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MARRUECOS

Hacía años que no íbamos a Marruecos y la anulación de otro viaje previsto nos acabó de animar a repetir la experiencia.

De buena mañana salimos de Graus. Salir de casa siempre se agradece sin los problemas añadidos de combinación de transportes o bien de ir al aeropuerto con el propio vehículo.

El autobús se dirigió a Huesca a recoger el resto de pasajeros y de allí  a Zaragoza para tomar el AVE en dirección a Sevilla.

00. Zaragoza

El trayecto en AVE como siempre rápido y cómodo.

01. AVE a Sevilla

Llegada a la estación de Santa Justa en Sevilla. A comer algo rápido y a tomar otro autocar.

04. Sevilla. Estación de Santa Justa

Desde Sevilla a Algeciras y a La Línea de la Concepción, donde estaba el hotel.

10. La Línea de la Concepción. Hotel

El peñón de Gibraltar lo teníamos justo enfrente del hotel y como, tras estar todo el día sentados, nos apetecía un paseo hacía allí nos dirigimos.

12. Peñón de Gibraltar

El cruce fronterizo, que da paso a una situación en los tiempos actuales que sólo puede calificarse de anacrónica y ridícula, provoca pena y risa a la vez.

14. Frontera con Gibraltar

No nos apetecía para nada coger otro autobús para ir a la ciudad y nos dimos pronto la vuelta.

17. Gibraltar

Proseguimos el paseo por La Línea. Cruzamos el monumento a los trabajadores españoles en el Peñón.

19. La Línea de la Concepción. Monumento a los trabajadores españoles en Gibraltar

Y llegamos al centro donde paramos a tomar algo.

23. La Línea de la Concepción

Regresando al hotel contemplamos un búnker de los pocos que se conservan de los casi quinientos que se construyeron a principios de la Segunda Guerra Mundial.

24. La Línea de la Concepción. Búnker

Repuestas las fuerzas, otro día con mucho autocar. Tras desayunar, hacia Tarifa.

Un buen rato en el puerto. Bajar maletas, subir maletas, pasarlas por el escáner, …

32. Tarifa

Tiempo para admirar las fortificaciones costeras de la ciudad.

33. Tarifa

Y finalmente autocar y pasajeros al ferry.

36. Tarifa. Esperando el ferry

Partiendo, buenas vistas de Tarifa.

39. Ferry

40. Ferry

La costa española se iba alejando.

43. Ferry

La africana no la vimos hasta llegar pues el control de pasaportes no finalizó hasta que llegábamos a Tánger.

En Tánger otra vez largos trámites. Si esto ocurre en verano durante la llamada “Operación Paso del Estrecho”, no quiero imaginar el infierno que debe ser aquello.

44. Tánger. Puerto

Vimos una rápida panorámica de Tánger.

45

47. Tánger

Y hacia Larache por la costa.

51. Hacia Larache

Zonas no cultivadas y de cereal alternan por el camino, ocupadas por ejemplares sueltos de ganado vacuno.

52. Hacia Larache

Llegando a Larache se cruza el río Lucus o Loukkos, el más importante del Rif. Cerquita están las ruinas romanas de Lixus.

53. Hacia Larache

Larache recuerda mucho su pasado español. Tanto en instalaciones de origen militar

57. Larache

como en sus plazas.

58. Larache

Tras comer pescado, lo habitual en Larache, hacia Rabat.

En las cercanías de Kenitra, mares de plástico donde se cultivan todo tipo de frutas y hortalizas.

60. Hacia Rabat

El río Bou Regreg divide las ciudades de Salé y Rabat.

62. Hacia Rabat

Y al hotel. En el centro de la ciudad, lo que siempre se agradece.

64. Rabat. Hotel

Estábamos a unos pasos de la Gran Mezquita. Originaria de la Edad Media, fue completamente reconstruida en 1882 y muestra incluso modificaciones del siglo XX.

66. Rabat. Gran Mezquita

Completamos la salida con un paseo a lo largo de la iluminada y concurrida avenida de Mohamed V.

69. Rabat. Avda. Mohamed V

Todos dispuestos a seguir pasando unas buenas jornadas marroquíes.

71. Rabat. Avda. Mohamed V

El día siguiente empezamos, como es habitual en Rabat, con la visita a la torre Hassán y el mausoleo de Mohamed V.

El recinto donde se hallan está amurallado y en sus dos puertas montan guardia soldados a caballo.

115. Torre Hasan y Mausoleo de Mohamed V. Puerta oeste del recinto

En el interior lo primero que sorprende es el bosque de columnas que debían haber soportado la cubierta de una inmensa mezquita que nunca se finalizó.

83. Rabat. Torre Hasan y mezquita inacabada

Los almohades a finales del siglo XII intentaron hacer una mezquita que sería posiblemente la mayor del mundo. La muerte del califa almohade Yacub Al-Mansur en 1199 provocó la detención de las obras que ya no se reanudaron.

El alminar (la Torre Hassán), situada al final del conjunto de columnas y pilares tampoco se finalizó.

82. Rabat. Torre Hasan y mezquita inacabada.JPG

Había de ser aproximadamente el doble de alta. Con sus gemelas el alminar de la Kotubiya de Marrakech y la Giralda de Sevilla constituyen la máxima expresión del arte almohade.

85. Rabat. Torre Hasan y mezquita inacabada

La torre sufrió muchos daños en 1755 con el terremoto de Lisboa. Restaurada, muestra una magnífica decoración.

91. Rabat. Torre Hasan

Entre la columnata y la Torre está el monumento al Soldado Desconocido.

88. Rabat. Tumba del soldado desconocido

En el extremo opuesto a la torre de la explanada se sitúa el mausoleo de Mohamed V, diseñado por el arquitecto vietnamita Vo Toan.

110. Mausoleo de Mohamed V

Dos grandes escalinatas dan acceso al interior.

109. Mausoleo de Mohamed V

100. Mausoleo de Mohamed V

102. Mausoleo de Mohamed V

El centro del mausoleo lo ocupa la tumba de Mohamed V y al fondo en los extremos se hallan los sarcófagos de sus hijos Mulay Abdallah y Hassán II.

106. Mausoleo de Mohamed V

Luego, al Palacio Real. Aparcamos junto a la mezquita El Faeh, donde va el rey para la oración del viernes cuando está en Rabat.

120. Rabat. Palacio Real

El Palacio Real queda a escasa distancia. No es posible visitar su interior.

121. Rabat. Palacio Real

De Rabat a Casablanca. Ciudad cosmopolita, la mayor de Marruecos, con notables contrastes entre sus zonas ultramodernas

154. Casablanca

y suburbios de barracas.

123. Entrando a Casablanca

La visita ineludible en Casablanca es la enorme mezquita de Hassán II. Capaz de albergar veinte mil fieles en su interior y otros ochenta mil en la explanada exterior, contiene bibliotecas, salas de conferencias y un inmenso aparcamiento. Fue construida sobre el mar y no se escatimaron medios en su ejecución: la cubierta se desplaza automáticamente, es a prueba de terremotos, las puertas se abren y cierran eléctricamente, …

126. Casablanca. Mezquita de Hassán II

El alminar mide 172 metros y puede usarse como faro.

129. Casablanca. Mezquita de Hassán II

Todos los detalles decorativos fueron realizados con extremo gusto.

