siglos XVII y XVIII.

Conserva tres claustros. El de los Caballeros, a la entrada del monasterio.

El acceso a las plantas superiores se efectúa a través de una monumental escalera.

Otro claustro es el Menor o do Viveiro, llamado así porque llenábase a veces de agua para tener truchas disponibles.

Y el último, el de los Obispos, es el más antiguo.

A la entrada (o salida) del monasterio nos recibe (o nos despide, según se mire) un cruceiro.

Vuelta a Orense por terrenos poblados de hórreos y cruceiros.

Por la tarde de nuevo a Las Burgas a llevarnos el recuerdo de sus cálidas y terapéuticas aguas.

La ventaja de ir con vehículo propio es que paras donde quieres, y eso hicimos al regreso. Un par de días en Burgos, que completaron muy bien el viaje.

Alojados en el hotel ubicado en el palacio de la Merced, casi justo enfrente de la catedral, al otro lado del Arlanzón, no podíamos estar más céntricos.

A cruzar el río.


Y por el Arco de Santa María

a la catedral.

Pero se acercaba mediodía y no era el momento de visitas turísticas, sino más bien gastronómicas. Las cercanías ofrecen lo más tradicional y lo más innovador. Era pronto y podíamos elegir antes de que todo quedase abarrotado.

Por la tarde al Museo de la Evolución Humana. Ya habíamos estado en Burgos tras su inauguración, pero no habíamos ido.

Las instalaciones impactan.

Pero los descubrimientos de Atapuerca, eje central del  museo, lo merecen.

Algunas instalaciones estaban a medio ritmo o sin funcionar debido al dichoso virus.

Por el puente de San Pablo cruzamos el río.

Al otro lado nos recibía el monumento al héroe castellano por excelencia, El Cid.

Y el centro de la ciudad, aunque pronto nos refugiamos en una cafetería hasta la hora de cenar, porque Burgos hacía honor a su leyenda de que solo tiene dos estaciones, invierno y la del ferrocarril, y el fresquito no era lo esperado en un mes de julio.

El día siguiente era para hacer una buena visita a la ciudad. Entramos por el Arco de Santa María.

Y como aún estaba cerrada la catedral, empezamos con la iglesia gótica de San Nicolás.

Todo el edificio y su contenido son de gran interés, pero el resto queda eclipsado por el retablo, obra de Simón de Colonia y su hijo Francisco, uno de los más monumentales del Renacimiento en Castilla.

Luego a dar la vuelta a la catedral.

Y a disfrutar de sus portadas. la de la Coronería al norte.

La fachada principal o de Santa María al oeste.

Y la del Sarmental, por la que hicimos la entrada, al sur.

El interior merece muchos pasos y tiempo.

Curiosidades como el Papamoscas, que abre la boca con las horas.

Y maravillas artísticas de diversas épocas como el retablo de la capilla de Santa Ana de Gil de Siloé.

En la misma capilla, en un lateral, una Santa Ana Triple de las que tanto me gustan. Es obra de Diego de Siloé.

Entre lo más conocido y monumental de la catedral está la escalera de Gil de Siloé, que permitía descender al interior desde la puerta de la Coronería.

El cimborio de la nave central es espectacular.

El retablo del altar Mayor es delos hermanos de la Haya con la colaboración de Simón de Bueras.

En la capilla de la Natividad de la Virgen llama la atención su retablo, muestra de la escultura manierista.

La capilla de los Condestables es tal vez la más relevante de toda la catedral. La presiden los sepulcros de sus benefactores, Pedro Fernández de Velasco y su esposa doña Mencía de Mendoza. Las obras de la capilla las dirigió Simón de Colonia.

Entre los retablos de la capilla hay uno dedicado a Santa Ana, con esta imagen de Gil de Siloé.

En el claustro está instalado el museo catedralicio.

Su contenido es riquísimo. Abundan los esmaltes de Limoges como este Cristo románico.

Hay obras de Gil de Siloé.

Preciosos portapaces esmaltados gótico-renacentistas.

Este Cristo atado a la columna de Diego de Siloé.

De la catedral a la Plaza Mayor y a comer en sus aledaños.

Por la tarde una de las joyas burgalesas menos visitada. el Museo de Burgos con obras de la ciudad y provincia, que van desde la Prehistoria a las últimas vanguardias. Estábamos solos.

Lo primero que se nos presenta es una amplia colección de estelas, lápidas y miliarios romanos.

En la parte dedicada a la prehistoria Atapuerca, como era de esperar, ocupa un lugar preeminente.

De la segunda Edad del Hierro (IV-I a. C.) es la amplia colección de objetos hallados en la necrópolis de Miraveche.

De esa y otras procede un amplio surtido de navajas de afeitar.

Y de juguetes.

La época romana está ampliamente representada.

Resultan admirables objetos que han llegado a ´pocas cercanas sin demasiadas modificaciones como este brasero.

Tras Roma vienen los restos visigóticos.

Y mozárabes como esta ara de altar.

De Santo Domingo de silos proceden diversas arquetas.

La Virgen de las Batallas, felizmente recuperada tras muchos años de errar por el mundo, considera la leyenda que es la que llevaba consigo Fernán González, aunque haya un problema de compatibilidad cronológica, pero si lo dice la leyenda …

La Virgen de Buniel conserva aún todos los rasgos del románico.

otravezlaleyenda

Otra vez la leyenda. Uno d elos grandes atractivos del museo es la espada del Cid, conocida como la Tizona.

Del museo a cenar. El ambiente en Burgos era similar al anterior a la invasión vírica.

Caída la noche no decaía el ambiente en las calles y eso que en muchas terrazas funcionaban los calefactores debido al frío.

Una última mirada al emblema de Burgos y al hotel.

A dormir, madrugar, hacia Graus y fin del viaje.

BURGOS

El 20 de marzo emprendemos viaje desde Lérida en dirección a Burgos. El programa se anunciaba como circuito de turismo de naturaleza, con lo que esperábamos senderismo y caminatas. Al final poco de ello hubo.

El trayecto de autobús se hizo largo. Parada a comer en Corella.

001. Corella

 Luego, continuación hasta Villagonzalo-Pedernales donde está el hotel en el que nos alojamos estos días.

002. Villagonzalo-Pedernales. Hotel

Poco tiempo quedaba para pasar la tarde y nos dimos un paseo por el pueblo. La iglesia estaba abierta y el párroco a punto de decir misa amablemente nos dedicó unos minutos para mostrarnos el edificio y hablarnos un poquito de su historia y sus retablos.

006. Villagonzalo-Pedernales. San Vicente Mártir

San Vicente Mártir

008. Villagonzalo-Pedernales. San Vicente Mártir

San Vicente Mártir

Contiene la iglesia una bonita y decorada pila bautismal, que el párroco nos la fechó como románica, pese a que no debe ser anterior a la iglesia, cuyas partes originales son del XVI.

010. Villagonzalo-Pedernales. San Vicente Mártir

San Vicente Mártir. Pila bautismal

Cerca de la iglesia hay una interesante fuente-abrevadero que ofrecía un curioso aspecto con el sol del atardecer.

012. Villagonzalo-Pedernales. Fuente-abrevadero

 Descansados y repuestos del viaje emprendimos ruta el siguiente día en dirección a Frías.

Antes de llegar hicimos una parada en el precisos lugar de Tobera. El paseo junto al río Molinar para ver las cascadas que forma es único.

018. Tobera. Cascadas del río Molinar

025. Tobera. Cascadas del río Molinar

En la parte superior del paseo hallamos el puente medieval de un solo arco (romano lo denominan en el pueblo y así debió ser en origen).

026. Tobera. Puente medieval

Sobre él puente está, cobijada bajo la misma roca, la ermita del románico de transición de Nuestra Señora de la Hoz, que fue lugar de alojamiento de peregrinos que iban a Santiago.

029. Tobera. Nuestra Señora de la Hoz

Nuestra Señora de la Hoz

050. Tobera. Nuestra Señora de la Hoz

Nuestra Señora de la Hoz

A poco metros la pequeña capilla-humilladero del Santo Cristo de los Remedios, que recuerda la leyenda de una serpiente gigante que asustó al caballo de un mensajero real, el cual se salvó al encomendarse al Cristo.

056. Tobera. Santo Cristo de los Remedios

Santo Cristo de los Remedios

De Tobera a Frías.

061. Frías

 El puente con su torreón para el cobro de pontazgo merece un vistazo.

063. Frías. Puente

 Al poco de entrar en la ciudad (Frías debe ser la población española más pequeña con el título de ciudad) encontramos el crucero.

068. Frías. Crucero

Las calles y casas de Frías nos remontan a  su pasado.