134. Casablanca. Mezquita de Hassán II

136. Casablanca. Mezquita de Hassán II

138. Casablanca. Mezquita de Hassán II

140. Casablanca. Mezquita de Hassán II

Es la única mezquita marroquí a cuyo interior pueden acceder los “infieles” (previo pago, evidentemente). Esta vez no entramos, pero no puedo evitar poner la fotografía de una visita anterior de la parte que más me impactó: los baños.

141. Casablanca. Mezquita. Baños

Luego una visita panorámica a la ciudad. Pasamos por sus lugares más populares como la plaza Mohamed VI.

144. Casablanca. Plaza Mohamed VI

O la plaza de las Naciones Unidas.

151. Casablanca. Plaza de las Naciones Unidas

A comer.

148. Casablanca

Y dejamos Casablanca para partir hacia Marrakech.

El paisaje bastante monótono. Terrenos áridos.

158. Hacia Marrakech

Salpicados aquí y allá por algún pueblecito.

161. Hacia Marrakech

Los rojos y ocres del terreno contrastando con el cielo muy azul.

166. Hacia Marrakech

Cerca están los grandes yacimientos de fosfatos marroquíes.

168. Hacia Marrakech

169. Hacia Marrakech

Ya en pleno atardecer entrábamos en Marrakech.

170. Entrando a Marrakech

Al hotel. El aspecto no era malo, pero las habitaciones que daban a la calle como si estuvieran en medio de ésta. Bocinas y escapes libres fueron el acompañamiento musical del “sueño” durante un par de noches.

171. Marrakech. Hotel

172. Marrakech. Hotel

La visita a Marrakech la iniciamos por la mañana con esa luz tan especial que tiene la ciudad sobre todo al amanecer y al atardecer.

Lo primero fue a los jardines de olivos y el estanque de La Menara,

175. Marrakech. La Menara

El estanque data del siglo XII y formaba parte del programa de regadíos de los almohades

176. Marrakech. La Menara

Todo el conjunto fue restaurado por la dinastía alauita. El pabellón adquirió su actual aspecto en el siglo XIX y, según la tradición popular, sirvió durante muchos años de refugio a los gerifaltes en sus correrías y escarceos más o menos pecaminosos.

177. Marrakech. La Menara

En Marrakech la Medina está rodeada por una muralla construida toda ella con arcilla de color rojizo que va cambiando al ritmo de la luz solar.

183. Marrakech. Murallas

Cruzada la muralla aparecen los jardines de La Kotubiya.

184. Marrakech. Jardines de la Kotubiya

Los jardines son una anticipo a la joya más conocida de Marrakech, el alminar de la mezquita de La Kotubiya, cuya silueta los domina desde el fondo.

186. Marrakech. Jardines de la Kotubiya

La mezquita no se puede visitar. Contenía un “mimbar” (púlpito) originario de Córdoba, obra almorávide, que fue restaurado en 1998 por especialistas del Museo Metropolitano de Nueva York (las visitas no, pero el dinero de los “infieles” es bien recibido) Hoy se exhibe en el palacio Badía.

188. Marrakech. Jardines de la Kotubiya

El alminar completa con la Torre Hassán de Rabat, que ya vimos, y la Giralda de Sevilla la tríada de los grandes torreones almohades destinados a llamar a la oración.

Las esferas de cobre que lo coronan, según la leyenda, eran originalmente de oro y donación de la esposa de Yacub al-Mansur para hacerse perdonar la ruptura del ayuno del Ramadán.

191. Marrakech. Jardines de la Kotubiya

Después fuimos al palacio de la Bahía. Éste fue construido por Ahmed Ben Moussa, gran visir, a finales del siglo XIX.

Sus jardines son muy extensos.

194. Marrakech. Palacio de la Bahía

219. Marrakech. Palacio de la Bahía

Las construcciones, sólo visitables en parte, son un inmenso conjunto de salas y habitaciones situadas laberínticamente alrededor de algunos patios, el más destacado de los cuales es el llamado Patio de Honor.

214. Marrakech. Palacio de la Bahía

El palacio sólo tiene una planta para favorecer la movilidad del visir de una obesidad mórbida. Sin embargo esa obesidad parece que no le impedía complacer a sus cuatro esposas y la multitud de concubinas a las que estaban destinadas las diversas habitaciones.

Taraceados e incrustaciones adornan las puertas.

 

209. Marrakech. Palacio de la Bahía

El yeso en celosías y mocárabes surge por doquier.

199. Marrakech. Palacio de la Bahía

Tal vez lo más sobresaliente sean los artesonados en los techos.

200. Marrakech. Palacio de la Bahía

203. Marrakech. Palacio de la Bahía

211. Marrakech. Palacio de la Bahía

220. Marrakech. Palacio de la Bahía

Del palacio hacia el zoco, siempre pasando bajo la vigilancia de La Kotubiya.

226. Marrakech. La Kotubiya

228. Marrakech. La Kotubiya

Antes de entrar en el zoco propiamente dicho ya van apareciendo las tiendas de abigarrado colorido.

230. Marrakech. Zoco

Los frutos secos, con primacía para los dátiles, por todas partes.

231. Marrakech. Zoco

La carga y descarga de mercancías un caos “organizado”.

232. Marrakech. Zoco

En el zoco lo primero visita a un herbolario.

235. Marrakech. Zoco. Herbolario

A la venta están infinidad de hierbas, pomadas, granulados y todo tipo de “curalotodo”. Y aún se puede aprovechar la visita para recibir un masaje cervical.

239. Marrakech. Zoco. Herbolario

A la salida se puede ver a mujeres procesando las semillas de argán, el producto de moda que ocupa el primer lugar entre los “milagrosos”.

240. Marrakech. Zoco

Tiendas de todos los tamaños con tejidos, bolsos, alimentación, lámparas, recuerdos y todo lo inimaginable

242. Marrakech. Zoco

compiten con humildes vendedores ambulantes de cualquier cosa. En este caso higos chumbos.

243. Marrakech. Zoco

Pastas y dulces, eso sí muy dulces y consistentes, son muy apreciados en Marruecos.

245. Marrakech. Zoco

Los turrones también están presentes.

248. Marrakech. Zoco

Los métodos de transporte en el interior del zoco son muy particulares.

251. Marrakech. Zoco

Hasta la entrada suele llegar el que probablemente es el animal doméstico más numeroso y popular de Marruecos.

253. Marrakech. Zoco

Pasamos por la plaza de Jema el-Fna, centro vital de la ciudad. Por la mañana no es más que un mercado al aire libre. Por la tarde es cuando cobra su auténtico espíritu.

255. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

256. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Al atardecer volvimos. A una hora en que la Kotubiya nos ofrecía otra perspectiva.

263. Marrakech. La Kotubiya

La plaza ya se iba llenando de gente.

266. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Los puestos de comida ofrecían sus productos, entre los que priman los caracoles, garantizando tres meses sin trastornos digestivos. Garantía que no se sabe bien si estimula el consumo o la huida.

270. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

No hace demasiados años estos puestos eran mucho más sencillos y la mayor parte cocinaban en el suelo. Se han estandarizado, probablemente porque las autoridades han puesto exigencias higiénicas, pero han perdido encanto.

271. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Son también muy abundantes los vendedores de zumos, naranja y granada preferentemente.

280. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Pero lo pintoresco son los encantadores de serpientes. Se supone que a las que cuelgan al cuello de los turistas se les ha extraído el veneno, pero no a las otras. La prueba es que casi cada año muere alguno de ellos mordido por alguna víbora o cobra.