071. Frías

072. Frías

073. Frías

El castillo se alza sobre ellas.

102. Frías

069. Frías

Ya en lo alto, antes de entrar al mismo, una fuente de absoluta modernidad ofrece un contraste con el glorioso pasado.

076. Frías

El castillo conserva poco de sus orígenes. En su parte más baja correspondiente a la zona de vivienda se conservan unas ventanas miradores con columnas y capiteles de estilo románico de principios del XIII.

082. Frías. Castillo

Capitel con escenas de lucha entre un caballero y una hembra centauro 3

Capitel con escena de lucha

Es posible subir a la Torre del Homenaje.

092. Frías. Castillo

Desde ella se disfruta de magníficas vistas sobre la ciudad.

099. Frías desde el castillo

Y sobre los alrededores.

093. Frías desde el castillo

095. Frías desde el castillo

098. Frías desde el castillo

Las casas colgadas, que hacían antiguamente también de muralla, es otro lugar de Frías a no perderse.

104. Frías

Acabamos la mañana con un recorrido a lo largo del embalse de Sobrón.

111. Embalse de Sobrón

114. Embalse de Sobrón

Por la tarde la visita fue para uno de esos lugares misteriosos y mágicos que ocultan viejas historias y creencias: el santuario de Santa Casilda. De gran devoción en la comarca, la actual iglesia renacentista se edificó sobre un lugar de culto más antiguo. Las balsas negra y blanca con sus propiedades curativas, las cuevas, las fuentes, … todo nos remonta a pasados míticos.

117. Santa Casilda

130. Santa Casilda

La iglesia tiene una portada de Nicolás de Vergara.

131. Santa Casilda

132. Santa Casilda. Portada

 En su interior lo más destacable es el sepulcro de la santa, cuya escultura es obra de Diego de Siloé.

133. Santa Casilda. Interior

136. Santa Casilda. Sepulcro

Hay también una imagen de la Virgen con Niño que se atribuye a algún discípulo suyo.

137. Santa Casilda. Virgen con Niño, tal vez de Gil de Siloé.

El día siguiente nos dirigimos al desfiladero de La Yecla, garganta abierta por el arroyo El Cauce, donde se ha habilitado una pasarela para recorrer el tramo donde las paredes laterales casi se tocan.

En las rocas que dominan el paraje anidan centenares de rapaces, mayoritáriamente buitres leonados.

139. Desfiladero de La Yecla

140. Desfiladero de La Yecla

El escaso caudal del arroyo nos hace presentes épocas pasadas en las que su aspecto debió ser muy distinto para llegar a abrir ese tan estrecho y profundo paso.

143. Desfiladero de La Yecla

151. Desfiladero de La Yecla

De las rocas surge el agua por doquier, en algún caso con ayuda humana.

152. Desfiladero de La Yecla

Poco espacio tiene el sol para penetrar.

153. Desfiladero de La Yecla

La pasarela es suficientemente segura para que la recorran gentes de todas las edades.

155. Desfiladero de La Yecla

158. Desfiladero de La Yecla

El recorrido no es largo, pero se hace cortísimo.

161. Desfiladero de La Yecla

171. Desfiladero de La Yecla

183. Desfiladero de La Yecla

De la Yecla a Covarrubias, sin siquiera detenernos un instante a contemplar ese “mudo ciprés en el fervor de Silos”. ¡Imperdonable! A no tardar le debo una visita al claustro.

Covarrubias es hoy una villa tranquila que conserva plenamente su sabor medieval. Accediendo a ella  a través del puente sobre el Arlanza se alcanzan los restos de la muralla mandada derribar por motivos sanitarios por el doctor Francisco Vallés, natural de la villa y denominado por el propio Felipe II como “el Divino” .

187. Covarrubias. Puente

191. Covarrubias

Se conserva el torreón de Fernán González, del siglo X, que enlazaba con la muralla.

197. Covarrubias. Torreón de Fernán González

Junto a él un bonito crucero del siglo XVI.

200. Covarrubias. Crucero del XVI

Hay otro espectacular de la misma época cerca de la colegiata.

192. Covarrubias. Crucero de 1567 (reedificado en 1673)

En el paseo por las calles abundan los pórticos, las casas blasonadas y las formadas con entramados de madera.

195. Covarrubias

220. Covarrubias

Ayuntamiento

226. Covarrubias

La iglesia parroquial de Santo Tomás la hallamos cerrada.