281. Encantador serpientes

Los limpiabotas.

293. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Los aguadores.

300. Aguadores

Los dentistas.

287. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna.JPG

Los organizadores de juegos.

294a. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Músicos con sorprendentes instrumentos.

277. Marrakech. Plaza de Jamaa el Fna

Y luchadores, rapsodas, fotógrafos, domadores de monos, etc., que atraen a muchísimos turistas, pero también a familias de la ciudad que disfrutan de un espectáculo cambiante cada día.

Ya casi anochecido dejábamos la plaza y la Kotubiya.

307. Marrakech. La Kotubiya

Para ir a una cena-espectáculo en Chez Alí, enorme complejo situado a las afueras de Marrakech.

Bereberes a caballo y con espingardas montaban la guardia ante el complejo.

312. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

316. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Diversos grupos folklóricos de diferentes tribus amenizaban el recorrido.

317. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Todo en un entorno muy de cuento.

319. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Hasta llegar a un gran estadio donde tendría lugar el espectáculo y un gran palacete donde se serviría la cena.

321. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

La cena muy marroquí, pero acompañada de vino. Primero, sopa.

324. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

A continuación, “tajín” de cordero con ciruelas.

325. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Que por alguna oculta razón precedió -lo que no suele ser habitual- al “cuscús”.

329. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Y de postre “jourara”, hojaldre con leche y frutos secos. Debió estar bueno porque no quedó nada.

330. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Una cesta de frutas y pastas acompañaron el té.

Después al espectáculo. El plato fuerte son las correrías de los caballos mientras los jinetes disparan sus espingardas.

334. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

336. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

338. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

339. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

341. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Ruido, humo y pólvora a discreción.

345. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Tras alguna exhibición de equilibrios a caballo, una bailarina al son de músicas muy peliculeras intentaba entretener al público.

348. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Finalmente desfile de todos los figurantes.

353. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Los caballos también, naturalmente.

358. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

362. Marrakech. cena-espectáculo en Chez Alí

Y a dormir. Entretenida velada a gusto de turistas.

Por la mañana mientras los niños iban a al escuela, nosotros hacia el Atlas.

368. Marrakech

Dejábamos los palmerales que rodean Marrakech.

370. Marrakech

Pasando por pueblecitos con su arquitectura de adobe y tapial.

372. Hacia el desierto

Y por mercados.

374. Hacia el desierto

También cruzábamos amplios ríos, que cuesta imaginar bajando impetuosos y desbordantes en época de lluvias.

382. Hacia el desierto

Rebaños de cabras y ovejas rebuscan todo aquello comestible que queda en el árido paisaje.

384. Hacia el desierto

Otras zonas son algo más verdes.

389. Hacia el desierto

Con pequeños pueblecitos al lado de los cursos de agua.

393. Hacia el desierto

395. Hacia el desierto

Los paisajes, desde luego, maravillosos.

398. Hacia el desierto

Con marcados contrastes en pocos kilómetros.

406. Hacia el desierto

El argán crece por esta zona.

Hicimos una pausa en una lugar en que elaboraban aceite de argán y miel.

411. Obtención de las semillas del fruto del argán para obtener después el aceite.

Largos oasis se extienden siguiendo el curso de los ríos

414. Hacia el desierto

Cruzamos el puerto de Tichka a 2260 metros sobre el nivel del mar, el más alto de Marruecos.

 417. Col de Tichka

En el descenso empezaban a aparecer Kasbahs, las fortalezas de adobe típicas de los pueblos bereberes del Atlas.

427. Hacia el desierto

Pese a la aparente aridez todos los pueblos cuentan con zonas de frutales, destacando las manzanas.

428. Hacia el desierto

Algún morabito aparecía en nuestro camino. Los morabitos son lugares donde habita algún personaje con fama de santo o bien protegen su tumba. Desde época preislámica en Marruecos estos personajes y lugares han sido objeto de veneración. Esto choca con la interpretación rigurosa del Islam que prohíbe todo culto no dirigido directamente a Dios y todo tipo de intermediación entre Dios y el hombre.

431. Hacia el desierto

A mediodía llegábamos a la Kasbah de Ait Ben Haddou, una de las más bien conservadas de Marruecos.

434. Kasbah de Ait Ben Haddou

444. Kasbah de Ait Ben Haddou

En cualquier lugar turístico hay esperando dromedarios para quien quiera darse un paseo.

448. Kasbah de Ait Ben Haddou

En un restaurante cercano a la kasbah comimos.

450. Kasbah de Ait Ben Haddou

Y de allí a Ouarzazate. Esta población es considerada la puerta del desierto, pero quizás es más famosa por sus estudios cinematográficos que han hecho conocerla como el Hollywood del desierto.

460. Ouarzazate

Aquí se rodaron fragmentos de “Lawrence de Arabia”, de “Astérix y Obélix: Misión Cleopatra”, de “La joya del Nilo”, de “Gladiator”, de “La Momia” o de “El Reino de los Cielos”.

462. Ouarzazate

Antes de ir al hotel nos acercamos a la kasbah de Taurirt a las afueras de la ciudad.

466. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Esta fortificación era el lugar de residencia del Pachá de Marrakech.

467. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Recorrer el interior permite ver lo cuidada que era la decoración en contraste a un exterior bastante sobrio

475. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Pinturas en los muros.

476. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Primorosos artesonados.

477. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Algunas sala abierta al patio prueba aún el pasado esplendor.

480. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Y desde las ventanas se ve la grandiosidad de la construcción.

485. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

¡Lo que se puede llegar a hacer únicamente con barro!

493. Ouarzazate. Kasba de Taurirt

Luego al hotel.

499. Ouarzazate. Hotel

 

Y un paseo por la ciudad. Moderna y sin demasiado atractivo.

Sin embargo, comercial como cualquier lugar marroquí. Esto no es un vertedero, sino una tienda en la que se puede encontrar todo tipo de mercancías usadas, muchas de ellas en el exterior.

501. Ouarzazate

Aún nos adentramos más hacia el desierto el día siguiente. Zonas esteparias

503. Hacia Tinerhir

alternaban con palmerales de las zonas con agua.

507. Hacia Tinerhir

Aquí y allá alguna kasbah.

508. Hacia Tinerhir

Oasis.

512. Hacia Tinerhir

Y eriales.

515. Hacia Tinerhir

Pueblos modernos.

517. Hacia Tinerhir

Y otros dentro de kasbahs fortificadas.

518. Hacia Tinerhir

Cruzamos el valle de las Rosas, donde el intenso cultivo de éstas alterna con otros vegetales. ¡Lástima que no estaban en período de floración!

522. Hacia Tinerhir. Rosales

523. Hacia Tinerhir. Rosales

524

Donde nos detuvimos el perfume de rosas impregnaba el ambiente.

525. Valle de las Rosas

Las rosas no son de gran tamaño, pero sí que es intenso su aroma.

529. Valle de las Rosas

Esperábamos sólo zonas desérticas, pero abundan los ríos.

531. Hacia Tinerhir

Los modos de vida tradicionales aparecen en cada rincón.

532. Hacia Tinerhir

533. Hacia Tinerhir

Y los oasis.

535. Hacia Tinerhir

Y poblaciones fortificadas.

538. Hacia Tinerhir

O kasbahs aisladas en un rincón de la población.

540. Hacia Tinerhir

Algunos pueblos son grandes.

543. Hacia Tinerhir

544. Hacia Tinerhir

En una de ellos nos despedía en la rotonda un monumento a la rosa.

546. Hacia Tinegir

En las más pequeñas sigue vigente el transporte tradicional.

548. Hacia Tinegir

Y los mercados que no falten.

550. Hacia Tinegir

Llama la atención la heterogeneidad del vestuario. Hay quienes visten al modo tradicional.

552. Hacia Tinegir

Conviviendo perfectamente con otros vestidos  a la europea.

557. Hacia Tinegir

Lavar la ropa en el río sigue siendo motivo de encuentro y de charla.

560. Hacia Tinegir

Finalmente llegamos a Tinergir, importante ciudad en un extenso oasis.

563. Tinegir

568. Tinegir

570. Tinegir

Dejamos Tinergir y siguiendo el río nos fuimos acercando a las gargantas del Toudgha.

578. Hacia las Gargantas del Toudgha

590. Hacia las Gargantas del Toudgha

El paisaje de las gargantas es espectacular. Con los turistas, vendedores de todo tipo y alquiladores de burros para paseo (¡pobres bichos!) hay también multitud de escaladores.

591. Gargantas del Toudgha

594. Gargantas del Toudgha

615. Gargantas del Toudgha

Con tiempo ha de valer la pena adentrarse más en la garganta y alejarse del bullicio turístico.

610. Gargantas del Toudgha

602. Gargantas del Toudgha

603. Gargantas del Toudgha

Los asnos esperan clientes para pasear.

609. Gargantas del Toudgha

Alguno incluso mal aparcado.

618. Gargantas del Toudgha

619. Regresando de las Gargantas del Toudgha

Regreso hacia Tinergir.

622. Tinegir

Pasando por más Kasbahs.

629

Y por más lavaderos fluviales de ropa.

631

Paramos a comer y proseguimos hacia Erfoud.

Cruzamos más oasis.

633. Hacia Erfoud

Y palmerales.

634. Hacia Erfoud

Adentrándose en el desierto son abundantes los fósiles. Aquí y allá tiendas y puestos vendiendo fósiles y meteoritos (auténticos o falsos).

640. Hacia Erfoud

En las zonas desérticas se oteaba a lo lejos algún campamento nómada.

643. Hacia Erfoud

Pero pronto lo más destacado eran unos montículos a modo de pequeños cráteres que jalonaban el paisaje.

644. Hacia Erfoud. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

649. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

En realidad no son más que pozos-respiradero que servían para limpiar las canalizaciones subterráneas que datan de época almohade.

651. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Algunas familias se instalan alrededor de estos pozos para explotarlos turísticamente, haciendo posible el acceso a ellos, a la vez que ofrecen paseos en dromedario y algunos otros productos.

656. Pozos para limpiar canalizaciones medievales658. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

678. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Han trazado escalones para acceder fácilmente a los montículos

674. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

y contemplar su interior.

661. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Por un euro uno puede bajar a los pozos y convertirse por un rato en explorador del subsuelo.

679. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

680. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

681. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Dejamos los pozos para ir ya al cercano Erfoud.

668. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

665. Pozos para limpiar canalizaciones medievales

Antes de llegar paramos en una fábrica de fósiles.

695. Erfoud. Fábrica de fósiles

También vendían las llamadas rosas del desierto. Son éstas rocas sedimentarias que cristalizan en curiosas formaciones que parecen flores.

698. Erfoud. Fábrica de fósiles

En la fábrica se dedican a pulimentar grandes placas marmóreas con multitud de fósiles incrustados en ellas. De este modo se obtienen multitud de objetos decorativos.

699. Erfoud. Fábrica de fósiles

702. Erfoud. Fábrica de fósiles

710. Erfoud. Fábrica de fósiles

Y otros que combinan la decoración con la funcionalidad.

711. Erfoud. Fábrica de fósiles

712. Erfoud. Fábrica de fósiles

725. Erfoud. Fábrica de fósiles

También pueden ofrecer objectos combinando el fósil con otros materiales.

718. Erfoud. Fábrica de fósiles

Es posible también adquirir fósiles al natural.

727. Erfoud. Fábrica de fósiles

El día había sido largo y ya sólo correspondía descansar en el hotel.

730. Erfoud. Hotel

733. Erfoud. Hotel

Al amanecer buena parte del grupo decidió ir a ver la salida del sol desde el desierto. Otros, más comodones, nos quedamos en la cama.

Reunidos y desayunados todos, reempredimos ruta.

Palmerales.

738. Hacia Er-Rachidia

Alternando con zonas desérticas donde se podía ver alguna acampada de los nómadas.

745. tienda nómada

Algún que otro morabito.

747. Hacia Er-Rachidia

Apacibles pueblos.

748. Hacia Er-Rachidia

752. Hacia Er-Rachidia

El transporte más usual en zonas rurales sigue siendo el asno. En la fotografía aparece un perro, muy escasos en Marruecos.

755. Hacia Er-Rachidia

El secado de dátiles y ramas de palmera se puede ver frente a las casas y también en las terrazas.

758. Hacia Er-Rachidia

Cruzamos alguna ciudad.

762. Hacia Er-Rachidia

Y el resto desierto alternando con pequeños oasis.

765. Hacia Fez

O grandes.

769. Hacia Fez

770. Hacia Fez

Las kasbahs seguían formando parte del paisaje.

772. Hacia Fez

Algunas en avanzado estado de deterioro.

773. Hacia Fez

Los ríos con poca agua, pero con su gran amplitud haciendo imaginar cómo serán las avenidas en época de lluvias torrenciales.

780. Hacia Fez

Aldeas.

783. Hacia Fez

Y rebaños buscando su sustento en duras condiciones.

785. Hacia Fez

Las cabras parecen ser más expertas en hallar comida entre las piedras.

786

En zonas altas y áridas crecen bosquecillos de alerce africano, llamado también sabina mora.

787. Hacia Midelt. Bosque alerce africano o sabina mora

Tras bastantes kilómetros a comer en uno de los muchos hoteles construidos al modo de kasbahs.

792. Midelt. Restaurante

Por la tarde recorrido por el Atlas Medio. Rebaños.

797. Hacia Fez

Una zona en que abundan los perros asilvestrados.

800. Hacia Fez

Grandes bosques de cedros.

801. cedro

Montes escarpados.

804. Hacia Fez

En los pueblos, mercados. Hasta por la tarde.

805. Hacia Fez

Y parada en Ifrane,  localidad con pistas de esquí cercanas y con paisaje que más bien parece alpino.

810. Ifrane

814. Ifrane

Y llegada a Fez. Al hotel, que ya no daba para más.

821. Fez. Hotel

Por la mañana la visita a esta extraordinaria ciudad, considerada por muchos la capital cultural y también religiosa del país.

Pronto nos llamó la atención la gran cantidad de cigüeñas, cada vez más sedentarias, tal como ocurre también en España.

822. Fez

Frente al Palacio Real se extiende la plaza de los Alauitas.

823. Fez

El palacio no se visita pudiendo contemplar únicamente sus grandes puertas doradas realizadas hacia 1970.

824. Fez. Palacio Real

826. Fez. Palacio Real

827. Fez. Palacio Real

Cerca está la Mellah, el antiguo barrio judío.

828. Fez

Nos desplazamos en autocar hacia un taller de alfareros. Por el camino tuvimos buenas vistas de la Medina.

830. Fez

850. Fez

En el taller de alfareros vimos desde el torno.

835. Fez. Alfarería

A los procedimientos de barnizado y pintura.

836. Fez. Alfarería

837. Fez. Alfarería

Y al delicado trabajo de obtener las teselas de colores con las cuales se realizan las obras maestras del taller.

844. Fez. Alfarería

848. Fez. Alfarería

 Luego a la Medina, completamente amurallada.

854. Fez. Murallas

Al ser viernes (día sagrado para los musulmanes) no había un exceso de gente.

855. Fez. Murallas

Entramos por la puerta de Bab Boujeloud.

857. Fez. Bab Boujeloud

Topamos enseguida con el zoco. Todo se compra y se vende. Y allí mismo se puede comer.

859. Fez. Medina

860. Fez. Medina

Sobre todo las carnes han mejorado mucho su presentación.

863. Fez. Medina

Además de la clientela tradicional hay otra que espera a ver qué cae.

 

861. Fez. Medina

Los frutos secos ofrecen gran variedad.

862. Fez. Medina

Algunos productos no pueden ser más frescos.

864. Fez. Medina

Los sentidos son estimulados incesantemente.

865. Fez. Medina

La hojalatería es una de las artesanías más tradicionales.

869. Fez. Medina. Hojalatería

870. Fez. Medina. Hojalatería

Los asnos recorren el zoco transportando mercancías, mientras su dueño va gritando “balak” a fin de abrirse paso entre el gentío.

872. Fez. Medina

Pero no a todas las calles de la Medina pueden acceder estos animales. también tiene a veces el paso prohibido. Esta vez se me pasaron por alto las señales, por eso utilizo una fotografía de mi visita anterior.

872a.Medina2

La Medina es la ciudad, el zoco es tan solo una parte de ella. Hay también la parte residencial, aunque cada vez se ven más casas vacías como suele ocurrir en el casco antiguo de tantas y tantas ciudades de todo el mundo.

874. Fez. Medina

875. Fez. Medina

879. Fez. Medina

880. Fez. Medina

Los herrajes de las puertas no es uno de los menores atractivos de la Medina.

885. Fez. Medina

Apareciendo casi siempre en ellos la “mano de Fátima”, amuleto de antiguo origen que tiene la función de proteger la casa y sus habitantes.

890. Fez. Medina

Otra vez en el zoco, sonidos, colores y aromas llenan el ambiente.

892. Fez. Medina

896. Fez. Medina

902. Fez. Medina

903. Fez. Medina

Entre las miles de callejuelas aparecen mezquitas, generalmente con gente al ser viernes.

905. Fez. Medina

Con los frutos secos se mezclan también todo tipo de frutas confitadas.

907. Fez. Medina

Algunas calles comerciales guardaban completamente la festividad del viernes.

908. Fez. Medina

Finalmente al barrio de los curtidores y tintoreros. El colorido es muy vistoso, pero aquí el sentido predominante es el olfato. Las ramitas de menta que te dan al acceder a las tiendas con terraza donde se ven las pozas de trabajo poco ayudan.

917. Fez. Medina. Tintoreros

No conozco los sueldos, pero imagino que no serán para tirar cohetes y desde luego todo el día entre ese nauseabundo olor por mucho que uno se vaya acostumbrando …

919. Fez. Medina. Tintoreros

Las pieles se sumergen primero en cal para quitar los restos de carne y sangre que lleven aún pegados. Luego se las coloca en otras pozas que contienen orines de todo tipo y excrementos de paloma, donde se dejan reposar unos días. Finalmente se tiñen y colorean.

921. Fez. Medina. Tintoreros

923. Fez. Medina. Tintoreros

Desde las mismas terrazas hay buenas vistas de la Medina.

932. Fez. Medina. Tintoreros

Se acercaba la hora de comer y empezamos a salir de la Medina. Acompañados y guiados pues tiene que resultar fácil perderse en ese inmenso laberinto que es.

933. Fez. Medina

934. Fez. Medina

935. Fez. Medina

Hoy el “tajín” tocaba de pollo.

939. Fez. Restaurante

Volvimos luego un rato al hotel para dejar pasar la hora de más calor.

Por el camino pudimos ver cementerios junto a las murallas.

940. Fez. Cementerio

Y alguna fortificación de refuerzo.

942. Fez

Por la tarde el paseo fue por la zona moderna. Bulevard Mohamed V. Algo muy diferente de lo visto por la mañana.

947. Fez. Boulevard Mohamed V

950. Fez. Boulevard Mohamed V

Pero también con detalles pintorescos como algún accidente de tráfico. Afortunadamente sin víctimas, pero que por momentos iba congregando gente y parando toda la circulación.

949. Fez. Boulevard Mohamed V

Después por la avenida Hassán II hasta un moderno gran centro comercial. Curiosamente el primer lugar en que no aceptaban euros de ninguna manera.

Por la misma avenida donde hay un par de leones muy populares regresamos al hotel.

951. Fez. Avda. Hassán II

Ya era sábado. Madrugamos e iniciamos el regreso al despuntar el día.

953. De Fez hacia la costa

El paisaje era menos árido que días anteriores.

954. De Fez hacia la costa

Hasta algo de niebla nos acompañaba.

958. De Fez hacia la costa

Mercados como siempre.

959. De Fez hacia la costa

No nos detuvimos hasta Acila. Esta bonita ciudad fortificada, antigua colonia fenicia, fue ocupada diversas veces por portugueses y españoles. Hoy vive del turismo.

Se entra a través de sus murallas.

962. Arcila

Los colores verde, blanco y azul le dan su aspecto característico.

 964. Arcila

Torres y murallas la defendían de cualquier acoso por mar o por tierra.

966. Arcila

968. Arcila

969. Arcila

972. Arcila

974. Arcila

975. Arcila

Cuenta con pequeñas y tranquilas playas, que deben ser un hervidero en verano.

979. Arcila

980. Arcila

983. Arcila

985. Arcila

991. Arcila

Las calles con menos movimiento comercial suelen ser las más bonitas.

992. Arcila

993. Arcila

En Acila comimos. En Casa García, cuyo nombre no ofrece muchas dudas sobre la nacionalidad de los dueños.

Y hacia Tánger por la costa.

998. Hacia Tánger

999. Hacia Tánger

Día claro, aunque algo ventoso en el puerto.

1000. Tánger

Subida al ferry, larguísima espera pues había un polizón en los motores al que no podían sacar de allí.

1001. Ferry. Polizón

Al final maletas arriba, maletas abajo y a cambiar de ferry. Trayecto ajetreado y además el viento tampoco dejaba disfrutar del paisaje durante la travesía.

Descenso lento y más larga aún la espera para los trámites fronterizos.

1004. Descenso del ferry

Ya en el autocar pronto nos cayó la noche y aún nos quedaban kilómetros hasta La Carlota donde pernoctamos.

Y el último día con un regalito final, un par de horitas en Córdoba. Lo primero a tomar un poquito de jamón (¡ya era hora!) y una cerveza con normalidad. Luego a callejear por Córdoba que siempre es un placer.

1006. Córdoba

No podía faltar la plaza del Potro.

1008. Córdoba. Plaza del Potro.

Con el precioso patio donde están el Museo de Bellas Artes y el de Julio Romero de Torres.

1009. Córdoba

En la misma plaza está también el Centro Flamenco Fosforito

1010. Córdoba. Centro flamenco Fosforito

Aún nos adentramos hasta la plaza Jerónimo Páez en la que se halla el magnífico Museo Arqueológico. ¡Lástima que no había tiempo para tantas maravillas!

1011. Córdoba

Había que volver.

1012. Córdoba

Un vistazo al patio de la Mezquita.

1014. Córdoba

Y un adiós al Triunfo de San Rafael.

1017. Córdoba

Y al puente romano.

1018. Córdoba

Y por los olivares de Jaén volviendo a casa.

1020. Hacia casa

La última parada a comer, rumbo a Graus y hasta otra.

1021. La última comida

 

 

CÓRDOBA

Unas Navidades más bien frescas nos animaron a ir a esperar los Reyes en un lugar algo más cálido. El lugar elegido Córdoba donde no estábamos desde hacía bastantes años.

El viaje desde Lérida a Córdoba en el AVE transcurre sin enterarse.

A mediodía ya habíamos dejado las maletas en el hotel y comíamos en pleno centro de Córdoba.

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Después de comer a callejear por una de las más bonitas ciudades de España.

A la altura de San Nicolás dejamos la Avenida Gran Capitán.

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Para dirigirnos a la plaza de Las Tendillas, centro de la ciudad.

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Y adentrarnos después por las callejuelas del casco antiguo.

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Con rincones ciertamente encantadores.

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Hasta hacer una breve parada en la plaza Jerónimo Páez donde se halla el Museo Arqueológico, cuya visita dejamos para hacerla con más calma.

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Que Córdoba es una ciudad sobrada de restos arqueológicos es visible en cualquier esquina.

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Palacetes, iglesias y casas señoriales también surgen por doquier.

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En suave pendiente las calles -por cierto, muy limpias- iban descendiendo hacia el Guadalquivir.

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Algunas casas albergan en su interior espacios sorprendentes como éste de la llamada Casa de las Cabezas, en la calle del mismo nombre.

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Pasando por la mezquita,

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alcanzamos la plaza del Triunfo de San Rafael.

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Presidida por la estatua del mismo nombre.

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Enfrente teníamos el río y el puente romano.

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Otra pausa y, mientras ya se iban encendiendo las luces, a callejear de nuevo por la ciudad en sentido inverso.

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Las calles muy tranquilas pues la gente estaba esperando la Cabalgata de Reyes.

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Otra vez a la plaza de Las Tendillas.

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Y a contemplar las iluminaciones navideñas antes de ir a cenar y a dormir.

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El día siguiente, día de Reyes, a primera hora no se veía a casi nadie.

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El día era soleado y el paseo por la Judería una delicia.

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Hasta en edificios modernos los patios proporcionan verdura y frescor.

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En pleno invierno se nota a faltar la policromía de las flores, pero las naranjas dan su toque de color.

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Del palacete del siglo XV denominado Casa del Indiano únicamente se conserva la fachada gótico-mudéjar.

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Su interior fue derribado para construir casitas-apartamento y es conocido ahora como callejón del Indiano, que constituye un remanso de tranquilidad en pleno centro histórico de la ciudad.

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Poco después llegamos a la puerta de Almodóvar, un lugar lleno de sabor y ambiente. Esto último, como es natural, a otras horas.

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De la calle que conduce a la puerta parte la estrecha calle Judíos, donde se encuentran la sinagoga, el Zoco de Artesanos y un par de casas tradicionales visitables , la Andalusí y la de Sefarad.

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La calle Judíos finaliza en la plaza Maimónides, donde se halla la estatua del conocido pensador y médico judío cordobés del siglo XII.

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Muy cerca está el Museo Taurino.

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Y la iglesia de San Bartolomé con una interesante capilla mudéjar, pero que no pudimos visitar por estar cerrada hasta febrero.

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Aún seguían las calles vacías.

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Hasta hay una dedicada al popular salmorejo cordobés, en la cual una placa cerámica recuerda a los transeúntes su receta.

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Llegamos a los baños del Alcázar Califal. Alguna sala reconstruida recuerda su pasada grandeza.

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Mantiene la estructura de los baños romanos con sus salas fría, templada y caliente, pero los escasos restos, las reformas efectuadas por almorávides y almohades que los reutilizaron y las restauraciones no permiten hacerse demasiado una idea de su estructura original.

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En la plaza donde están los Baños decidimos reponer fuerzas.No en la botica, sino en el barecito contiguo.

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Cruzamos la agradable plaza.

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Y fuimos a visitar el Alcázar de los Reyes Cristianos. Este palacio-fortalerza fue mandado construir por Alfonso XI de Castilla sobre construcciones musulmanas y anteriores romanas.

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Empezamos recorriendo los bellos jardines.

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Para entrar después en el Alcázar.

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Visitando las ruinas de los edificios anteriores.

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Entre ellos los restos de los baños de época islámica.

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Con sus bóvedas de arista y sus lucernarios en forma de estrella.

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Luego subimos a las torres.

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Desde donde hay magníficas vistas sobre Córdoba. De las Caballerizas reales.

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Del Guadalquivir y del puente romano.

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Y de los jardines del propia Alcázar y de la ciudad.

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Uno de los lugares más interesante es el Salón de los Mosaicos.

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En él se exhibe una excelente colección de los mosalicos romanos hallados en  excavaciones realizadas en la ciudad. Como éste representando a Eros y Psique.

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O éste en el que aparece un actor trágico.

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O éste del dios Océano.

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No acaban aquí los tesoros del Alcázar. Destaca tamnbién este maravilloso sarcófago romano del siglo III.

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Dejamos el Alcázar para pasear a lo largo de las murallas.

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Junto a las murallas una estatua recuerda a Averroes, el otro gran pensador cordobés, en este caso musulmán, contemporáneo de Maiomónides y que como él tuvo que abandonar Córdoba a causa de la intransigencia fundamentalista de los almohades.

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Tras las murallas seguimos por los jardines que rodean por el oeste la ciudad.

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Comida y a seguir pateando las calles por la tarde. Pasamos por la ermita del Cristo del Pretorio.

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De allí a la Torre de la Malmuerta, de principios del XV, que defendía el nordeste de la ciudad.

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A la Diputación y la barroca iglesia de la Merced, restaurada tras el incendio provocado por un demente en  1978.

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Un bonito rincón cordobés es la puerta del Rincón, una de las más antiguas de la ciudad.

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Poco más allá, otro de los lugares pintorescos, la Cuesta del Bailio.

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Que conduce a la encantadora plazuela donde se encuentra el popular Cristo de los Faroles.

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Más callejuelas y de nuevo en la plaza de Las Tendillas.

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Y en suave descenso por la calle Claudio Marcelo a las ruinas del que probablemente fue el templo más importante de la ciudad romana.

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La pasión de los gatos por las ruinas antiguas es general en todo el mundo. Aquí uno de ellos custodiaba un capitel corintio.

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Junto al templo se encuentra el Ayuntamiento cordobés.

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Y a unos pasos una de las iglesias fernandinas, que así se denominan las mandadas construir por el rey Fernando III tras la conquista de Córdoba en 1236, la de San Pablo.

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Que a su entrada tiene una bonita capilla mudéjar.

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A cenar bien, que el día había sido largo, y a descansar.

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Día siguiente. A madrugar también y a disfrutar de las tranquilas calles.

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Pero un imprevisto interrumpió el paseo. Las gafas se me quedaron en las manos, no llevaba repuesto y tuve que hacerme unas. Mientras me las montaban aprovechamos el tiempo en un lugar donde la miopía no importaba demasiado y las cosas se podían ver de cerca, el Museo Arqueológico.

Muy bien estructurado e iluminado, sin amontonamientos de objetos, con una bien cuidada selección de los mismos expuesta, merece la visita.

Desde la prehistoria, tenemos referencias de todas las épocas. Falcatas y puntas de lanza ibéricas, de entre los siglos V y III a. C..

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Exvotos de la misma época.

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Un león también ibérico de los que ejercían una función apotropaica en las tumbas. Procede de Nueva Carteya.

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También la cultura céltica tiene representación, como con estos torques y fíbulas de plata del siglo II a. C..

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La Corduba romana tiene un papel importantísimo. Fundada por Claudio Marcelo en la primera mitad del siglo II a. C., ejercía un papel importantísimo en la penetración hacia el interior de Hispania ya que se encontraba justamente en el punto hasta donde el río Betis (Guadalquivir) era navegable. En tiempo de Augusto se constituyó como Colonia Patricia, el más alto rango que podía ostentar una ciudad del Imperio.

Esta estatua de Afrodita en mármol del siglo II es copia de una obra de Doidalsas de Bitinia del 250 a. C.

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De la misma época es este mosaico representando a Pegaso.

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O esta espectacular escultura con Mitra sacrificando el toro.

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Ya del siglo III es este frontal de sarcófago con una curiosísima escena de recogida de la aceituna.

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De época paleocristiana (siglos IV-V) es este sarcófago.

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Y este fragmento de otro con Daniel en el foso de los leones.

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También esta representada la ciudad visigótica, como en este ladrillo con crismón.

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En época musulmana llegó a ser Córdoba la mayor ciudad de Europa. Son numerosísimos los testimonios de esa época. Como este bellísimo capitel califal del siglo X.

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Contemporáneos suyos son estos biberones.

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Incluso hay imágenes del siglo XII cuando bajo el dominio almohade las artes icónicas no eran nada bien vistas. Una muestra es este músico.

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En el subsuelo del museo se puede contemplar los restos del teatro romano.

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Del museo a buscar las gafas y ya provisto de ellas a continuar. Hacia la popular plaza del Potro.

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Es pintoresca la fuente renacentista (1577) coronada por un potro añadido un siglo más tarde. Aún se discute si la plaza se llama así por el potro de la fuente o el potro se realizó debido al nombre que ya tenía la plaza.

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En la Posada del Potro se ubica el centro flamenco Fosforito.

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También se hallan en la plaza el Museo de Bellas Artes y el que básicamente nos había llevado allí, el museo Julio Romero de Torres.

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En su interior no se pueden tomar fotos, pero es imposible no reproducir de entre su contenido “La chiquita piconera”, probablemente la obra más conocida del pintor. La que más popularizó a su modelo predilecta, María Teresa López. La imagen está extraída del folleto que dan a la entrada del museo.

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Un fragmento de esta obra fue el motivo del sello de 5 ptas. de la serie dedicada por Correos al pintor en 1965.

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Seguimos por las entrañables callejuelas.

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Hasta llegar a la plaza de la Corredera donde, aunque el ambiente fuese un poquito fresco, se estaban preparando migas al aire libre.

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Pasamos de nuevo por el templo romano, ahora a la luz del día.

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Y muy cerquita comimos en un local tradicional. Buena comida y mejor trato.

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Tras el tute de la mañana, la tarde la dedicamos a pasear por las calles comerciales y a aprovechar las animadas terrrazas cordobesas.

El domingo lo dedicamos a la visita a Medina Azahara o Madinat Al-Zahra. A través de los Jardines de la Agricultura nos dirigimos al lugar de salida del bus que conduce hasta allí.

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Paramos en el mausoleo romano, otro de los múltiples restos de esa época que alberga la ciudad.

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Pasamos ante el Mercado Victoria.

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Como aún faltaba rato para la salida del bus, desayunamos tranquilamente y nos dimos un paseo a lo largo de las murallas.

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Y aún entramos al barrio judío por la puerta de Almodóvar.

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El bus te conduce hasta un amplio aparcamiento junto al museo y desde allí otro bus que funciona como lanzadera te lleva al sitio arqueológico.

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Desde el aparcamiento se divisa Medina Azahara y el monasterio de San Jerónimo de Valparaíso.

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Es patente como Abderramán III construyó la ciudad en la misma falda de las estribaciones de Sierra Morena.

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Desde el palacio califal situado en lo más alto se ven la zona destinada a altos funcionarios y edificos oficiales. Más abajo se ubicaría la población en general, en zona mayoritariamente aún no excavada.

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Lo poco original se encuentra en la zona inferior de los actuales muros, el resto es reconstrucción.

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Poco queda de los majestuosos arcos de herradura que daban acceso a las principales dependencias.

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Pero en la restauración se ha intentado recolocar todos los restos hallados para evocar su pasado esplendor.

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Algunos edificios dedicados a servicios también muestran sus restos.

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La pintura rojo-granate que cubría el enyesado de los muros es aún visible en muchos lugares.

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Así como el embaldosado con losas.

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Que en otros lugares es con ladrillo como en el llamado edificio basilical superior.

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En este edificio se han recuperado todas las dovelas originales de alguno de sus arcos.

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Al este se abre el gran pórtico por donde embajadas de todo el mundo conocido entraban para ofrecer sus obsequios y transmitir sus propuestas al califa. Constaba de quince arcos escarzanos, excepto el central que es de herradura.

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De regreso al aparcamiento para tomar el bus de regreso a Córdoba, aún nos dio tiempo a ver un video sobre la ciudad y contemplar algunas piezas que se exhiben en el pequeño museo.

Entre ellas este plato de cerámica vidriada.

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O el conocido cervatillo que servía de surtidor en una fuente.

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Comimos ya en Córdoba y nos tomamos la tarde de descanso para al atardecer iniciar una visita nocturna.

Bajamos por las murallas.

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Hasta el Alcázar de los Reyes Cristianos.

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Pasamos por el Triunfo de San Rafael

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Y nos dimos una vuelta completa a la mezquita, cuya decoración resalta bajo la iluminación nocturna.

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Especialmente en sus puertas, como en la del Espíritu Santo.

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El campanario con la luna detrás aparecía soberbio.

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Y así las restantes fachadas.

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También se aprecian muy bien de noche lugares tan especiales como la capilla del Amparo.

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La plaza del Potro, desierta, en contraste con el bullicio que muestra durante el día, ofrece también una perspectiva muy distinta.

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Similar es el caso de la plaza de la Correderra, si bien en ésta aún quedaba alguien.

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El lunes están cerrados los museos y la mayoría de las atracciones turísticas de Córdoba. Por consiguiente reservamos ese día a la mezquita, que permanece abierta.

Nos fuimos acercando por el barrio judío.

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Hasta que surgió sobre los tejados el campanario.

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Como es habitual en España, la hora de apertura tardía. Por consiguiente a desayunar primero y a saborear el Patio de los Narajos, que la antecede, después.

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Por encima de las palmeras y naranjos se levanta el antiguo alminar transformado en campanario.

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En los muros exteriores vale la pena echar un vistazo a la Virgen de los Faroles.

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Y finalmente adentro. A quedar extasiados ante ese bosque de columnas y arcos entrecruzados que en cada punto te ofrecen una perspectiva distinta de formas, luces y colores.

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La mezquita la fundó Abderramán I sobre la antigua basílica paleocristiana y visigótica de San Vicente.La superposición de arcos para elevar el techo será el detalle más característico, que perdurará siempre en la historia del edificio.

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Abderramán II realizó la primera ampliación, siguiendo la misma estructura, pero suprimiendo las basas de las columnas.

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En la ampliación de Alhakén II la mezquita gana en ornementación y suntuosidad. La cuidada restauración e iluminación deja imágenes espectaculares.

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Más en el fastuoso mihrab, que curiosamente en Códoba no está orientado directamente a La Meca. El de Alhakén II sustituyó al anterior construido por Abderramán II.

En la decoración con mosaicos intervino un artista bizantino venido ex profeso para realizarlos.

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Resulta imponente su cúpula nervada.

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El centro del edificio lo ocupa la catedral propiamente dicha dividida entre el presbiterio y el coro. La capilla Mayor estaba en obras y no era visitable.

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La zona este corresponde a la ampliación de Almanzor (991). Estas ocho naves contribuyen a una imagen más proporcionada y armónica de la mezquita. Sin embargo algunos detalles son de menor cualidad técnica como los arcos en los que el rojo está pintado y no fomado con ladrillos como en el resto.

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La luz, según la hora del día, va modificando la visión de cada espacio.

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Íbamos a salir, pero aún hicimos un nuevo recorrido por cada una de las naves, mientras los ojos iban captando a cada momento sensaciones nuevas.

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De la mezquita a cruzar el puente.

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Viendo el Guadalquivir bajo un cielo sin asomo de nubes.

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Al otro lado del puente nos esperaba la torre de la Calahorra. Desde épòca musulmana esta torre ha defendido el acceso al puente desde la orilla izquierda.

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Las salas de su interior acogen el Museo Vivo de al-Andalus, sobre la supuesta convivencia entre las culturas judía, cristiana y musulmana.

De todos modos lo mejor de la torre son las vistas desde su terraza superior.

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La tarde nos quedó para repetir calles y lugares de la encantadora ciudad.

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El martes por la mañana a la estación del AVE.

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Y al tren que en pocas horas nos acercaría de nuevo a casa.

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UZBEKISTÁN

El día 27 de setiembre partimos a primera hora de la mañana de Barbastro un grupo de personas, entre las cuales las había procedentes de Zaragoza, de Huesca, otras del propio Barbastro y nosotros de Graus.

En el aeropuerto de Barcelona tomamos el primer vuelo con destino a Moscú. Tras unas horas de espera, subimos al avion que nos iba a dirigir a Tashkent. ¡menudo avión! Muy grande -y muy sucio-, iba repleto de bolsas, ropas, electrodomésticos, … ¡Toda una experiencia!

Ya en la madrugada del día 28 llegamos al aeropuerto de Taskent.

Taskent. Aeropuerto

Taskent. Aeropuerto

Poco más tarde nos incorporamos a las habitaciones del hotel para un breve descanso de unas horas, ya que había que iniciar por la mañana la visita a la ciudad.

Taskent. Hotel

Taskent. Hotel

Tashkent es una ciudad de más de dos millones de habitantes, de aspecto moderno, con amplias avenidas, Prácticamente rehecha tras el terremoto de 1966.

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Iniciamos el recorrido en el nuevo centro religioso del país, la  plaza Jast Imam.

La primera parada en el mausoleo de Abu Bakr Kaffal Shoshi.

Mausoleo de Abu Bakr Kaffal Shoshi

Mausoleo de Abu Bakr Kaffal Shoshi

Allí pudimos contemplar alguna peculiaridad de corrientes islámicas como el morabitismo (culto a los santos), lejano a la ortodoxia.

014. Taskent. Plaza Jast Imom. Mausoleo de Abu Bakr Kaffal Shoshi

En la misma plaza están la mezquita Telyashayak y el museo de la biblioteca Moyie Mubarek.

029. Taskent. Plaza Jast Imom

Plaza Jast Imom

018. Taskent. Plaza Jast Imom. Mezquita Telyashayaj

Mezquita Telyashayaj

022. Taskent. Plaza Jast Imom. Mezquita Telyashayaj

Mezquita Telyashayaj

025. Taskent. Plaza Jast Imom

Plaza Jast Imom

026. Taskent. Plaza Jast Imom

Plaza Jast Imom

En el museo se guarda el denominado Corán de Otmán, que se ha considerado el más antiguo del mundo y se fechaba en el siglo VII. Como en tantas cosas suele ocurrir, las últimas investigaciones apuntan a aque no puede ser anterior a finales del siglo VIII.

Una gran cantidad de cigúeñas pasean tranquilamente por los jardines de la plaza.

Plaza Jast Imom

Plaza Jast Imom

De la plaza Jast Imam nos dirigimos al Bazar Chorsu, excelente muestra de los productos más populares en el país.

El propio medio de transporte ya puede servir como escaparate y punto de venta.

038. Taskent. Bazar Chorsu

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La miel se vendía con abejas revoloteando aún entre la bresca.

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Las escaleras y los aledaños de la zona cubierta también son zona de compras.

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La carne ofrecía buen aspecto aunque las condiciones higiénico-sanitarias no fuesen las mejores, por lo menos desde nuestro punto de vista.

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La variabilidad de los productos y el colorido resaltan más al intentar colocarlos los vendedores de la forma más atractiva posible.

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Muchos compradores aprovechan la visita al bazar para comer.

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Productos que entre nosotros son poco conocidos o apreciados son habituales en la zona. Por ejemplo, los frutos del serbal.

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El pan con múltiples variantes y muy personalizado por cada panadería es alimento básico y alrededor de él tienen lugar muchos rituales familiares.

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Los servicios públicos recuerdan a veces épocas ya lejanas.

Servicio antiincendios

Servicio antiincendios

Antes de comer aún nos dio tiempo para acercarnos al Mausoleo de Yunus Jan.

Mausoleo de Yunus Jan

Mausoleo de Yunus Jan

La plaza Amir Timur presidida por la estatua de Tamerlán es a veces considerada el centro de Tashkent.

Estatua de Tamerlán

Estatua de Tamerlán

En la misma plaza se halla el hotel Uzbekistán, prototipo de la arquitectura soviética.

Hotel Uzbekistán

Hotel Uzbekistán

Tashkent es la única ciudad del Asia Central con metro. Bastante al estilo del de Moscú, francamente no lo encontré deslumbrante pese al gasto en lámparas. La prohibición de hacer fotografías no me permite incorporar ninguna.

Después de recorrer varias estaciones nos apeamos en la extensa plaza Mustaqillik.

066. Taskent. Plaza Mustaqillik

069. Taskent. Plaza Mustaqillik

072. Taskent. Plaza Mustaqillik

Destaca en la plaza el monumento al Dolor de las Madres, que recuerda los 400.000 uzbecos muertos en la Segunda Guerra Mundial.

Monumento al Dolor de las Madres

Monumento al Dolor de las Madres

Por la noche nos tocó la correspondiente cena folklórica, inevitable en todo viaje turístico en grupo.

078. Taskent. Cena folklórica

El grupo

Las bailarinas

Las bailarinas