224. Covarrubias. Santo Tomás

La Colegiata de San Cosme y San Damián es el monumento más importante de Covarrubias e hicimos la visita guiados por el párroco.

204. Covarrubias. Colegiata

En la iglesia destacan sus retablos barrocos y el órgano.

208. Covarrubias. Colegiata. Iglesia. Retablo Mayor

Retablo Mayor

En el claustro, gótico como la iglesia, contiene buena parte del museo.

210. Covarrubias. Colegiata. Claustro

211. Covarrubias. Colegiata. Claustro

El resto de las piezas del museo se hallan en estancias anejas. Probablemente la obra más destacada sea el Tríptico de los Reyes Magos atribuido al maestro de Covarrubias, que se supone fue discípulo destacado de Gil de Siloé.

219. Covarrubias. Colegiata. Museo. Tríptico de los Reyes Magos

El museo merece dedicarle tiempo porque hay otras obras muy interesantes.

214. Covarrubias. Colegiata. Museo. Imagen de Santiago

215. Covarrubias. Colegiata. Museo

Para preparar la visita de la tarde a la ciudad de Burgos nos esperaba un buen lechazo regado con Ribera del Duero.

Mientras digeríamos, tras cruzar el puente sobre el Arlanzón, el Arco de Santa María nos saludaba a la entrada de la ciudad.

231. Burgos. El Arlanzón

El Arlanzón

230. Burgos. Arco de Santa María

Arco de Santa María

Allí iniciamos la visita guiada a la ciudad por el paseo del Espolón.

233. Burgos. Paseo del Espolón

Paseo del Espolón

La estatua del Cid parada obligatoria.

235. Burgos. Plaza Mío Cid

Plaza Mío Cid

237. Burgos

El palacio de los Condestables de Castilla, conocido popularmente como Casa del Cordón, preside la plaza de la Libertad.

239. Burgos. Casa del Cordón

La Plaza Mayor es siempre el punto de encuentro de los burgaleses.

276. Burgos. Plaza Mayor

A través del arco abierto bajo el Ayuntamiento la plaza comunica con el Paseo del Espolón.

244. Burgos. Plaza Mayor. Ayuntamiento

Ayuntamiento

Laa catedral fue, como no podía ser de otra forma, el núcleo principal de la visita.

274. Burgos. Catedral. Museo. Píxide románica

Accedimos por la puerta del Sarmental.

247. Burgos. Catedral

El Papamoscas nos recibía a punto de tocar las cinco.

papamoscas_catedral_burgos

Las capillas y retablos, todo limpio y restaurado se iban sucediendo. Una de las primeras visitas fue a la capilla de Santa Ana con el retablo de Gil de Siloé.

253. Burgos. Catedral. Capilla de Santa Ana. Retablo de Gil de Siloé

Capilla de Santa Ana

Cerca de dicha capilla aparece la magnífica Escalera Dorada de Diego de Siloé.

255. Burgos. Catedral. Escalera Dorada de Diego de Siloé

Escalera Dorada

El Retablo Mayor, obra de los hermanos de la Haya, es otro de los destacados.

256. Burgos. Catedral. Retablo Mayor

Retablo Mayor

Así como el de San Pedro en la capilla del Condestable.

266. Burgos. Catedral. Retablo de San Pedro de la capilla del Condestable

Retablo de San Pedro de la capilla del Condestable

Las bóvedas estrelladas son una maravilla.

259. Burgos. Catedral. Bóveda del cimborrio

Bóveda del cimborrio

265. Burgos. Catedral. Bóveda de la capilla del Condestable

Bóveda de la capilla del Condestable

Los relieves del trasaltar, aquejados del mal de piedra, son otra de las obras de especial interés.

264. Burgos. Catedral. Trascoro

269. Burgos. Catedral. Trascoro

Resulta imposible contemplar en una tarde todas las riquezas de la catedral. Entre las no menores está la Magdalena de Giampetrino, discípulo de Leonardo, obra que durante muchos años se adjudicó al maestro.

267. Burgos. Catedral. La Magdalena de Giampetrino (discípulo de Leonardo)

Magdalena de Giampetrino

O el Cristo atado a al columna de Diego de Siloé, expuesto en el museo.

272. Burgos. Catedral. Museo. Cristo atado a la columna de Diego de Siloé

Cristo atado a la columna de Diego de Siloé

A la salida de la catedral poco tiempo quedaba para disfrutar de la ciudad, más cuando empezaron a caer copos de nieve helada. ¡Ya valía por hoy!

El domingo amaneció fresco, pero tal vez con tiempo más aceptable de lo esperado.

El primer destino, Poza de la Sal, conocida por su sus salinas y también por ser la ciudad natal de Félix Rodríguez de la Fuente.

317. Poza de la Sal

 Hasta que abrieron el centro de interpretación un paseo por la fuente Vieja, los lavaderos y el acueducto. Es patente la abundancia de agua en la localidad.

279. Poza de la Sal

283. Poza de la Sal

289. Poza de la Sal

290. Poza de la Sal

  Poco más allá ya aparecen las primeras salinas.

286. Poza de la Sal

El Centro de Interpretación, ubicado en el edificio que fue centro administrativo de las Salinas.

291. Poza de la Sal. Centro de Interpretación

Centro de Interpretación Las Salinas

 La visita guiada con la explicación de todo el proceso sobre la formación geológica de las salinas, el proceso de extracción de la sal, la historia de dicha extracción en Poza, … es quizás algo larga. Indudablemente es interesante, pero el lugar es incómodo para estar demasiado tiempo.

295. Poza de la Sal. Centro de Interpretación

Centro de Interpretación Las Salinas

El tiempo no era muy bueno, pero el paseo por la localidad mereció la pena.

296. Poza de la Sal.

297. Poza de la Sal

299. Poza de la Sal. Centro de Interpretación

 En la plaza vieja está el Ayuntamiento y se celebra el mercado.

308. Poza de la Sal

La plaza Nueva es exterior al casco urbano y desde ella se divisa una extensa panorámica.

309. Poza de la Sal

316. Poza de la Sal

 La iglesia de los Santos Cosme y Damián es un templo gótico con portada barroca que bien merce una visita, que sólo fue posible unos minutos antes de iniciarse la misa.

301. Poza de la Sal. IP

305. Poza de la Sal. IP

La tarde fue para Oña. A la llegada a la Casa del Parque Natural Montes Obarenes situada en la antigua vaquería del monasterio.

326. Oña. Centro de Interpretación

Oña. Centro de Interpretación

Lo que encontré más interesante fue la exposición temporal del conjunto de obras en madera del escultor Carlos Armiño.

322. Oña. Centro de Interpretación

La exposición continúa en el exterior con obras en hormigón.

324. Oña. Centro de Interpretación

Desde los jardines del monasterio de San Salvador se puede apreciar la antigua muralla y la gran extensión de los terrenos del monasterio.

327. Oña

Pasear por los jardines es una delicia y eso que la primavera estaba sólo en sus inicios.

325. Oña. Centro de Interpretación

330. Oña

331. Oña

Los antiguos criaderos de truchas son otro atractivo.

332. Oña

En el monasterio se inicia la visita por la iglesia.

336. Oña. Monasterio de San Salvador. Iglesia

Además de los muchos sepulcros de condes y reyes castellanos y navarros, destaca en ella el románico Cristo de Santa Tigridia.

337. Oña. Monasterio de San Salvador. Iglesia. Cristo románico

la sacristía  alberga muchos de los tesoros del monasterio. Una obra gótica peculiar es la Santa Genealogía con Santa Ana, la Virgen y el Niño, procedente de la arruinada ermita de Santa Ana.

338. Oña. Monasterio de San Salvador. Museo. Santa Genealogía

Se sale del monasterio a través del claustro, obra gótica de Simón de Colonia.

341. Oña. Monasterio de San Salvador. Claustro

345. Oña. Monasterio de San Salvador. Claustro

La plaza del Ayuntamiento, frente a San Salvador, está rodeada por los principales monumentos de la villa.

353. Oña

Monasterio de San Salvador

352. Oña

Plaza del Ayuntamiento

En la plaza está la parroquia de San Juan con una espléndida portada gótica.

355. Oña. Iglesia parroquial. Portada

Junto a la iglesia está la torre de origen románico y habilitada actualmente como museo dedicado a la extracción de la resina. Desde su parte más alta, junto a la campana, se disfruta de excelentes vistas.

357. Oña

En Oña se acabó el viaje. Regreso al hotel, a dormir y regreso a Lérida al día siguiente.

A %d blogueros les gusta esto: